Seleccionados #ViernesCreativo: microrrelato canción y planeta pequeño

Seleccionados #ViernesCreativo: microrrelato canción y planeta pequeño

septiembre 14 2018   

La propuesta para esta semana es un clásico: 
>>Escribir una historia (15 líneas máximo de Word) en la que aparezcan: 
-Un planeta pequeño
-Una pistola
-Alguien que canta una canción.
¿Qué, os inspira?  Recordad que todo es flexible, el planeta y la pistola pueden de plástico… ¡o de verdad!   ¡¡¡A ver qué os surge!!!

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TEXTO CON MÁS ME GUSTAS

Maria Jose Les he dicho a toda esta gente que vayan haciendo la maleta. Que echen lo básico, ropa no vamos a necesitar ninguna porque allí no se usa. Yo llevo tres días con sus noches poniendo a punto los motores. He llenado el depósito a tope de combustible, tengo que ser previsor, porque a mitad de camino creo que no podremos repostar. Además lo he fregado todo a mano, limpiado los cristales de la nave, echado flis de las moscas y ambientador.
No quiero que nadie se raje, así que cronometremos relojes y a las cinco en punto de la madrugada os quiero a todos en fila para pasar revista. El planeta Bubi es el más pequeño de la Vía Torpedus y estaremos en órbita dos años hasta alcanzarlo, aunque realmente parecerá que son dos minutos.
– Hoyyy no me quierooo levantar…
– Dices que siempre estás viajando pero me estás engañandooooo…
– Era rusa y se llamaba Laycaaaa…
– …que te has ido a Venus en un barcooo…
– No voy a repetir las órdenes ni una vez más. Al que no se haga caso lo frío a tiros con mi pistola de rayos láser.
– Ay que pesadooo, que pesadooo…
– Abortar misión, repito, abortar misión. Tenemos un espía infiltrado entre la tripulación.

Me gustas: 12

OTROS TEXTOS SELECCIONADOS POR SU CALIDAD U ORIGINALIDAD

 

David Alexander Noboa Aquí estoy, en este planeta inundado. Debieron llamarlo Agua y no Tierra porque ya no queda mucho de ella. Ya no queda gente, solo yo con esta pistola apuntando a mi rostro, acercándome a la hora final, silbando la melodía de esa triste canción que María siempre repetía sonriendo. Cuando se fue dejé de sonreír, todo es pequeño, inexistente, todo se inunda.
Esperen, una luz. Esperanza.

 

Jose Luis Gonzalez Garetto Me detuve un minuto viéndola dormir. Serían solo diez días, pero lejos de ella parecerían siglos. Preparé el desayuno y me acerqué a la cama. Puse un poco de música, para que Alberto Cortés me ayudara en la despedida. Con una rosa blanca acaricié su cara, mientras por los parlantes Alberto le cantaba: “Te llegará una rosa cada día, que medie entre los dos una distancia, y será tu silente compañía, cuando a solas te duela la nostalgia”. Ella abrió los ojos, miró la rosa, miró mi cara y su sonrisa inundó todo. Tomó la rosa en sus manos, la besó y la dejó a un lado. Me miró con sus ojos asesinos y me apuntó formado una pistola con sus dedos. “Si tratas de irte, te mato”. Y lo hizo. El disparo me dio en el corazón, que en realidad no era mío, era suyo. Me perdí en sus ojos, viajé a través de ellos a ese pequeño mundo que es solo de los dos, nuestro propio cielo, un planeta celeste como sus ojos, donde el único lenguaje son los besos, donde un abrazo quita todo el frio y donde la distancia más larga se recorre en un segundo. El timbre me trajo se vuelta a la Tierra. “Llegó tu taxi” dijo con tristeza, “¿recibiré otra rosa mañana?”, agregó traviesa, con una lágrima rodando en su mejilla. Besé su frente, sonreí, caminé hasta la puerta y salí del cuarto. Mientras me alejaba, Alberto seguía cantando. “Aquellos que no tienen fantasía, no podrán entender, es muy complejo, que acorta la distancia cada día recibir una rosa desde leeeeejos”.

Carolina Delgado Se me eriza el vello cuando miro por el telescopio y consigo identificar Viríade, el planeta que descubrieron hace tan solo unos días. La verdad es que es muy pequeño en comparación con la tierra, pero parece que está a una distancia salvable en nave espacial. Me pregunto si Elon Musk también va a organizar vuelos regulares a Viríade. Hace 6 años ya que su empresa ofrece vuelos a la luna para turistas. Los primeros en viajar allí fueron millonarios excéntricos, pero después de que a uno de ellos se le fuese la cabeza y a punta de pistola obligase a los pilotos a cederle los mandos, los precios bajaron. Todavía están buscando la caja negra. Está en la órbita terrestre, dando vueltas con el resto de pedacitos de la nave…y de los pasajeros. Resulta que las bajas temperaturas de la estratosfera evitan que se descompongan. Hay miles de fotografías colgadas en la red de trozos humanos. Se puso de moda intentar adivinar de qué parte del cuerpo se trataba. Hasta una canción al respecto consiguió ser número uno en Los Cuarenta. Decía algo así como “mira la pierna, mira el pie, mira la tibia y el peroné, mira la cabeza, mira el esternón, mira la cadera si es que tienes ocasión…”

Kathy Guerrero Bejarano Caí al suelo con delicadeza, mi muerte debía ser por el disparo en el pecho y no por un golpe en la cabeza. Oculta entre el árido pastizal decidí que iba a agonizar lentamente para poder gozar del hermoso cielo de una noche de verano. En lo alto la impresionante luna iluminaba su rebaño de estrellas, de igual modo iluminó mis recuerdos
” ¿Ves aquella luz que parpadea?, se llama Cacumen, es un planeta, el planeta más pequeño que existe, es allí donde viven los sueños. ¿Y sabes por qué titila?, están cantando, los sueños cantan para alejar las tristezas. Cuando quieras irte por un rato de aquí, sueña, pero no olvides regresar, recuerda que la vida es bella con todo y sus detalles. Y cuando llegue el momento en que debes quedarte a vivir en el planeta de los sueños no olvides dejar tu amor a otros, es lo único tuyo que se quedará con ellos para siempre “.
El sonido del aire comprimido de una pistola sacó a mi abuelo y su historia de mi pensamiento. El enemigo apuntaba mi frente con su arma, se reía de las lágrimas que bajaban por mis mejillas, pareces una niñita, me dijo, no sabes jugar… fueron sus últimas palabras. Aún con el disparo fresco en mi pecho levanté mi pistola y descargué en su cuerpo todas las municiones, no me guardé ninguna. Una sonrisa infantil floreció en mi cara, por primera vez sobreviví a la guerra del paintball.

Carol Belasco Iba susurrando todo el camino, su voz melosa y aguda me enervaba pero algo me impidió detenerla, después de todo, camino del patíbulo, todos deberíamos tener alguna compensación. Al rato empecé a captar cierto ritmo suave y extraño en aquel galimatías, parecía una canción, quizá lo fuera.
Cuando llegamos a nuestro destino el protocolo exigió varios minutos de enganchar y desenganchar cadenas, no era agradable verla cubierta con tantas pero era una cuestión de seguridad.
Dentro lo habían preparado ya, me habían hablado de un arma especial y había imaginado una pistola de rayos digna de la space opera más desaforada, no lo que nos esperaba: una pequeña piscina en la que burbujeaba un líquido oscuro. Incluso yo me estremecí, ella sólo empezó a cantar más alto, si es que eso era lo que hacía.
Siguió cantando cuando la empujaron dentro y, mientras aquella sustancia la destrozaba, no dejó de hacerlo. No fui el único en estremecerme, y me alejé pensando que merecíamos un castigo por eliminar así a la primera criatura alienígena que habíamos encontrado.
Más tarde descubrimos que su cántico había sido nuestra condena: aún resuena en ciertas frecuencias y continúa reduciendo nuestro tamaño, se calcula que en unas horas seremos tan pequeños que el campo gravitatorio de Venus nos atrapará y comenzará nuestro fin. Supongo que recogemos lo sembrado. Por mi parte me he sentado con una cerveza a escuchar su canción mientras el fin se acerca, después de todo la cantó en nuestro honor, y merece que alguien aprecie su belleza apocalíptica.

Eloina Calvete Garcia El baúl de los juguetes está casi vacío. Apenas quedan cuatro cosas: una pistola de agua, un pequeño globo terráqueo sin soporte, una muñeca de trapo y un libro de cuentos que ya nadie lee. Se ha deshecho de todo lo demás, pero no puede desprenderse de estos últimos juguetes. La pistola de agua era de su hermano, cómo lloraba cuando la ponía chorreando de improviso. Ahora sonríe al recordarlo, pero se enfadaba mucho con él. “Aquí tienes tu planeta”, le dijo su padre cuando le regaló el globo terráqueo. Y ella señalaba los lejanos países que pensaba visitar, siempre acompañada de la pequeña Matilde, su muñeca de trapo. Se la hizo su abuela con retales y botones recogidos aquí y allá. Y ella la adoraba. Bueno, adoraba a las dos, a su abuela y a su muñeca. Como también adoraba los ‘Cuentos de Perrault’. Su madre le leía uno cada noche. Si se terminaba el libro, volvía al principio. Una y otra vez le relataba los mismos cuentos. También le cantaba la misma canción por las mañanas: ‘Frère Jacques, Frère Jacques, dormez-vous, dormez-vous? Sonnez les matines, sonnez les matines. Din, dan don. Din, dan, don’… Entonces era feliz.
Pero ellos ya no están. Un infortunado accidente se los había llevado. Ahora solo viven en sus recuerdos. En sus recuerdos y en esos cuatro juguetes que no piensa tirar.
Aunque su tía le diga que ya es mayor para juguetitos.

Maria Dolores Garrido Goñi Estoy viviendo un tiempo raro. En realidad no es el tiempo, soy yo.
El planeta es muy pequeño, pero todo está muy lejos: las guerras, el hambre, las mujeres invisibles… Y nada se puede hacer. Oyes una canción; la vecina, que está contenta, pone música muy alta y juega a que su voz sobresalga sobre la enlatada; y a un tiro de piedra, alguien está disparando su pistola por un mísero botín. Cuando vemos las noticias, decimos un: “Qué barbaridad” y por la tarde, nos gastamos lo que no tenemos —total, pagas con tarjeta— en el centro comercial de moda. Y vivimos tan contentos. El dolor de los demás, ¡está tan lejos! Aunque nuestro planeta es muy pequeño.


Para seleccionar estos textos, desde Portaldelescritor siempre tenemos en cuenta diferentes aspectos: que cumplan el reto, la calidad literaria, la originalidad, la redacción (no aceptamos textos con varias faltas de ortografía) y además siempre intentamos -en la medida de lo posible- incluir participantes diferentes y no repetir muchas veces a los mismos autores.