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Cómo escribir humor y no dar pena a tu pareja o tu colega

Conoce los trucos para que tu novela o relato de humor funcione

Por El lector Impertinente (Javier Meléndez Martín)

 ¿Sospechas que cuando tu pareja o amigo te dice que tu relato o novela tiene gracia es para hacerte sentir bien?

Tienes razón.

Si quieres que se sienta mal, pregúntale qué le ha hecho gracia, y os sentiréis mal los dos.

Mejor lee este artículo sobre cómo utilizar las técnicas del humor en tu obra, aunque sea de detectives, de terror o de ciencia ficción. El humor puede hacer que tu trabajo suene verdadero porque el humor forma parte de la vida. Por eso, Stephen King, Jo Nesbø y Gillian Flynn introducen notas de humor, de humor negro, en sus textos más retorcidos, para que resuenen como reales.

Te prometo que estas técnicas te ayudarán aunque tengas menos gracia que un mimo dando la respuesta a un chiste de toc-toc, ¿quién es?

El tono

Si tu intención es escribir un relato o novela de humor desde la primera a la última línea, es importante que recuerdes que no tienes por qué buscar una carcajada con cada línea. Más bien tienes que buscar la comodidad de los lectores con un tono sea desenfadado que despierte la sonrisa. El comienzo de Jovencitos con botines, de P.G. Wodehouse es un ejemplo:

Era la hora en que se toma la copita de la mañana, y un pequeño grupo de lechuguinos, gomosos y dandis se hallaba reunido en el salón de fumar del Club de los Zánganos para hacer un poco de tertulia. La noche anterior habían celebrado uno de sus acostumbrados grandes jolgorios y en ese momento la tendencia general de todos era hacia el descanso y la quietud.

Así que deberías trabajar las frases para mantener el tono cómico:

👉 Cambiar «Diego disparó a quemarropa al barman del Dante Club» por «Disparó al barman del Dante Club y se consideró miserable. Había matado a un tipo al que le dolían los pies después de doce horas sirviendo cócteles. Debería habérselo cargado antes de que comenzara su jornada».

👉 Cambiar «Cuando sus ojos se cruzaron con los de Eva sintió que su corazón ardía como un volcán» por «Sus ojos se cruzaron con los de Eva, y sintió que su corazón daba vueltas en un microondas a 220 grados».

👉 Cambiar «Pensó que le fallarían las piernas de un momento a otro» por «Imaginó sus piernas como un firme trozo de pizza que se dobla antes de entrar en la boca».

Por supuesto que hay trucos para potenciar el humor en tu novela. Los veremos.

Cosas reales, problemas reales

Esto más que un truco es una necesidad. Tus personajes pueden ser gente corriente como tú, elfos o extraterrestres, pero sus problemas son mundanos, así como las situaciones que viven y los objetos que usan.

  • El conejo de Alicia en el país de las maravillas teme llegar tarde a la cena con la Reina de Corazones.
  • A Shrek lo quieren desahuciar de su charca.
  • E.T. necesita comunicarse con su familia para regresar a su planeta.

Los personajes también deben hablar de cosas que una parte importante del público reconozca sin pararse a pensar. Si se obliga al lector a pensar, la gracia se pierde. Un

—Compadre, ya compré las cosas para la barbacoa. —¿Y qué has comprado? —35 cajas de botellines y dos bollos. —¡Ónde vas con tanto pan?

Chiste popular – Anónimo

Reconocemos las palabras barbacoa, botellines y bollos. Y sabemos que para más de uno, una barbacoa significa que «un día es un día», lo que equivale a ocho o nueve botellines con un filetito en una rodaja de pan. Así que «onde vas con tanto pan», es una realidad.

Mel Brooks, guionista y director de El jovencito Frankenstein y Pelotas del espacio, ya lo dijo:

«Aunque parezca tonto, absurdo y loco, la comedia es lo que más tiene que decir sobre la condición humana».

Todo sobre mí – Mel Brooks

Exageración

La exageración es una herramienta sencilla que algunas personas llevan incorporadas de fábrica: hay quien pilla un resfriado y lo vive como si Chernóbil hubiera poseído su cuerpo. A estas personas se las llama «drama queen», sea hombre o mujer. También hay quien relata un retraso del tren de 20 minutos como una crónica de guerra. A estos se los llama influencers.

Es una herramienta tan sencilla que la usan los acosadores: “Eres más feo que”, “más tonto que”, “más gordo que…” Pero esto no tiene gracia. Stephen King devuelve la bofetada dialéctica contra una acosadora de Carrie:

Sue Snell tenía más granos que cerebro.

La exageración es también una herramienta poderosa para retratar cómo los personajes sienten la vida:

1 de febrero Querido Diario:

Nunca olvidaré el día en que Claudia me dejó. Conservo el momento fresco en mi memoria, lo que indica la importancia que tiene en mi vida. Y el hecho de que haya ocurrido este mediodía no resta intensidad a los sentimientos.

Diario de un perfecto abandonado – Carlos Salem

«Nunca olvidaré», «lo tengo fresco en mi memoria», dice nuestro dramático personaje sobre una ruptura que ocurrió hace… ¿Tres o cuatro horas? Los lectores curados del desamor y los que llevan 20 años casados lo consideran excesivo y se divierten. Puede que sientan lástima por el protagonista y, quién sabe, quizás también por ellos mismos…

Como vemos, un narrador drama queen debe usar la exageración sí o sí.

Contraste

El contraste no es solo oponer lo grande y lo pequeño («una ballena en un vaso de agua y un ratón de 250 kilos») o lo mucho y lo poco («treinta elefantes en la cuerda de una araña»). También es considerar que sucesos con distinta importancia dramática tienen el mismo valor, como en este chiste clásico:

—¿Qué te pasa hoy?

—Acaban de decirme que mi padre ha muerto.

—Vaya día que llevamos. Se muere tu padre y yo pierdo el boli.

El contraste también aparece cuando un autor hace una promesa o crea una expectativa y la rompe a propósito:

Han pasado quince años desde que, en 1964, hice público un primer y breve extracto de los diarios de Oswald. En aquella ocasión me tomé la molestia de seleccionar un fragmento que no ofendiera a nadie, y ese episodio concreto era -seguramente usted lector lo recuerda, una inofensiva y bastante frívola descripción de un coito entre mi tío y cierta leprosa en el desierto del Sinaí.

Mi tío Oswald – Roald Dahl

Dahl nos dice:

  • Que ofrecerá un fragmento que no ofenderá a nadie… (Promesa o expectativa).
  • Pero describe un coito con una mujer que en la mente de muchos lectores «se cae a trozos». (Contraste).

Por cosas como está, Dahl ha entrado en la cultura de la cancelación en Reino Unido.

El contraste también puede ser una ruptura del tono:

Era un lugar donde se reunían las brujas. Aquella noche, un fuego chisporroteaba en la cima de la montaña. Unas figuras oscuras se movían ante la luz parpadeante. La luna se deslizaba entre un encaje de nubes. Por fin, una de las figuras, tocada con un alto sombrero puntiagudo, rompió el silencio:

—¿Queréis decir que todas hemos traído ensalada de patata?

Brujas de viaje – Terry Pratchett

¡Brujas que no hierven a huérfanos con zanahorias!

El contraste también forma parte del siguiente truco.

La regla de tres

Para el FBI, un asesinato puede ser un acto fortuito, dos una coincidencia y tres un hobby. La diferencia entre un asesino en serie y un comediante es que este rompe la pauta con el número tres, no tanto para hacer reír como para sorprender, lo que consigue Eduardo Mendoza en Sin noticias de Gurb:

Aprovecho la oportunidad para analizar la composición del agua de la zona: hidrógeno, oxígeno y caca.

La fórmula es simple: Mencionar dos cosas relacionadas y una tercera por completo ajena como remate. Arriba no esperamos «caca» sino algún elemento químico.

Aquí tienes tres ejemplos más:

👉 «En el pueblo era conocido por rescatar animales abandonados, visitar ancianos y robar latas de mejillones».

👉 «Apenas recuerdo tres cosas de mi abuela: las natillas con galletas, los jerséis de punto y cómo pegó fuego a la casa del vecino».

👉 «Ayer conocí a las tres hijas de mi jefe: Amparo, Consuelo y Becky G».

Ironía

La ironía es decir que todo va bien cuando todo es un asco, que adoras comer con tus suegros tanto como los lunes o que la mayor fantasía de un hombre casado es hacerlo con la propia mujer.

Aquí tienes un bonito ejemplo:

Que la primera borrachera suela ser tantas veces milagrosa se debe únicamente a la famosa suerte del principiante: por definición, no volverá a repetirse.

Pétronille – Amélie Nothomb

Arriba, la ironía de la autora está en presentar una borrachera como un milagro que se debe a «la suerte del principiante», como quien va a pescar por primera vez, y pilla una merluza. Literalmente.

La ironía es el recurso que más trabajo requiere. La aguda ironía de Oscar Wilde no surgía espontáneamente: era el resultado de varios borradores con muchos tachones.

Página manuscrita de La importancia de llamarse Ernesto.

Para practicar la ironía, recuerda estos puntos:

  • Úsala como queja indirecta:

«Me encanta conducir en hora punta. La gente me pita y me grita «hijodetal». Los escucho perfectamente y me alegro de no estar quedándome sordo».

  • Busca una «oportunidad» en los problemas:

«Han robado en mi casa y se lo han llevado casi todo. Una preocupación menos: así tengo menos que limpiar».

  • Líate solo explicando lo sencillo:

«Para cortar un melón necesitas: un melón maduro, un cuchillo afiliado y decir con una sonrisa: “¿Te apetece melón? ¿Me cortas una rajita mientras busco algo en Netflix?”».

  • Finge estar de acuerdo con una afirmación obvia o genérica. Como dice un meme en estos días de verano:

«Si no fuera por las noticias saldría a la calle con abrigo y gorro de lana a las cuatro de la tarde».

 

El remate

En los ejemplos de arriba hemos visto que el chiste está en colocar la mejor parte del chiste al final de la oración o el párrafo como en el siguiente texto.

El Rey de Chamberí Lorenzo vende pisos en Chamberí desde hace treinta y cinco años. Habla poco y no te pasa ni una. Viste sobrio, camina con bastón, pero no se apoya en él. Tiene a todos los empleados de la inmobiliaria cagados de miedo. “Es por mi presencia, impongo”, dice Lorenzo. “Cada vez tengo menos amigos”. En el antebrazo izquierdo lleva dos tatuajes, uno es un corazón roto y el otro la palabra “Bistec”. Hace seis años le arreó a un hombre en la cabeza con el bastón y casi lo mata. “Vivimos de recuerdos”, dice.

Arriba vemos cómo cada comentario del personaje remata un párrafo que desarrolla una idea:

«(…) cagados de miedo. “Es por mi presencia, impongo”».

«(…) un corazón roto y el otro la palabra “Bistec”».

«(…) casi lo mata. “Vivimos de recuerdos”, dice».

Acabando

No te tortures si la gracia no te sale por las orejas a la primera.

Comienza escribiendo lo que salga. En la reescritura, trabaja el tono y lee buscando cómo y cuándo aplicar los trucos. Pero no te pases: no se trata de hacer un chiste de cada frase.

Y un consejo: elimina lo que no haga reír a tu pareja o a tu colega, a no ser que este no sea tu público. Entonces, busca otro público.

 

Mensaje de Diana P. Morales, directora de Portaldelescritor

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