Seleccionados #ViernesCreativo: diálogos y microrrelato de actriz y gato

Seleccionados #ViernesCreativo: diálogos y microrrelato de actriz y gato

diciembre 20 2019   

Recordad que desde nuestra APP gratuita de Portaldelescritor podéis acceder al grupo de Facebook desde vuestro móvil y leer allí mismo el reto, además contar con un generador de personajes e historias, un manual gratis para escritores y  los consejos de escritura del blog de Diana P. Morales.

ESCRIBE EL DIÁLOGO QUE MUESTRE POR QUÉ ESTAS AMIGAS ESTÁN ENFADADAS (5 FRASES DE DIÁLOGO MÁXIMO CADA UNA)

Vamos ya con el #ViernesCreativo, y, en esta ocasión, para practicar DIÁLOGOS.

Por supuesto, podéis incluir algo de narración y acotaciones.
Para ayudaros, podéis echar un vistazo a este artículo mío donde cuento los errores que más me suelo encontrar al escribir diálogos:
Recordad que en los diálogos ¡cada palabra cuenta! (y cada silencio)

 

TEXTO CON MÁS ME GUSTAS

Roberta Parisio —Jolines, ¿se puede saber qué te pasa?
—Qué cursi eres con tus “jolines”, tía.
—No me llames tía, por favor. ¿Y qué debería decir según tú?
—“Joder”, como todo el mundo, como mi papá. Tía.
—Pues, mi mamá no me deja. Dice que no es de niñas buenas. No me llames tía, te he dicho.
—¿Y qué? Además, tía, tu madre es una cursi peor que tú.
—Uf, ¡qué pesada eres! Bueno, ¿no vas a decirme qué te pasa?
—Me pasa que te gustan los colores cursis como tú. Mira que obligarme a ponerme ese vestido rosa para tu boda…
—No entiendes nada, ¡si el rosa es el color de las pelirrojas! Mi mamá lo dice siempre. Ya verás que guapa vas a estar sujetando mi velo. Puedo imaginármelo: mamá y papá llorando, mi prima Encarnita y nuestras compis rojas de envidia y yo del brazo de Justin.
—Ya, pero tu Justin estará más arrugado que una pasa cuando te cases con él. Va a ser un día de mierda. Y yo con el puto vestido rosa…

Me gustas: 5

OTROS TEXTOS SELECCIONADOS POR SU CALIDAD U ORIGINALIDAD

Conchi Gutierrez –No voy a hacerlo, no puedes obligarme –dijo Laura sin dejar de mirar la puerta de la casa.
–Claro que puedo, imbécil, recuerda el vídeo. ¿Quién sale en él? No lloriquees y ábrela.
Su culpa era. Acababa de mudarse y quiso una amiga popular a la que acabó contando algo que no debía. Su padre, cerrajero, le enseñó el uso de la ganzúa, y lo que empezó siendo un juego para hacerse con un examen de literatura terminó con una oleada de robos en el barrio, liderados por Marta, “su amiga”. Un barrio nuevo que le gustaba y que no iba a abandonar por la ambición de esa malcriada ¿Es que iba a ser la gilipollas que cardara la lana de otra con más fama? No, tenía aún quince años pero se comportaría como una adulta.
–Será la última vez –dijo cargando su propia culpa.
–Eso ya lo veremos. Y ahora no te hagas la víctima y ábreme la puerta.
Laura sacó sus herramientas y se tomó un tiempo innecesario para ponerla más nerviosa.
–Lo que no entiendo es por qué has cambiado de dirección. –Marta desconfió a última hora de la ayuda de Laura.
–Era más fácil –dijo al abrir la puerta e invitarla a entrar.
–¿Para qué? –y Marta lo supo en cuanto Laura se echó a reír. La policía estaba dentro.

No seleccionamos más porque prácticamente todos los restantes microrrelatos tenían faltas de ortografía (entre ellas, faltaban muchas veces la “coma del diálogo”). Otros eran muy breves y apenas tenían conflicto, y unos pocos ni siquiera tenían líneas de diálogo, que era la propuesta. 

Aquí podéis ver los fallos más usuales en diálogos: https://dianapmorales.com/2017/12/blog/los-10-errores-mas-comunes-al-escribir-dialogos-con-ejemplos/ 

 

ESCRIBIR UN MICRORRELATO (15 LÍNEAS MÁXIMO DE WORD) EN EL QUE APAREZCAN: UN GATO, UNA ACTRIZ Y UN CORAZÓN.

Por supuesto, hay libertad completa (el gato puede ser de porcelana, el corazón dibujado en un espejo…) ¡a ver qué os inspiran estos elementos! ¡Vamos allá!  

TEXTO CON MÁS ME GUSTAS

Yolanda Salgado Sus piernas ya no le responden como antes, pero cada año sigue recorriendo el mismo camino sin apenas levantar la vista del suelo. Un ramo de rosas blancas, unos vasos de jerez y una silla en la que sentarse para contarle las como le iba. Hubieran hecho tantas cosas de haber vivido en esta época… El guarda la reconoce al instante. «¡Señora DiMarco! Está usted preciosa. ¿Viene a visitarla? ¿Ya es veinte de octubre?» El chico no había nacido cuando su nombre llenaba las carteleras de los principales teatros, y aunque su fama se había apagado hacia ya mucho, siempre la trataba como a alguien importante. Le dedicó una sonrisa y se apoyó agotada en su brazo; aquel camino cada vez se le hacia más largo. Colocó la silla junto a la lápida de su amada, la limpió de hojarasca y sirvió los vasos de jerez. Miró la foto de ambas con Wilde, el gato que apareció en el teatro donde se conocieron y que se convirtió en el hijo que nunca pudieron tener. «No has cambiado nada desde la última vez que vine por aquí», dijo bromeando. «Te he traído tus flores favoritas. Feliz aniversario, cariño», dijo acariciando el colgante en forma de medio corazón que pendía de su cuello; sabía bien que la otra mitad yacía dentro de aquella tumba. Dos almas unidas por el amor prohibido que una sociedad ignorante les impidió vivir hasta que la muerte, algún día, las una para siempre.

Roman Manchado Colocó sus cartones en el suelo como hacía cada noche. Aquel sitio apestaba a podrido, pero ya se había acostumbrado y no le importaba. Estaba justo en la salida de la respiración del metro, y eso quería decir que pasaría la noche con algo menos de frío. Después de casi diecisiete años en la calle estaba acostumbrada a todo: al frío, al calor, a los insultos, a los gritos, a las palizas… Pero a lo que no había llegado nunca a acostumbrarse era al hambre. Ese dolor agudo en el estómago que le recordaba que hoy tampoco había comido, y que no le dejaba dormir tranquila.

Ya nadie se fijaba en ella. Pasaban por su lado como si no existiera. ¿Quién iba a pararse a mirar a una vieja, sucia y harapienta mujer? Recordaba cuando con apenas veinticuatro años salía por la puerta de su camerino después de actuar, y había siempre alguien esperando para felicitarle. Cerraba los ojos y revivía aquellos mágicos momentos cuando el público aplaudía en reconocimiento a su gran actuación.

El ruido de unas pisadas sobre el cartón hizo que saliese de su ensimismamiento y girase la cabeza. Allí estaba Feucho, un gato callejero al que la mala suerte, o mejor dicho, la mala idea de alguien había desfigurado la cara. Venía a por su pequeña ración de comida, como cada noche.

Así que abrió una bolsa, y sacó el último trozo de pan que tenía. Extendió la mano, Feucho cogió su ración y se apartó un poco para comérselo tranquilamente. Ella miraba cómo devoraba el pequeño trozo de pan. Cuando hubo acabado, la miró. Giró la cabeza a un lado, y se fue. Ella seguía mirando fijamente el lugar donde había estado el gato, pero ya no estaba allí. Su corazón no aguantó más. El telón bajó para no volver a subir, y se fue sin recibir los merecidos aplausos a la mejor actuación de su vida: sobrevivir.

Me gustas: 9

 

OTROS TEXTOS SELECCIONADOS POR SU CALIDAD U ORIGINALIDAD

Victoria Elisabet Casi desvanezco al verlo pasar, con esa mirada tan suya siempre llena de misterio, como el que habita en los ojos de un gato. No pude saludarlo. Apenas seguir de largo y sonreirle amablemente,escondiendo en mis labios temblorosos unas ganas locas de abrazarlo y un corazón roto, disimulando todo como la mejor actriz.

Kathy Guerrero Bejarano -Irene, ven acá ¡Por Dios, qué lenta eres!, ¡corre, mujer, que me pones nerviosa! Mira, mira lo que tengo en las manos, una carta, me ha llegado de París. ¡Sí, París! ¡Me voy para Europa! Vitorio Rousseau me ha tomado en cuenta para la obra de Romeo y Julieta. Según Rousseau soy la favorita para interpretar a Julieta Capuleto. Irene, ¿es esto un corazón? lo es, ¿verdad? ¡Oh Dios mío! el señor Vitorio ha dibujado un corazón en la carta que me ha enviado ¿Qué crees qué signifique, Irene?
Con tanta emoción lo había olvidado, necesito que en mi ausencia cuides de Lázaro, es un gato consentido, debes ser atenta y cariñosa con él para que no me extrañe y no se vaya a escapar como la otra vez. Irene, no te quedes ahí de pie, deja el despiste, no pierdas el tiempo, ve a preparar mis maletas.
-Lo siento, señora, hoy no podrá viajar, hay mal tiempo. ¿Qué le parece si regresamos a su habitación y mientras esperamos que mejore el clima me cuenta de sus viajes, y de la época en que usted fue una célebre actriz?
-¿Irene?
-No, señora, no soy Irene, soy Alicia, su enfermera y también su cuidadora. No ponga esa cara, ya me recordará.

Maria Carmen Argüello Alonso Se veía incapaz de salir de la cama. Un día más, al leer en el periódico la cartelera de espectáculos, su corazón se encogía recordando el día del estreno. Volvía a ver al gato cruzando el escenario como una exhalación, haciéndole perder el hilo del diálogo. Tantos años de sacrificios para conseguir un papel de actriz principal y el día del debut había salido a la carrera hacia su camerino por culpa de la mascota de esa “compañera” que ahora la sustituía como protagonista.

Jose M Fernández La diosa Bastet se acababa de reencarnar en el cuerpo de una actriz que aún se hallaba en la mesa del quirófano, con el nuevo corazón trasplantado comenzando a latir.
–¡Qué fastidio, otra vez rencarnada en un cuerpo humano! ¡Yo tengo forma de gato y me tendría que reencarnar en un gato! Este Ra ya chochea un poco –comentó.
Los cirujanos contemplaban satisfechos su obra. Todo iba bien. Trasladaron a la actriz a cuidados intensivos y ellos, ya relajados, se desprendían de la indumentaria quirúrgica en una sala anexa.
–¿Quién ha sido el donante esta vez? –preguntó uno.
–Un asesino múltiple que acaba de ser ejecutado –respondió el jefe.
–¡Joder!, esperemos que la paciente nunca se entere; no le iba a hacer mucha gracia, a pesar de que le ha salvado la vida.
Bastet notaba algo extraño en el nuevo cuerpo, una fuerza oscura. Una sensación, producto de su milenaria experiencia, le decía que Seth, el dios egipcio de la destrucción y del mal, habitaba en ese corazón. Fingimiento y maldad juntos, mal asunto. Intentó huir.
–¿Qué hace ese gato negro en intensivos? –gritó una enfermera.

Glauka Kivara Cada día interpretaba un papel estelar, el de mujer fuerte y sonriente. Cada noche lloraba mientras su gato se acurrucaba a su lado, tratando de regenerar su corazón con ronroneos.

Bea Ar Aquella tarde la balanza terminó de inclinarse. Llevaba todo el día en casa, huyendo del frío que helaba la ciudad, paralizaba el cuerpo y enlentecía aún más los pensamientos. Apenas había comido pero su estómago ni siquiera tenía fuerzas para reclamarle nada. Había pasado gran parte del día tumbada en el sofá, durmiendo a sorbos, con el ruido de la calefacción y el televisor de fondo. Allí no paraban de hablar del divorcio de aquella veterana actriz quien parecía no solo haberse quitado de encima a un marido sino también varios años y no menos kilos. Desde la ventana podía ver pero no escuchar la vida de la calle. La gente paseaba, algunos incluso corrían, cargaban bolsas, mochilas, hijos. Podía ver algunas mesas del bar de la esquina, mirar a los que compartían café y conversación. Le llamó la atención aquel gato pardo que otras veces había visto merodear los balcones del bloque de enfrente y que esa tarde se tambaleaba sobre una tapia casi derruida; a punto de caer al vacío, mirando hacia abajo, sin ver salida ni a un lado ni a otro. Comenzó a escuchar los latidos fuertes de su corazón, como si de un trote de caballos se tratara. Fue la señal. No tenía sentido seguir mucho más. Abrió la ventana, miró hacia abajo con el frío cortándole la cara. Saltó.

Para seleccionar estos textos, desde Portaldelescritor siempre tenemos en cuenta diferentes aspectos: que cumplan el reto, la calidad literaria, la originalidad, la redacción (no aceptamos textos con varias faltas de ortografía) y además siempre intentamos -en la medida de lo posible- incluir participantes diferentes y no repetir muchas veces a los mismos autores.

Los textos seleccionados aparecerán publicados en el libro del grupo a principios del año que viene.