#VIERNESCREATIVO: Alguien que ESTÁ A PUNTO DE PONER PIE DONDE NADIE HA LLEGADO NUNCA ANTES. 

#VIERNESCREATIVO: Alguien que ESTÁ A PUNTO DE PONER PIE DONDE NADIE HA LLEGADO NUNCA ANTES. 

enero 19 2018   

Vamos allá con otro nuevo #ViernesCreativo
▶️Escribe la historia (en 15 líneas máximo) de alguien que ESTÁ A PUNTO DE PONER PIE DONDE NADIE HA LLEGADO NUNCA ANTES. 
Puede ser un lugar remoto, otro planeta, otro mundo… Puede ser en la actualidad, en el futuro o ¡en el pasado! Puede ser un lugar literal… o metafórico. 
¡¡¡¡Vamos a ver cómo va la conquista de nuevos mundos!!! 

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MICRORRELATO CON MÁS ME GUSTAS

Alberto Postacchini Querida amiga:
Lo que me propones, aunque parece un tema imposible y complicado, debo decirte, que no lo es. ¿PONER PIE DONDE NADIE HA LLEGADO NUNCA ANTES? Tú y yo sabemos, que tenemos el poder de pisar todos los días lugares increíbles, situaciones que físicamente no podríamos ni imaginar y solo necesitamos pocas cosas… Lugares que nunca vi, caminos no recorridos, aromas embriagantes; disfrutar con el tacto o el gusto. Crueldadd infinita con mi propio asesinato una noche de niebla; un viaje con mi madre muerta hace más de 40 años a visitar a mi abuelo o hacerle el amor a Julia Roberts o a Emily Brontë mientras vemos juntos pintar a Helen, disfrutando el privilegio de su cuerpo o de su palabra en cada caso. Pude oler su piel, sentir la acritud que embargaba el ambiente con mi propia sangre, ver el diáfano cielo mientras subía de la mano de mi madre. ¿Tú me propones lugares que nadie haya llegado antes? Mi respuesta es: todos y ninguno. Todos, porque cuando ingresan en el papel, cuando toman cuerpo en mi relato, hacía rato que deleitaban mi mente maquinal y oculto. Ninguno, porque cuando termino de escribirlo, ya deja de ser ignoto y entra a formar parte de ese mundo inmenso y maravilloso del que participo pobremente, que va desde Salgari, hasta Perez Reverte, pasando por Shakespeare o Ecco. Nos damos el lujo de entrar cada día a un mundo cuyas variables definimos nosotros mismos, donde podemos volar, nadar o vivir debajo del agua. Disfrutemos de nuestros propios: Waslala.

ME GUSTAS: 17

OTROS MICRORRELATOS SELECCIONADOS

Montserrat Tomás García Hoy es 14 de noviembre de 1911 y estamos a punto de llegar al Polo Sur. Esto no ha sido más que una apuesta. Sabemos que hay un tal Amundsen y un tal Scott que también lo están intentando. Nosotros no somos científicos, solo somos dos grupos de amigos sin responsabilidades ni nada que hacer que nos hemos apostamos parte de nuestras fortunas en llegar adónde nadie más ha llegado antes. Todo vino por haber leído y discutido la novela de Julio Verne: “La vuelta al mundo en 80 días”. En mal momento lo hicimos. Cada equipo ha partido de lugares diferentes a la misma distancia de nuestro destino. Ha sido difícil, muy complicado. Además en mi equipo han muerto ya varios compañeros, pero hoy los que quedamos lo conseguiremos, estoy seguro. Es una sensación bastante extraña. Vamos a lograr algo importante pero quizá nadie lo sepa nunca pues no hemos avisado a nuestras familias de lo que íbamos a hacer. Creo que vamos a morir todos. Lo conseguiremos, falta muy poco, pero sé que no saldremos de ésta. Ojalá no tardaran en llegar Amundsen o Scott y pudieran salvarnos. Ojalá.

Carol Belasco La línea del horizonte hacía días que se había desdibujado y fundido cielo y tierra en un océano naranja. La garganta seca y sedienta se rasgaba a cada palabra, quizá por ello todos se habían vuelto parcos y silenciosos. La mayoría de porteadores los habían abandonado hacia semanas, sólo los esclavos del teniente continuaban junto a los miembros de la expedición aún vivos, aunque aquello sólo la rearfimaba en su deseo de poner fin a aquella práctica abominable. Quizá porque ella también era una ciudadana de segunda, pero allí estaba: en el continente africano, buscando la verdad sobre lo que probablemente era una leyenda; En los ojos perdidos y agotados de sus compañeros de expedición leía ahora esa certeza. Aunque ya no importaba, no tenían agua ni víveres suficientes para regresar, sólo quedaba continuar adelante, camino de una muerte atroz sobre la arena.
Un destello a la izquierda la hizo girar, no era el primer espejismo que avistaban pero aquella era tan buena dirección como cualquier otra. Había soñado con pisar un mundo nuevo y allí estaban: posiblemente cumpliendo su sueño, sus pies creando un sendero que ningún humano, ni antes ni después, sería lo suficientemente estúpido para recorrer de nuevo.
Siguieron hacia la misma dirección pero el espejismo se mantuvo, paso a paso continuó allí, esperándolos. El paraíso se alzaba en mitad de ninguna parte, un regalo para los audaces que estaban dispuestos a atravesar el infierno para hallar el mítico jardín del Edén. Sonrió feliz, ¡lo habían logrado!.

Glauka Kivara He cumplido mi sueño. Me quedan cinco horas de vida. «El paraíso está lleno de hormigas» me decía siempre una amiga, y yo me estremecía del asco. Odiaba a los insectos casi tanto como las ciudades saturadas de gente. Amaba los espacios diáfanos y asépticos, el silencio y la soledad.
Entrar a trabajar en una de las bases de investigación de la NASA cambió mi vida. Las enormes superficies blancas siempre limpias, el olor a lejía. Aún así, siempre había demasiada gente, voces, olores.
La investigación de nuevos planetas me ofrecía una oportunidad de oro. Y después de tantos años, he hallado lo que buscaba. El planeta V-173 es una vasta extensión de superficie blanca y pulida, un precioso cielo violeta y ni un solo ser vivo. No volveré a la nave, cuando se acabe el oxígeno, moriré aquí, feliz.

Esther Trello Arias El avión atravesó el ojo del huracán y fue empujado y vapuleado como un amasijo de hierro hasta un lugar remoto.
Eso era todo lo que recordaba Sophie mientras permanecía tumbada en un lecho de hojas color cobre. Sin ningún rasguño ni signos de haber sufrido un accidente.
A su alrededor, una catarata formaba charcos iridiscentes y en un campo de amapolas, un unicornio la estaba mirando.
—¿Dónde estoy?— preguntó Sophie al aire con ojos somnolientos.
El unicornio respondió:
-Estás en el fin del mundo.
-Perdona debo estar soñando, nunca vi un unicornio y menos que hablara.
-En el fin del mundo ocurren cosas extraordinarias- respondió el unicornio de pelo rosa y plateado.- Has sido seleccionada para vivir aquí porque eres de las pocas personas que valoran el medio ambiente y las cosas sencillas.
Sophie no daba crédito a lo que estaba sucediendo. Nunca le gustó su mundo ni la prisa que tenían los adultos sin tiempo para escuchar.
«Este será un buen lugar para vivir» pensó.

Carlos Di Urarte Tras alcanzar el final del tunel, una pantalla de bienvenida flotante me confirma que me encuentro en el infierno. No hay tipos de rojo con tridentes, solo un horizonte luminoso para separar arriba de abajo. De pronto, la voz de Siri.
—Bienvenido al infierno en beta abierta, nuevo usuario. Disfrute de la condenación del conocimiento, en streaming. Le hago entrega de su iEva.
En mi mano resplandece una carcasa blanca con una manzana luminosa. Me rasco la cabeza y lo desbloqueo.
—¿De verdad estaré en el infierno? —murmuro para mí. No consigo entrar en instagram, apenas hay una barra de cobertura. Lo levanto por encima de la cabeza. En facebook solo tengo a mi madre como amiga. ¿Cómo es posible? Sé que no debí hacerme el selfie mientras conducía el audi de papá a 220 km/h. Debo tener el cuerpo convertido en un amasijo de hierros y grumos rojos.
—No parece mal sitio —. Me encojo de hombros sin apartar la vista de la pantalla.
—No hay wifi —me responde Siri, aséptica.
Caigo de rodillas y grito. Grito hasta perder la voz. Este es un lugar abyecto.

Yolanda Fraile Carreras No sé qué hago aquí, ni qué ha pasado. No puedo oír. Un pitido interno se encarga de mantener todo lo que me rodea en silencio. No escucho nada. No hay ruido, solo silencio; uno que calla y grita fuerte al mismo tiempo, y me acompaña a cada paso. Todo a mi alrededor está devastado. El humo polvoriento lucha por salir de debajo de las montañas de escombros que salpican el paisaje que tengo ante mis ojos. No queda nada. Todo lo que había antes… ha desaparecido. Pequeños conatos de incendio humean cada pocos metros elevando un humo negro y compacto hacia el firmamento. Huelo a humo, y a muerte. Nada queda de lo que antes hubo. Nadie ha sobrevivido y los cuerpos inertes conforman una alfombra humana sobre la que avanzo de forma inestable. Las lágrimas me emborronan la visión ante el caos y la destrucción. Soy la única superviviente del terremoto y mis pasos son los primeros que dejan huella en este aterrador paraje sembrado de naturaleza muerta.

Jennifer Girol —Verónica, venga, que hay que ir al cole.
Remoloneo en la cama, y aún sin despertarme, gruño.
—¿Eh? —adormilada —¿El cole? —pienso—¿Mamá? —me desperezo— Qué dice pero si hoy tengo que ir al gimnasio.
Con los ojos pegados estiro el brazo hacia la mesita de noche y palpo.
—¿Dónde está el móvil?
Soy floja hasta para mirar. Mi mano choca con algo que desconozco. Lo toqueteo. No sé qué es. Levanto la cabeza de la almohada y miro.
—¿Esto qué es…?
La luz del pasillo entra suavemente y casi puedo ver la habitación: mi casita de Pin y Pon en la mesita de noche, Alicia, mi muñeca Cabbage Patch Kids, sentada en la mecedora junto a mi oso amoroso dormilón, los pósters de Kirk Cameron, Mark Paul Gosselaar, Michael J. Fox pegados a la pared… Salto de la cama y salgo al pasillo. Los ojos casi se me salen. Estoy en el piso del barrio. Entro al cuarto de baño, el mueble de romi… Me miro al espejo. Mi propio grito me deja sorda.
—Tengo diez años —pienso— y la mente de cuarenta.

Paloma Fernández Garrido -Me voy de aquí. Adiós, mundo cruel. Me voy en busca de otra dimensión, de otros mundos, de la eternidad.
Lucía comenzó a cortarse las venas bajo un gran chorro de agua caliente y, en el dulce tránsito hacia el más allá, comenzó a recordar detalles de su vida, esta que comenzaba a acabarse. Podría decirse que había sido feliz, hasta ahora que un triste desamor le quitó a todo sentido.
El agua de la bañera iba cambiando la tonalidad de rosa a rojo intenso, pero ella, ya, no veía. Hacía ya un rato que dejó de escuchar a los pájaros del jardín trinar. El calor del agua sofocante también iba desapareciendo y una frialdad inmensa la iba transportando a otro mundo gélido e invisible. Fue perdiendo la noción de sí misma, del tiempo y, con ello, se fueron los recuerdos y también del espacio: no se encontraba en la bañera, sino en la aurora boreal y también en las estrellas y la luna. Su conciencia desapareció para dar paso a un sentir panteísta y pasó a formar parte de los árboles, de las flores, de los pájaros, de la montaña: de Todo.

 


Para seleccionar estos textos, desde Portaldelescritor siempre tenemos en cuenta diferentes aspectos: que cumplan el reto, la calidad literaria, la originalidad, la redacción (no aceptamos textos con varias faltas de ortografía) y además siempre intentamos -en la medida de lo posible- incluir participantes diferentes y no repetir muchas veces a los mismos autores.

Un abrazo a todos/as y a seguir escribiendo.