Diez clases de escritores incómodos

Por El lector Impertinente

Stephen King dijo en Mientras escribo que «escribir es hacer sentir cómodo al lector», y que un escritor lo logra poniendo la intención en contar una historia en lugar de querer demostrar cuánto se ha esforzado o que es un escritor. Entre los escritores cuya lectura me incomoda están el que me recuerda a un escaparate, el wikipédico, el que parece una revista online, el coach de vida y otros que comentaré a continuación.

1. El escritor escaparate

¿Recibe este escritor una comisión de los productos que describe con detalle? El mueble sueco que ahorra espacio, la olla de hierro para hacer pan casero o la oferta de pizza familiar que da para cena, desayuno y almuerzo. Un ejemplo de su escritura de teletienda sería:

Nicolás se obsesionó con la familia Muir llegando a preguntarse si eran refugiados o terroristas encubiertos, así que decidió tomar cartas en el asunto. Se dirigió a la tienda de móviles más cercana y dijo que quería observar a los pájaros de lejos. El vendedor le recomendó un smartphone EYEVIEW, con pantalla de 6,8 pulgadas AMOLED LTPO, resolución FullHD+ y una tasa de refresco de 1-120 Hz, con una cámara de 70 megapíxeles y zoom óptico de 20x, además de un micrófono con amplificador de sonido, carácter que le permitirían capturar imágenes y sonidos nítidos de sus vecinos. Con 1 TB de almacenamiento, era el dispositivo ideal para procesar grandes cantidades de información. Además, la función de transmisión en tiempo real de las imágenes capturadas directamente a la nube le permitía monitorear a sus vecinos desde cualquier lugar y en cualquier momento sin ser descubierto.

2. El escritor wikipédico

Este escritor ha pasado años documentándose sobre la cría de caracoles gigantes africanos o la fabricación de relojes cuánticos, y necesita que los lectores se percaten de cuánto se ha esforzado documentándose. Entre las piezas de este tipo de escritor, encontramos:

—¡Qué rica! —dijo Juan tras probar el primer trago de cerveza.
Fermín esbozó una amplia sonrisa.
—¿Cómo la has hecho?
—Es un secreto.

Los monjes benedictinos de la abadía de San Galán habían perfeccionado su técnica cervecera durante siglos, y la receta que Fermín había descubierto en aquellos pergaminos era prueba de ello. Los monjes molían cebada, trigo y centeno en un molino de piedra, y el resultado lo mezclaban con agua caliente en una gran caldera de cobre, que había sido bendecida por el propio abad. Después de dejar reposar la mezcla, la filtraban cuidadosamente y la hervían con lúpulo y una mezcla secreta de hierbas y especias, recolectadas en los bosques cercanos a la abadía.Se decía que el toque final lo daba el agua de una fuente cercana, cuya leyenda decía que había sido tocada por un ángel. Tras enfriar la mezcla, añadían levadura y la dejaban fermentar en grandes barricas de roble durante varios meses. Finalmente, embotellaban la cerveza sin filtrar y la dejaban madurar durante unos meses más, produciendo un gas carbónico natural que le daba un toque espumoso y delicioso a la bebida.

3. El escritor-revista online

Es una criatura propia de la autopublicación digital. Usa fuente azul con subrayado para resaltar dónde deben hacer clic los lectores para dirigirse a Wikipedia o un artículo en un medio online.
Si bien, podríamos considerar estos enlaces como un sustituto de las notas a pie de página, por lo general, el wikipédico utiliza enlaces externos buscando un aire de autoridad a sus argumentos. Un ejemplo que podríamos encontrar en un libro electrónico sería:

Marc mostró los puños cerrados a Niki23, el último modelo de hybrot.

—¿Dónde está la pelotita?

El androide no movió sus ojos saltones ni a la izquierda ni a la derecha. Esto siempre me producía repelús. El efecto valle inquietante. Cuando me invadía esta sensación, recordaba las palabras de mi coach de meditación viapssana: «Reeeeeelax».

Por otro lado, este tipo de autor no se ha percatado de que si no se tiene cuidado, los enlaces y las fuentes pueden distraer al lector de la narración y desvirtuar la atención que este presta a la historia.

4. El escritor medioambiental

Este escritor llena las páginas de detalles sobre la naturaleza hasta el punto de resultar abrumador. Menciona cada hoja, flor o animal que aparece en la historia como si quisiera orar por cada criatura que surge de su imaginación, a la manera de los habitantes de Pandora en la película Avatar. Un ejemplo de su escritura podría ser:
Rodeada por robles, hayas y abetos que se elevaban hacia el cielo con sus troncos robustos y sus ramas frondosas, Lola podía distinguir el trino metálico de los jilgueros, el canto flautado de los mirlos, el piar estridente de los herrerillos y el graznido de los cuervos en la distancia. También escuchaba otros sonidos más sutiles: el zumbido constante de las abejas y los abejorros, el canto de los grillos y el crujir de las hojas secas bajo sus pies.
A medida que avanzaba por el bosque, se encontraba con una gran variedad de plantas que crecían en el sotobosque, como helechos, musgos, brezos y arándanos. Las flores silvestres como…

5. El escritor cuñado

El autor utiliza abundantes frases hechas, refranes y expresiones populares en un intento por conectar con el lector, pero corre el riesgo de sonar forzado y poco original, como en este ejemplo:

Catalina Paredes del Canto pasaba largas horas en el club social no para jugar al pádel o colaborar con el evento anual “la fiesta del vinilo”. Lo suyo era el chismorreo en el bar y cuando no, el autobombo: lo que su marido ingeniero hacía en Brasil, que su hijo era banquero en Londres y su hija estudiaba diseño en Suiza, y cuando no, hablaba de las compras o vacaciones en lugares poco conocidos porque «chica, no sé, Roma o París se han vuelto tan psss». La verdad era otra. En fin, dime de qué presumes y te diré de qué careces. Pero como las mentiras tienen las patas cortas, cuando llegó Leonor de las Casas-Reales, Catalina se vio obligada a morderse la lengua: habían sido amigas y Leonor sabía la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad: que detrás de tanta palabrería se escondía una persona insegura y poco auténtica. Y tenían cuentas pendientes. «A cada cerdo le llega su San Martín», pensaba Leonor.

6. El escritor juez

El escritor juez no tiene piedad con sus personajes: cuestiona la moral de las criaturas de ficción, su físico, sus hábitos, gustos y costumbres. Esto es un pecado en ciertos géneros como la novela histórica o la novela negra.

Conviene distinguir entre los juicios que emite un personaje que narra la novela y los juicios del autor que narra. Cuando los juicios provienen del personaje narrador, nos ayuda a comprender mejor su personalidad y perspectiva. Sin embargo, cuando son del autor, pueden resultar innecesariamente crueles o hirientes, como en el siguiente ejemplo:

Cuando Tomás llegó encontró el ascensor seguía estropeado. En el grupo de Whatsapp del bloque anunció el presidente que el técnico no llegaría hasta la mañana siguiente. Por delante tenía cinco plantas para llegar a casa, un verdadero desafío para alguien como él, que había permitido que su cuerpo se convirtiera en una masa informe y repugnante de carne y grasa. El verdadero problema eran sus 150 kilos de fracaso, resultado de combinar una vida sin ambiciones ni sueños, sofá y pizzas baratas congeladas y refrescos azucarados del supermercado. Con cada escalón que subía, el sudor le resbalaba por la frente y le dejaba sin aliento, como un cerdo asfixiándose en su propia grasa. Por lo menos ahora, estaba haciendo algo útil con su vida: quemando calorías que nunca debió haber acumulado.

Si la narración de arriba la dijera un personaje nazisaludable, sería una manera de meternos en su cabeza. No siendo así, el nazisaludable es el propio autor, lo que resulta chirriante.

7. El escritor filósofo

La literatura comercial y primeriza está plagada de autores que consideran que tienen un pensamiento preclaro sobre la vida y las personas, cuando no hacen más que mostrar cuán pobre es su pensamiento y por lo general, qué poca gracia tienen al exponerlo, como en este ejemplo:

La altiva señora del sexto B entró en el ascensor. Suspiré para mis adentros. Me hacía sentir incómodo con su cuello elevado como si mirarme fuera como mirar a un apestado.

—Qué calor —dije forzando una sonrisa.
—Sí —dijo ella sin mirarme ni sonreír.
—Menos mal que tenemos la playa cerquita.

En ese momento, la señora empezó a llorar. Le pregunté si necesitaba ayuda, pero negó con la cabeza. Y con sus sollozos llegamos a la sexta planta. Cuando le comenté el suceso a mi mujer, me recordó que el nieto de la vecina se había ahogado en la playa el verano pasado.

Después, sentado en el sofá, reflexioné sobre. ¿Cuántas veces había caído en la trampa de juzgar a alguien sin conocer su historia? Todos llevamos máscaras, mostramos al mundo lo que queremos que vea, pero rara vez compartimos nuestras verdaderas emociones y luchas. Nos aferramos a nuestros prejuicios y estereotipos, sin darnos cuenta de que estamos cerrando la puerta a la compasión y la empatía.

8. El escritor pop

En la era de internet, la cultura popular ya no es lo que solía ser. Antes, en los años 80, un adolescente español conocía a Imperio Argentina tanto como a Frankie Goes to Hollywood, y nadie podía escapar de las noticias sobre el fútbol, los toros u otros eventos populares, le gustara o no. En aquel entonces, España solo contaba con dos canales de televisión, y en el resto del mundo, incluso en los países más avanzados, apenas había seis o siete. Hoy en día, es común encontrar personas que no saben nada sobre aquello que no les interesa. Algunos escritores se burlan de esta situación en sus obras como en este ejemplo:

Federico se acercó al atril con la actitud arrogante de un personaje de la serie Mad Men, luciendo un traje negro de 3000 euros y flanqueado por cuatro azafatas con vestidos negros cortos y el cabello negro pegado a la cabeza como hojas de papel mojado. Todos estábamos expectantes ante las palabras del superjefe de McCoy Company Advertising.

—El muy imbécil se cree Robert Palmer en Simply Irresistible —dije.
—¿Quién es ese? —dijo Jessica.

Antonio y yo nos miramos y nuestros ojos lo dijeron todo: «Dios, ¿de dónde han sacado a esta becaria?».

Y de esa manera, página tras página, la becaria Jessica representa la «nota de humor» demostrando su ignorancia ante datos de la cultura pop de los 80, cuando aún no había nacido. El escritor pop se divierte a costa suya, mientras los lectores más veteranos se ríen cómplices.

9. El escritor coach de vida

Al escritor coach de vida que se dedica a la ficción le gusta ofrecer a sus lectores relatitos con moralejas explícitas, soluciones fáciles y finales predecibles, aunque a los lectores se los vende como si se tratara de auténticas lecciones de vida. Lamentablemente, este tipo de escritura no está en camino de desaparecer; por el contrario, cada año hay nuevas hornadas de cameladores.Un ejemplo de su escritura sería:

María paseaba por el parque mientras el sol se despedía del horizonte, y sus ojos se llenaron de lágrimas al pensar en lo tonta e ingenua que había sido. A sus 13 años, aún le quedaba mucho por aprender. En medio de sus cavilaciones, un ladrido la sobresaltó. Al abrir los ojos, vio a un pequeño perro de peluche ladrar y mover alegremente su colita. “Menudo susto me has dado”, dijo María con una débil sonrisa. Se agachó para acariciar al perro y preguntó: «¿Te has perdido?» Al acariciarlo, sintió una conexión especial y supo que todo iba a estar bien.
En ese momento, una mujer llamó al perro por su nombre, «Rober», y este corrió hacia ella. María se quedó observando cómo se alejaban, y se dio cuenta de que sus lágrimas habían cesado.

María aprendió una importante lección aquel día: a veces, solo necesitamos una señal para recordarnos que todo está bajo control. Así es la vida, y tal vez sea bueno detenernos a pensar en las señales que el universo nos envía a cada uno de nosotros.

10. El escritor, escritor

Hemingway dijo: «Cuando escribo, trato de hacerlo de manera clara y sencilla, sin adornos innecesarios. Cuando suena a literatura, lo reescribo». El escritor críptico, por el contrario, considera que cuando su prosa suena a literatura, aún es poca literatura. Un ejemplo de su escritura podría ser el siguiente:

El cielo se lamentaba sobre una urbe fracturada, reflejándose sus lágrimas en espejos quebrados de asfalto. Los relojes se petrificaron en el instante en que un espectro envuelto en gabardina gris traspasó el umbral del Club Géhenna. Arrastró sus gastados zapatos de cuero falso hasta el mostrador y murmuró al camarero, quien asintió y le entregó una llave dorada. Indicó que fuera al final del pasillo, al fondo a la derecha, la última puerta. Tras esa puerta, el tipo encontró otras siete más. Detrás de la séptima puerta, una joven semidesnuda, de rojo con ojos de ofidio, senos metálicos, aguardaba en silencio, rodeada de espirales de humo y absorta en una marca enigmática en la pared. Cuando el investigador se acercó a ella, la joven mostró sus dientes de lobo y pronunció un nombre que resonó solo en su mente.


 

Si quieres incomodar, que sea por tus ideas audaces y no convencionales, y no por una escritura descuidada o aburrida. Escribe, tacha y reescribe.

Mensaje de Diana P. Morales, directora de Portaldelescritor

Las historias te queman en los dedos: con nuestros talleres online, te ayudamos a mejorar tu técnica y tu estilo para que tus lectores las devoren. 

Talleres prácticos, con consejos personalizados de tu tutor/a. Aprovecha la magia del grupo para mejorar más rápido y, si lo deseas, empezar un libro. Incluyen encuentros en vivo por Zoom.

👉 Conoce nuestros talleres: haz clic aquí

 

PORTADAS EBOOKS

Consigue gratis desbloquear tu escritura con 200 ideas para tu libro

Apúntate a nuestra lista de correo: podrás descargarte este ebook inmediatamente, y recibirás correos semanales con información sobre técnicas y oficio de escribir, así como nuestras novedades.

Consigue gratis 200 ideas para tu libro

× ¿Alguna duda?