Seleccionados #ViernesCreativo: una historia de amor distinta a lo habitual

Seleccionados #ViernesCreativo: una historia de amor distinta a lo habitual

septiembre 29 2017   

Hoy, para nuestro #ViernesCreativo, queremos mucho amor. 
Pero eso sí: buscamos historias de UN AMOR DIFERENTE. Algo que se salga del típico chico conoce chica, boda, etc. ¡Dadle a esa imaginación! Los protagonistas pueden ser personas, animales, objetos, ¡seres de otro planeta!… lo que queráis.

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MICRORRELATOS CON MÁS ME GUSTAS

María Jesús Díez García El día se me ha hecho interminable, como todos los demás. He cumplido con mis obligaciones laborales en piloto automático, maldiciéndolas en silencio por que me impedían estar contigo hasta bien entrada la tarde; dejando volar mi imaginación a cada instante para anticipar el momento en que por fin pondría mis manos sobre ti…
Ahora, ya en casa, puedo finalmente acariciar tu espalda, tus costados… Solos tú y yo, en mi sofá, tomando un café coronado con nata, me abres tu alma y me cuentas tus secretos. Sé que los has compartido con más gente, pero no soy celoso. Nuestra relación no es de exclusividad. De hecho, aunque ahora esté contigo, muchas veces pienso en otros como tú, aquellos que aún no conozco y despiertan mi curiosidad, y aquellos que ya se ganaron mi amor antes que tú y siempre atesoraré entre mis recuerdos.
Con un suspiro satisfecho, sigo leyéndote con devoción. Ahora mismo, tienes mi atención y mi corazón entre tus páginas.

Carmen Fernández Rocha Hay amores de cuento. Y os lo digo yo que nunca me creí eso de que besando un sapo se podría convertir en príncipe. Y ahora aquí que me tenéis, con un sapo enorme tirado en el sofá tomando cerveza, mientras espera a que termine de hacerse la pizza precocinada que metió en el horno.
– ¡Princesa! ¿Puedes comprobar si ya está eso listo?
Yo sigo escribiendo sin darme por aludida, al fin y al cabo ya no soy su princesa, ni mucho menos su cenicienta. Aunque debo confesar que sí lo besé mucho, cuando era mi príncipe (¿azul?). Un príncipe galante que venía a esperarme a la puerta del instituto con su moderno carruaje rojo, donde me besaba en los labios cada día, mientras me contaba el cuento ese de que sería su reina para siempre jamás. Lo que jamás se me pasó por la cabeza fue que de tanto besarle lo terminaría convirtiendo en un sapo; y que el castillo donde vive con su reina, lo tendría que pagar yo, letra tras letra, con el sudor de mi frente. Porque los sapos mucho croar, pero el trabajo les resbala en su piel viscosa.
¡Ah, perdón! Me estoy distrayendo, no tenía que contaros un amor de cuento, se trata de contar una historia de amor diferente. Y yo aquí, hablando de un amor de lo más corriente y común; algo muy parecido a lo que muchos tendréis en casa, habréis tenido o tendréis en el futuro si os creéis todos los cuentos que os cuenten.
Pero es que yo a este sapito mío lo quiero tanto, que me olvido de sus defectos en cuanto me abraza y me besa en los labios, como cuando era mi príncipe de cuento. Es mi defecto: ¡La zoofilia! 🐸

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OTROS 10 TEXTOS SELECCIONADOS POR PORTALDELESCRITOR

Alicia Carrasco García En medio del silencio más oscuro vibró involuntariamente la cuerda más tensa de la vieja arpa. Su universo tembló desde las entrañas y salió huyendo. Desde lejos, apoyada contra la ventana, la observaba concentrada en las vibraciones que aún perturbaban el aire de la sala. Era demasiado mayor, estaba cansada de volar y sabía que el polvo de la biblioteca sería su improvisada tumba. Tras el desconcierto inicial, una paz sutil se asentó en sus alas, y llevada por el encantamiento, se posó sobre la columna del instrumento, cuya alma aún vibraba. La última noche de verano cayó terrible en la biblioteca y la mosca no volvió a ver la luz del día. Dicen que cada equinoccio de otoño, por el paseo del rio donde se asoma la antigua biblioteca, si caminas en silencio y la ciudad duerme plácidamente, resuena una canción de amor que languidece con las horas hasta morir en un leve crujido, como el batir de alas de una mariposa.

Jennifer Girol Un brote rojo despierta al león de su letargo. Remolonea la enorme cabeza peluda sobre las patas delanteras y se incorpora. Un tallo verde crece frente a sus zarpas. Lo mira curioso, lo olisquea, y se embelesa con el suave contoneo de las hojas al aire. El color rojo de la rosa cerrada lo cautiva. Levanta su cuerpo pesado y se mueve lento alrededor de ella.

En un suspiro exhala su aliento caliente sobre los pétalos carmesí que se abren tímidos a su calor. El aroma de la delicada flor hechiza al crudo león que se sienta junto a ella, seducido por la exquisita fragancia, por el rubor fresco y el matiz sedoso de sus pétalos rosados. La delicada flor se deja envolver por la rudeza del león, por su fuerza brusca que con ella es cálida, por su aliento ardoroso. Se funden en una caricia y así viven días y noches, amándose en un perpetuo baile de miradas, de jadeos compartidos, de dulces silencios y juegos a medianoche…

Pero un día el león despierta con una punzada en el costado. Su mirada desvalida llora sobre los pétalos de su delicada flor. Lo arrastran. Se lo llevan. La flor, que no soporta el peso de las lágrimas, derrama cada uno de sus pétalos sobre la tierra, ahora inerte, que los vio bailar.

Yolanda Fraile Carreras Era ella, la misma que había visto en sueños tantas veces. Lo supe en cuanto la tuve delante y recorrí cada centímetro de ella reconociendo, a cada paso, su esencia, su aroma, y todos sus misterios. Si no era ella no podría ser ninguna otra porque ya me había imaginado penetrando su acceso, haciéndola mía mientras invadía todos sus recovecos. Su olor hipnótico me envolvió en un halo que me empujaba a convertirme en su dueño. Necesitaba tenerla, poseerla y hacer de ella mi templo. La casa de mis sueños se alzaba sobre un risco, rodeada de silencio.

Blanca Paola El ángel siempre tuvo curiosidad por el mar que parecía tan inmenso y profundo. A su vez, una sirena siempre preguntaba sus hermanas que habría más allá de la suave superficie del mar. La tejedora de los hilos del destino escuchó ambos deseos y los unió en un bello bordado que unían nubes y olas.
Un día, en su misión después de salvar a un niño del mar, una de sus alas impactó con una piedra cerca del mar. Fue un auténtico milagro que no sufriera heridas después de ello, pero calló esto al resto de ángeles.
Él había visto una mujer con cola de pez que le había ayudado. Y cómo era una acción prohibida por parte de los seres marinos ayudar a seres ajenos a su reino, el castigo merecido fue convertirse en espuma de mar. Sin embargo, conmovido, él dio sus alas a cambio de salvar su vida. Ambos reinos acordaron: ya ambos habían perdido su naturaleza original, reencarnarían como seres humanos. Y entonces la tejedora del destino volvió a coser sus destinos con el hilo del amor eterno.

María Sánchez Era una rubia sensacional. La más bella que había pisado el planeta tierra. Su figura tan sutil, esas curvas, su manera de contonearse cuando estaba cerca de alguien. Fue amor a primera vista, sin duda y en el momento de rozar su boquilla, me puse tan nervioso… Estábamos tan a gusto juntos, tan cómodos con esa canción de fondo, tan… ¡Mierda, ya se acabó!
– ¡Camareroooo, otra cervecilla!
Y de nuevo sentí el roce de la espuma. Me enamoré del momento.

Maria Dolores Garrido Goñi Se amaban desde siempre. No concebían la existencia el uno sin la otra. Él besaba sus pies y acariciaba su cuerpo. Ella le calmaba cuando se enfadada con el mundo. “Debes controlar esa ira –le decía en sus peores arrebatos–; dañas a inocentes”.
Él amaba la fortaleza de ella. Su dedicación era inamovible. Era tan fuerte que cuando vinieron sus enemigos a abatirla, llegaron armados con material pesado. Ella lloraba y prometió a su amado que su espíritu estaría con él, siempre, si acababan con ella.
Él no se resignó. Con toda su furia les atacó. Se elevó desde su fondo más recóndito e impulsándose lo más que pudo, se abalanzó sobre los atacantes barriéndolos junto con sus aparatos de tortura.
El ataque se repitió en distintas ocasiones con el mismo resultado.
Las playas, Arenisca y Caracolas, están separadas por una gran roca. No pudieron quitarla y el paseo marítimo queda dividido, en ese punto, para continuar una vez pasado el obstáculo: Una roca inmensa que el mar protege y acaricia con todo el amor del mundo.

Lucia Herrero Izquierdo Están en el jardín disfrutando del buen tiempo, de la belleza y el aroma de las flores y del canto de los pájaros que revolotean sobre los árboles.
Tras aquel terrible accidente Lucía solo tiene el control de su cabeza, ha perdido la sensibilidad del resto de su cuerpo; también Jaime se encuentra en una situación similar. Disfrutar de las imágenes bellas, de la televisión, la musica y los buenos olores y sabores son sus únicas satisfacciones, pero su mayor ilusión es verse y hablar entre ellos, están profundamente enamorados, sus caras se iluminan ante la presencia del otro, ese amor da sentido a sus vidas.
A algunos les parece patética esa relación ya que nunca podrán hacer nada mas que hablar y mirarse, pero después de todo el amor es un sentimiento no es tocarse ni hacer nada en particular; nos pueden parecer absurdos los amores de otros por ser diferentes a los nuestros, pero tal vez no sean tan diferentes ya que amar siempre es amar sea cual sea la forma de vivir ese amor.

Adrián Omar Pétrich Pediconi Tan enamorado como siempre le hablaba con suma ternura, así siempre lo había hecho, mientras ella atentamente lo contemplaba, como si quisiera hipnotizarlo. Ponía él una pausa a su relato para darle atención y su rostro se volvía serio, temerario casi, por un instante, adivinando, leyendo la respuesta de su amada que, recostada en un acogedor sofá, atenta le echaba su mirada felina, mientras mostraba sus uñas. La escena se congelaba, hasta que el echaba a reír a rienda suelta, le hacía una tierna caricia y le ofrecía una taza de leche tibia. Solos en aquella casona el pobre desquiciado, creía que su gata era la reencarnación de su amada. Era la casona del loco y su gata, situación que dio para tejer tantas historias como imaginación hubo en el pueblito. El la amaba y la reconocía en cada actitud, en cada hábito. Por las noches salía ella a dar sus paseos por los tejados a cazar alguna rata y él, insomne, la esperaba.

Kathy Guerrero Bejarano Soltó un pizzicato cuando vio a la que sería su compañera de salón, jubilarse ya no le pareció tan mala idea.
La miró de reojo tratando de indagar porqué estaba ella ahí, se veía en perfectas condiciones, tal vez alguna magulladura insignificante.
Su silueta era inmejorable, su color achocolatado parecía ser el de una madera fina de caoba.
Estaba arrecostada a una vieja pared, se veía tan firme como lo debió ser en su juventud.
-¿Cuántos años tienes? -preguntó él con la única idea de romper el hielo de la habitación.
-Cincuenta, quizá un poco más -contestó ella con un sonido metálico.
Estaba anonadado con aquella perfección, él, que había sido un bohemio, que velaba las noches y madrugadas con amores clandestinos, se había enamorado a primera vista.
Tenía sesenta años, era una antigüedad, pero no se sentía viejo, y además, también estaba hecho de buena madera…
Por las noches, en el salón de instrumentos de cuerda del museo de la música, la guitarra y el violín entremezclan las notas con las que van consumiendo su amor al compás de un do, re, mi, fa, sol, la…

Cristina Jimenez Urriza Ante atentas miradas, le cogí de la mano y andamos tranquilos por los pasillos del insti.
– ¡No pegáis! -decían a nuestro paso.
– Ella huele fatal -oímos de refilón sin inmutarnos.
– ¡Pero si es un chocolatito, y ella…!, -seguíamos escuchando al pasar.
Llevábamos tiempo juntando nuestras miradas. La veía entrar a la frutería de sus padres desde la pastelería de mis tíos.
Tiene que ser mía, me decía por las noches: es mágica, risueña, encantadora… No tiene el cuerpo perfecto, pero ¿Qué más da? Me gusta…  Así día tras día viéndonos a escondidas, quedando para ir al cine, y paseando por el parque, me decidí, se lo pedí, y lo mas sorprendente de todo, es que dijo que SÍ.
En aquel pasillo, en aquel instituto, en aquella ciudad sin nombre, ocurrió. Lo más dulce de la añada, con lo más…-cómo decirlo sutilmente- con lo más picante.
Lloré en nuestro primer beso, y no me importó. Seguiré llorando, pues la quiero, y lo diré a los cuatro vientos:
ESTE CHOCOLATITO AMA A ESTA CEBOLLETA


Recordad que, para seleccionar estos textos, desde Portaldelescritor siempre tenemos en cuenta diferentes aspectos: que cumplan el reto, la calidad literaria, la originalidad, la redacción (no aceptamos textos con varias faltas de ortografía) y además siempre intentamos -en la medida de lo posible- incluir participantes diferentes y no repetir muchas veces a los mismos autores.

Un abrazo a todos/as y a seguir escribiendo.