Seleccionados #ViernesCreativo: la primera de mis muertes

Seleccionados #ViernesCreativo: la primera de mis muertes

febrero 15 2019   

Os proponemos escribir un microrrelato (como siempre,15 líneas máx de Word) bajo el título: 
“LA PRIMERA DE MIS MUERTES”
¿Por qué la primera???  Eso queda a vuestra imaginación. La muerte puede ser metafórica, real, puede ser una persona, o un personaje fantástico… o un asesino. ¡Hasta donde la imaginación os lleve!

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TEXTO CON MÁS ME GUSTAS

Silvia Favaro LA PRIMERA DE MIS MUERTES.
Solía sentarme en el columpio que con tanto amor me había regalado mi padre. Me hamacaba hasta largas horas de la noche y recostaba mi cuerpo hacia atrás, estirando los brazos hasta que me dolieran, sintiendo como el viento despeinaba mis cabellos.
Tenía seis enormes años y no exagero en absoluto, absorbía una felicidad avasallante hasta el punto de pensar que era una niña especial.
Si alguien por aquel tiempo me hubiese dicho que existía una muerte, o mejor dicho varias, mis carcajadas se hubieran escuchado desde otro planeta, si es que existía.
Mi abuelo llegó a casa esa maldita mañana de febrero, mes que con solo nombrarlo hace que los vellos de todo mi cuerpo se pongan como púas.
Empezó con caricias raras, no eran como las de mi padre, no pude entenderlo de primer momento, pero cuando sus manos terminaron dentro de mi bombacha ya no tuve dudas. Salí corriendo hasta encontrar a mi madre y llorando le conté todo.
Mi progenitora, con una paz que heló mi sangre, me dijo:
—Te lo pido por favor, no se lo cuentes a tu padre porque lo va a matar.
Se tensaron mis manos y mi piel se electrocutó en un segundo. Mi mente absorbió a medias la súplica.
Yo sabía que mi padre hubiese matado a la bestia, aunque sus huesos se pudrieran en la cárcel.
Con todo el dolor en mi alma, callé.
Cerré la puerta cuando me iba, sabiendo que mi infancia había fallecido hacía unos pocos instantes.

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OTROS TEXTOS SELECCIONADOS POR SU CALIDAD U ORIGINALIDAD

 

Jose M Fernández La primera de mis muertes.
Mi primera muerte ocurrió hace ya tiempo. No sé si es propio de un robot hablar de muerte; es este un concepto humano, muy humano, propio de las biologías basadas en el carbono. Yo soy metálico, mi centro intelectual es un chip que llevo a la altura de lo que denomináis corazón, hermético, blindado para que nada le afecte ni lo rompa. He visto morir a humanos y su forma de hacerlo no tiene nada que ver con la nuestra; a nosotros lo más parecido que nos puede ocurrir es la desconexión.
Esa fue mi primera muerte, lo sé porque está registrada en mi memoria. Era necesaria, si no me actualizaba me convertiría en un trasto inútil. Fue un proceso complejo: además del chip me cambiaron algunas partes metálicas. Al acabar, estaba nuevo, recién nacido diríais los humanos.
Ahora pende sobre mí la amenaza de otra desconexión, de otra muerte en vuestro argot. Y esta es posible que sí sea definitiva. Matar a un humano es un hecho muy grave y ya lo he hecho dos veces. Me están estudiando, pero soy pesimista. Me desconectarán definitivamente y acabaré en la Gran Recicladora. Nadie me salvará de mi segunda muerte o de mi primera desintegración.

Begoña Buil La primera de mis muertes fue la más sangrante. Tan dolorosa que no pude soportarla, que tuvieron que recordármela. Sentí un latido con eco, que retumbaba en la lejanía. Un latir lento que acompasaba borrosas imágenes a mi alrededor. Quedé atrapada en algún lugar de mi mente. Se desquició mi espíritu. Mi alrededor caía en pedazos. Todo se volvió atemporal. Con el paso de los días, de los meses… el sentido del tiempo volvió, la mano de mi cordura me levantó y mi vida se reinició. Sin duda la primera de mis muertes la escribió tu adiós.

MVictoria LJ Mi primera muerte fue aquel accidente de tráfico. Yo no estaba, pero él sí. Y se me fue…

(Verídico por desgracia… 😢)

Bea Rodríguez Me cuesta recordar los detalles, el cómo, el cuándo o el por qué. Fue hace ya demasiados años y hay mucha información que, de manera involuntaria, he borrado de mi cabeza.

Pero lo que queda, lo que ha conseguido sobrevivir al inexorable paso del tiempo, es la sensación que tuve en ese momento y lo que eso ha supuesto hasta el día de hoy. Desde entonces, se cuentan por cientos, o más bien diría por miles, las muertes que he tenido que sufrir, pero como aquella, ninguna, porque fue la primera y me cambió la vida.

Se llamaba Johnny, de eso sí me acuerdo. Era muy joven, 13 o 14 años, quizás 15. Y la vida no le había tratado muy bien. Creo recordar que sus padres le pegaban y su única familia eran sus amigos. Mató a un chico, sin querer, y tuvo que huir. Pero Johnny no era malo y lo demostró cuando más necesario era: arriesgando su vida para salvar a unos críos de un incendio. Él no corrió tanta suerte. Le cayeron encima unas maderas y, unos días después, murió en el hospital.

Dicho así, pues ni fu ni fá. Pero cuando tienes 11 años y es el primer libro no infantil que te lees en tu vida, pues sí, impacta y mucho. Tanto que en ese preciso instante, con las lágrimas aún corriendo por mis mejillas por la pérdida de Johnny, supe con absoluta certeza que me convertiría en una empedernida lectora.

Yess M Torres La primera de mis muertes fue cuando perdí la infancia. La segunda muerte me llegó la primera vez que me rompieron el corazón. Fue una muerte dolorosa y amarga, aún recuerdo sus ojos antes de asestarme el golpe de gracia verbal que acabaría con mis sueños, pero me ayudaría a madurar. La última de mis muertes fue el día que él desapareció: de esta muerte no creo que me cure del todo.

María Jesús Díez García La primera de mis muertes fue sorprendentemente placentera. Me divertí escogiendo el método más eficiente, el modus operandi más seguro, la coartada inquebrantable. Como ya imaginaba, requirió mucho tiempo y dedicación. Lo más arduo fue estudiar los diferentes tipos de veneno, y lo más entretenido, analizar posibles contratiempos y la forma de contrarrestarlos. Descubrí que ser pesimista era una ventaja para esta tarea: ponerme siempre en lo peor por fin me servía para algo.
Lo más duro fue no poder hablar del tema con nadie. Tuve que hacer alguna consulta científica a un par de expertos en Toxicología, pero disfracé mis dudas como parte de una investigación orientada a escribir mi tesis doctoral. Si hubieran sabido que me estaban ayudando a planear un asesinato, no habrían respondido a mis correos.
En realidad no debería asombrarme haber disfrutado tanto matando a mi ex jefe. Era algo que tenía pendiente desde hacía tiempo. Nunca me cansaré de darle las gracias a aquella profesora de escritura creativa por darme la idea. Asesinar a alguien que te cae mal en un relato es toda una catarsis.

Javier Meléndez La primera de mis muertes me encasilló. Llevo treinta. No hay Óscar a la mejor interpretación de un difunto.


Para seleccionar estos textos, desde Portaldelescritor siempre tenemos en cuenta diferentes aspectos: que cumplan el reto, la calidad literaria, la originalidad, la redacción (no aceptamos textos con varias faltas de ortografía) y además siempre intentamos -en la medida de lo posible- incluir participantes diferentes y no repetir muchas veces a los mismos autores.