Seleccionados #ViernesCreativo: sorpresa en el bosque + personaje literario en el presente

Seleccionados #ViernesCreativo: sorpresa en el bosque + personaje literario en el presente

octubre 19 2019   

Estos seleccionados entran en el sorteo de Septiembre-Octubre de una bolsa de tela de Portaldelescritor, un taller de microrrelato y una revisión personalizada de un texto de hasta 3000 palabras. 

 

ELIGE UN PERSONAJE LITERARIO DE OTRA ÉPOCA… O DE OTRO MUNDO DIFERENTE AL NUESTRO Y TRASLÁDALO A NUESTRA ÉPOCA. ¿CÓMO SERÍA SU VIDA, A QUÉ SE DEDICA, ESTÁ EN CONTACTO CON OTROS DE LOS PERSONAJES DE ESA NOVELA…?

Recordad que desde nuestra APP gratuita de Portaldelescritor podéis acceder al grupo de Facebook desde vuestro móvil y leer allí mismo el reto, además contar con un generador de personajes e historias, un manual gratis para escritores y  los consejos de escritura del blog de Diana P. Morales.

TEXTO CON MÁS ME GUSTAS

 

Roberta Parisio —¿Nombre y apellido?
—Elizabeth Bennet, pero todos me llaman Lizzy.
—Bien, Lizzy, ¿me ha traído el currículum?
—¿El qué?
—El CV, la hoja de vida. El papel donde aparecen sus trabajos.
—¿Trabajos? No tengo ni uno, si lo tuviera, no estaría aquí.
—Me refiero a sus trabajos anteriores.
—Ah, vale… Bueno, no tengo la hoja esa, pero puedo decírselos y usted toma nota. A ver: leer, caminar, regañar a mis hermanas pequeñas…
—Perdóneme, pero esos no son trabajos, son aficiones o aspectos de su vida familiar.
—Lo dice porque no ha leído nunca en un columpio sin marearse, no ha caminado durante millas en el campo para ir a ver a su hermana enferma y no conoce a mis hermanas pequeñas.
—La verdad es que son bastantes habilidades, pero…
—Y eso no es todo: también aguantar a mi madre, casarme con Darcy…
—¿Ha dicho Darcy? ¿Ese estirado de Fitzwilliam Darcy? Está usted contratada. Empieza mañana.

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OTROS TEXTOS SELECCIONADOS POR SU CALIDAD U ORIGINALIDAD

 

María Jesús Díez García Katniss apagó el móvil, indignada. No entendía por qué le seguía sorprendiendo leer cosas así. Una chica que tenía la valentía de desafiar a los líderes mundiales para reclamar algo que beneficiaría a toda la humanidad, y sobre todo a su futuro, y recibía críticas de todo tipo, algunas simplemente por no pertenecer a lo que la mayoría daba en calificar como normal. No le extrañaba que su propia sociedad fuera tan perversa, con aquellos antecedentes.
Estaba más que acostumbrada a recibir tanto el apoyo como el odio de las masas, así que al principio le había parecido que trabajar en algo relacionado con las redes sociales podría entrar en su rango de capacidades. Sin embargo, cada día que pasaba lo dudaba más. En aquella época no le había tocado cazar ni luchar por su supervivencia, pero estaba claro que también era una jungla de injusticias y mentiras.
La pequeña esperanza que había mantenido en su corazón al llegar a aquel pasado, la ilusión absurda de que quizá podría hacer algo para evitar la aparición de Panem en el futuro, se fue apagando poco a poco.

M.J. Arillo Cuando había decidido mudarse a la ciudad y dejar atrás su enorme mansión y sus miles de hectáreas de tierra, no pensó que tendría tantos quebraderos de cabeza con la inmobiliaria. Por fin, dejó atrás el mundo que tanto la había oprimido sobre todo en el pecho y la cintura y, vistiendo blusa amplia y vaqueros de campana, se fue a buscar un lugar donde vivir. Después de dar varias vueltas lo tuvo claro : aquel pequeño balcón con su jardinera de geranios la había enamorado.

Subió las empinadas escaleras hasta el segundo piso, llamó a la puerta, con la suerte de encontrar allí a la dueña. Sus modales firmes, pero educados y su dinero contante y sonante en la mano, le dieron la llave de aquel coqueto apartamento. Se adaptó enseguida, darle un golpecito a un cuadrado y luz encendida, pura magia, ya no se tendría que quemar más los dedos apagando velas, aunque lo más maravilloso era girar una especie de manivela y automáticamente salir agua caliente, adiós a los cubos para llenar los calderos.

Se asomó al balcón, con los ojos cerrados, con su nariz respingona aspiró un delicioso olor, que más tarde supo que era de la pizzería de abajo y dijo: “Juro que nunca volveré a pasar hambre.” Y Scarlett O’Hara sonrió feliz.

Jose M Fernández Cuando Guillermo de Baskerville despertó en su celda no notó nada extraño; era como tantas otras. Se vistió y se dirigió a la iglesia para rezar maitines. Al terminar buscó a Adso, su novicio, y al no encontrarlo preguntó a Fray Jerónimo, el abad.
–Adso ha sido trasladado a otro monasterio. El padre provincial no encontraba apropiada vuestra relación y quiere evitar escándalos –respondió el abad.
Guillermo no entendía nada, ni se le ocurrían razones para tal decisión. Lamentaba no poder seguir instruyéndolo. Pidió entonces ir a la biblioteca y un monje lo guió a través del claustro. Quedó maravillado ante tanto libro, aunque muchos tenían un formato que él nunca había visto antes. Pidió al bibliotecario la Poética de Aristóteles.
–Hermano, primero busca su signatura en el ordenador y luego me la dices.
–¿Ordenador? –preguntó Guillermo, perplejo.
–Sí, eso que ves allí con una pantalla blanca.
–¿Pantalla?
El bibliotecario, impaciente, lo acompañó y lo situó ante el aparato.
–¿Esto? ¿Esta caja metálica habla? –dijo Guillermo, asombrado. Allí ocurría algo extraño. Tendría que investigar.

 

ESCRIBIR UN MICRORRELATO (MÁX 15 LÍNEAS DE WORD) EN EL QUE SURJA UNA SORPRESA INESPERADA EN UN BOSQUE.

¿Qué cosas pueden ocurrir en un bosque… o no suelen ocurrir? ¿Qué puede pasar? ¡Misterio! La respuesta, en vuestros microrrelatos.

TEXTO CON MÁS ME GUSTAS

Pedro De La Rosa Rodríguez ¡Inconcebible del todo! Así lo pensé mientras me negaba a entrever por los dedos que, escandalizados, hacían de persianas para mostrarlos cometiendo actos tan perversos. Tan real como insoportables eran sus jadeos de pasión, resonando entre la corteza de los árboles, que los mantenían en las posturas más salvajes. Ella, con su caperuza abierta de rojo frenesí; él, ese ser de fábula, de modales lobunos, que se había ocultado hasta ahora como un ermitaño. Ahora estaban, depravados, cayendo ante sus instintos más humanos, sin decoro ni mesura. ¡No pude soportarlo! Fui a ver a su abuela para que me ayudara a recriminar su impúdico deseo. Y me la encontré bañándose desnuda en el arroyo, ¡a su edad! No era más que una vieja bruja que se dejaba arropar por la naturaleza. ¡Que lo disfrutase, me espetó! Pensé entonces en el cazador. ¡Otra desconcertante sorpresa! ¡Ya no mataba! Usaba su escopeta sin balas para buscar setas. ¡Ahora caza setas! Tuve que hacerlo yo. Todos se comportaban de forma antinatura. Yo soy el hombre, el único que ha actuado de forma acorde a su condición. Celos, envidia, ira y espanto se unieron al fuego con el que prendí el bosque. ¡Pero hice bien! Usted me entiende, ¿a que sí, señor juez? Somo los únicos seres racionales dispuestos a dar cordura a toda esta sinrazón, ¿verdad que hice lo que se esperaba de mí?

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OTROS TEXTOS SELECCIONADOS POR SU CALIDAD U ORIGINALIDAD

Carlos Mirón Soñaba con el día en que lo dejaría todo. Me iría a vivir con él al bosque luego de reunir el suficiente dinero para iniciar mi huerto en su casa.
Lo conocí un día en en la tienda de herramientas. Yo buscaba macetas para mi jardín de pared cuando lo vi decidiendo qué pala comprar. Me sonrió y no pude resistirme. Yo buscaba dónde poner tierra y él con qué sacarla. Algo nos hizo vernos por un par de meses hasta que él decidió invitarme a vivir en su cabaña. Le dije que sí, sólo necesitaba tiempo para acomodar mis cosas. Conseguí el dinero. Renté mi apartamento, empaqué y me fui en busca de la libertad en el bosque.
Los primeros días comenzamos con la plantación. Con cuidado él hacía los hoyos en su patio trasero para mis plantas y yo las acomodaba. Hasta el día en el que quise plantar un par de pinos en el patio delantero. Él se opuso. Yo lo ignoré y esperé el día en el que se iba a ver herramientas a la ciudad para plantarlos yo misma.
Tomé su pala desgastada y comencé con los pozos. Fue fácil quitar la tierra hasta que te desenterré, lástima que él me descubrió. Sé que la nueva tiene el mismo sueño que tú y yo. Nos desenterrará y nos ayudará a sentir, te lo juro, la libertad que él nos prometió.

Esther Trello Arias Caminábamos por el bosque de noche buscando a Leo, un niño de nueve años que había desaparecido hacía dos días.
Los búhos planeaban ululando de árbol en árbol mientras la luna crecía en intensidad. Estaba a punto de posponer la búsqueda para el día siguiente cuando ocurrió el primer milagro: el cielo se llenó de luz momentánea. Contemplamos un débil resplandor verdoso y todos nos apresuramos al encuentro de aquella luz. Jamás había visto tal cantidad de luciérnagas. Iluminé la zona con mi linterna y descubrí un tarro, en el suelo, donde aún quedaba una luciérnaga golpeándose contra el cristal. Recordé la nota que había encontrado en la habitación del pequeño: «Me voy a un lugar mejor».
Su madre reconoció que últimamente, su marido y ella discutían mucho y se estaban separando.
«Alicia, no deje que la familia le influya. La nota puede ser falsa», me dijo mi jefe.
Pero en mi carrera como policía había aprendido que las cosas son más simples de lo que parecen y me puse en la piel del niño. Grité su nombre por el bosque hasta que, en el risco de una montaña, una manita se agitó levemente. Y entonces tuvo lugar el segundo milagro: Leo no podía mover una pierna y temblaba de frío. Pero estaba vivo.

Yami Arrascaeta 

Los ángeles negros eran fieles servidores del Dios de la maldad. Martina había nacido para ser mala y eso era todo lo que se le había enseñado. Pero cuando salía a caminar por el bosque, no podía ignorar el canto de las aves, la sombra de las hojas de los árboles que bailaba en su piel y tampoco deshacer ese recuerdo del pequeño ciervo corriendo al reencuentro de su madre. Martina, desde luego, no podía compartir estos sentimientos con sus iguales. Su tutor habría sugerido que mate a las aves, que intercepte al ciervo justo antes de encontrarse con su madre y que tale los árboles.
Fue un día gris cuando volaba sobre su bosque favorito y se encontró ayudando a un zorro a escapar de una trampa. Sintió una enorme satisfacción cuando, a los metros, el pequeño animal frenó y le devolvió una mirada que no podía interpretarse de otra forma que un agradecimiento profundo. Pero la felicidad que sintió poco duró. Los ángeles negros lo habían visto todo. La sorpresa de Martina fue tan grande que quedó paralizada. Uno de los ángeles tomó al zorro y lo puso en frente de la joven
—Mátalo ahora —dijo amenazante.
Martina no quería ver, no quería matar, no quería ser un ángel negro, y su inacción habló por ella.

 

Para seleccionar estos textos, desde Portaldelescritor siempre tenemos en cuenta diferentes aspectos: que cumplan el reto, la calidad literaria, la originalidad, la redacción (no aceptamos textos con varias faltas de ortografía) y además siempre intentamos -en la medida de lo posible- incluir participantes diferentes y no repetir muchas veces a los mismos autores.

Los textos seleccionados aparecerán publicados en el libro del grupo a principios del año que viene.