Escribe un MICRORRELATO o un POEMA que emplee los 5 sentidos y en el que aparezcan: el color rojo, olor a perfume, un trueno lejano, frío y sabor salado.

Octubre 07 2016   Etiquetas:
Escribe un MICRORRELATO o un POEMA que emplee los 5 sentidos y en el que aparezcan: el color rojo, olor a perfume, un trueno lejano, frío y sabor salado.  #ViernesCreativo (7 Oct)

Semana del 3 al 10 de Octubre

Texto con más “me gusta”: 

Un charco se tiñe de rojo por la sangre que emana de la herida de bala. Empiezo a sentir frio. Por suerte el sabor salado de mis lágrimas no logra hacerme olvidar el olor dulce de su perfume. Se escucha un trueno en la lejanía mientras caigo de rodillas. Para mi es demasiado tarde, pero espero que dejen de oírse los disparos de esta maldita guerra.

Otros textos seleccionados: 

A lo lejos, tronó el atardecer. Hacía frío, y las gotas empezaron a caer, saladas contra el rojo yukata, mientras el perfume de la geisha se desvanecía entre sus dedos.

Alicia Ocha


Lo recuerdo perfectamente.
Fue justo en el primer trueno.
El sol se despedía mecido por rojizas nubes sobre el mar en calma. Y nosotros seguíamos en el agua bajo el cobijo
de las ramas del mangle. Mi cuerpo empezaba a enfriarse cuando te acercaste.
Te acercaste muy lentamente hasta que sentí el perfume de tu cuello, mezcla de sudor y fango. Casi podía escuchar mis propios latidos cuando me rozaron tus salados labios.
Apenas fue un instante. Y nos alcanzó la tormenta.


Mar Marisol

Ahora me pregunto si llovió esa tarde.

El aperitivo sabía salado. Apenas unas pocas galletas rodaban en la bandeja. Una mísera bienvenida acorde al estatus del hotel. La recepción vacía, sin nadie que atendiera mis impacientes timbrazos en el mostrador. Sus maletas ya están arriba, Señor DeVille, me ladró, desde dentro, la recepcionista. Mis pasos cansados me llevaron al fondo del oscuro corredor poniéndome delante de esa puerta, tenía gastado el barniz y su degradado tono rojo me invitaba a entrar. Las bisagras chirriaron y un olor a perfume rancio subía de la moqueta contagiando mis botines de cuero. Dentro corrí con fuerza el pesado cortinaje, ante mí un crepúsculo con vistas a la montaña negra. El sonido seco de un trueno lejano era algo acogedor, la tormenta venía a saludarme. De vuelta a mis raíces. Disfrutaría tanto si no fuera por este maldito frío. Algo inadecuado para un vampiro sureño … aquí en Transilvania.

Laura Esteban