Seleccionados #ViernesCreativo: ERA LA PRIMERA VEZ QUE SALÍA AL EXTERIOR + ZAPATILLAS

Seleccionados #ViernesCreativo: ERA LA PRIMERA VEZ QUE SALÍA AL EXTERIOR + ZAPATILLAS

junio 26 2019   
Escribe un microrrelato (15 líneas máximo de Word) que comience con esta frase:

ERA LA PRIMERA VEZ QUE SALÍA AL EXTERIOR.

Como siempre, el género puede ser cualquiera: misterio, realista, amor, humor, fantasía, ciencia-ficción, terror…

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TEXTO CON MÁS ME GUSTAS

 

Silvia Favaro “Era la primera vez que salía al exterior”; así se titulaba el libro que quería leer hacía mucho tiempo.
Tanto buscarlo y ahora se presentaba ante ella, descaradamente, en el escaparate de aquella vieja librería.
Su amiga Ana le había contado a grandes rasgos la trama y ella sintió extrema necesidad de saber más.
Entró apresuradamente, no vio el escalón y cayó con todo el peso de su cuerpo sobre la estantería abarrotada de ejemplares, que recién terminaba de colocar Francisco, empleado nuevo y viejo amor de Ana.
Amor que Franci nunca correspondió, tan solo porque ignoraba los sentimientos de la agitadora de libros.
—¿Se siente usted bien? —preguntó el muchacho más avergonzado que Ana por lo sucedido—. Creí que se había desmayado.
—Si si, disculpe, fue solo un tropiezo —contestó mirando hacia el piso—. Lo ayudaré a acomodarlos nuevamente.
Trató de incorporarla poniendo la mano en un lugar indebido y volvieron a caer, pero con el peso de ambos sobre la pila de textos en promoción.
Ana compró la obra, quedó maravillada con la historia y la guardó en su biblioteca dándole un lugar destacado.
Nunca se hubiera imaginado, ni por casualidad, como empezaría la relación con su amado librero.
Cada vez que discutían, ella creía que su amor estaba en peligro. Abrazaba a esa hermosa historia con tapas sabiendo que volvería.

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OTROS TEXTOS SELECCIONADOS POR SU CALIDAD U ORIGINALIDAD

Diana García Era la primera vez que salía al exterior tras doce años de encierro. A tierna edad le habían arrebatado su libertad e incluso su identidad para convertirla en una prisionera a servicio de su captor. Se sentía ajena al aire fresco que respiraba y a las penetrantes luces de una ciudad que aparentemente no dormía.
Le faltaba el aliento y sus pies descalzos ardían luego de la carrera que acaba de llevar. No sabía donde estaba, no reconocía nada a su alrededor. Se desmoronó y entre llantos y jadeos gritó su verdadero nombre una y otra vez. Ya no volvería a ser Danna; la amada princesa de su secuestrador. Cayó de rodillas y se llevó las manos al hinchado vientre, era su tercer embarazo con un hombre al que temía y al
mismo tiempo -para su desdicha- agradecía por dejarle seguir con vida a pesar de los abusos, del aislamiento, de todo el horror.
Las luces de un auto que pasó a su lado y el claxon de este la hicieron volver en sí y tras sobresaltarse se levantó sabiendo que aún no estaba segura. La cabeza le punzaba y un mareo la hizo tambalearse al ponerse de pie. Ya tenía 25 años y sin embargo se sintió de nuevo  como una niña anhelante del regazo alentador de su madre.
Escuchó a sus espaldas alguien diciendo su nombre. Un cálido timbre, tan familiar, tan lejano, tan embriagante ¿Su padre? Se giró para hacerle frente a la voz, no era él. Su libertad poco había durado y en su camino a nadie había podido contarle que su nombre era Marie.

Marta Azorin Luque Era la primera vez que salía al exterior y no había retorno. Me encontraba incómodo ahí dentro y me costaba moverme . Decidí estirarme y noté como aquella cosa viscosa se resquebrajaba. Me empecé a agobiar, y luchaba por salir de allí. Empujé varias veces lo más fuerte que pude. Descansaba y me unía otra vez a los espasmos del mundo que en ese momento me rodeaba. No sabía si lo iba a conseguir, aquello era demasiado estrecho. ¿Y dónde iría una vez que pasará ese túnel ? Escuché de lejos unos gritos y reconocí aquella voz honda del que luego me dijeron que tenía que llamar papá…Por fin. Estaba fuera. Pensé “¿Pero qué demonios es esto? ¿Quién me pega? ¡Y ahora me zarandean y me bañan! ¡Mira que me vuelvo!” Me cogieron unos brazos con un olor conocido. “Mmmm tu voz… mmm tu corazón. Sí, aquí sí me quedo”.

Jose M Fernández Era la primera vez que salía al exterior. Desde la Gran Extinción, la radiación cubría el planeta y los pocos supervivientes vivían en antiguos refugios antinucleares. Adam había nacido ya allí y en aquel recinto había permanecido veinte años, vivido dentro del horizonte marcado por los gruesos muros de hormigón.
El ceremonial de la boda implicaba la salida al exterior. Contempló el Sol, brillante en su zénit, los azules del cercano mar, la esponjosidad blanca de las nubes, el verde de la hierba, … todo aparentaba normalidad y vida. ¡Era tan bello! Incluso pensó en quitarse el casco del traje espacial y respirar a pleno pulmón. Eva, más observadora, le tocó el brazo y le dijo que escuchase: el susurro del viento, nada más. Ni pájaros trinando, ni animales terrestres corriendo, ni insectos. Solo silencio.
De repente, Eva gritó despavorida señalando con la mano la linde del bosque. Una bestia enorme, parecida un gorila erguido, aunque con tres brazos, corría hacia ellos. La bestia le dio a Adam un fuerte golpe en el casco y, aturdido, cayó a tierra; los dorados, los azules y los verdes se transformaron en un negro espeso. Adam aún pudo ver como el cristal de su casco se agrietaba. Dejaba a Eva sola…, era el final.

Mercedes García Llano Era la primera vez que salía al exterior. Con un atadillo de rimas y metáforas al hombro se escapó de la página veinte con la esperanza de que nadie notase su ausencia. Hasta que comprobó que los confines de la tierra eran tan peligrosos que su lugar no era otro que aquella estrofa donde alguien iba a buscar cada noche el poema de amor número 20. Dónde alguien esperaba encontrar ese “…pero cuánto me quiso”. Nunca hasta entonces pensó que él, un verso polvoriento con domicilio en una vieja estantería, sería el único confidente de un poeta muerto.

ESCRIBE UNA HISTORIA DE MISTERIO ALREDEDOR DE UNAS ZAPATILLAS QUE CUELGAN ENTRE POSTES DE TELÉFONO.

¿Qué ha podido pasar ahí? En este artículo os dan posibles explicaciones del fenómeno, por si os sirven de inspiración (¡aunque podéis inventároslo completamente!).

 

TEXTO CON MÁS ME GUSTAS

Claudia Montiel La tragedia esperaba por 194 adolescentes el 30 de diciembre del año 2004 .
En un rincón de Buenos Aires en el barrio de once un tumulto de fanáticos ingresaba a Cromañón para ver a Callejeros una banda de rock que estaba en pleno auge.
Una verdadera fiesta para sus seguidores ,pero así en cuestión de segundos todo fue un caos,los jóvenes se agolpaban por salir ,sin puerta de emergencia! mientras las llamas avanzaban sin esperar a nadie. Muchos lograron escapar del momento, pero quedaron atrapados en esa pesadilla por el resto de sus días;más de un centenar de jóvenes se quedaron sin tiempo y el fuego les secó el corazón.
Hoy puedes ver las zapatillas colgadas de esos adolescentes, que ya no tienen camino para andar .

Me gustas: 8

OTROS TEXTOS SELECCIONADOS POR SU CALIDAD U ORIGINALIDAD

Bea Dm ¡Esta vieja bruja y su zapatillining! Te juro que yo no fui. Estaba reventado. Ella no me dejaba tranquilo, ¡que te levantes, arregla tu cuarto!, quien está ágil para fiestas también lo está para trabajar…. Para no oírla, subí la música. No reparé en sus ojos inyectados en vinagre, ni en su gélida expresión de matarife mientras me entraba, sartén en mano, dispuesta a sartenearme. Entonces sonó el móvil y todo fue como a cámara lenta. Le dije que ya estaba bien, que parecía mentira que no me entendiese, como si nunca hubiese sido joven. La juventud te la voy yo a poner en las orejas. Eso mismo, mamá, le repliqué, y cogí el móvil y me puse a hablar con Blas, tan tranquilo. Ella se creció como la espuma de una birra y no paraba de hacer aspavientos con la sartén. Buscó y rebuscó como un ratón enjaulado en los desperdicios de mi cuarto, pero no encontró las zapatillas que yo, conociéndola, hábilmente había ocultado, en su lugar dos pares de tenis, como proyectiles del Rolán Garrós, salieron a sartenazo limpio por la ventana.

Glauka Kivara – ¡Dímelo! –exigía el pequeño Dani a su hermana Sara.
– No, no quiero que tengas pesadillas y me despiertes llorando por las noches.
– ¡Nunca he hecho eso! Venga, ¡ya soy mayor! ¿Por qué no debo acercarme a los lugares dónde cuelgan zapatillas?
– ¡Está bien! Pero si te lo cuento te mantendrás alejado–el niño asintió entusiasmado.
– Sí, ¡lo prometo!
– Cuando los alien necesitan gente para sus experimentos, es allí donde van a por ella. Abducen a la gente por esa zona.
– ¿Y cómo hay gente que va a allí? ¿Es que no lo saben?
– Están tan tristes que quieren que se los lleven. Pero tú no quieres, ¿no?
– ¡No! No quiero, no iré.
– Así me gusta –Sara sonrió con tristeza. No sabía cuanto tiempo protegerían sus cuentos de fantasía a su hermano de la sórdida realidad.

Ana de Haro Aún recordaba, a pesar de los años transcurridos, aquella última noche en la Universidad. Mateo y ella, por las calles, celebrando el fin de curso. Bailando, cantando y haciendo payasadas como esa moda tonta de lanzar las zapatillas (una de cada uno) hasta que quedaban colgadas de los cables de teléfono. Bastante borrachos. Muy enamorados. Demasiado jóvenes.

Ella estudiaba Empresariales; él, Filosofía. A ella le gustaba Taylor Swift, a él Sabina. Ella soñaba con hacer un MBA en Nueva York y trabajar en una gran empresa; él sólo quería comprender la vida. No estaban hechos el uno para el otro, en absoluto. Pero el amor es caprichoso. «Aunque no eterno», se convenció a sí misma el día que decidió irse.

Habían pasado diez años, y ella había cumplido su sueño. Regresaba a aquella ciudad para incorporarse a su nuevo puesto de Directora Financiera en una gran multinacional. Le habían dado uno de los mejores despachos del edificio, con vistas a la avenida. En cuanto la dejaron sola, se acercó a la ventana para contemplar su reino recién conquistado y entonces … allí estaban, frente a ella: roja y negra, las dos zapatillas colgando de aquel cable, descoloridas, envejecidas por los años y la intemperie, pero aún anudadas la una a la otra. Resistiendo. Juntas.

Se quedó allí, atónita, pegada al ventanal. En su despacho de la planta 27 del rascacielos.

Ana María Balestreri Se asoma a diario a la ventana. Eligió la que le ofrece la mejor vista de los zapatos desgastados que cuelgan al aire de ese cordel que los sostiene al poste del teléfono. Acostumbrados a verlos, sus vecinos ya no reparan en ellos. Ella sí. Ella los colgó, sin importarle las interpretaciones varias que se le da a este hecho. Allí están desde que el destino funesto le arrancó a su ser más querido. Es lo primero que atinó a guardar, de ese cuerpo frágil de adolescente que yacía sin vida en el pavimento ardiente de un día de verano. Desde aquel entonces, los observa a diario. Cuando la brisa apenas los roza y se acunan en un balanceo suave y desordenado. Cuando los bríos del vendaval los hace girar con ímpetu entrelazando las cuerdas que los sostienen. Cuando mojados por el aguacero avasallante, chorrean agua. Cuando el rocío nocturno los cubre de gotas brillantes. Cuando el sol los reseca… El movimiento acompasado de su cabeza acompaña el bailoteo permanente de los zapatos. El desgaste, con el paso del tiempo es previsible. Tal vez queden suspendidas del cordel principal, solo hilachas. Tal vez sea el momento de dejar partir definitivamente a esa alma y el duelo concluya


Para seleccionar estos textos, desde Portaldelescritor siempre tenemos en cuenta diferentes aspectos: que cumplan el reto, la calidad literaria, la originalidad, la redacción (no aceptamos textos con varias faltas de ortografía) y además siempre intentamos -en la medida de lo posible- incluir participantes diferentes y no repetir muchas veces a los mismos autores.

Los textos seleccionados serán publicados en un libro a principios del año que viene.