Seleccionados #ViernesCreativo: niño solo y caja misteriosa

Seleccionados #ViernesCreativo: niño solo y caja misteriosa

diciembre 07 2018   

>>Escribe un MICRORRELATO (25 líneas máximo de Word) en el que: 
-Aparezca un niño que está solo
-Hay una caja misteriosa
-Alguien llama por teléfono
¡¡A ver qué surge con estas premisas!!  Seguro que muchas interesantes aportaciones, como siempre. 

 

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TEXTO CON MÁS ME GUSTAS

Graciela Brizuela Sonó el teléfono. Volvió a sonar…no, no iba a contestar…lo podían ver esos seres…
Escondido en el armario, se dio cuenta que estaba solo…y el móvil seguía sonando. Se tapó los oídos con las manos y comenzó a respirar agitado y unas gotas saladas recorrieron sus mejillas. Acurrucado en un rincón, temblaba por cada sonido del teléfono. Cuando éste dejó de sonar, escuchó el silencio…un atroz silencio solo roto por el siseo de su respiración y los golpeteos de su corazón…entonces, observó una luz tenue que salía de una caja pequeña, sus manos ya iban a abrirla pero se contuvo…¿y si allí estaban los pequeños seres luminosos que habían invadido su habitación…? El miedo ahora le atenazaba la garganta y le impedía respirar con normalidad. Escucha pasos apresurados, una puerta que se abre y…
–¡Por fin te encuentro! ¿Por qué no contestaste el teléfono…? Vine lo más rápido posible…
Su madre no paraba de hablar y preguntar mientras lo llevaba a la cama.
–Cierro la ventana porque las luciérnagas han invadido la noche — dijo al cerrarla.
Estaba mudo… luciérnagas…y recordó la luz de la caja…

Me gustas: 9

OTROS TEXTOS SELECCIONADOS POR SU CALIDAD U ORIGINALIDAD

Odette Marie Todas las tardes se sentaba en la acera caliente, vestidito de domingo, aquel niño de sonrisa extraña.
Lo más curioso del asunto no era su camisa impecable blanca, ni sus zapatitos de charol. Era aquel objeto que siempre llevaba consigo: una caja azul de madera.
El niño abría la caja, y reía con regocijo. La abría cuidadosamente como si de un tesoro frágil se tratase. Ver en su interior lo llenaba de emociones; un día reía, al siguiente lloraba, y hubo alguna vez que arrojó el objeto a la calle, para segundos después recogerlo, susurrarle algo y besarlo.
Una de aquellas tardes, mientras jugaba con su preciado tesoro, sonó el teléfono. El timbre provenía del interior de su casa. Una voz aguda femenina gritaba: “Jehová, deja de jugar con tu universo, ¡entra y atiende el teléfono que estoy lavando los platos! “.

Jose M Fernández –Antes, con mi sueldo pasábamos bien los tres –comentaba Andrés mientras conducía.
Se habían levantado faltando poco para las seis, a pesar de ser sábado. Él era policía y su mujer, Patricia, enfermera en un hospital. De vez en vez procuraban solaparse las guardias para tener un festivo libre y poder pasarlo con Maxi, su hijo de ocho años. Mañana, domingo, irían al pueblo de la abuela.
Trabajando los dos podían vivir con comodidad e incluso ahorrar un poco, pero seguían sin permitirse muchos lujos. Hoy no habían encontrado a ninguna canguro disponible, sábado y a primera hora imposible; Maxi estaría solo en casa. Ya sabían su programa: dormir, desayunar, PlayStation y tele. Así fue, pero se aburrió pronto de la Play y se dedicó a explorar rincones de la casa poco frecuentados. En uno de ellos halló una caja metálica pequeña, cerrada con llave. Logró abrirla, con dificultad, y encontrar la pistola de su padre, negra, brillante, bonita, poderosa a sus ojos. La cogió y la trasteó un rato.
Patricia ya había llamado a Maxi cuatro veces, siempre infructuosamente. Preocupada, avisó a su marido y este envió una patrulla a su casa.
–Un niño muerto, … se ha volado la cara con una pistola. Mucha sangre, … –se oía en la radio policial.

Glauka Kivara Le daba miedo la caja. Trataba de distraerse coloreando en su cuaderno, pero a cada momento, levantaba la vista, y allí estaba, la caja de madera con el sello de lacre, una orquídea en el sello. “Ábrela cuando estés preparado”, ponía en la tapa. ¿Cómo sabría cuándo estaba preparado? Coloreaba, la miraba, coloreaba, la miraba. Una llamada rompió la monotonía. Su amigo Pedro lo invitaba a jugar a su casa. Así se liberaría de la obsesión de la caja. Nunca supo que la caja estaba llena de besos.

David Santana García Empezó a acostumbrarse a la oscuridad y pudo intuir donde se encontraba. La estancia era amplia. Al menos pensó eso mientras se movía a tientas por la habitación. Teniendo los pies tan cortos le pareció una eternidad el camino que distanciaba una pared de la otra. No cabía duda. Estaba atrapado entre aquellas cuatro paredes. No había nada parecido a una salida en aquel lugar y no recordaba cuánto tiempo llevaría allí encerrado. Comenzó a temblar y trató de disimularlo sentadose en una de las esquinas. Al fin y al cabo, tenía que admitir que solo era un crío.
Sonó una llamada.
«¿Pero qué…?»
Sus manos le sirvieron como guía. Poco a poco fue arrastrándose hasta el centro de aquel infierno notando como el suelo se palpaba húmedo y putrefacto.«¿cómo no lo había notado?» El hedor a carne podrida le hizo vomitar y aquella mezcla de grumos y líquidos viscosos casi le hizo desmayarse. Sudoroso, reprimió sus náuseas con el jersey para poder acercarse a esa llamada. No tenía ni idea de quién podría ser, pero era la única salida que tenía ante aquella pesadilla que estaba viviendo.
—Ssiii
—Cariño, amor. No la abras. Te qui…
El corte de la señal telefónica vino acompañado del encendido de un foco cuya luz iluminaba directamente una caja de madera. El crío la cogió entre sus manos. Era ligera y olía aún peor que el resto de aquella habitación. Cientos de moscas se alejaban ante la presencia de sus manos y revoloteaban nerviosas a su alrededor. Recordó las palabras de sus madre y dejó la caja de nuevo en el suelo. Pero no dio ningún paso. Se dio la vuelta al notar como la curiosidad comenzaba a recorrerle toda su espalda. «Tengo que verlo de nuevo» pensó. «Quiero volver a verle la cara y escupir otra vez sobre sus odiosos ojos.

Beba Pihen Travesura Siniestra
Nadie. Ni siquiera estaba el perro.
Junto al enorme ropero del dormitorio había una banqueta patas arriba, una caja azul reventada, una anforita hecha añicos y… el cuerpo de Pedrito, bañado por las cenizas de los abuelos, con la cabeza rota.
El teléfono llamaba y llamaba.
— No contesta— se resignó la mamá. — Pedrito se olvida del mundo cuando está con su “play- station. …»

 


Para seleccionar estos textos, desde Portaldelescritor siempre tenemos en cuenta diferentes aspectos: que cumplan el reto, la calidad literaria, la originalidad, la redacción (no aceptamos textos con varias faltas de ortografía) y además siempre intentamos -en la medida de lo posible- incluir participantes diferentes y no repetir muchas veces a los mismos autores.