Lector Impetinente bajo un árbol

Las peores formas de describir personajes

Por El lector Impertinente (Javier Meléndez Martín)

Me gustaría decirle a un libro: «Borra las frases clichés, las descripciones de la naturaleza, los diálogos que no vienen a cuento y las descripciones anodinas de personajes. Ni mis ojos ni mis oídos merecen este suplicio».

Aunque las palabras solo entren por los ojos, resuenan en el cerebro. No es lo mismo «mi madre me cuida mucho» que «mi mamá me mima», donde cada eme resuena cálida como una extensión de los brazos de «mamá».

Si la elección de palabras importa tanto en una frase de cartilla de lectura, ¿cómo no va a importar cuando describes un personaje que quieres que el lector recuerde?

Hay resonancias defectuosas que son tolerables y otras no tanto. Frente a un texto entretenido o absorbente podríamos ser indulgentes con un cliché como «oscuro como boca de lobo» para describir una cueva en la que se adentra un personaje. Molesta, pero no tanto como una descripción de cada flor, planta, hoja e insecto que puebla un jardín que toma a los lectores como personas que jamás hubieran visto un jardín. Pero hay algo peor que las descripciones de la naturaleza: las malas descripciones de los personajes, que en muchos casos son malas porque parecen emular malos relatos pornográficos «online». Que si pómulos prominentes, labios carnosos, muslos poderosos…

Para desgracia de los lectores, las descripciones pseudopornográficas no son las únicas que molestan tanto como esa gente con un disco volador que se interpone entre tus ojos y el mar. Están las descripciones moralistas, biográficas, curriculares, policiales —cuando no hay ni crimen ni sospechoso—, y aquellas que recogen «el mayor defecto y la mayor virtud de personaje». El problema de las malas descripciones no solo es que sean malas, sino que entorpece el avance de la lectura.

Las veremos a continuación con ejemplos que deberías evitar en tu texto.

1. Moralista / Ideológica

Leo:

👎Sara era una joven estudiante de danza, incapaz de mentir o de albergar malos pensamientos. Siempre perdonaba a todos, incluso cuando se burlaban de ella o la lastimaban, en cualquier caso procuraba mantener una sonrisa frente a los demás, no por miedo, porque creía que así conseguía que el mundo fuese un lugar mejor.

Me pregunto: ¿Espera el autor que Sara sea canonizada antes del final del primer capítulo?

La descripción de arriba es una declaración de intenciones sobre la santidad del personaje. Nos propone un personaje sin claroscuros, sin matices. No es raro leer sobre la antagonista:

👎Amaya pasaba las noches fumando maría en el patio de su madre, una jubilada con la cabeza ida. Intentaba olvidar cuánto odiaba a su prima Sara por haber conseguido la beca de danza. Consumida por su rabia hacia Sara, desaliñada, con el cabello grasiento y la ropa sucia, pasaba las horas pensando en su próxima bola de hachís, y fantaseando con la posibilidad de hacer daño a su prima.

El autor parece haber olvidado que no está escribiendo su autobiografía moral ni cómo persigue a sus parientes y conocidos. Si la idea era convertir a Sara en la segunda venida de Jesucristo encarnado en mujer, lo está logrando. Pero, ¿y la narrativa?

Lo peor de las descripciones moralistas es que muestran cómo el autor considera que los lectores adultos son como niños. No parecen diferentes de los cuentos improvisados por los padres y las madres: «Esta es la historia de una niña muy buena que siempre hacía caso de sus papás».

Un consejo: Incluye contradicciones

👍Sara era incapaz de mentir o de albergar malos pensamientos, excepto cuando al visitar a su tía se cruzaba con el rencor de Amaya en los ojos. “Hay gente que no debería estar en el mundo”, pensaba. Después, se arrepentía… aunque no tanto como debería.

2. Biográfica

Es un adagio compartido por muchos autores que un personaje es lo que hace. Para desgracia de los lectores, otros escritores tienen vocación de entrada enciclopédica:

👎Pocos saben que la eminente científica Aurora Calderón nació en Villalba de los Pirineos, un pueblo pequeño al norte de España, sin teléfono, sin antena de televisión, y conocido por (…)

[Una página más tarde].

👎A los siete años, el tío Perico la llevaba al colegio de Villalba de Ribas. Aquel viejo parlanchín presumía de tener mil historias, aunque siempre contaba las mismas cuatro o cinco. Su favorita, claro está, era aquella vez que (…)

[Una página más tarde y tras un café].

👎En el viejo edificio de ladrillo rojo, con un columpio oxidado en el patio, conoció a Julia Fernández, hija de un quesero y una peluquera. Julia (…)

[Otra página más tarde].

👎A los diez años reparó una vieja radio por entretenimiento y descubrió cuánto le gustaba arreglar cosas. Poco después arregló cuanto cachivache inútil guardaban los vecinos. Incluso con restos de distintos aparatos construyó un robot que…

[Una página más tarde y tras una visita al baño].

👎Decidió que, el día de su trigésimo cumpleaños, embarcaría en el Quantrain que había ayudado a construir. Quería viajar a 10.000 años luz de la Tierra en el instante de un parpadeo.

Si el lector llegó aquí, hizo trampas, se saltó páginas o se dejó timar por el título de «Los increíbles viajes cuánticos de la doctora Quantrain», y consideró que cada línea era importante para la novela.

Las páginas biográficas en las novelas eran habituales en la literatura anterior a la radio. En aquellos días, los entretenimientos eran pocos, y la paciencia parece que ilimitada. Sin embargo, observa que Cervantes escamotea la infancia de Don Quijote: muestra al personaje en su adultez y escribe cómo la afición por las novelas de caballería ha afectado al cerebro y el patrimonio de Alonso Quijano.

Un consejo: El pasado de un personaje solo es relevante si está relacionado con el presente de la historia

Un ejemplo:

👍(…) había sido en sus tiempos uno de los miembros más destacados de la Policía belga.

La línea de arriba es la única que necesita Agatha Christie para referirse al pasado de Hercule Poirot en su primera aventura: El misterioso caso de Styles.

Vladimir Nabokov sí que se toma su tiempo, pero es necesario. Puesto que coloca a Humbert Humbert como narrador de Lolita, permite que relate cómo siendo niño, se truncó su relación con Annabel Leigh cuando ella murió por el tifus y cómo, desde entonces, está obsesionado con las «nínfulas».

3. Curricular

«La inteligencia se demuestra andando» es una acertada expresión popular que parece haber caído en desuso. (¿Cuándo fue la última vez que la escuché?) Conviene que la recuerdes si escribes sobre personajes más inteligentes que tú. Esto significa que evites parrafadas como esta:

👎 En la planta 125 del edificio Alpha X de Texas había revuelo. Su dueño, Elon Muchmoney, el hombre más rico de la galaxia, había citado con urgencia a los ingenieros jefes de sus distintas empresas. Entre ellos se encontraba el español Pep Torres, quien, con tan solo treinta años, contaba con un currículum impresionante. A los quince años obtuvo su título de Ingeniería Aeroespacial en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). A los veinticinco, lideraba proyectos de investigación en motores de curvatura espacial, impartía conferencias en las universidades más prestigiosas del mundo y concluyó sus estudios de piano, que acabaron por llevarlo al Teatro alla Scala de Milán. Allí interpretó la “Sonata para piano n.º 29” de Beethoven, conocida como “Hammerklavier”, consiguiendo la aclamación de la crítica y el público. Tras esta interpretación, prefirió centrarse en su pasión: buscar la manera de ir a las estrellas. A pesar de todo, temblaba como un flan ante el arrollador Muchmoney.»

Pep Torres tenía un currículum que haría llorar de orgullo a su abuela… y de pura envidia a su primo. Para los lectores, sin embargo, era un tostonazo, como escuchar la retahíla de un desconocido en la parada del autobús.

¿Quieres que el lector perciba cuán inteligente es tu personaje? No lo expliques: muéstralo. Haz que el detective resuelva enigmas, que el científico presente un invento revolucionario, o que el médico enfrente una cirugía imposible. ¿Y si el personaje no puede demostrar su inteligencia en acción? Haz que lo revele en un diálogo donde haya algo importante en juego.

Por ejemplo, en «El silencio de los corderos», la agente del FBI Clarice Starling busca la cooperación de Hannibal Lecter para atrapar a un asesino en serie. Su primer encuentro establece sus respectivas inteligencias y sus personalidades.

Lecter muestra su capacidad de observación cuando deduce detalles sobre Clarice a través del olor de la crema hidratante de ella, sus zapatos baratos, y su bolso caro en comparación. La vasta cultura de Lecter queda patente por los dibujos que hizo en las paredes del Palazzo Vecchio y el Duomo de Florencia vistos desde el Belvedere. Pinturas hechas de memoria.

Clarice muestra su inteligencia emocional conectando con Lecter: lo reconoce como «una eminencia en psiquiatría» y que ha estudiado sus textos sobre las «adicciones quirúrgicas». Estos comentarios no solo alimentan el ego de Lecter, sino que también proporcionan información sobre su prestigio profesional.

Recuerda: como decía la madre de Forrest Gump: «Tonto es el que hace tonterías». Deja que tus personajes demuestren lo que son a través de lo que dicen, hacen y piensan.

4. Policial

Llamo descripción policial a la que está centrada en el físico del personaje, aunque esta clase de descripciones aparece en distintos géneros: romántico, ciencia ficción, de aventuras… En el género policial el físico de los personajes tiene más o menos cierta importancia, sobre todo cuando se trata de identificar a un sospechoso. 

Conan Doyle describe así a Sherlock Holmes en «Estudio en escarlata», a través de la narración de Watson:

👍En altura andaba más por encima que por debajo de los seis pies, aunque la delgadez extrema exageraba considerablemente esa estatura. Los ojos eran agudos y penetrantes, salvo en los períodos de sopor a que he aludido, y su fina nariz de ave rapaz le daba no sé qué aire de viveza y determinación. La barbilla también, prominente y maciza, delataba en su dueño a un hombre de firmes resoluciones.

Y de esta manera, un testigo describe al sospechoso de asesinato:

👍«Era un tipo largo, de mejillas rojas, con la parte inferior de la cara embozada… con un abrigo marrón.»

Ciertamente, la descripción inicial del sospechoso es escueta, pero por algo debe empezar el detective.

En el género detectivesco, este tipo de descripciones tienen un propósito claro: distinguir a los protagonistas de las víctimas y los criminales. Son herramientas utilitarias, nada más. Pero fuera de este contexto, ojo con las descripciones físicas de los personajes. A menos que aporten algo a la historia, deberían limitarse a rasgos verdaderamente distintivos, no a un desfile de banalidades sobre altura, pelo y complexión.

En «El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde» conviene destacar las diferencias entre ambos personajes, tanto en físico como en carácter. Así describe Robert Louis Stevenson al Dr. Jekyll:

👍«Un hombre alto y guapo, sobre los cincuenta, de rasgos finos y proporcionados que reflejaban quizás una cierta malicia, pero también una gran inteligencia y bondad de ánimo.»

El detalle de «cierta malicia» es revelador: muestra que Mr. Hyde forma parte de la naturaleza del doctor Jekyll. Respecto a Mr. Hyde, Stevenson lo describe en distintas ocasiones. Destaca la primera impresión que causa la figura de Mr. Hyde de lejos:

👍«Era un hombre de baja estatura y de vestir más bien ordinario, pero su aspecto general, incluso desde esa distancia, era de alguna forma tal, que suscitaba una inclinación para nada benévola respecto a él».

Cuando Mr. Hyde está cerca, así lo ven los testigos:

👍 «Hyde era pálido y muy pequeño, daba una impresión de deformidad aunque sin malformaciones concretas, tenía una sonrisa repugnante, se comportaba con una mezcla viscosa de pusilanimidad y arrogancia, hablaba con una especie de ronco y roto susurro.»

Una descripción física solo debería usarse para lo justo. Si la nariz aguileña de tu personaje no va a salvar la trama ni servirá para identificar a un sospechoso, ¿por qué dedicarle un párrafo entero a ella? ¿Acaso nos enamoramos de unos labios carnosos o unos muslos poderosos? Pobre amor si así fuera.

Recuerda, no necesitas describir a tus personajes como si fueran fichas de casting para una película. Dale al lector lo justo para imaginarlos, no para que terminen soñando con su currículum, su santidad o sus narices.

Mensaje de Diana P. Morales, directora de Portaldelescritor

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