Seleccionados #ViernesCreativo: historia sobre el arrepentimiento

Seleccionados #ViernesCreativo: historia sobre el arrepentimiento

marzo 09 2018   

La propuesta para esta semana es: en 15 líneas, escribir una historia que gire en torno al ARREPENTIMIENTO. (4ª reto de nuestra agenda para escritores y personas creativas)
>>> Reto opcional (para quienes queráis probar algo más difícil): que la historia esté encuadrada en el género de FANTASÍA. Esto solo para quien se anime, los demás, con el arrepentimiento ya va bien. ¡¡¡A ver qué va saliendo!!!

Recordad que desde nuestra APP gratuita de Portaldelescritor podéis acceder al grupo de Facebook desde vuestro móvil y leer allí mismo el reto, además contar con un generador de personajes y  los consejos de escritura del blog de Diana P. Morales.

MICRORRELATO CON MÁS ME GUSTAS

Yolanda Fraile Carreras Creo que ya llego tarde. Ahora que ya no hay tiempo…el tiempo me dice que me equivoqué. ¡Lo siento tanto!. Siento cada minuto perdido, cada segundo desperdiciado en no hacer nada de lo que tocaba. Me arrepiento de cada momento que dejé escapar sin ser consciente que nunca podría recuperarlo. Lo siento. Lamento lo que no fui, lo que no dejé que pasara, y todo lo que se escapó entre mis dedos ante una mirada que apuntaba a otro lado para no tener que admitir que me equivocaba. No hay retorno ni manera de enmendar errores, no hay más vidas para rearmar una que no fue la esperada. Ya no sirve de nada afligirse ni echar la vista atrás, no valen las excusas ni buscar culpables para lo que ya no tiene vuelta de hoja. Si pudiera dar marcha atrás cambiaría tantas cosas de esta vida que he malgastado… Me arrepiento de cada maldito día que he pasado en este convento de clausura y de todo lo ha estado pasado ahí fuera delante de mí sin atreverme a mirarlo.

Me gustas: 17

 

OTROS MICRORRELATOS SELECCIONADOS

María Jesús Díez García —Este verano vamos al pueblo a ver a los abuelos —comentó Elena mientras se sentaba en el sofá al lado de Sara—: ¿Qué te parece?
Para su sorpresa, la aludida torció el gesto.
—Jo, mamá, es que yo quiero quedarme aquí y salir con mis amigas… —contestó usando su mejor tono lastimero, aquel que Elena llevaba escuchando desde que su pequeña había aprendido a hablar y que había ido evolucionando a la par que su dueña para adaptarse a sus peticiones, mudables e inagotables.
—Pero a tus amigas las ves todos los días y a los abuelos hace mucho que no les ves. ¿No te hace ilusión visitarles?
Sara asintió, pero su cara reflejaba a la perfección que era una ilusión algo limitada.
Elena se imaginaba lo que estaba pensando: hacía ya bastantes años, había sido ella la que se quejaba de los inamovibles veraneos en el pueblo. En cambio, ahora que no estaban, se arrepentía de no haber pasado más tiempo con sus abuelos y resto de familiares. ¿Cómo le explicaba a su hija que lo que hoy le parecía una faena, más adelante lo vería como un favor?
Haber estado en sus zapatos no lo hacía más fácil. Pero sabía que cuando ella se pusiera los suyos, entendería.

Rosa Fernandez 2040.Parpadeó varias veces, antes de poder abrir los ojos; después intentó incorporarse.No sabía lo que había pasado…o sí.Tuvo la certeza cuando alcanzó la posición bípeda: una atmósfera de humo y cenizas configuraban el horizonte.Entonces, recordó las palabras :”hemos superado el punto crítico del calentamiento global; la extinción en masa de la población humana, es cuestión de horas”.Una lágrima, también solitaria, cruzó su cara ; en nombre de la humanidad , se arrepintió de todo lo que no se hizo…era tarde.

Teresa Lluqueta Descubrí en tu mirada la duda. La ausencia de palabras y el aire abrumador e insoportable adelgazaban la carnosa línea de mis labios; para transformar mi juventud, en un paso inevitable de tiempo, que devasta aquello que no respeta.
Comprendí que mis ojos aún te lloraban, que mi jovialidad había quedado aletargada. Que tus actos humillantes seguían hiriendo mi alma.
Te soñaba adulador, el caballero perfecto, el adonis de los cuentos que alagaban la inquietud de las niñas por ser amadas. Pero solo fue un espejismo, una fantasía provocada por una sociedad insana. Por ello me arrepiento, por no haber dicho, no a tiempo. Por no ser yo misma, en vez de una mujer esclava y sumisa.
Hoy miro hacia atrás y solo oír tu nombre me hace temblar. No sé cuándo recuperaré mi libertad, cuando podré vivir sin temeridad. Lo único que sé, es que me arrepiento por no haber puesto fin antes a tan cruel infierno.

Jose M Fernández Ni siquiera el arrepentimiento es siempre el mismo. Hay arrepentimientos que desparecen porque logras enmendar el entuerto o solucionar el error, pero hay otros que chocan contra la barrera de lo inexorable, de lo que no tiene vuelta atrás.
Cuando ella murió en el hospital yo estaba trabajando. Era cierto que su estado no presagiaba un final inmediato; era cierto también que no estaba sola, que pagaba a una señora para que la acompañase. Me repito todo esto continuamente, pero no encuentro consuelo. ¿Por qué pensaba que el trabajo era tan importante? ¿Por qué me creía imprescindible o más honrado que aquellos que faltaban con cualquier excusa? Con el tiempo aprendí que no era mejor que ellos; tampoco nadie, después, me dio las gracias por lo que hice.
Aunque ha transcurrido mucho tiempo aún tengo presente su rostro ceniciento, su cuerpo inmóvil en la cama de la habitación, el llanto comedido -¿sincero? – de aquella señora. Besé su frente y sus labios ya fríos. Mis lágrimas cayeron sobre sus ojos cerrados. Fue muy rápido, dijeron los médicos, pero mi arrepentimiento es eterno, alojado en el rincón más oscuro de mi corazón.

Karo Lyne Demasiado tarde

Hacía tiempo que Louise no oía esas dos palabras mágicas que la hacían estremecerse de felicidad y podían hacerla volver a sonreír después de un penoso día. Varios meses habían pasado y, aunque Aaron seguía queriéndola, había dejado de decírselo. Ella no se atrevía a hablarle del tema, pues temía que pudiera enfadarse o molestarse con ella, pero en el fondo, ese silencio le hacía mucho daño. Aunque sabía que tan solo eran palabras y que lo que importaba eran los actos, tenía la impresión de que él ya no sentía lo mismo por ella. Aaron siempre había sido sincero y ella pensaba que si no decía algo era porque prefería callarse a expresar una mentira. Así pues, poco a poco, Louise fue hundiéndose en una profunda y oscura tristeza. Cada día, cuando él salía a trabajar, ella empezaba a llorar sin control. Sin embargo, su desconsuelo iba acompañado de una especie de orgullo que le impedía pronunciar las mismas palabras que a ella tanta falta le hacían. Esa falta de cariño, esa aparente indiferencia estaban haciendo mella en ella y habían conseguido volverla más fría.
Un día, mientras Louise se preguntaba por qué Aaron tardaba tanto en regresar a casa, llegó una patrulla a su casa y la acompañó. En el hospital, mientras acariciaba el ondulado cabello rubio de su esposo, entre lágrimas Louise le murmuró “te quiero”, palabras que llegaban demasiado tarde. Unos días más tarde, arrepentida de haber dejado que el orgullo tomara el control, Louise decidió que era hora de ir a reencontrarse con el amor de su vida.

Maria Dolores Garrido Goñi Se lo quité. Era su marido: apuesto, galante, siempre con esa sonrisa… pero siempre solo.
Sabía que estaba casado. No debí meterme en medio… pero… Me daba pena que ella no lo acompañase nunca.
Me propuse conquistarlo y lo conseguí. ¡Era tan cariñoso! Me llevaba al teatro, de viaje a hoteles caros, me compraba regalos… Qué tonta era ella de dejarlo perder. Tardé en lograr que la dejara para que fuese sólo mío.
Ahora que es mi marido: ¡Qué tonta fui de no entender! No quiere que le acompañe. Se va con los amigos de copas, al fútbol… Sale de casa como antes, hecho un pincel. Me dice que va con los chicos, que no es cosa de mujeres.
Aquí estoy, sola en casa, arreglando su ropa para que vaya siempre como un señor; cocinando los platos que le gustan, con temor a que me compare con “ella” y salga yo perdiendo. ¡Qué tonta he sido!
El otro día la vi. Iba muy arreglada. Se la veía feliz. Me miró y me sonrió. Vi en su sonrisa una chispa de victoria. ¿O me lo pareció?

Maria R Fernández Cuando tenía 8 años me hacían creer que los monstruos salían del armario y de debajo de mi cama, cuando te vi salir, bella hada, de mi armario pensaba que eras un monstruo. Tú qué solo querías cuidarme y protegerme y yo te aparte de mi lado. Hoy que he tocado fondo y necesito impulso me acuerdo de ti, y me arrepiento de no haberte creído, hoy que sé de dónde salen los monstruos.

Eloina Calvete Garcia He de arrepentirme puesto que he transgredido una ancestral ley divina. Y me arrepiento. Me arrepiento de no haber actuado antes. ‘No matarás’, señala el mandamiento sagrado, ‘no matarás’. Él era un soberbio ejemplar de centauro y yo una dríade presuntuosa y estúpida. Me dejé engañar por su hermosura, me gustaba alardear de admirador delante de mis compañeras, aunque cuando bebía perdía todo su encanto; se transformaba en un salvaje. Debería haberle alejado tras esa primera algarabía etílica, cuando le vi coceando a diestro y siniestro; pero me engañaron sus lloros y súplicas. Creí que cambiaría. Ahora yace sin vida junto a mi roble. Solo le permití una coz, una sola coz al hermoso árbol que me cobija antes de lanzarle un hechizo mortal. Estoy bastante dolorida, mi cuerpo acusa el golpe recibido. Él lo sabía, sabía que nosotras, las dríades, estamos tan unidas a nuestros robles que sentimos cualquier daño que ellos reciban. Y la coz fue terriblemente fuerte. Ahora espero mi castigo. ‘Legítima defensa’, justo eso alegaré ante los sacerdotes del bosque.

BT Evita Una historia de vampiros
No debí morderla. Me ha pasado antes y luego sé que todo acaba mal. ¡Era tan bonita! Y la quería conmigo para siempre. La luz en mi oscuridad.
Después no lo soportan, no aguantan vivir tantos años y de esta forma. Se marchitan.
Esperaba que fuera distinto con ella. ¡Me esforcé tanto para que estuviera a mi lado!
Cuando esta mañana quiso salir por la ventana del castillo y dejarse morir por la tenue luz del amanecer, supe que tenía que ayudarla.
Ya no me mira a los ojos, pero la agarré de sus brazos entre lamentos y arañazos, la metí dentro de la estancia oscura y me preparé desde ese momento para despedirme de ella.
-Espera, no quieras morir despacio. Espera unas horas a que el sol esté bien arriba.
Levanta la cabeza y me mira al fin. Deja de luchar y me abraza la que desapareció con el tiempo.
Las últimas horas fueron su respiración en mi pecho, su cabello esparcido en mis brazos y el silencio de su abandono.
Llegó el momento y la ayudé a salir, escogí el lugar más alto, un patio rodeado de almenas.
La vi retorcerse, girar sobre sí misma ardiendo en llamas. Me arrojé a sus cenizas vaporosas para morir con ella siempre.

Maria Del Carmen Araque ’Soy un médico reconocido y laureado en todo el mundo. He arreglado el corazón de casi mil personas y trasplantado quizás otros mil, pero de lo único que me arrepiento fue de no haber sabido curar el mío’’, pensó.
Era la madrugada de un frío y húmedo invierno porteño y él parado, con sus casi 80 años, frente al espejo del baño le dio la impresión que se miraba por primera vez.
Una lágrima corrió por su mejilla izquierda y su boca quiso dibujar una sonrisa. En voz alta dijo la última estrofa de un verso de Nervo que siempre le había gustado y había aprendido en su juventud:
– Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
– ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!
La decisión estaba tomada. Tomó el arma que estaba sobre el vanitory y se disparó justo en medio del pecho. Un tiro certero al corazón. Nadie mejor que él para saber donde encontrarlo.

Erika Assimov Malditas ratas voladoras!-grito Owen- Desde que les mutamos no dejan de fastidiar y se comen todo el cableado de luz y las cornisas de los edificios, pero necesitábamos acabar con esa peste de los pájaros carnívoros- se metió al laboratorio enojado pensando en el hilo de sucesos.
Los pájaros carnívoros fueron importantes para acabar con los leones oso, que tuvieron que contener a un brote de human…bueno hay cosas que es mejor no recordar, fue un error haberlos dejado salir del subterráneo!
Owen prefirió alisar las plumas de su cuerpo, eso le tranquilizaba, mientras sacudía sus pezuñas para sacudirse el polvo de fuera.


Para seleccionar estos textos, desde Portaldelescritor siempre tenemos en cuenta diferentes aspectos: que cumplan el reto, la calidad literaria, la originalidad, la redacción (no aceptamos textos con varias faltas de ortografía) y además siempre intentamos -en la medida de lo posible- incluir participantes diferentes y no repetir muchas veces a los mismos autores.