Seleccionados #ViernesCreativo: “Habían decidido hacerlo en el bosque”

Seleccionados #ViernesCreativo: “Habían decidido hacerlo en el bosque”

septiembre 15 2017   

En esta ocasión, un pelín más complicado. A ver esa imaginación cómo echa humo 
-Escribir una historia (máximo 15 líneas de Word) que COMIENCE con: “Habían decidido hacerlo en el bosque” y TERMINE con “todos sus secretos.”

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MICRORRELATOS CON MÁS ME GUSTAS

Cristina Jimenez Urriza Habían decido hacerlo en el bosque, les parecía más tenebroso, más para la ocasión. Simplemente llevaron una manta y el juego. María la más susceptible, Gloria la más lanzada, Estefanía por caer bien haría cualquier cosca, y Ely, que aún con recelo, llevaba bajo el brazo la ouija. Tras adentrarse hasta donde nunca nadie les encontraría, dieron con una esplanada perfecta para acto. Estiraron la manta, colocaron el juego con miedo relativo, y empezaron uniendo las manos mirando al cielo. Al unísono dijeron: Aquí estamos reunidas bajo la luna llena en un viernes trece como manda la tradición, María, Ely, Gloria y Estefanía, tus siervas, tus hijas. A lo que apoyaron las cuatro su dedo índice sobre un vaso colocado boca abajo en el centro del juego, y empezaron a preguntar sin respuesta. ¿Quién eres?, ¿Estás aquí?, ¿Qué será de nosotras?, ¿Nos escuchas?, ¿Eres joven?, ¿Estás muerto?, cada pregunta parecía ofenderles al no recibir respuesta, hasta que… Un fuerte viento se levantó de repente, tirando el vaso y haciendo levantar a sus discípulas, de la oscuridad, apareció lo que podría ser un Ser Divino, un Dios, o un Diablo, corrieron tan deprisa que desaparecieron por el bosque. A día de hoy, seis años más tarde, en otro viernes trece como aquel, conmemoran en el mismo sitio, su desaparición, donde se esconden todos sus secretos.
Carol Belasco Habían decidido hacerlo en el bosque, al amanecer, mientras aún brillase en el horizonte la primera luz de la mañana. Sería un símbolo, un renacimiento en cierto modo, un nuevo comienzo apuntalado sobre las cenizas del pasado.
Caminaron entre el follaje, sin sentir el arañazo áspero de las ramas ni las caricias punzantes de las hojas, sólo el final del sendero les importaba.
Encontraron el promontorio cuando los primeros rayos despuntaban. Se desnudaron: otro símbolo, pues los detalles importaban.
Y allí, aquella mañana diáfana y brillante, usaron el cuchillo contra la tierna carne, cortando aquellos números malditos grabados en la piel, rasgando cada fragmento hasta que sólo reluciera la carne desnuda. Con ellos, esperaban, desaparecería el recuerdo de aquellos años infames, de todo lo que habían hecho para sobrevivir en los campos.
Era también una penitencia, y un modo de perdonarse por seguir vivos, y, sobre todo, por el precio pagado para lograrlo.
La luz de la mañana iluminó sus cuerpos mientras limpiaban la sangre y vendaban los brazos.
En un pequeño agujero en la tierra ocultaron los restos que yacerían allí enterrados ya por siempre, junto con todos sus secretos.
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OTROS TEXTOS SELECCIONADOS

Jose M Fernández Habían decidido hacerlo en el bosque. Y así lo ordenaron los druidas. Algunos guerreros construyeron un altar de madera en un claro de la arboleda, que estuvo terminado antes de finalizar el invierno. Shannon y los otros dos druidas estaban complacidos. Era la pieza fundamental para poder llevar a cabo la ceremonia. Esta debía tener lugar cuando la primavera mostrase sus primeras señales, por ello, al asomar algunos brotes tiernos, se esparció muérdago y laurel alrededor del ara de madera. La aparición de las primeras flores anunció la llegada del esperado momento.
La ceremonia congregó a toda la tribu. Las antorchas circundaban el altar y llenaban de sombras aquel espacio. Sonaron unos cuernos y una adolescente se abrió paso entre la multitud, seguida por los druidas y Astorx, el jefe de la tribu. Detrás iban sus padres, orgullosos del honor que significaba entregar su hija a los espíritus del bosque. La muchacha, vestida con una saya blanca, se subió al altar y se acostó sobre él. Shannon rezó una plegaria, miró las estrellas en un cielo nítido y de un eficaz tajo segó la garganta de la muchacha. Su sangre empapó los maderos. Tras unos rezos más alegres se prendió fuego a la pira.
Su madre, hierática pero desgarrada internamente por el dolor, juró que traicionaría a su tribu y desvelaría a las cercanas tropas romanas todos sus secretos.

Teresa Lluqueta Habían decidido hacerlo en el bosque, allí se liberarían de todos sus prejuicios y limitaciones, podrían por unos instantes dejarse llevar, volar entre las encinas, cubrirse de las hojas yermas de los abedules, oler el aroma a tierra mojada y musgo, abandonarse a las sensaciones plenas que les proporcionaba el contemplar su desnudez en medio de aquella maravilla natural. Sus labios se rozaban cubiertos del rocío matinal, sus manos temblorosas iban descubriendo poco a poco sus cuerpos de primeros amantes. Un estallido de emociones en competencia con el bello entorno cautivó el cielo. Por fin consiguieron que en un acto de amor sin palabras se desvelaran todos sus secretos.

Nogués Bellido Maluz Habían decidido hacerlo en el bosque, que tanta felicidad les había dado en sus paseos a lo largo de treinta años. Allí habían caminado cuando comenzaron su vida en común, disfrutando de la paz del solitario vagabundeo, y habían tenido unos más que felices escarceos amorosos.
Ese bosque había sido testigo silencioso de sus confidencias, también el bálsamo para aliviar sus penas, pues un paseo entre sus frondas, oyendo el viento que agitaba las ramas y el piar de las aves que anidaban en las ramas, siempre aligeraba el corazón de María y José, que lo adoraban.
Desde que comenzaron a vivir juntos, María empezó a escribir un diario reflejando las vicisitudes del día a día, vertiendo en él todos sus sentimientos y pasiones, convirtiéndose al final en una pequeña historia de su familia, y una recopilación de sus intimidades que, ahora, que se acercaba el final de sus días, no les apetecía que cayera en manos extrañas, y tampoco querían destruirlo, había demasiado amor en esas páginas como para que desaparecieran.
Se les ocurrió una solución: ¡qué mejor sitio para guardar su historia, que el bosque, que había sido parte importante de ella!
Así que una mañana muy temprano, recogieron todos los diarios, releyéndolos por última vez, los metieron en una caja, y en el bosque, que sería su fiel guardián, los enterraron, con todo su amor y todos sus secretos.

Eva Maria Alcaide Habían decidido hacerlo en el bosque. Vistiendo cómodas ropas en un amplio espacio entre rocas y enormes árboles de ancho tronco, diez mujeres y dos hombres realizarían una sesión de limpieza emocional. Llevaban para la ocasión: velas, pétalos de flor y un altavoz con música que colocarían en medio del círculo humano. Allá, cada cual se despojaría de todo aquello que les pesaba en su día a día en el alma y en el espíritu. Tras un breve rito inicial, los asuntos de cotidianidad no digeridos comenzaban a volar por el otoñal ambiente, dando lugar minutos más tarde, a materias más puntiagudas. Una tarde de colores, sonidos mezclados con las sintonías de la música, olores y sentimientos a flor de piel. Aquel atardecer, el espacio elegido aguardaría para siempre todos sus secretos.

Climent La Repera PORQUE EL RUIDO DE LA LLUVIA NO MOJA MIS PENSAMIENTOS

Habían decidido hacerlo en el bosque como hubieran podido hacerlo en cualquier otro lugar. Se sentían diferentes, especiales y querían vivir en paz. La soledad del bosque era acogedora y aunque tenían que renunciar a alguna de las comodidades de la modernidad, no les importaba.
Sabían que el bosque es un lugar solitario, tranquilo, pero no deshabitado y que aparte de animales, cazadores, agricultores y domingueros buscando el descanso, otra infinitud de seres poblaban los verdes espacios.
Algo les decía que en algún momento de sus vidas ocurrirían hechos especiales que les transportarían a la primera página de los periódicos y que, si no se complicaban los extraños caminos del destino, iban a ser testigos de grandes acontecimientos y que sus vidas, como un ejemplo a seguir, serían capítulo importante de los libros, de las enciclopedias, de la memoria colectiva de la humanidad.
No exigieron nada a la vida, simplemente la dejaron fluir. Se dedicaron a disfrutar de sus trabajos, de sus sueños, de su mutua compañía, a compartir alegrías (en especial alegrías) en aquella pequeña casa del bosque donde parecía haberse instalado la felicidad.

Agot Pier Habían decidido hacerlo en el bosque. La doncella se arregló los enormes bucles al bajar del caballo. Hammington le ofreció el brazo y se adentraron hasta un claro azul. Extendió su capa ribeteada, sobre la cual, Dalehaas se soltó el lazo. Hammington le quitó las botas y con dificultad desencriptó el enigma de su apretado corpiño. La doncella se mordía las uñas, impaciente e ingenua con la piel lunar radiante, desnuda y cómo testigos, el cielo e Ivana Hammington. Ivana se deshizo de la cota de malla, para luego dejar los menudos y puntiagudos pezones frente al rostro arrebolado de la joven viuda.
—Te he pedido yacer conmigo pues juré que estoy esperando un heredero, lo cual no es cierto, pero puede llegar a serlo…— dijo la hermosa Dalehaas con seriedad—. Me alegro de que seas muda y no hayas podido negarte.
Esa noche Ivana agradeció haber nacido muda: Dalehaas ignoraba dulcemente la manera en que se creaban los herederos. Llevar cota de malla jamás sería suficiente, pero por sus labios temblorosos, debido al estertor de deseo que la sacudía, jamás la teoría de la concepción alumbraría todos sus secretos.
Y un buen día los Siete Enanitos vieron aparecer al Príncipe Azul y supieron que la Historia acababa de abrirles la puerta, a ellos y a Caperucita, a Hansel y Gretel, a Garbancito y a tantos y tantos que guardaron en el bosque todos sus secretos.

Maria Dolores Garrido Goñi Habían decidido hacerlo en el bosque ya que es un Santuario de silencio. El único sonido proviene del rezo monótono de las integrantes y el crepitar de las hierbas rituales quemándose en el caldero, del que surge un humo espeso.
Elena, la Gran Bruja, va a iniciar a Clara en su hermandad formada por doce brujas que, totalmente desnudas, esperan en derredor del círculo central. Clara accede al círculo sagrado e inclina la cabeza arrodillándose ante Elena. Jura fidelidad bebiendo del vaso humeante que ésta le ofrece mientras, con el hierro al rojo, imprime en el homóplato de la neófita la señal que la distingue como bruja; las demás integrantes de la ceremonia, pronuncian una invocación en una arcaica lengua, elevando las manos en una danza ritual. Clara queda consagrada a las divinidades del inframundo suplicándoles que la protejan y colmen de poderes.
La ceremonia ha terminado. Bailan todas rodeando el círculo, iluminadas por el fuego de las velas y la luz de la luna. Luego, risas y un íntimo abrazo comunitario.
Mañana, Clara volverá a su trabajo de diseño gráfico, pero su vida ya no será lo mismo. Nadie sospechará que es una bruja; el bosque guardará todos sus secretos.

Silvia Favaro Habían decidido hacerlo en el bosque; y a la mañana siguiente, no dudaron ni un segundo en emprender el viaje.
Ese cofre tenía que encontrar pronto su destino, un pasado violento y tenebroso, quedaría por siempre, sepultado bajo tierra.
Las fotos, evidencia del pecado, con las cuales la chantajearon hace tiempo atrás, ya estaban custodiadas por ella, pronto vendría la libertad y la capacidad para usarla.
No había querido ser infiel, pero la tentación hurgó hasta sus fibras más íntimas, y aun, sabiendo que su esposo no se lo merecía, no lo pudo evitar y sucumbió.
Sabía con seguridad, que lo que le quedara de vida, lo usaría para hacer feliz a su marido y tratar de serlo ella también.
—Carmen, Carmen, despierta de una vez, ya llegamos, —dijo Pedro, tratando de estacionar el vehículo.
—Sí, disculpa hermano, — adujo Carmen, tapándose la boca al bostezar—. No me di cuenta de la hora.
—Antes de bajar, contesta mi pregunta.
—Dime, Pedro.
—Ese que está en la playita, en actitud pecaminosa con tu vecina, ¿no es tu marido?
Carmen reaccionó de manera impulsiva y lanzada como desde un cohete, se abalanzó hacia los tórtolos, vaciando el cofre y dejando que el viento desparramara las muestras de su infidelidad.
Basta de misterio, ahí volaban todos sus secretos.

Isa Sierra Ramos Habían decidido hacerlo en el bosque. No porque ellas quisieran, sino porque una promesa nunca se rompe. El lugar era hermoso; silencioso, alejado de toda humanidad y ruidos estridentes. Habían escuchado muchas historias de ese sitio, y por fin lo pudieron ver con sus propios ojos. Estaban ellas tres solas rememorando todo lo que su madre les había contado mientras cavaban un hoyo en la tierra. Introdujeron el féretro y la enterreraron. La muerte puede dar paso a una nueva vida, en este caso, ella se iba a convertir en un cerezo e iba a florecer cada primavera. Un lugar mágico, lleno de aventuras, donde se esconden todos sus secretos.


Recordad que, para seleccionar estos textos, desde Portaldelescritor siempre tenemos en cuenta diferentes aspectos: que cumplan el reto, la calidad literaria, la originalidad, la redacción (no aceptamos textos con varias faltas de ortografía) y además siempre intentamos -en la medida de lo posible- incluir participantes diferentes y no repetir muchas veces a los mismos autores.

Un abrazo a todos/as y a seguir escribiendo.