Seleccionados #ViernesCreativo: cita a ciegas

Seleccionados #ViernesCreativo: cita a ciegas

agosto 25 2017   

Escribir un microrrelato (25 líneas máximo) en el que se narre una CITA A CIEGAS. ¡Vamos a VER qué tal salen! 😀

Recordad que desde nuestra APP gratuita de Portaldelescritor podéis acceder al grupo de Facebook desde vuestro móvil y leer allí mismo el reto, además contar con un generador de personajes y  los consejos de escritura del blog de Diana P. Morales

MICRORRELATO CON MÁS ME GUSTAS

Carol Belasco Le costó casi una hora escoger la ropa adecuada, y más aún el mejor perfume, uno que fuera lo suficientemente agradable sin resultar apabullante.
Cada paso hacia el lugar de encuentro le costaba más que el anterior, carcomido por un millar de dudas: «¿Le gustaré lo suficiente?», «¿Conectaremos?», «¿Querrá quedarse conmigo?».
Tropezó un par de veces a pesar de conocer bien el trayecto, y cada golpe de su bastón blanco lo escuchaba al unísono con su corazón.
Por fin dobló la última esquina y escuchó la voz de Marisa, que era la artífice de aquella cita.
Nervioso, extendió su mano y sintió la mano seca y caliente de la mujer sobre la suya, guiándole, y después el pelaje suave y un pequeño gemido alegre hasta sentir su áspera lengua sobre la palma de la mano.
—Creo que le gusto —se atrevió a creer, la respuesta de la cachorra fue contundente:
—¡Guau!.

Me gustas: 26

OTROS TEXTOS SELECCIONADOS

Fairys Aurely 
El nerviosismo se le notaba en la cara, su reflejo se lo confirmaba. Pero se las apañó para controlarlo. A través del cristal vio a su cita. Era alto, tenía la piel curtida y su cabello lleno de algunas pocas canas. Era atractivo. Al menos a sus ojos lo era.
El hombre comprobaba la hora cada dos por tres. Se le veía tan ansioso o más que ella. Esperaba no decepcionarla. Desde que empezaron a hablar por aquel grupo en común, quiso conocerla, saber cómo era en realidad. Y entonces la vio. Era mucho más hermosa de lo que había imaginado. Mientras se acercaba a la mesa, agitaba su cabello largo y castaño.
—Hola. Soy Ana —dijo, con voz cantarina, retorciéndose las manos.
El hombre se levantó y le hizo un gesto con la mano para que se sentara.
—Lo sé. Te he visto en fotos. —Se sentó frente a ella y la miró. Advirtió que se estrujaba las manos—. No estés nerviosa.
—¡Cómo no estarlo! No todos los días ves a tu padre por primera vez.

M.J. Arillo Por fin había convencido a mi marido. Él no era muy amigo de cambios y novedades. Su rutina de trabajo, nuestra vida cotidiana en común y el amor conjunto a nuestra perra Mika le llenaban plenamente. Pero yo necesitaba más y, por contentarme, aceptó mi propuesta, prometiéndole que nada cambiaría entre nosotros. No quise publicarlo a los cuatro vientos, era algo íntimo y así seguiría por el momento. Muchos e-mails, un sinfín de llamadas de teléfono, el nerviosismo habitual en estos casos y la primera cita estaba concretada. Quedamos a las afueras, por lo visto, este tipo de lugares están alejados del centro de la ciudad. Llegó el esperado día. Antes de atravesar el umbral de la casa para salir, mi marido me besó, confirmándome que estaba tan nervioso como yo. Llegamos en treinta y siete minutos, tiempo que dio para comerme un par de uñas y cambiar mil veces el canal de la radio. Mi móvil sonó y mi interlocutor me dijo que ya estaba todo preparado. Mi barriga saltó y apreté la mano de mi esposo. Entramos y nos sentamos en un banco que había en el recibidor. Ahí estábamos, arreglados, perfumados y con sonrisas de cine para la primera impresión. Apareció por la puerta del fondo del pasillo, caminó despacio, se paró frente a nosotros, nos miramos y los tres salimos de la mano de ese orfanato. Desde ese día pude confirmar que existe el amor a primera vista. Felicidad absoluta con la llegada de nuestra niña a casa.

Luis Leonardi Daniela y Carmen eran amigas desde la infancia. Mismo barrio, mismo colegio, mismo instituto y por si fuera poco, misma universidad. Hasta compartían piso. Con sus treinta y cinco años, ambas fracasaron en el amor. Daniela tuvo dos novios que no le duraron mucho y el desánimo le llevó a dudar de todos los hombres en general. Carmen nunca tuvo novio, vivía por y para su trabajo en el hospital. Y no era porque le faltaran candidatos. Cierta vez, Daniela decidió hacer algo por ella, buscó en las redes sociales esas páginas de citas a ciegas y le concertó tres. Sí, tres, para que tuviese opción de elegir. Chicos guapos, profesionales para evitar esos que son, digamos algo brutos y superficiales. ¿Quién mejor que ella conocía los gustos de su amiga? Al principio Carmen dudó, pero la insistencia de Daniela pudo más. Eligió para las citas, una cafetería céntrica. Con dos horas de diferencia una de la otra y ella sentada en una mesa cercana, controlando todo.
Ninguna de las tres citas motivó a Carmen, las excusas de siempre. ¿Por qué?, simplemente porque Carmen tenía ese amor prohibido del que siempre le hablaba y que, aunque se contaran todo, nunca quiso decirle quien era. Daniela sospechaba que podría ser Emilio, su último novio.
—Deberías olvidar esa persona que tanto te perturba, así nunca conseguirás encontrar tu verdadero amor. ¿Me dirás alguna vez quién es? —Carmen la miró con mucho cariño. Pensó un instante y sonrió.
—Eres tú.

Verónica Gallardo Después de comer, César se sentó frente a su computadora. Un par de horas atrás había llenado un formulario en una página de citas, si bien no había mentido, había omitido algunos detalles. Vio que tenía varios comentarios en su perfil. Enseguida pegó onda con una de las chicas y, luego de un rato de chateo, quedaron para otro encuentro virtual al día siguiente. Después de dos semanas de intensas conversaciones hicieron arreglos para encontrarse en el Museo Fotográfico Simik que quedaba en Lacroze y Fraga. Cerca para ambos. Al entrar al café César la vio enseguida, de espaldas a la puerta acomodando el libro con ese señalador tan particular. Se acercó sonriente, confiado, y la saludó. Ella levantó la vista del celular: era su esposa.

Sna Mele Toda la vida me había estado preparando para esta carrera, y mi turno había llegado. La verdad es que pensaba que el planteamiento era un poco machista e, incluso cruel, pero desde el centro de mando nos habían instruido claramente: sólo el más rápido, el más fuerte… en definitiva, el mejor, tendría la posibilidad de disfrutar de la cita a ciegas de su vida. Se trataba de garantizar la calidad de la especie, de modo que el resto de participantes morirían. Eso sí, garantizaban al ganador que la unión sería para toda la vida.
Corrí poniendo en ello toda mi energía. Observé como muchos compañeros quedaban atrás. No dejé que mi afecto por ellos, después de tantos años de convivencia, me afectara. Y… por fin lo vi. Un inmenso y precioso óvulo. Tras un instante de distracción por admirar tal grandiosidad de la naturaleza, di el último sprint antes de entrar y fundirme con él.
Nunca habría podido imaginar aquel éxtasis de sensaciones. ¡Fue maravilloso!

María José Ayala López En la tan esperada carta de ésta semana, Salvador, que así se llamaba su admirador, le pedía una cita a ciegas. Alba no pudo más que sentirse gratamente sorprendida a la vez que asustada.
Desde hacía dos meses, todas las semanas recibía una carta de Salvador. Alguien que por fin entendía que matar a su maltratador había sido necesario. Una decisión difícil que la llevó a aquel frío y árido penal en el que pasaría muchísimos años.
Se pasó toda la noche en vela pensando en cómo sería él físicamente, se preguntó si le gustaría tanto en persona como a través de sus cartas. Lo cierto es que se sentía ya enamorada, y deseaba con ansía esa primera cita, aún con barrotes de por medio. Mientras releía nuevamente la carta le invadió una felicidad inmensa, guardó la carta debajo del colchón y se tumbó. Ahora su vida sí tenía sentido. Ahora nadie podría arrebatarle la libertad que invadía su mente y su alma

Luz Gema Ruiz Catalan No vayáis a pensar que me da pereza describir a mis personajes; es solo que no me apetece cebarme con ellos (soy de esas que, nada más crear a uno, le cojo cariño. Imaginaos si son dos y se terminan casando, como es el caso). En fin, allá va: María es terriblemente fea y Luis, monstruoso (confieso que he respirado hondo antes de escribirlo; pero, también antes confesé lo del cariño que les tengo y todo eso, con lo cual…lo uno por lo otro).
El caso es que María y Luis, el mismo día, a la misma hora y en la misma página web “SI ERES FEO Y BUSCAS PAREJA, ÉSTE ES TU SITIO” inscribieron sus datos para poder tener una cita a ciegas sin remilgos (y cuando digo a ciegas, creedlo… es a ciegas de verdad: prohibidas las luces para evitar posibles caras raras y sensibilidades heridas).
¡¡Bingo!! El sistema, en solo unos segundos, les unió (de aquí sale algo, he pensado mientras construía la trama). Después, lo lógico: María se golpeó con el marco de la puerta y Luis tropezó con la mesa baja antes de que pudieran encontrarse en una zona neutra que no estuviese minada de muebles. Y el resto, ya lo conocéis (bueno, solo lo de la boda, lo demás os lo cuento a continuación). Se conocieron, se vieron hermosos por dentro y prometieron que, en el futuro, siempre harían el amor con la luz encendida (con led, desde luego, que garantizaría más horas de vida a la lámpara de la mesilla de noche).

Amparín Valencia 

–… me la ha organizado una compañera del trabajo ¡me hace ilusión ¿Sabes?
-Pues vaya. Desde luego una cita a ciegas va a ser –. Fátima ríe con sarcasmo– Sois los dos ciegos, anda qué…
-Piensa lo que quieras, Fátima. Pero yo tengo una cita y una ilusión, tú ninguna de las dos. –responde Sabrina decidida y resuelta.
La cita resultó genial, congeniaron desde el primer minuto.

Un año más tarde Fátima los vio paseando por el parque, Sabrina y Edgar iban cogidos de la mano. Mientras tanto ella seguía sola, más amargada que nunca.

Climent La Repera DE COMO EL NO SABER DÓNDE VAS PUEDE LLEVARTE A ALCANZAR TU DESTINO.

-¿De verdad crees que es mejor que me ponga corbata? ¿No pareceré demasiado mayor?
-Papá, de lo que se trata es de que le causes buena impresión.
-¿ Y crees que me reconocerá?
-¡ Pues claro!
-¿ No habrás hecho demasiados retoques con el ” photoshop ” ese? Las arrugas, el pelo, las gafas. . .
-Has quedado guapísimo, papá . Caerá rendida a tus pies.
-Y ella, ¿será como la foto esa que ha puesto en internet, o también se habrá ” retocado “?
-Ya lo verás. Tiene aires de simpática.
-No sabré qué decirle. Desde tu madre. . .
-Lo sé, lo sé. Tú, tranquilo. Verás como una cosa lleva a la otra. . .
-Estoy muy nervioso, hija.¿Por qué tanto empeño? ¿Y si lo dejamos para otra ocasión?
-Nada, nada. Ya lo hemos decidido y no hay marcha atrás. Verás como lo pasas bien . Tampoco hay, de momento, ningún compromiso. Además, ya he llamado a un taxi que te llevará a :LA GAVIOTA “. Ella acudirá allí.
Cuando bajo a la calle me tiemblan las rodillas y comienzo a sudar. El taxi parece que vuela. Llego a mi destino y a la puerta de “LA GAVIOTA ” hay un cartel que dice :”CERRADO POR REFORMAS. DISCULPEN LAS MOLESTIAS ”
Pago al taxista. Volveré andando a casa. Hacía años que no sentía tanto alivio.

Maria Dolores Garrido Goñi Mi hermana no quería verme tan sola. Yo insistía que estaba bien pero ella leía en mí una soledad resignada.
Urdió, con la complicidad de su marido, un encuentro con un amigo de un amigo.
–¡Te va a gustar! Es apuesto, inteligente y con un futuro prometedor.
Resultó un creído prepotente; sólo hablaba de de sus logros académicos y de su magnífico trabajo. Miró con desdén el lugar de nuestra cita y pidió un vino importante, que no tenían, seguramente para impresionarme.
Yo hablé poco. Él no me daba oportunidad y tampoco sabía qué decirle.
El camarero notó mi incomodidad y de vez en cuando, a espaldas de mi cita, me miraba con complicidad.
Cuando nos levantamos para irnos, el camarero se acercó a mí para ayudarme con el abrigo. Solapadamente me deslizó una nota en la mano: “¿Quieres tener una cita conmigo? Prometo que lo pasarás mejor”.
Hoy, cinco años después, todos los miércoles, el camarero y yo, seguimos teniendo una cita en el mismo sitio.
Tenemos dos niños que dejamos con una de las abuelas y celebramos nuestra cita semanal como la primera vez.

Jose M Fernández No era una cita a ciegas exactamente. Aunque se le parecía bastante: Florentino y Lucrecia no se habían visto desde hacía más de treinta años, cuando aún eran jóvenes.
Estuvieron enamorados, pero aquello no cuajó; las diferencias sociales pesaban mucho entonces. Su amor fue sustituido por una honda amistad que, luego, las vicisitudes de la vida fueron enfriando.
Recientemente, y por casualidad, se localizaron en Facebook –que, a veces, sin saberlo, hace funciones de Cupido, o de Celestino, lo que se prefiera–. Y quedaron en verse en un bar que antaño los acogía a menudo. Ninguno de los dos creyó necesario llevar algún elemento que los distinguiera: con el amor antiguo bastaría.
Llegó él primero y buscó su mesa preferida, que estaba ocupada, optando por otra mesa vecina. Pidió un vermut. De vez en vez miraba cuando la puerta se abría. Una de las veces entró una señora mayor, algo gruesa y avejentada, aunque elegante; se sentó en la barra y solicitó un té. Ya no le prestó más atención. Alguna vez ella le miró y vio a un anciano de pelo blanco y ralo, con grandes ojeras y gafas gruesas. Sin reconocerlo. A la media hora, desengañada, decidió marcharse. Él esperó un poco más.

Isidro Moreno Carrascosa Ella era abierta de espíritu y siempre dispuesta para acoplarse a nuevas situaciones.
Él, además de versátil, presentaba un espigado y varonil aspecto. Ambos habían sido premiados con una cita a ciegas en una lujosa fiesta.
Al verse, se presentaron:
—Hola, soy Cristal, Bic Cristal
—Hola, soy Metal, Sacapuntas de Metal.
En ese momento comprendieron su incompatibilidad de caracteres y dieron por concluida su cita.
Avanzada la noche, ambos se volvieron a encontrar. Bic intentaba ligar con una goma de tinta-lápiz una tal Milán. Mientras, Sacapuntas Metal se enrollaba con un apuesto lapicero alemán al que llamaba cariñosamente, Faber-Castell.

 


Recordad que, para seleccionar estos textos, desde Portaldelescritor siempre tenemos en cuenta diferentes aspectos: que cumplan el reto, la calidad literaria, la originalidad, la redacción (no aceptamos textos con varias faltas de ortografía) y además siempre intentamos -en la medida de lo posible- incluir participantes diferentes y no repetir muchas veces a los mismos autores.

Un abrazo a todos/as y a seguir escribiendo.