Seleccionados #ViernesCreativo:  microrrelato en furgoneta + pag 63

Seleccionados #ViernesCreativo: microrrelato en furgoneta + pag 63

abril 12 2019   
Escribe un microrrelato (15 líneas máximo) en el que aparezcan:
  • Una furgoneta
  • Un mensaje de despedida
  • Una bruja (real, o una muñeca, o dibujada, disfrazada, … en cualquier forma) 🧙‍♀️

Recordad que desde nuestra APP gratuita de Portaldelescritor podéis acceder al grupo de Facebook desde vuestro móvil y leer allí mismo el reto, además contar con un generador de personajes e historias, un manual gratis para escritores y  los consejos de escritura del blog de Diana P. Morales.

TEXTO CON MÁS ME GUSTAS

Silvia Favaro El mensaje era claro, al menos yo lo entendí a la perfección.
Marcos me abandonaba de la misma manera que un chiquito de cinco años deja en un rincón, su juguete roto.
Adiós a las promesas caramelizadas, a los besos almibarados y a las caricias rellenas con una mezcla de cacao y pimienta.
Tendría que darle la razón a mi madre, que ya graduada de bruja, pelea por una mención en el cuadro de honor, para quedar en la historia.
—¡Ese muchacho no es para vos! —repetía constantemente; es mujeriego, no le gusta trabajar y como broche de diamantes, le encanta gastar lo que no tiene, en los casinos.
La cuestión, que quedé desamparada y con desilusión. Con el agravante que, casi no leo la nota, porque el muy granuja la dejó enganchada en el parabrisas de la furgoneta, que casi se lleva la grúa por estar mal estacionada. La misma furgoneta que tantas veces nos escuchó gemir de placer en nuestras noches de recreo sexual. La misma mismísima.
Inclusive, la misma que lo escuchó llorar la otra noche, cuando le conté que estoy embarazada de su hermano.

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OTROS TEXTOS SELECCIONADOS POR SU CALIDAD U ORIGINALIDAD

Conchi Gutierrez –Fírmala, por favor, Enora. No tenemos tiempo, se acercan –me pide John, que mira de nuevo por la ventana. No suelta la pistola, yo tampoco su mano.
–No creerán la nota de despedida. Esos niños me vieron en el río con Satanás.
–Solo a ti se te ocurre llamar al gato así, y aun me tienes que explicar ese baño desnuda, de madrugada–. Su sonrisa es sincera, sé que su amor también.
Menuda cagada, otra cosa que borrar de su mente, ¡la maldita purificación de Halloween! John grita al verlos en el jardín, yo ni caso. Tres siglos, y aun vienen a buscarme al grito de “quememos a la bruja”. Y encima con antorchas, habiendo mecheros y gasolina ya. Nunca antes me enamoré, si tocan a John conocerán mi furia. Satanás sale de casa para darnos tiempo de huida. Todos retroceden, veo el terror en sus caras. Me vuelvo y beso a John, bebo su conciencia y él cae a mis pies. Le hago levitar hacia el patio trasero, donde está la furgoneta que nos sacará de aquí, abandonamos el estado de Massachusetts. Pero antes, me entretengo un poquito con ellos y sus frágiles corazones, me divierte luego ver mi nombre en sus esquelas de infarto.

Jose M Fernández Desde que me regalaron aquella maceta de geranios mi salud empeoró. Fue mi amiga Juani la que, muy obsequiosa, me la trajo. Ahí comenzó mi calvario. Los médicos no lograban averiguar qué me pasaba, atiborrándome de medicinas sin resultado alguno. Y yo cada vez peor. Pilar, otra amiga, me dijo un día, muy seria, que me habían embrujado. No la creí, hasta que pocas semanas después mi marido me grabó un mensaje en el contestador del teléfono diciéndome que me dejaba, sin más.
Un día, Pilar apareció con su furgoneta. Me informó de que mi marido se había ido con la Juani y que teníamos que hacer algo. Emprendimos un corto viaje hasta llegar a un pueblo cercano. Aparcamos y me condujo hacia un caserón situado en plena plaza mayor. En la puerta había colgado un gran cartel: ¡estamos en huelga por el reconocimiento de la brujería como terapia alternativa, lo sentimos!
–Volveremos mañana –comentó Pilar, muy segura.
A primera hora llamamos a la puerta y apareció una señora no muy mayor, bien vestida. Me contó mi vida sin yo decirle nada, me dio un mejunje que debía tomarlo durante un mes y me regaló una maceta con una rosa. Al mes justo me enteré de que la Juani había muerto en un accidente; yo ya estaba mejor.

Mimi Marmor Querida Pandora: He decidido marcharme por un tiempo. Me iré en la vieja furgoneta con la que llegué a tu vida.
Como un idiota creí que el amor que sentía por tí era fruto de un hechizo, como todos decían en el pueblo.
Leyendo tu diario ( perdón por hacerlo) supe que jamás lanzaste un conjuro hacia mí.
Un poco de distancia me servirá para evaluar esta pasión que te profeso, saber si es influencia en mi cabeza confundida, o una realidad de mi corazón. La respuesta está muy cerca, mi hermosa bruja, porque ya empiezo a extrañarte…
Siempre tuyo.
Hasta pronto.

RETO 2: COMIENZA EN LA PÁGINA 63

Elige el libro que tengas, en este momento, más cerca de ti. Ábrelo por la página 63: la primera frase que te encuentres completa será el inicio de un pequeño microrrelato escrito por ti. 
Como siempre, 15 líneas máximo de word. Incluye esa primera frase entrecomillada, y, al final, el título del libro. 

TEXTO CON MÁS ME GUSTAS

Isabelle Payá “Ser diferente físicamente era normal en casa” era consciente de que tenía que abrirse camino por sí misma. Tener una lesión cerebral, en el que afectaba en toda la parte derecha de su cuerpo, convirtiéndose así en una asimetría corporal. El lugar donde más se acentuaba, era su muñeca metida hacia dentro y encogida a la altura de su pecho y su pierna, la cual, no apoyaba bien la planta del pie en el suelo, mientras que su capacidad de compresión era más lenta de lo normal. Eso no le impediría lograrse un futuro por muy dificultoso que le pareciese, no le impediría dejar de sonreír a la vida, no frenaría su capacidad de ser autosuficiente. Aun así, lo que a otros le pareciera una enfermedad, para ella formaba parte de su personalidad, de su encanto personal. Se rodeaba de gente maravillosa, que se sentía bien en su compañía, algunas de ellas hasta florecía en sus palabras “consigues animar a cualquiera cuando más lo necesita”. Ella frente a todo esto, se sentía agradecida, podría ofrecerles su mano amiga. En su vida había alcanzado su sueño desde la infancia, la pasión que ardía tantos años en su corazón, subirse a un escenario convertida en Maruja, Virginia… con tantas emociones que experimentar.

(Primera frase de “Los cometas de Miriam”).

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OTROS TEXTOS SELECCIONADOS POR SU CALIDAD U ORIGINALIDAD

 

Ricardo Arias Patiño “- No te creas todas las historias que te cuenten, Bast. Las historias mienten.” No existe un personaje vivo que pueda decir la verdad que hay en cada cuento, no hay una prueba exacta que verifique cada acontecimiento como cierto.
– Lastimosamente para ti, nadie contará tu historia, yo vivo escribiendo la mía, tu morirás ahora, llevando dentro la primera y verdadera, pero la última jamás contada.

Primera frase: El nombre del viento. (Patrick Rothfuss)

Verónika Lorite Te soñaba adulador, el caballero perfecto, el adonis de los cuentos que alagaban la inquietud de las niñas por ser amadas. Y es que de pequeñas nos llenan la cabeza de eso, de cuentos. Nada, absolutamente nada, de lo que nos cuentas de niños es cierto. No hay ratoncito Pérez, ni conejo de Pascua, ni Reyes Magos, ni hombres gordos vestidos de rojo entrando por tu chimenea… bueno, ese último es más posible, y algo aterrador, pero a lo que íbamos. Nos mienten. Nos mienten desde que nacemos. Y no solo con seres mágicos, no. Nos dicen cómo se debe ser, cómo se debe pensar, cómo se debe actuar… y nos pasamos el resto de la vida sintiendo que no somos normales, torturándonos porque no pensamos como los demás, aislándonos porque no actuamos como los demás. Y todo eso es porque nos creemos las mentiras. No hay una forma de ser, no hay una forma de pensar, no hay una forma de actuar… todos llegamos a un momento de nuestra vida en que entendemos que nos mintieron, que cada uno es especial, que lo bonito es no pensar igual, que es increíble conocer otra forma de hacer las cosas, formas que jamás habrías imaginado, porque incluso te dijeron cómo debías imaginar… Y tú mi amor, no eres como me hicieron imaginar, tu eres tú, con tu sonrisa torcida, tu cabeza sin pelo, tu pésimo sentido del humor y tan lleno de magia, que me haces olvidar que una vez me llenaron la cabeza de cuentos.
Primera frase de: Letras sin fronteras, pag 63 –  Teresa Luqueta

Glauka Kivara “Se aplaudía interiormente por los resultados obtenidos en la jornada.” Novecientos doce pasos sin pisar las rayas entre las baldosas. Dos canarios liberados de sus jaulas. Seis balas esquivadas y trece autobuses que no la habían atropellado. Un día bastante bueno. Podría cenar tortilla, aunque sin postre.

Primera frase: De los amores negados, Ángela Becerra.

Marta Azorin Luque “La anciana ríe por lo bajo”. Su pelo blanco y sedoso se recoge en una trenza larga y ladeada. Un sombrero de paja con un lazo azul la protege del sol. Sus arrugas son como salvia que recorren su piel, declarantes del paso del tiempo.
Hay un señor que siempre se sienta a su lado en el banco. Su nariz aguileña asoma por debajo de la gorra, protegiendo unos labios que en su día fueron tiernos y pronunciaron su nombre. Él siempre está risueño. Una flor en sus manos empieza a marchitarse. Su tiempo también es corto. Mira con cariño a la anciana, que sonríe al observar de reojo la rosa caída. Sus caras se juntan en un intento de fundir sus mentes y que recuerde. Frentes amables que buscan cobijo.
Ella coge un pequeño espejo que lleva en su bolso. Pinta sus labios de abril mientras se recoge un mechón cano suelto. Al ver su reflejo frunce el ceño. « ¿Quién eres? », se pregunta. No quiere pensarlo. Es su primer amor y un rubor adolescente la enciende.
— Soy yo, mi amor — susurra él mientras acaricia su mejilla.
La anciana ríe por lo bajo mientras recoge aquella flor que no sabe, como ella, que está envejeciendo.

Primera frase de: Cartas Cruzadas de Markus Zusak

Conchi Gutierrez “–Estoy completamente despierta –se defendió ella mientras luchaba con todas sus fuerzas por reprimir un nuevo bostezo”. Normal. El parto habia sido largo, las visitas demasiadas. Necesitaba un descanso –no tenéis que marcharos.
–No insistas, estaremos de vuelta cuando despiertes –le dije sonriendo y regresando a su lado, a la cama. Me incliné para darle un nuevo beso. A partir de ahora tendría que empezar a catalogarlos, me gustaba la idea, un beso para cada mujer que era. Antes solo eran para ella, mi pareja, con más o menos intesidad que la hicieran participe de mi pasión y deseo en cada momento. Íntimos, nuestros. Hoy además serían para la madre en la que se había convertido, de ahí que se lo diese en la frente. Pero ella, disconforme con mi decisión, quiso el de su pareja. Nuestro, íntimo. A continuación me cogió de la cara para hablarme a un suspiro de la boca.
–No tardéis –me pidió sonriendo. Yo le acerqué a nuestro hijo para que lo besara. Un beso que a partir de ahora igualaría a los míos de padre y que desde ya, tenía la certeza, ella también diferenciaría.

Primera frase de: “Blancanieves debe morir” de Neil Neuhaus.

Alberto Postacchini Libro: Los crímenes de Alicia, de Guillermo Martinez. Pagina 63, primera oración completa.
Llevaba unas bermudas anchas sandalias y una remera blanca en la que se leía en grandes letras rojas: “Too late to die young”. Era una mujer de unos setenta años que sin quererlo, había entrado en el juego del asesino. Nada tenía que perder, tampoco ganaba nada con ese desafío embozado que llevaba en su pecho. Sara, en su juventud, había sido policía, campeona de artes marciales; cuando recibió la visita del teniente Frascarosi, un antiguo subordinado, invitándola a participar de la investigación del caso de las abuelas asesinadas, se interesó. A pesar de sus años, mantenía un estado físico impecable. Corría todas las mañanas como mínimo diez kilómetros. Era instructora de las clases de autodefensa que daba la seccional, pero el mejor argumento para poder ser el señuelo, era su edad y la indignación que sentía en su interior por todas esas mujeres mayores, asesinadas para robarles, a veces monedas.
Por quince razones, su paso como señuelo fue muy breve; estaba custodiada por varios efectivos masculinos, pero había uno que estaba preocupado por ella: su hijo. La noche en que fue atacada, Germán, así se llamaba él, estaba muy cerca de su madre. Vio cuando el asesino se acercó e intentó clavarle el puñal. Sin embargo su intervención fue innecesaria. Sara haciendo gala de su estado y conocimientos, aporreo al hombre, lo desarmó; cuando los oficiales llegaron al sitio, ella tenía al individuo esposado, con la cara contra el suelo, un pie en el cuello del ofensor. “Mamá te podía haber matado”; Sara mostró su camiseta. “Hijo es muy tarde para morir joven”.


Para seleccionar estos textos, desde Portaldelescritor siempre tenemos en cuenta diferentes aspectos: que cumplan el reto, la calidad literaria, la originalidad, la redacción (no aceptamos textos con varias faltas de ortografía) y además siempre intentamos -en la medida de lo posible- incluir participantes diferentes y no repetir muchas veces a los mismos autores.

Los textos seleccionados serán publicados en un libro a principios del año que vi