Seleccionados #ViernesCreativo: “Lo que nunca me dijo”

Seleccionados #ViernesCreativo: “Lo que nunca me dijo”

marzo 23 2018   

Os animamos esta semana a escribir un microrrelato (15 líneas máximo de Word), bajo el título: “Lo que nunca me dijo” ¡Esperamos que os inspire muchas historias! 
RETO EXTRA: para quien quiera algo más atrevido, puede situar ese microrrelato en el SIGLO XIX. (esto es opcional, para quien se anime) 

Recordad que desde nuestra APP gratuita de Portaldelescritor podéis acceder al grupo de Facebook desde vuestro móvil y leer allí mismo el reto, además contar con un generador de personajes y  los consejos de escritura del blog de Diana P. Morales.

MICRORRELATO CON MÁS ME GUSTAS

Carlos Di Urarte Lo que nunca me dijo es que, tras la puerta secreta que encontramos en el sótano, había otra realidad, idéntica a la nuestra en casi todo. El mismo sótano, la misma casa colonial, la misma madre alcohólica y el mismo padre abusivo. Otra como ella. Y otro como yo. Hasta otro Whiskey, nuestro Yorkshire.
Era mi hermana, y me tenía que haber dicho que había encontrado la llave.
Aprendió a llevar una doble vida. Cada vez que tenía tiempo, se colaba unas horas en el mundo espejo, y daba rienda suelta a sus impulsos más oscuros.
A veces se intercambiaba con su doble, en secreto. Mi falsa hermana visitaba nuestro mundo. Al principio no noté nada raro, salvo pequeñas incongruencias en el peinado, en el brillo burlón de sus ojos verdes, en su sonrisa.
Un día me lo explicó. Y me dijo que “ella” había matado a todos los del otro lado. A mí, a nuestros padres, incluso a Whiskey. Todos muertos. Después de confesármelo, arrancó el marco de la puerta, y solo quedó una pared mohosa.
Y ya no sé quién de las dos regresó. Ni si aún tiene esos impulsos.

Me gustas: 22

OTROS MICRORRELATOS SELECCIONADOS

Maria Del Carmen Araque Durante la guerra apareció en nuestro establo un soldado mal herido. Mi padre quería entregarlo a las autoridades, pero mi madre y yo lo disuadimos y nos encargamos de cuidarlo y alimentarlo.
El joven estuvo escondido en la parte superior del establo durante su recuperación pues los alemanes estaban instalados en el pueblo cercano.
Nos contó que era parte de la resistencia, que antes vivía en el sur de Francia y que no tenía familia.
Mientras sus fuerzas se lo iban permitiendo empezó a ayudar en las tareas de la granja. Con el tiempo mi padre le tomó cariño, tanto así que cuando un día pasaron los alemanes a llevarse los últimos dos cerdos que teníamos y preguntaron quién era, mi padre dijo que era su hijo.
Para el fin de la guerra François y yo ya éramos novios. Unos años después nos casamos y vivimos casi cuarenta años felices. Él falleció el otoño pasado. Pero lo que nunca me dijo fue el nombre del pueblo donde había nacido y lo que nunca le dije fue que en las noches cuando hablaba dormido lo hacía en alemán.

Marga LM Lo que no me dijo con palabras me lo dijo con acciones. Nací un día soleado contrastado con un frío que llegaba hasta los huesos, no lo recuerdo, pero mi padre me lo repetiría una y otra vez a lo largo de mi vida. A la edad de siete años empecé a tomar conciencia que no había venido a este mundo a vivir sino a sobrevivir, ese día lo entendí. Jugaba con una caja de cartón, simulando que era una casa de muñecas, perdida en mi mundo de princesas, de dragones buenos que destruían a viejas hechiceras, y de pronto allí estaba, él, mi protector, el que cuidaba de mí, mi padre, apoyado en el marco de la puerta en dos pasos se puso a mi lado, en dos golpes me dejo tirada en el suelo.
Los golpes continuaron convirtiendo mi vida en infierno, le sucedieron desprecios, ni una palabra, solo gestos. Un día trás otro hasta que tuve la edad suficiente para escapar de aquello. No quise saber el porque, ni mirar atrás. En un día soleado con un frío que calaba los huesos, me llegaron sus palabras en forma de carta, una explicación a tanto sufrimiento:
Cuando te miraba me recordabas tanto a tu madre, me recordabas que cuando a ella la arropaba la muerte, a ti te acariciaba la vida.
No pude amarte, solo odiarte, eras quien mató al amor de mi vida.

Glauka Kivara Tengo la característica de ser sincera y el defecto de confiar en los demás. Por eso le creí cuando me dijo que me quería, que nos fuéramos a vivir juntos, lo feliz que era a mi lado. Insiste en que era verdad y puede que en su perturbada mente, lo sea.
Lo que nunca me dijo fue que no me consideraba compañera, sino rival. Nunca me dijo que le molestaba que saliera con mis amigos, que ganara premios, que eligiera leer a verle entrenar.
Si lo hubiera sabido, yo le habría dicho que no iba a ser menos inteligente, divertida, culta y madura para no amedrentar a su enfermizo ego y me hubiera ahorrado hacer dos mudanzas en cuatro meses.
Pero subestimé la estupidez humana.

Isabel Lopez Jurado LO QUE NUNCA ME DIJO.
Mi madre siempre decía que la familia era el pilar fundamental para la conservación de nuestra riqueza, sangre y religión. Crecí en una casa donde las cualidades más destacables de la mujer eran la sumisión y la abnegación, lo único que se esperaba de nosotras era que fueramos respetables y respetuosas. Yo nunca cuestionaría, abiertamente, mi papel en la sociedad, pero los últimos acontecimientos me tenían trastornada. Mi madre nunca me hablaba de como comenzó su historia con mi padre, de hecho, no hablaba de casi nada, solo ordenaba y relataba uno a uno todos mis defectos día tras día. Aquel misterio se disipó cuando mi abuela empezó a contarme en secreto las aventuras amorosas de mi padre con otras mujeres, podría haberlo achacado a su demencia senil, pero cuando me reveló que mi hermana Ana era fruto de una de sus infidelidades lo vi todo claro. Nunca había entendido porque mi madre despreciaba tanto a Ana ni porque su belleza le incomodaba tanto.

María Jesús Díez García Nunca me había dicho que él también es escritor. Toda la vida compartiendo con mi compañero de piso mis ataques de ansiedad cuando sufro un bloqueo, la sensación de pánico al descubrir una incoherencia en la trama, o mi frustración cuando no me seleccionan en una convocatoria o concurso, y jamás había mencionado que pasa por estas mismas penalidades.
He tenido que enterarme por casualidad, al encontrar el manuscrito que esconde en el hueco entre el sofá y la pared. Al principio no pensé que lo hubiera escrito él. Quizá había pertenecido a los anteriores dueños de la casa, que lo dejaron allí olvidado.
Pero después de leerlo, no cabe ninguna duda: yo soy el protagonista del relato, y cuenta anécdotas que solo conocemos los dos. Y en lugar de Gerardo, el personaje basado en mí se llama “Esclavo principal”. ¿Hace falta alguna prueba más de que mi gato es escritor?

Amalia Sanchez Perez Recuerdo aquel tenebroso atardecer junto a la muralla y aún siento el pavor que me hizo estremecer de pies a cabeza a la vez que mi desbocado corazón palpitaba de júbilo. No podía concebir mayor dicha que la que me ofrecía su cuerpo aferrado al mío; nuestro ardientes labios besándose anhelantes. Y por si me quedaban dudas de ser completamente presa de su amor, el susurro de su voz en mi oído no hizo más que refutarlo. «Te amaré siempre, aunque mi honor pierda y tenga que vivir escondido el resto de mi vida», me dijo. De repente un sonido sobrecogedor nos asaltó. No muy lejos había caído la primera bomba de los franceses en su pretensión por ocupar mi tierra. El asedio a Cádiz había comenzado. Nos miramos. Mis ojos parecían hacer mil preguntas mientras los suyos no supieron esconder el dolor de saber que aquel era nuestro fin, porque lo que nunca me dijo es que aún con su amor y sus buenas intenciones hacia mí, no dejaba de ser uno de ellos, causantes de sembrar el terror y derramar sangre en mi patria.
Porque aunque nunca me lo dijo, yo siempre supe que era un espía francés, y yo la que renunciaría a mi honor por él.

Carolina Delgado Sur de Sudán, 1887.
Como cada mañana, desde hace 12 años, repasa uno a uno los nombres de su familia en el camino al pozo que le da de beber. Se niega a que el tiempo se los robe: “Yande, Hudda, Omayna, Gusii, Eldin…”.
Tenía sólo 9 años cuando los atwok atacaron su poblado y, tras matar a los hombres, se llevaron a las mujeres. Fue una suerte que ocurriese entonces y no años después. Entonces ella todavía era virgen y el guerrero que la raptó la tomó como esposa. No corrieron la misma suerte su madre y su hermana, que fueron vendidas como esclavas.
Las mujeres de la aldea explicaban a las más jóvenes las historias sobre raptos como parte de lo que debían conocer, de la misma manera que les explicaban cómo cuidar de su casa y de sus maridos. Su madre también lo hizo. Le explicó que los guerreros quieren mujeres jóvenes porque no están manchadas y les pueden dar hijos. Que las roban y las someten y les rompen la vida. Lo que nunca le dijo fue que el amor no entiende de tribus ni de etnias y que tras un aguerrido soldado puede esconderse un asustado muchacho arrastrado por las tradiciones y la imposición de un líder. No, nunca se lo dijo.

Kathy Guerrero Bejarano “LO QUE NUNCA ME DIJO”
Intentó alisar sus rizos caprichosos, cruzó las huesudas piernas y con un arte de conquista recién aprendido posó para la cámara. Justo cuando el flash disparó desvío la mirada. Olivia se olvidó del retrato de sus quince y con el índice señaló la mariposa que cruzaba en medio de dos árboles. Corrió en busca del insecto pintoresco que había llamado su atención. Los grandes ojos verdes de la niña reían mientras la mariposa revoloteaba entre sus manos, ese fue el primer obsequio que Olivia atrapó para Facundo. De eso hace ya un lustro, Olivia seguía siendo niña, era fácil encontrarla entre flores e insectos. Se paseaba con gracia por los pasillos del manicomio, siempre meneando su bata celeste.
Facundo, un joven psiquiatra contemplaba la fotografía que años atrás él mismo le había tomado a la despistada Olivia, pensaba en los vacíos que ella le llenaba con su sonrisa.
-¿¡Por qué usted nunca me dijo!? ¿¡por qué no me dijo lo que ella sentía por mí!? -le reprochaba el psiquiatra a su asistente.
Olivia quiso volar como mariposa cuando Facundo la invitó a su boda. La encontraron tendida bajo un árbol cuando daba su último respiro “Quiero ser como una de las mariposas que dejas en libertad” le susurró al médico, él besó su frente y contestó “Yo quería ser una de tus locuras”.

Silvia Favaro Lo que nunca me dijo y siempre quise escuchar, me hubiese salvado la vida.
No tuve una buena relación con mi madre, aunque hice esfuerzos sobrehumanos para inventarla.
Con ella había prejuicios, Jamás consejos sanos.
Andaba con coraza de acero para no parecer blandengue, cuando en muchos momentos tristes necesité apretar sus manos.
Se mostraba así, dura y exigente, cuando yo intentaba fundirme entre sus brazos y que mis lágrimas mojaran su rostro.
Ese te amo esperado no salió de su boca, ni siquiera el día que me vio con las maletas y supo que no volvería.
Hace un tiempo la noté cambiada, los ojos mojados, la boca temblorosa.
Me pidió perdón, pero yo ya no puedo perdonarla.
Me dijo te amo, pero de mi boca no salió ni una palabra.
Sé que está arrepentida y que desea abrazarme.
La noté triste y abatida, con paso cansino se alejó sin esperanzas.
Sobre mi tumba, una hermosa rosa descansa.

Olga Tenorio Lo que nunca me dijo

Habíamos recorrido más de trescientas millas desde que salimos de Versalles y ella se sintió mareada. Ordené parar la carroza y la ayudé a bajar. Su cabello natural, sin empolvar, se enredaba con la brisa de la campiña. Entreabrió los labios y suspiró. El sol iluminó su frente exangüe. Apoyó una mano desnuda en su pecho y su perfumario de oro brilló bajo sus finos dedos. Intentó sonreírme, pero sentí su desamparo. Las únicas palabras que podría decirle eran huecas, o terribles. A mi cabeza acudían las imágenes de lo sucedido: la mano tierna de Etienne, aún latente, sus mejillas salpicadas de sangre, cascos de caballos, la bayoneta del capitán, los ventanales rotos, y luego la polvareda, el fuego, la confusión y ella. Ella, vestida de rojo en mitad del tumulto, con el terciopelo y la seda rasgados, remando contra los soldados que la arrastraban a través de la oscuridad de los jardines. Y la mano infantil que ya no latía, que acaricié, que besé mientras perdía de vista el rojo del vestido alejándose como una hoja abandonada a la corriente. Las palabras se ahogaban en mi boca. Si las decía, serían un cuchillo en su exquisita y delicada seda. Sus ojos me parecieron aún más pálidos y azules. No dije nada y dejé que pensara que Etienne estaba oculto en casa de su prima hermana, y que iríamos a buscarlo como le prometí. Lo que nunca me dijo fue que antes de subir a la carroza había tomado el veneno que guardaba en su perfumario.

Carol Belasco Lo que nunca me dijo.

Lo enterramos de noche, como él siempre había pedido, no sé si porque creía no merecer la luz del día o porque deseaba irse sin llamar la atención, para compensar. Y, como si también se impusiera la discreción en los sentimientos, nadie le lloró, no aquella noche. Junto a su cuerpo mi madre ocultó su viejo trabuco, así como lo que quedaba del oro que robó cuando cabalgaba con los siete niños de Écija, que nunca fueron siete ni tampoco los héroes que algunos creen, como no lo fue mi padre. Toda mi vida lució aquel corte en el rostro que se lo deformaba y que, probablemente, lo ocultaba de las autoridades. Porque su secreto era también el nuestro: un murmullo que nos contábamos entre hermanos, y que construíamos con los fragmentos de sus palabras, siempre renuentes, pues eludía el relato completo de sus glorias, que en nuestra imaginación se expandían sobre todo cuando le mirabamos humillado ante el noble o agotado por el trabajo diario en la posada. Entonces su disminuida figura crecía hasta alcanzar la leyenda y nuestra total admiración.
Fue mucho después que supe sobre lo que nunca me dijo: de la sangre, de la crueldad y del horror, de las vidas que segó y de las familias que rompió. Y, ahora que yace bajo tierra, a veces me tortura saber quién era realmente.

 


Para seleccionar estos textos, desde Portaldelescritor siempre tenemos en cuenta diferentes aspectos: que cumplan el reto, la calidad literaria, la originalidad, la redacción (no aceptamos textos con varias faltas de ortografía) y además siempre intentamos -en la medida de lo posible- incluir participantes diferentes y no repetir muchas veces a los mismos autores.