Seleccionados #ViernesCreativo: historia que comience y termine con estas imágenes

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octubre 20 2017   

¿Qué os parece que puede surgir de ahí? Vamos a romper tópicos, a ver que sale.  

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MICRORRELATO CON MÁS ME GUSTAS

Carol Belasco Después de tantos años aún podía rememorar el aroma a canela de los dulces de Raul, la risa aguda de Claudia o las letras del casete de Bowie que Miguel insistía en poner una y otra vez. El recuerdo de nuestra alegría, de aquel fin de semana que debió acabar tan perfecto como empezó, tritura mi pecho como los dientes de un castor.
Pero al fin te he encontrado, estás sólo a unos metros y sonríes satisfecho cuando no tienes derecho. Nunca piensas en las vidas que segaste borracho, a una velocidad demencial en dirección contraria. Sé que no te arrepientes, que volviste a hacerlo después.
El veneno de la punta te hará sufrir durante horas mientras vigilo que nadie acuda a ayudarte. Luego me llevaré la flecha y no quedará ni rastro de mi visita, excepto tu miserable cuerpo en el suelo. Sonrío un segundo antes de disparar y, mientras la flecha te alcanza, me siento al fin en paz después de tanto tiempo.

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Glauka Kivara Todo parece de ensueño. Las cabañas, a pesar de su aspecto rústico, están provistas de todos los lujos, la playa, de arena blanca y mar azul turquesa, está completamente vacía. Sonrío cuando me presentan a los otros ganadores, haciendo caso omiso de la inquietud que siento desde que me anunciaron que me había tocado una semana de de vacaciones de lujo en Bali. Los cuatro tenemos alrededor de veinticinco años, estamos llenos de vida y ganas de disfrutar. Esa noche celebramos una pequeña fiesta en la playa, bebemos, saltamos, bailamos, nos bañamos desnudos, tenemos sexo en la arena. La luz del Sol nos despierta. Resacosos, nos dirigimos con andares vacilantes a las cabañas cuando escuchamos un silbido. Una flecha se clava en la arena ante nosotros. Nos miramos incrédulos hasta que unos crujidos nos hacen volver la vista al frente. Contemplamos estupefactos como las cabañas arden. Una idea empieza a aclararse en mi mente.
– ¿Alguno de vosotros se presentó a un sorteo de vacaciones? –sus rostros estupefactos son toda la respuesta que necesito– ¡Corred!
No somos ganadores. Somos presas. Nuevas flechas empiezan a surcar los aires.

Eloy Villaseñor Y ahí estaba yo con los chicos. Caía el atardecer y el momento había llegado. Me había costado mucho trabajo convencer a Raúl que me acompañara. Me sentía muy nervioso pues ese día daría el paso decisivo para decirle a Mariana cuanto la amaba. Su amiga Renata sabía del plan, por lo que no podía fallar. En cuanto me quedara sólo con Mariana le diría todo lo que sentía por ella. La amaba con locura, pero en silencio.
Después de divertirnos juntos, Raúl se llevó a Renata, y Mariana y yo nos quedamos solos. Tenía tanto miedo… pero era ahora o nunca. Después de reír un rato, el silencio nos abrazó por unos segundos y me acerqué a su boca y junté mis labios con los suyos. La lluvia nos cubrió. El beso duró una eternidad, y con los ojos cerrados imaginé a cupido en forma de una hermosa mujer como Mariana, bella, intrépida, valiente y en medio de la lluvia, disparando una enorme flecha directo a nuestros corazones, atravesándolos justo en el centro y uniéndonos para siempre.

Neo Zevlag Las parejas, A (Carolina y Felipe) y B (Pamela y Luis), debían pasar la “prueba de confianza”, última etapa del programa “El juego de Cupido”. La “confianza” consistía en realizar disparos de flecha a un blanco cada vez que se dijera una mentira o se revelara algún secreto guardado durante la relación. Mediante lanzamiento de moneda, seleccionaban a uno como “arquero” y a otro como “blanco”.

Felipe y Pamela se prepararon en sus posiciones de tiro mientras que Carolina y Luis eran llevados al otro extremo del set para vendarlos y atarlos de pies y manos, asumiendo que ponían su vida en juego para ganar el concurso.

En las dos primeras preguntas Carolina y Luis respondieron con la verdad y sus parejas no se atrevieron a dispararles pero, con la tercera (“¿Mataste a nuestra mascota?”) ocurrió algo inusual. Ambos confesaron haber cometido actos atroces. Felipe miró a Pamela para cambiar de lugar. Luego dispararon a las blancos contrarios hasta acabar con el set de flechas que les habían proporcionado.

La emisión del programa rompió todos los récords de audiencia en la historia de la televisión.

Jose M Fernández Por fin habían llegado a su destino, después de serpentear durante horas por carreteras de montaña. El sol crepuscular se ocultaba tras picos lejanos. Encendieron una hoguera. Se sentían eufóricos por el fin del viaje y el espectáculo que les brindaba la naturaleza.
El bosque que les rodeaba era impenetrable. Ya les habían advertido que no encontrarían a nadie en kilómetros. El silencio era absoluto, extraño en aquel ambiente poblado de criaturas. Cenaron y se acostaron en sus sacos. De repente, un silbido anunció la flecha que se clavó en el cuerpo de Eva. Tres flechas más dieron en sus respectivos blancos. El silencio, que no se había roto, anunciaba la muerte.
Dos figuras salieron de las sombras. Una era una mujer. Vestían pieles y llevaban sus caras pintadas; portaban también grandes arcos. Saquearon todas las pertenencias de las víctimas, despeñaron el coche por un precipicio y arrojaron los cuerpos desnudos a la hoguera. Después, las alimañas cumplirían su función.
Cuando amaneció, no quedaba ni rastro de los cuatro amigos. Los sonidos del bosque y de sus habitantes saludaron al nuevo día.

Carmen Fernández Rocha Desbordantes de alegría despedimos el atardecer sobre el horizonte; era nuestra última tarde en el paraíso. Un fin de semana perfecto, en el lugar ideal, con la mejor de las compañías. En Galicia, la tierra de mis abuelos. Nos recibieron con el afecto de siempre, las comidas de siempre, la maravilla de sus paisajes y un calor impropio en octubre. Playas espectaculares y sol para disfrutarlas ¿Qué más podíamos pedir? ¡Nada! Porque de nada nos faltaba. La abuela con su tortilla, sus chorizos a la brasa; con toda esa comida para los cuatro, que bien podría alimentar una docena de jóvenes, con hambre de una semana ¡Así son las abuelas, y las gallegas aún más!
Podría haber sido inolvidable, por todo eso. Pero no. Será inolvidable por algo mucho menos placentero. Dramático, desesperante, asfixiante, incomprensible. Cualquier adjetivo que ahora se me ocurre no es capaz de expresar la desolación que traigo en el alma, después de ver mi paraíso en llamas, sin compasión. A sus gentes luchando con uñas y dientes, con cubos y palas, con ramas, y cualquier cosa que pudiese servir, para sofocar las llamas del fuego amenazante, irrespetuoso y al capricho del viento cambiante, soplando con furia, meneado por la cola de un huracán tropical, que quiso ser borrasca para no morir sin cruzar el océano.
Ofelia. Muchos quisimos ser arqueros esta noche, disparando nuestras flechas al cielo, para romperte la tripa, y obligarte a descargar las aguas salvadoras de tu vientre, sobre nuestra tierra en llamas.