Cómo escribir un relato paso a paso

Cómo escribir un relato paso a paso

febrero 05 2021

Este artículo está pensado para personas que están empezando a escribir sus primeros textos; personas que tal vez, al tener una idea para un relato (texto de entre 1000 y 3000 palabras) se pregunten cómo abordarlo. 

¿Por dónde empezar? ¿Qué hay que incluir? ¿Cómo termino?

Diana P. Morales, la directora de Portaldelescritor, deja aquí unas pequeñas claves para que puedas escribir tu primer relato paso a paso. 

Si estás aquí, es porque quieres escribir tu primer cuento o relato: ¡estupendo! Seguramente ya tienes una idea, pero, si no es así, recuerda que puedes descargarte nuestra app gratuita para escritores donde encontrarás un generador de ideas con miles de opciones. Lo tienes aquí.

Antes de empezar a escribir

Es importante, antes de arrancar a escribir, que tengas clara esta información:

-Quién es tu personaje principal: ¿Cómo se llama? ¿Qué edad tiene? ¿Es una persona, un animal, un vegetal, un ser fantástico…?  ¿A qué se dedica normalmente?  ¿Qué problemas tiene en su vida actual? (Nadie tiene una vida perfecta y, cuando afrontamos el problema principal que le surgirá en el relato, este se sumará a lo que ya arrastre).

-En qué lugar y época se sitúa el relato: ¿En la actualidad? ¿En 1990? ¿En la Edad Media? ¿En tu ciudad, en Japón, en Nueva York, o a bordo de un barco mercante en mitad del océano…?

– ¿Aparecerán más personajes? Piensa al menos en dos o tres que puedas necesitar.

-¿Quién cuenta la historia? ¿Será el mismo personaje en primera persona (“En aquella época, yo vivía en Salamanca”) o un narrador externo en tercera persona (“Él vivía en Salamanca”)? Hay otras opciones de narrador, pero estas son las más sencillas y usuales.

-¿Cuál es el problema o reto al que se enfrenta el personaje en tu cuento? Recuerda que un cuento o relato siempre trata sobre un personaje que debe superar un reto o un problema, cómo intenta hacerlo y si al final lo soluciona o no.

Ejemplo:

Nora, una mujer de mediana edad que lleva una vida rutinaria trabajando en Hacienda, llega a su casa y se encuentra a su marido siéndole infiel.

Fíjate cómo en ese resumen de la idea del relato ya tenemos el personaje principal, alguna circunstancia de su vida, y, finalmente, el problema que se le va a presentar en este relato.

 

¿Cómo empezar? Escribiendo el planteamiento

Lo primero que haremos para escribir nuestro relato será narrar el PLANTEAMIENTO de la historia, es decir:

Conocer y presentar al personaje principal y su vida actual, para que tu lector conecte con él/ella y se implique emocionalmente en la historia (es decir, que le importe lo que le ocurre)

-Mostrar el momento en el que el personaje se encuentra con su problema.

Se puede también empezar sólo por el problema y luego volver atrás para conocer al personaje, pero puesto que este es tu primer relato (o de los primeros) vamos a hacer lo más usual y sencillo, que es seguir este orden.

“Vale, ¿y por dónde empiezo?”, puedes preguntar. Pues elige un momento de la vida normal de tu protagonista y arranca desde ahí. Puede ser verle en el trabajo, en su casa, en el gimnasio, despertándose, comiendo con su pareja o con sus padres…

Por ejemplo, en el caso de la historia de Nora, podríamos empezar por mostrarla en su trabajo.

“Ese día, Nora ni siquiera pudo salir a tomarse un café con su amiga Carmela al mediodía: las jornadas previas al final del trimestre se formaban colas kilométricas en la sede de Hacienda, así que no dejó de trabajar en toda la mañana, recogiendo las declaraciones trimestrales en su ventanilla. Era la ventanilla 12”. 

Fíjate que en esta pequeña introducción ya tenemos:

-Al personaje principal

-Vemos dónde está (trabajando en una ventanilla de Hacienda)

-Sabemos algo de su vida (se toma siempre un café con su amiga Carmela) y de cómo va su día (está trabajando mucho)

Este es también el momento para describir un poco al lugar y al personaje: así el futuro lector se imaginará mejor la historia en su cabeza. Por ejemplo:

“La sala era muy grande y contaba con 16 ventanillas de atención al cliente; las filas de personas se arremolinaban en la sala. Algunas, impacientes, revisaban los documentos que iban a entregar; otras, miraban el móvil…”

“Nora era morena y bajita; recogía su pelo rizado en una larga cola para poder llevar pendientes grandes y coloridos: le encantaban. Era el único detalle de alegría en su sobria ropa de trabajo, un traje de chaqueta azul marino y una camisa de color beige. No le gustaba llamar la atención, todo lo contrario que a su amiga Carmela, que siempre llevaba vestidos de colores vivos y por encima de la rodilla. Ella no se había atrevido nunca”.

Puedes extenderte un poco más, pero recuerda, antes de terminar el primer folio, que tu personaje se encuentre con su problema.

Muéstranos entonces:

El momento en el que surge su problema

Sus pensamientos y sentimientos cuando se encuentra con el conflicto (esto es esencial para que conectemos emocionalmente con el personaje y para que sintamos lo mismo que él/ella siente).

En los momentos clave de la historia, como este, es muy importante incluir diálogo. Aunque sean unas pocas líneas. Eso hace que nos fijemos más en ese instante concreto de la historia y dan realismo a la trama.

Por ejemplo, podría ser algo así:

Cuando Nora abrió la puerta de su casa eran las tres; le extrañó no escuchar el televisor, pues Andrés, su marido, solía ver las noticias mientras preparaba la comida. 

-¿Hola? -dijo, insegura. Entró y cerró la puerta, dejó el bolso en la percha del recibidor y, justo cuando iba a ponerle un mensaje a su marido, escuchó unos sonidos que provenían del dormitorio. Se temió lo peor. Dio varios pasos, intentando no hacer ruido: eran gemidos, inconfundibles. Sintió algo -rabia, tal vez- y abrió la puerta: 

-¿Andrés, qué…? 

Se quedó de piedra: su marido estaba tumbado de lado en la cama, desnudo. Detrás de él, un hombre de piel morena y ojos oscuros le estaba haciendo el amor. “¿Qué es esto?”, pensó. Pero no pudo decir nada, estaba sorprendida y se sentía ridícula: entonces, ¿su marido era gay y ella no lo sabía? ¿Cómo podía no haberse dado cuenta en los doce años que llevaban juntos?

-Cariño -dijo él, separándose del otro hombre y tratando de taparse la desnudez con sus manos- ¿Hoy no te has quedado a almorzar con Carmela, como todos los viernes?

 

¿Y después? El nudo de la historia

Una vez el personaje se ha encontrado de bruces con su problema principal, comienza lo que será la parte más larga del relato (al menos un 50% del texto): el nudo. Aquí veremos cómo el personaje intenta enfrentarse, solucionar o huir de su problema.

En el nudo deben pasar varias cosas: el personaje no puede resolver su problema inmediatamente, si no, el cuento se acabaría demasiado rápido. Lo que tenemos que ver es un proceso: cómo el personaje prueba diferentes cosas, o va avanzando en el camino de resolver el problema que tiene.

Importante: cuánto más afecte el problema a la vida del personaje, más interesante será el cuento. Por ejemplo, si Nora de repente pensase: “Qué suerte, ya no quería seguir casada con Andrés” y le pidiese el divorcio, el relato tendría muy poco interés. Pero si para ella fuese un golpe muy duro (ya hemos visto que parece una mujer a la que le gusta la rutina y no muy dada a los cambios) el cuento adquiere más interés. “¿Qué va a hacer ella ahora? ¿Cómo volverá a ser feliz?“, se preguntará el lector, deseando encontrar la respuesta. Y, para ello, seguirá leyendo.

Aquí tienes dos opciones:

-Puedes seguir escribiendo , sin planificar nada, y dejarte llevar, narrando los pasos que irá dando Nora y lo que irá haciendo, según te vaya surgiendo.

-Puedes detenerte un momento y pensar en tres o cuatro cosas que le pueden pasar ahora, o que ella puede hacer.

Si eliges esta segunda opción, recuerda:

Los pasos que dé el personaje y lo que le suceda tiene que tener coherencia con la trama y con el personaje: si Nora ahora se pone a podar las plantas no tendría mucho sentido (a no ser que le sirva para relajarse y pensar), ni tampoco parece lógico que Nora saque una pistola y los mate a ambos: no hemos visto que fuese un personaje violento, ni siquiera capaz de llevar una pistola.

Los sucesos que ocurran tienen que estar relacionados con la trama: en la vida real, Nora podría salir a la calle tras descubrir a su marido con otro hombre y ser atropellada por un autobús, pero realmente eso no aporta nada a la trama.

Pregúntate: ¿de qué trata el relato, en realidad? De una mujer de costumbres muy fijas, poco atrevida, que se encuentra con una situación en su matrimonio que jamás había imaginado. Los sucesos interesantes tendrán que ver con el proceso interior de ese personaje, en este caso, y con lo que le suceda a ella y a su matrimonio (¿seguirán juntos? ¿Se separarán?)

-Haz que el personaje HAGA COSAS, no solo reflexione sobre lo que le ocurre: eso lo va a hacer de todas formas. Aquí Nora puede:

-Hacer las maletas e irse de la casa

-Pedir el divorcio

-Echarse a llorar

-Enfadarse y echar una bronca a su marido

-Echar al marido de casa

-Llamar a su amiga Carmela

etc

-Haz que intervengan otros personajes y que lo que hagan o digan afecte a la trama: si el relato a partir de ahora es sólo Nora, puede quedar un poco constreñido. Va a darle más realismo que otros personajes también participen, y de forma fundamental, en la trama. Pregúntate:

-¿Qué va a hacer el marido de Nora?

-¿Y su acompañante, dice algo, hace algo?

-¿Y los otros personajes que han salido, como Carmela, o que tenías pensado que apareciesen?

 

Un buen método puede ser que hagas una LISTA DE 20 COSAS QUE PUEDE HACER/O LE PUEDEN PASAR A TU PERSONAJE una vez ha aparecido el conflicto principal. Después, cuando la tengas hecha, puedes elegir cuatro o cinco, o seis o incluso siete, para que formen parte de tu nudo.

Por último, ¡nárralo! Recuerda describir a los personajes, los lugares donde van (si se mueven), mostrarnos sus diálogos y también lo que el personaje va sintiendo o pensando.

Un ejemplo de un posible siguiente paso de la trama tras la llegada del conflicto:

“Nora se desmayó. 

Al recuperar el conocimiento, el hombre de los ojos oscuros la estaba abanicando con un periódico. Ella se sobresaltó:

-¿Quién eres?

-Soy Roberto, un amigo de tu marido. 

Nora se incorporó y se sentó en el borde de la cama, alejada del hombre. Seguía desnudo; se intuían los músculos de su cuerpo y ella intentó mirarle solo el rostro. 

-Querrás que eres decir el amante de mi marido. 

Él se rio. ¿Acaso se estaba burlando de ella? Nora se sintió avergonzada.

-No nos gustan las etiquetas- dijo él, aún sonriente- Andrés ha ido a buscarte un vaso de agua, si no te importa, voy a vestirme…

Le rozó con el muslo, sin querer, al levantarse. Nora desvió la mirada, con las mejillas rojas, apartándola de la desnudez del hombre. Se sentía muy ridícula, a punto de llorar.

Como Andrés no llegaba, decidió llamar a su amiga Carmela“.

 

¿Cómo termino? El desenlace

Por último, debes decidir el final de tu relato. Lo mismo que con el nudo, puedes dejarte llevar (y a ver qué sale) o intentar pensarlo antes. Puedes, también escribir varios posibles finales y comprobar cuál te gusta más.

El desenlace es cuando el personaje resuelve su problema… o no lo resuelve. Consigue lo que busca… o no lo consigue. A veces, si no lo consigue el final es triste, pero no siempre. En ocasiones, la vida del protagonista cambia tras la llegada del conflicto y tras los sucesos del nudo, pero aunque no consiga resolver el problema, eso no quiere decir, necesariamente, que vaya a ser menos feliz.

Por ejemplo: un relato puede tratar de un joven que encuentra el mapa de un tesoro: en el nudo sale a buscarlo y, aunque no lo encuentra, al final se da cuenta de que es feliz con la vida que ya tiene.

O podemos decidir que Nora tenga un final como este (después de que hayan sucedido más cosas y tenido lugar más conversaciones en el nudo, por supuesto):

-O sea -le dijo su amiga Carmela, sorbiendo un poco de su café y bajando la voz para que no les oyeran los clientes de la mesa de al lado- que Andrés ha descubierto que es bisexual y quiere probar cosas nuevas… 

-Eso dice -respondió Nora, removiendo su taza de té, pensativa. 

-Y la primera cosa que ha probado es un morenazo tremendo…

Nora tragó saliva y se ruborizó. Todavía recordaba la desnudez de Roberto. No entendía por qué se había sentido así de atolondrada con él, como una chiquilla de 15 años. Se limitó a asentir a su amiga. 

-¿Tú como te sientes? -preguntó Carmela- ¿Quieres dejar a Andrés?

-¡No! -La exclamación le salió de dentro. Quería a Andrés y, según le había dicho, él también la seguía queriendo y no había pensado dejarla. 

-¿Entonces? -Carmela la miró, muy fijamente. Pero Nora se encogió de hombros. 

 

Un rato después, volviendo a casa, se detuvo ante el escaparate de una tienda de ropa. Un vestido rojo le llamó la atención. Entró, decidida a comprarlo. ¿O acaso ella no podía probar cosas nuevas? Se sintió decidida, más valiente que en mucho tiempo.  Al salir, llamó a Andrés. 

-Voy camino de casa, ¿sigue ahí Roberto?

-Pues sí -contestó él, totalmente desorientado- ¿quieres que se vaya?

-No -dijo Nora- si le gustan las mujeres, preferiría que se quedase y que te fueses tú a dar un paseo. Llegaré en media hora.

Agarró con fuerza la bolsa en la que llevaba su vestido nuevo y dobló la esquina camino de su casa. Roberto la estaba esperando“.