3 hábitos necesarios a la hora de escribir

3 hábitos necesarios a la hora de escribir

octubre 20 2020

Escribir de forma profesional y acabar tus escritos significa adquirir una disciplina que es parte del oficio. En este post se describe lo que necesitas para conseguirlo.

Por José Luis Ordóñez, profesor de los cursos Relato de género (terror, ciencia-ficción, detectives) y Guion de cine

Deseas contar una historia a través de la palabra, pero pronto descubres que para hacerlo necesitas tiempo; de hecho, para hacerlo bien va a necesitar mucho tiempo. ¿Es eso un problema? Según cada caso, la dificultad varía, pero el primer paso para concluir un bueno relato o una buena novela es la disciplina.

¿Qué va a significar esa disciplina? Esencialmente, tres hábitos que es necesario adquirir:

1. PLANIFICAR LAS JORNADAS DE ESCRITURA

Es importante que planifiquemos nuestra semana, y dentro de cada semana tener clara la porción de tiempo que seremos capaces de dedicar a la escritura. Así, eliminados los compromisos laborales, de estudio, familiares, de amigos o de actividades propias del hogar, deberíamos ser capaces de rescatar algo de tiempo al día para poder sentarnos delante del portátil a ejercitar nuestros dedos sobre el teclado. ¿Tres horas? ¿Dos? ¿Solo una?

Sea lo que sea, es importante que dediquemos algo de tiempo diario a trabajar en nuestra escritura, ya sea para escribir nuevo material, para reescribir lo escrito previamente o para estructurar la trama o profundizar en la relación y caracterización de los personajes. Esto nos permite algo muy importante: mantenernos inmersos en el universo que nosotros mismos hemos creado.

La regularidad al enfrentarnos a nuestra propia historia facilita la fluidez narrativa.

Si, en cambio, por diferentes motivos, nos vemos obligados a ausentarnos de este mundo de ficción durante, digamos, una semana, eso provocará un retraso, y un empleo mayor de tiempo en, primero, sumergirnos de nuevo en nuestro relato o novela, y, segundo, volver a escribir en el punto donde lo dejamos.

Así pues, es prioritario:

1) Hacer una planificación previa de nuestra semana.

2) Ubicar el tiempo de escritura.

De esta manera, logramos una disciplina en nuestro trabajo como creadores de ficción.

¿QUÉ PASA CUANDO SE ROMPE LA PLANIFICACIÓN?

Imaginemos que nuestro brillante cuadrante se ve afectado por imprevistos: unas jornadas laborales que se extienden más de lo previsto, una cita médica, una visita sorpresa, compromisos ineludibles…

Nuestra agenda literaria puede verse afectada, sí, pero no nuestra férrea determinación de mantenerla. Si un día, por el motivo que sea, no podemos sentarnos a trabajar en nuestra historia, tenemos opción de buscar en el resto de la semana una manera de recuperar ese tiempo. Siempre hay posibilidad de recortar nuestras horas de sueño, reducir nuestro vida social o tiempo delante de la televisión o el móvil. Es una cuestión de prioridades. Después regresaremos a esto.

2. APROVECHAR EL TIEMPO

Ya hemos visto que puede no ser fácil encontrar un hueco para sentarnos a escribir. Imaginemos que lo hemos logrado y tenemos una hora para trabajar en nuestra historia.

El tiempo es oro, así que tenemos que aprovechar al máximo esos minutos de los que disponemos, y eso significa tener cero distracciones. Si es posible, mantengamos el móvil alejado (y, por supuesto, con el volumen de notificaciones y llamadas apagado). No abramos las redes sociales en el ordenador. Si vamos a trabajar en la historia, trabajemos en ella. Es muy tentador, cuando se llega a alguna dificultad en el texto, dejar navegar la vista (y la mente) sobre webs y redes sociales. Tenemos poco tiempo, así que hay que centrarlo al máximo en el texto. Y, si vivimos acompañados (pareja, familiares, niños, amigos…), dejemos bien claro que necesitamos no ser molestados en nuestra valiosa hora de creación literaria.

Escribir no es un oficio fácil, y menos cuando se compagina con otros trabajos, pero, por eso precisamente, debe tratarse con el máximo respeto: esa hora que en mi planificación dedico a la escritura no es algo negociable.

Y no lo es porque es el único momento del día que puedo dedicar a sacar adelante la historia que arde en mi interior, y por eso estamos decididos a ser disciplinados y cumplir con lo programado.

Cosa bien distinta es que, en el fondo, veamos que preferimos dedicar nuestro tiempo a otras cosas, o que lo tomemos como un hobby al que dedicamos el tiempo que nos sobra de cuando en cuando; ambas opciones son también perfectamente válidas, aunque si las escogemos probablemente nuestro proyecto no avanzará tan rápido. 

3. TOMARSE EN SERIO LA ESCRITURA

Llega el domingo, ese día soleado de la semana en el que tenemos dos opciones: sentarnos en la penumbra de nuestra mesa a escribir una historia sobre personajes que no existen, en una trama inventada, que no sabemos cuándo vamos a terminar y/o publicar, o disfrutar en compañía de amigos y familia de esa barbacoa a la que hemos sido invitados y que supone un momento ideal de relax después de una semana complicada. Podemos engañarnos a nosotros mismos y acudir a esa barbacoa, pensando que ya recuperaremos el tiempo perdido (para la escritura) y que, quizá, podemos reubicar ese tiempo en la semana entrante, pero, siendo honestos, quizá haya otra explicación.

Quizá no estamos preparados para la disciplina que exige la escritura. Quizá nos guste entregarnos a ella ocasionalmente, pero no con la exigencia necesaria para producir relatos y novelas con la constancia necesaria.

Y no pasa nada.

Se puede ser perfectamente feliz sin dedicarse a la escritura; hay quien, incluso, es feliz sin leer obras de ficción (allá ellos).

Como siempre, es todo cuestión de fijar unas prioridades. ¿Qué es más importante para ti? ¿Cómo disfrutas más? ¿Qué hace que nos acostemos satisfechos y nos levantemos con una energía inesperada? A unos, escribir un relato; a otros, por ejemplo, compartir tiempo con familia, amigos o en las redes sociales. Si tienes suerte, tal vez puedas compatibilizarlos; si no, tendrás que elegir, y nuestras elecciones son las que nos forjan a lo largo de la vida, las que hacen que desarrollemos nuestra personalidad y seamos quienes somos. Y, ahora, quizá has de responder a la siguiente pregunta: ¿quién eres?

SOY ESCRITOR o ESCRITORA

Si esta es tu respuesta, enhorabuena: has elegido una senda que te permite crear otros mundos, personajes, tramas fantásticas y muchas historias diferentes. Para lograrlo se necesita lo que mismo que en casi todos los oficios: conocimientos (a través de la lectura y la teoría) y práctica (escribir mucho).

Y, por supuesto, disciplina, que es de lo que va este artículo. Porque la disciplina es la que va a permitir que, si lo deseas, si realmente lo deseas, avance tu nivel de escritura, tu calidad como escritor y, por tanto, el valor de las obras de ficción que vayas terminando.

La procrastinación suele ser, también, otro de los enemigos al que nos enfrentamos, esa pegajosa tentación de dejar para mañana lo que podemos hacer hoy, de relajarnos y hacer cosas más pasivas que nos alejen del continuo esfuerzo que supone levantar una obra de ficción.

Pero si soy escritor, es lo que voy a hacer. Es mi objetivo. Quizá no me reúna tan a menudo con mi familia y amigos, quizá mi vida social se vea minimizada y mi tiempo de ocio reducido, y de sueño, pero todo objetivo de valor supone un cierto sacrificio, y, si has llegado hasta aquí, es que estás dispuesto a realizarlo.

DISCIPLINA Y TRABAJO

Estos son los elementos que dan frutos: mantener la disciplina que nos hayamos programado y aprovechar el tiempo realizando el máximo trabajo posible, libre de distracciones y de procrastinar.

Como ya hemos mencionado, cuidado con las redes sociales, tan atractivas como adictivas y peligrosas (por cuanto nos distraen de nuestro objetivo que es estar concentrados en la obra de ficción en la que estemos trabajando), y cuidado también con descuidar el hecho de que nuestro trabajo como escritores no debe ser alterado como se altera el visionado de una película que vemos en casa cuando llaman por teléfono. Escribir es un oficio y como tal tiene que ser respetado.

La disciplina y el trabajo nos garantiza producir historias de ficción; que esas historias de ficción sean dignas de ser premiadas o publicadas es una historia diferente de la que hablaremos en otra ocasión.