Seleccionados #ViernesCreativo: fantasía y relato de detectives

Seleccionados #ViernesCreativo: fantasía y relato de detectives

septiembre 01 2017   

Hoy, en el #viernescreativo vamos a lanzarnos a mezclar géneros: en este caso, buscamos un microrrelato que aúne, a un tiempo, el género fantástico y el de detectives. 😉

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MICRORRELATO CON MÁS ME GUSTAS

Maria Dolores Garrido Goñi ¡Puerca miseria! Subí al monte Olvido tras una pista recibida. Ahora no recuerdo a quién busco. ¿Cómo voy a realizar mi trabajo de localización y detención? Iré en busca del Sabio Konor.
–Perdonad mi atrevimiento, Señor. Soy Strufo, el cazarrecompensas. ¿Podríais indicarme cómo recordar lo que olvidé?
–¿Otra vez aquí? Unas veces queréis olvidar… otras recordar… Ve al bosque de los Recuerdos y busca en tu interior. Sigue este mapa o te perderás en el olvido.
Siguiendo el mapa, cruzo la llanura Secana, recorro la senda de los Suspiros, atravieso el río Lacrimoso y por fin llego al bosque. Es muy hermoso. Un grupo de sauces llorones conforman el nacimiento de dos ríos. Uno discurre por una llanura y sus aguas son dulces y tranquilas. El otro se adentra en el bosque, sus aguas atraviesan terreno rocoso que las hacen bravas. Su agua es amarga. No puedo creer que del mismo lugar salgan dos aguas distintas y pruebo la amarga. Me viene a la memoria mi amada esposa; murió en mis brazos por una bala del delincuente que perseguíamos. Los ojos se me llenan de lágrimas y pruebo el agua del otro manantial. Ahora me llegan recuerdos de la risa de mi amada, de sus caricias y sus miradas tiernas. Ya sé que no fui al monte Olvido a buscar a ningún delincuente. Fui a olvidar mi dolor y con él olvidé también mi alegría.

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OTROS TEXTOS SELECCIONADOS

Ainnita Kirschlert Era de noche en el reino de Noth. El príncipe abrió los ojos a la luz de la luna que caía sobre el lecho matrimonial. Miró a la princesa que yacía a su lado. Los cabellos rubios desparramados a ambos lados del rostro de porcelana, los labios rojos suspirando en sueños. Hermosa. Aurora era verdaderamente hermosa.
Se levantó con cuidado de no despertarla. Atravesó la alcoba con parsimonia, arrastrando los pies, y con la misma lentitud, se vistió y salió sin hacer ningún ruido.
La penumbra supo ocultar su camino hasta una habitación escondida tras un enorme y majestuoso retrato. Allí guardaba su más preciado secreto.
Abrió el polvoriento libro por la página marcada y susurró unas palabras en un idioma extraño. El resplandor invadió la sala de inmediato. En el centro, un portal había surgido de las sombras. A través de él podía viajar a cualquier dimensión. Rescatando princesas en peligro y casándose con ellas, había logrado expandir sus dominios más allá de lo imaginable.
Sin vacilar ni un segundo, atravesó el portal, apareciendo en un frondoso bosque. Nunca pensó que podía haber alguien esperándole.
—No se mueva —le advirtió una voz a sus espaldas—. Príncipe azul, queda usted detenido por uso indebido de la magia.

Sna Mele Recibió un paquete por la mañana en el que se le encargaba la investigación de la desaparición de un joven. Éste se había largado con un suculento botín, robado a una anciana de la aristocracia más rancia. Dicha anciana había fallecido durante el robo, pero nunca se habían esclarecido las causas de su muerte.
El paquete no llevaba remitente, pero sí el suficiente dinero como para no desestimar el trabajo, y la promesa del doble al encontrar al joven y entregarlo a la policía. Decidió comenzar sus pesquisas sin cuestionarse nada más.
Lo que nunca imaginó es que iba a entrar en un bucle espacio-temporal. Cada vez que seguía una pista errónea (ésto lo averiguó con el tiempo), volvía al momento de la recepción del paquete. Seguro que el fantasma de la dichosa vieja estaba detrás de aquella incómoda situación.

Rito Moreno 
Detective paranormal

Desde que era niño su abuela le había dicho que el agua de la madrugada de San Juan, antes de la salida del sol, era mágica. Creía que si se miraba en un estanque y le devolvía su imagen reflejada, no tendría problemas durante el próximo año. En caso contrario su existencia cambiaría drásticamente.

Otra historia, que le contó relacionada con el agua, fue la de una mujer que se comunicaba con los muertos mirándose en las aguas dormidas de un estanque. A ella acudían los parientes para comunicarse con sus difuntos atormentados desde distintos puntos de la provincia.

Cuando aquella mañana de San Juan vio su rostro reflejado en el agua en lugar del suyo, supo que era el momento. Ella le cedió el testigo. A partir de ese día trabaja averiguando qué atormenta a las almas en pena y les ayuda a pasar al otro lado.

Kathy Guerrero Bejarano El teniente Arguedas y el oficial Ramírez, muy complacidos estaban en su puesto de vigilancia, al fin había llegado el día que se verían cara a cara con un sujeto sospechoso de suplantación de identidad. Desde hace muchos años el individuo era investigado y hasta ahora nadie le había podido detener. Los dos oficiales se frotaban las manos al imaginar la portada de los diarios del siguiente día “EL TENIENTE ARGUEDAS Y SU COMPAÑERO EL OFICIAL RAMÍREZ, LOGRAN AL FIN DESENMASCARAR Y A SU VEZ DESCUBRIR LA IDENTIDAD DE QUIEN POR MUCHOS AÑOS A ENGAÑADO A LA HUMANIDAD”.
Tenían pruebas suficientes para detenerle, incluso algunas fotografías con niños donde se aprecia como usa juguetes para manipularlos .
Estaban en sus puestos algo agotados cuando al ser las doce media noche el sujeto apareció. La suerte estaba con ellos, el sospechoso traía consigo mucha evidencia y como siempre, iba disfrazado.
-Ho,ho -dijo el teniente para que los cuadrúpedos que lo acompañaban se detuvieran.
-¿Me permite su tarjeta de identidad?
-Lo siento, oficial, no porto ningún documento.
-Su nombre.
-¿Acaso no es evidente quien soy?
-Esto no es un jueguito de adivinanzas- contestó Arguedas malhumorado-. Queda usted detenido.
-No me puede detener, ¿Qué he hecho? al menos dígame de que se me acusa.
-Su expediente es extenso y son muchas sus víctimas. Se le acusa de: invasión a propiedad privada, poseer una cuantiosa cantidad de objetos de dudosa procedencia, conducción temeraria y más grave aún, engañar a niños valiéndose de su falsa identidad.
-¿Puedo al menos hacer una llamada telefónica?
-Tiene derecho a una llamada de tres minutos.
– Aló, ¿Señora Claus? soy yo, Santa, me han descubierto y estoy detenido.

Climent La Repera DE PORQUÉ EL OJO ES OJO PORQUE TE VE, NO PORQUE LO VES.

El inspector pensó que la casa estaba en orden, limpia, y que nada parecía justificar la llamada de urgencia a la comisaría. Solo al pasar por delante del espejo notó a faltar su propio reflejo en él, sustituido por dos rayos intensos y penetrantes que, a modo de ojos incandescentes, parecían querer abrirse paso hasta su cerebro. Y a los pies del espejo, sobre la mesita, un enorme tarro de cristal oscuro parecía tintinear con un ritmo de latido de corazón.
De detrás de la cortina asomó un niño de unos doce años, con el rostro blanco como el papel y la mirada extraviada en las esquinas del comedor. «¿Estás solo?» preguntó el policía queriendo ser amable. «Si. Solo. Y he sido yo quien ha llamado a la policía. Estoy seguro de que en esta casa hay fantasmas» Sonrió el agente mientras sentía como la tensión de sus músculos se descargaba. «Tranquilo, chaval. Los fantasmas no existen; algún raro ruido habrás oído» «¿De verdad crees que no hay fantasmas?» Y su voz sonó grave e irritada. «¡Pues yo soy un fantasma!» Y mientras lo decía se fue transfigurando en un vaho gelatinoso que envolvió al inspector y se apoderó de él.
La casa volvió a quedar en orden y silencio; y del policía nunca más se supo.
Pero a nadie de le ocurrió mirar dentro del tarro de cristal oscuro que ahora tintineaba a ritmo de sirena de coche de policía.

Jose M Fernández Durante el verano de 1966 descubrieron, en el valle de Rocamadur, un cuerpo momificado. El detective Pierre Lafont, aficionado a la historia, sospechó que se trataba del cadáver de un eremita desparecido en el siglo XII, un tal Cirilo. Este personaje, según las crónicas antiguas, hacía numerosos milagros. Lafont decidió extraer muestras de la ropa y de los restos orgánicos y mandarlos analizar. La cueva donde se hallaron los restos permaneció vigilada por la policía.
A la mañana siguiente, cuando el detective volvió se encontró con el policía de guardia dormido y el lugar donde estaba el cuerpo vacío. Los análisis confirmaron que los restos hallados eran del siglo XII. La policía registró el valle de punta a punta, pero no encontró la momia. Algunos niños afirmaron haber visto a un anciano huesudo y sin ojos en el interior de los profundos bosques. A poca distancia de allí, una mujer muy enferma sanaba rápidamente de su dolencia.
En el verano de 2016, en la misma zona, volvió a aparecer y desaparecer un cadáver momificado en parecidas circunstancias. Uno de aquellos niños, ahora cincuentón, salió inesperadamente del coma en el que se encontraba. Lafont había muerto mucho antes y la desaparición de la desconocida momia fue atribuida por la policía a una secta satánica. Los viejos expedientes del detective no estaban digitalizados y no se pudieron encontrar.

Carol Belasco La puerta de la despensa, medio abierta, y un bote de jalea roto bajo el umbral, la hicieron resoplar hastiada, cada año era la misma historia: el más pequeño de los tres ositos se colaba en la despensa de la Abuelita y no quedaba un bote de miel íntegro.
Cuando se había unido a las fuerzas del orden había esperado otra cosa: retorcidos planes de alguna reina malvada, astucias dignas del gran lobo feroz… pero apenas quedaban ya brujas malvadas, la mayoría muertas en manos de los buenos, como la que ella y su hermano enfrentaron de niños, y las que seguía vivas se habían enmendado: la misma Maléfica se había reconciliado con la Durmiente y habían montado un imperio de textiles juntas, y hasta el lobo ya no tenía nada de feroz, perdida la dentadura tiempo atrás, ahora regentaba una posada para viajeros perdidos en mitad del camino a casa de la Abuela y su peor maldad eran sus escandalosos precios.
Gretel empezó a pensar que, si quería verdaderos casos, tendría que abandonar el reino de los cuentos pues ya no quedaban malvados.
Abrió la puerta del todo y se sorprendió: el pequeño osito yacía en el suelo con parte de su botín, pero alguien que conocía sus costumbres le había esperado allí para deshacerse de él. ¿Quién podía odiarle tanto?
Examinó la escena del crimen con mucha atención y un pequeño ricito de oro en el suelo le dio la respuesta. ¡Quién habría imaginado que aquella vieja disputa por la sopa acabaría de ese modo!. Y aquello le demostraba que no sólo los villanos eran capaces de lo peor, su trabajo estaba asegurado.

Luis Leonardi Dos semanas después de aclarar un caso, Martínez fue cesado de su cargo. Abatido y hundido tras diez años en la misma comisaría, después de obtener dos distinciones de honor y el reconocimiento de toda la jefatura, se volcó al alcohol. Ese caso que, tras la muerte de la mujer a mano de su esposo y aún con las pruebas suficientes para enviar al asesino a prisión; simplemente convirtió su vida en caos. Su compañero y amigo, el subinspector Sánchez, quien por casualidad estaba de baja durante la investigación, trataba de calmarlo. Estaban solos en el bar.
—No creo que beber te lleve a ningún sitio. Leeré al informe y buscaré algo para demostrar que obraste como era debido. Lo demás no lo entiendo, en el arma estában las huellas del marido y luego encontraste donde se ocultaba y lo arrestaste, tal vez…
—El problema es justamente el informe —interrumpió Martínez.
—¿Por qué?
—No me creen que el fantasma haya sido testigo del crimen, que haya seguido al marido hasta el hotel donde se escondió y me haya dado toda la información.
—¿Qué fantasma? —preguntó Sánchez.
—El que está detrás de ti bebiendo un cuba libre. Es un buen amigo.

Naiara Salinas Barbosa Rudiger observaba, encaramado en la cima de un tejado. Cuando la calle pareció despejarse saltó y se dirigió con sigilo a la casa a donde había sido convocado.
En cuanto cruzó el umbral lo sintió: el olor, fuerte. Una mezcla de ceniza, polvo y… perfume. ¿Lavanda?
El cadáver estaba a pocos metros de la entrada, boca arriba. Se agachó para inspeccionarlo; una completa carnicería. Aún olía la sangre pero ya no servía: el cuerpo había sido carbonizado. El cómo era la cuestión.
-¿Todo bien, jefe?- oyó a su espalda.
-No hay indicios de violencia. El que lo hizo fue rápido y sabía cómo matarla.
-¿Un hombre lobo?
-Peor. -Se levantó-. Un humano. Han vuelto.
Rudiger salió de la casa. El aire era frío, pero él no lo sentía. Quien fuera el culpable no había borrado bien su rastro, así que no tardaría en hallarlo. Sus colmillos asomaron debajo de sus labios.


Recordad que, para seleccionar estos textos, desde Portaldelescritor siempre tenemos en cuenta diferentes aspectos: que cumplan el reto, la calidad literaria, la originalidad, la redacción (no aceptamos textos con varias faltas de ortografía) y además siempre intentamos -en la medida de lo posible- incluir participantes diferentes y no repetir muchas veces a los mismos autores.

Un abrazo a todos/as y a seguir escribiendo.