Seleccionados #ViernesCreativo: relato con una receta de cocina

Seleccionados #ViernesCreativo: relato con una receta de cocina

mayo 04 2018   

Ya llegó nuestro#ViernesCreativo, y hoy especialmente sabroso 
>> La propuesta es escribir un MICRORRELATO (15 líneas máximo, como siempre) en el que una RECETA DE COCINA tenga esencial importancia en la historia. ¿¿Qué puede pasar con esa receta, para qué servirá, qué provocará??  ¡Vamos a ver!
**Reto extra: para quienes queráis algo un poco más difícil, os retamos a que la historia esté escrita en forma de diálogo (esto no es obligatorio, solo una sugerencia para quien quiera animarse a probar). 

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TEXTO CON MÁS ME GUSTAS

Amelia Bravo Vadillo EL COLMO DEL COLMADO
Dependienta: – Sabes que no me gusta meterme en la vida de nadie, pero las clientas hablan y estás en boca de todo el barrio. ¿Cómo se te ocurre? Casi no lo conoces, no sabes si será un hombre bueno.
Soledad: – Un pan.
Dependienta: – Tiene 15 años menos que tú ¿eso no te importa?
Soledad: – Un pimiento.
Dependienta: – Por lo menos estará bueno…
Soledad: – Jamón.
Dependienta: – ¿Pero qué necesidad tienes tú de dar este escándalo? ¿Qué te hace falta a ti en la vida?
Soledad: – Un poco de sal y de pimienta.
Dependienta: – Tu familia nunca lo aceptará.
Soledad: – Ajo y agua.
Dependienta: – No va a ser fácil, lo sabes ¿no?
Soledad: – A ver, a ver…Estoy segura de que tengo suficientes huevos.
Dependienta: – Deja de mirar la maldita lista de la compra y contesta de una vez ¿Qué piensas hacer con todo esto?
Soledad: – !Una sopa castellana! Mi nueva pareja viene hoy a cenar.

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OTROS TEXTOS SELECCIONADOS POR SU CALIDAD U ORIGINALIDAD

Amalia Sanchez Perez —Abuela, creo que el abuelo olvidó también que la poleá es su postre favorito.
Aquellas palabras provocaron en el cansado corazón de Lucinda un devastador estremecimiento que la hizo enmudecer.
—Vamos Abu… no te enfades, yo me comeré su plato.
—¿Te he contado alguna vez su historia? Creo que no. Ésta receta se inventó hace muchos años, cuando la guerra no distinguía entre ricos y pobres, y la gente moría de hambre. Por entonces se hacía simplemente con agua, harina y se aromatizaba con anís. Era tan barata que estaba al alcance de todos. —En su charla evocó el cuerpo desnutrido de su joven hermano inerte sobre el camastro—. A veces era lo único que una familia tenía para llevarse a la boca —continuó diciendo con un hilo de voz mientras con cautela se alejaba del niño para que no advirtiera sus lágrimas derramadas—. Con el tiempo el agua se sustituyó por leche y se le añadió canela, convirtiéndolo así en el postre dulce y sabroso que hoy conoces.
—Abuela, no estés triste —dijo el niño esbozando una sonrisa alentadora—. Ahora sé que el abuelo no se olvidó, porque de sus ojos también cayeron lágrimas.

David Santana García –Acerca el salmón, anda.– Julieta vertió un chorrito de aceite en la sartén mientras miraba a Álvaro con ternura. –Acuérdate de quitarle esa piel de encima, que sabes que me provoca.
–¿A trocitos o en tiras?
–¿Todavía me lo preguntas? Es que…–sus manos se movían rápidas, tratando de ocultar el temblor que le acompañaban. Quería que ese almuerzo saliera perfecto y no había dormido en toda la noche dándole vueltas a los ingredientes por si faltase algo en la despensa.
–No cambiaste de miel, por lo que veo.–Álvaro abrió el recipiente y se sirvió un poquito en el dedo.
–Tú tampoco de costumbres.–respondió tras quitarle el bote. Añadió un chorrito de almíbar sobre el pescado que tenía ya una coloración anaranjada. Las salpicaduras le obligaron a apartarse hasta que tropezó con el chico. Álvaro acercó los dedos a sus labios.
–¡Julieta!
–No Álvaro, sabes que ya no– apartó su mano y volvió a la sartén a terminar el plato con el que tiempo atrás fueron felices.

Monika Fikimiki -¿Por qué está papá ensangrentado en el suelo de la cocina, Eva?
– En la receta ponía: “añada dos huevos recién estrellados “.

Concha Montoya – Otro día igual – dijo Jacinto – en la pastelería de la esquina hay una fila que de gente que llega hasta la calle.
Sara se asomó a la puerta de su negocio y comprobó lo que decía su marido, luego sonrió y siguió barriendo el bar.
– Date prisa, acaba de una vez que tenemos que trabajar – la grito Jacinto -ya a sabes que otra vez vuelvo a tener dolor de estómago.
Luego de decir esto, se sentó en su silla y siguió leyendo el periódico.
Cuando Sara acabó dijo – Voy a salir un momento .
– ¿A dónde vas? Ya sabes que no quiero que vayas sola a ningún lado.
– Por favor, Jacinto déjame salir, necesito ir a la farmacia.
-Cinco minutos te doy, ni uno más, sino aténte a las consecuencias.
Sara se estiró las mangas, las marcas de los golpes aún no habían desaparecido, volvió a empolvarse el ojo morado y salió corriendo, se dirigió a la pastelería y espero su turno.
– Buenos días Sara- dijo Aurora, mientras la guiñaba un ojo, ¿como va todo? ¿Según lo previsto?.
– Todo bien, gracias a ti – respondió Sara, sonriendo – ¿Podrías darme otra bolsita de esos dulces tan especiales? a Jacinto le gustan demasiado.

Eloina Calvete Garcia Los rincones vacíos de la casa ya desmantelada eran mudos testigos de su despedida. Se alejaba de la mansión en la que había vivido siempre. Aunque ella no era muy amiga de los cambios, no tenía más remedio que irse. Ya no quedaba nada con lo que alimentarse. Durante varias semanas había sobrevivido apurando los restos de la última receta que se había horneado en la cocina: un sencillo pastel para desayunar mientras terminaban de recoger. Ya había lamido las cáscaras de huevo y el envase de yogur con restos de harina, aceite de oliva y azúcar, había repasado el sobre de levadura y acabado con las ralladuras de limón. Los trocitos de bizcocho que se habían dejado desperdigados por las distintas habitaciones le habían durado algo más, pero ya no quedaba nada, nada, ni una mísera partícula. Ella no comía mucho, se conformaba con migajas y odiaba los cambios; sin embargo, tenía que marcharse.

Al fin y al cabo, las cucarachas no viven del aire.

Carol Belasco —¿Un poco de cilantro entonces?.
—Apenas una pizca, o estropeará el resultado.
—Hecho. Y ahora, ¿a fuego lento media hora?.
—35 minutos mejor, luego déjalo tapado unos diez minutos, se asentará mejor el sabor.
—Hmm…ya empieza a oler delicioso.
—Y sabe mejor, ya verás.
—¡¡Muchas gracias, doctor Lecter!! ¡y yo que, estúpidamente, tiraba toda esa carne!.
—¡Oh, de nada, Mr. Kruger! Siempre es un placer ayudar a un colega.

Maria Dolores Garrido Goñi Enamorado de Marta, la camarera del restaurante donde trabajo, y queriendo conseguir su amor, visité a una bruja que me recomendaron con el fin de conseguir una receta de amor. Ésta me advirtió:
–Ten cuidado en el órden en el que pones los ingredientes y en la cantidad exacta.
–¿Qué puede pasar si me equivoco? –pregunté.
–Si pones más mandrágora de lo indicado –contestó la bruja–, la persona que lo tome despertará un rechazo absoluto de la persona que la amaba.
Pasé toda la noche preparando el elixir que añadiría al pastelillo: unas hierbas iban en infusión, otras en decocción…
En el momento de echar la mandrágora rayada, sonó el pitido del hervidor. En el silencio de la noche, y con la concentración en mi labor, el susto me hizo dejar la tarea unos instantes.
Repuesto del impacto, no recordaba haber echado el ingrediente y lo volví a añadir.
Marta desayunaba el apetitoso pastelillo que le ofrecí mientras la miraba extasiado. Conforme lo iba consumiendo, iba pensando:
《Pues no es tan guapa, vista de cerca. Su pelo no tiene brillo… La nariz es un poco grande y tiene los dientes sucios… Y huele mal, bastante mal… ¡Ag! ¡Es repugnante! ¿Cómo pueden tener una camarera tan desagradable en este lugar?》

Jose M Fernández El comisario llegó pronto a la trattoria de su amigo Stefano. Se sentó en su mesa favorita, con vistas al mar, protegida del sol inclemente por la sombra de una higuera.
–Le veo mala cara, comisario. ¿Se encuentra bien?
–Pues no, la verdad. La marea acaba de depositar en la playa un cadáver cubierto de algas y moluscos. Una visión algo macabra.
–Bueno, vamos a ver si comiendo se le mejora el ánimo. De primero, unos caracoles de mar hervidos, aliñados con limón y aceite. Y de segundo una merluza fresca con salsa de anchoas.
Mientras esperaba los platos, el comisario le daba vueltas a su nuevo caso; ¿de dónde procedería el cuerpo? Stefano apareció con los caracoles; al verlos, el comisario le cogió con fuerza del brazo, alarmándolo.
–¿De dónde son esos caracoles?
–De la zona del Cabo San Vito. ¿Ocurre algo, comisario?
–Sí –dijo este, levantándose y besando la calva del sorprendido Stefano–. ¡Ya sé desde donde ha llegado el cadáver!. Voy a comisaría, pero guárdame los platos que vuelvo.

Glauka Kivara – Cinco litros de helado…
– ¿Tanto?
– Sí, sí, apunta. Cinco litros de helado, un kilo de chocolate y después, cincuenta manzanas…
– ¡Qué barbaridad!
– Esta no es una receta sencilla, mi niña, es de las más complicadas que hay.
– Cincuenta manzanas…¿y luego?
– Ensaladas, lentejas, croquetas y salmorejo, muchísimo salmorejo casero, a ser posible en la orilla del mar. Y el toque maestro, un gramo de setas de buena calidad.
– ¿Y eso es todo?
– ¿Te parece poco? Esta receta para recuperar la alegría puede tardar más de seis meses en cocinarse…eso sí, es efectiva, siempre.

Verónika Lorite Wallace&Wallace Beer se había consolidado en los últimos años como la marca de cerveza gourmet a nivel mundial. De sus diez tanques de fermentación se obtenían las mejores y más variadas bebidas ambarinas, con toques de los más exóticos. Durante esos mismos años la competencia había ideado miles de artimañas para obtener las ansiadas recetas. Unos aseguraban que el secreto estaba en el agua de la zona, otros en la cebada de alta calidad, otros aventuraron descabelladas historias sobre el lúpulo y los más escépticos aseguraban que utilizaban levaduras transgénicas en sus fermentaciones y que por tanto sus bebidas no deberían ni llamarse cerveza. Todas estas confabulaciones no causaron más que un aumento en las ventas, pues la curiosidad es una de las cosas que más mueve los intereses humanos. Thomas era el primero en años que había sido tomado por la empresa para ser el próximo maestro cervecero. La experiencia no era un requisito, sí lo era la disponibilidad, la ilusión y sobretodo la alegría. Así se lo indicaron. Así lo acepto. Pletórico por descubrir el secreto siguió a Wallace padre en persona en el tour por la fábrica, abriendo los tanques para él y deleitándose con los vapores y las mezclas de aromas. El júbilo colmaba al joven Thomas, quien terminó en el fondo del tanque undécimo, aportando su esencia a la nueva variedad Thombeer que aseguraba al que la consumía un toque de extrema alegría.

Anabel R S-c Ese domingo ella se había levantado temprano, últimamente no conseguía dormir muchas horas. Desayunó sola, de pie, en la cocina. Mientras escuchaba su programa de radio favorito, se dispuso a pelar unas patatas.
– ¡Antonia! ¿Qué haces ahí, como un pasmarote?
Ella se sobresaltó al escuchar su voz.
– Cariño, ¿ya te has levantado? ¿Te preparo un café?
– No hace falta, ya me tomo uno por ahí, ¿qué andas haciendo?
– Estoy pelando unas patatas para hacerte una tortilla, bien cuajadita, como a ti te gusta.
– Vendré a la hora de comer. ¡No te olvides de echarle cebolla! ¡Qué no te pase como la última vez, que no había quien se comiera la bazofia que habías preparado!
– Claro, cariño, como tú digas.
Ella siguió pelando las patatas, aunque sus manos todavía estuvieron temblando unos minutos.
Esa tarde las sirenas no dejaron de sonar, algún vecino, al escuchar gritos, debió llamar al 112. En el suelo de la cocina estaba Antonia, rodeada de un charco de sangre.
– ¡Se le olvidó echarle cebolla! – Repetía él, mientras dos policías lo esposaban.
Ella ya no cocinará mas tortillas.


Para seleccionar estos textos, desde Portaldelescritor siempre tenemos en cuenta diferentes aspectos: que cumplan el reto, la calidad literaria, la originalidad, la redacción (no aceptamos textos con varias faltas de ortografía) y además siempre intentamos -en la medida de lo posible- incluir participantes diferentes y no repetir muchas veces a los mismos autores.