Seleccionados #ViernesCreativo: carta a un antiguo amor

Seleccionados #ViernesCreativo: carta a un antiguo amor

abril 20 2018   

Y seguimos con otro #ViernesCreativo, este puede dar mucho juego: 
-Escribe una carta a un antiguo amor (puede ser real o completamente inventado 😉 lo que más os guste u os inspire) confesándole algo que él/ella no sabe. 
RETO EXTRA: Para quienes queráis añadir un puntito más de dificultad al reto, os animo a que ambos personajes sean PERSONAJES CONOCIDOS (de la vida real, de la historia, o de alguna historia de ficción).   ¡Vamos a ver qué surge y qué misteriosos secretos se desvelan!!

 

Recordad que desde nuestra APP gratuita de Portaldelescritor podéis acceder al grupo de Facebook desde vuestro móvil y leer allí mismo el reto, además contar con un generador de personajes y  los consejos de escritura del blog de Diana P. Morales.

 

Microrrelato con más me gustas

Maria Dolores Garrido Goñi Querido Carlos:
Me ha costado decidirme a escribirte, pero el sí ha salido al deshojar la margarita.
Tal vez reconozcas mi letra, tal vez me hayas olvidado… Yo a ti, no. Fueron años maravillosos los que pasamos juntos y te amé como nunca he amado a nadie. ¡Me hiciste tan feliz! Fuiste el primero, tanto en amor emocional como en el sexual. Contigo aprendí el placer que da amar y luego… el dolor de la separación. No comprendí que, con el tiempo, te habías ido conociendo hasta darte cuenta de que tu sexualidad no era la tradicional. Sólo comprendía mi dolor. Lloré hasta que el amargor de mis lágrimas quemó mis sentidos y vegeté durante varios años.
Te sigo amando hasta el infinito. Por ese motivo, he hecho terapia psicológica y he estado hospitalizado varios meses. Sólo me ha permitido vivir, la idea de volver a estar contigo.
¿Recuerdas el hombre que te pidió el periódico ayer en la cafetería? Sonreiste tan deliciosamente al ofrecérmelo… Era yo, Carlos. Ahora ya no soy Luisa: Soy Luis y ya me puedes amar.
Te espero esta tarde, cuando salgas del trabajo, en ese mismo lugar.
Lo he hecho por tí, mi amor.
Tuyo/a siempre: Luis/a

 

Me gustas: 27

OTROS MICRORRELATOS SELECCIONADOS

Na Va Mar Querida Eva:

Imagino tu cara de asombro al recibir esta carta. Intentaré ser breve, no más de 15 líneas, algo etéreo me apremia a ello, como si aquello que tengo que decirte tuviera que explosionar. Y, paradojas de la vida, de explosiones quiero hablarte. De explosiones y muerte. Porque tú todavía no lo sabes pero cuando acabe de escribir esta carta voy a morir por culpa de una explosión. No, no frunzas el ceño aún, deja que te explique: ¿recuerdas que nunca te dije “te quiero”? Sí, claro que lo recuerdas, siempre te quejabas de que no te lo decía y luego andabas todo el día de morros. Había una razón para no hacerlo; y no era porque no te quisiera. Con estas palabras me doy cuenta de cuan cobarde fui al no contártelo. Cariño, tengo un problema intestinal, me cago cada vez que digo “te quiero”. Y no es miedo, es literal, me voy por la patilla. De hecho, ya lo he dicho dos veces en esta carta, puedes imaginarte el panorama. Pero ya me da igual, me voy a desquitar por todas las veces que no lo dije. Te quiero. Te quiero mucho. Te quiero más que a mi vida. Te quiero como nunca he querido a otra mujer. Y aunque vaya a morir asfixiado, una y mil veces te quiero.

Tuyo (y muerto de asco)

María Jesús Díez García Jorge: tu acento transformaba tu nombre en un refugio, en el sinónimo de todo lo bueno y lo que merece la pena de este mundo. Atesoro tus recuerdos como reliquias de un pasado mejor, donde todo era nuevo y emocionante y prometedor.
Eras todo lo contrario a mí: valiente, extrovertido, talentoso, divertido… Tenías un sueño y trabajabas para alcanzarlo, mientras que yo solo me quejaba y no hacía nada por cumplir el mío. Te admiraba, quería hacer el amor con tu cerebro (también).
Sé que ya no tendrás mi dado, pero seguro que ignoras que aún conservo el cubo lleno de pétalos de rosa. Y siempre lo guardaré.

David Santana García Querido Mario.
Siempre me resultó complicado hablar contigo. Ya me conoces. Nunca fui muy hábil con las palabras, quizás por mi conocida timidez o por el terrible miedo que tenía a decepcionarte. Eras todo lo que alguien como yo podía soñar y, sin embargo, ahora despierto sin las lágrimas a las que tú me acostumbraste.
Tus frecuentes viajes, tus ausencias, tus peleas. Mis soledades, mis preguntas, mis silencios. Ahora no. Algo ha cambiado y me temo que soy yo.
¿Sabes? Cada vez que volvías a por mí, renacía. Pensaba que quizás por una vez tus promesas serían reales, que estaríamos juntos por siempre. Para siempre. Pero, ¿recuerdas?, encontrabas un nuevo reto donde pasar las horas alejado de mí. Nuevos rumbos, nuevos planetas, viejos hábitos.
Hoy con estas letras necesito confesarte algo. Algo que fuiste incapaz de entender o, si lo hiciste, de admitir. Nunca me obligaron a alejarme de ti ¡Estaba harta!. Harta de tus caprichos, de tus amigos, de tus setas y de tus alucinaciones, harta de tu vida y de tus muertes, harta, harta, harta.
Querido Mario. Espero que entiendas que ya no tienes que liberarme. Ya no necesito esconderme en el siguiente castillo. Al final, he podido volar sola.

Peach.

Carol Belasco Qué desagradable sorpresa encontrarnos así, o encontrarnos, a secas.
Después de tanto tiempo sin tener que soportar tu afán por destacar, tus estúpidas ínfulas intelectuales y tus chistes ridículos, ha resultado realmente desagradable tener que volver a presenciarlos. Después de haberme librado de ellos, ya no poseo la tolerancia de antaño. Escuchando tus fanfarronerías, me avergüenzo profundamente de lo ciega que estuve a tu lado, de lo estúpida que llegué a ser para deslumbrarme por tu labia y tus delirios de grandeza. Pero, a pesar de ello, después de esta tarde, me siento obligada a confesarte que nunca vendí nuestro antiguo coche como te dije, sabiendo lo mucho que lo idolatrabas, le prendí fuego unos días después de nuestra ruptura. Que después de veinte años sigas buscándolo no me sorprende, siempre amaste más a ese coche que a ninguna persona, pero que hayas contratado un detective para averiguar su paradero, es el colmo. Espero que no vuelvas a molestarme con careos estúpidos a los que no voy a asistir.
Posdata: Tengo fotos, si insistes en molestarme te las enviaré. Quedó calcinado, fue realmente hermoso.

Karen Trujillo Fuiste mi primer amor. Gracias a ti pude darle significado a ese concepto tan especial de amar a un hombre. Al principio me hiciste sentir protegida y querida intensamente, el centro de tu mundo. Por mucho tiempo estuviste allí para atraparme si caía, pero pronto me di cuenta de que desaparecías porque la caída resultaba interminable. ¿En qué momento dejé de ser importante para ti? ¿Por qué decidiste alejarte poco a poco de mi? Ahora recibo un texto tuyo cada tres meses, un fragmento de una conversación incómoda y distante que ya no me dice nada de ti. Ya no sé quién eres, pero sobre todo, ya no sé cómo puedo llamarte “Papá”

Erick Majtzul Me culpan y aborrecen por todo el mal todos aquellos que te aman. Pero… ¿Dónde queda mi amor por ti? ¿Lo desechaste junto a mí cuando creaste y me arrojaste al infierno? No necesité que tú dijeras que amaramos a nuestro prójimo; yo te amaba incluso antes de que fueras verbo… Así lo sentí yo. Mi error fue amarte y querer estar a tu lado, junto a tu trono; lo hice por amor y no por vanidad, creí que lo sabías. ¿No eras omnisciente? Mi infierno, más que el fuego eterno… Lo es más porque ya no puedo amar; pues para poder amar, a mi prójimo, antes debo amarme a mí mismo, para así cumplir tu palabra. Y yo… Yo me odio, me odio porque soy todo lo que no amas… ¿Por qué y de quién más podría ser el lloro y el crujir de dientes? He intentado volver tanto como he podido, poseyendo a alguno que otro hombre en la tierra… ¡Pero alguno siempre me reprende en tu nombre! ¿Tanto es tu aborrecimiento hacia mí que les has otorgado poder para interponerse entre tú y yo? Quisiera que olvidaras mi error… ¿Por qué perdonas los pecados más ruines de quienes sólo dicen amarte y no a mí por demostrártelo? ¿Soy acaso el único a quien se le considera el amar como el mayor pecado? Perdóname si no escribo tan bien como lo hicieron tus profetas o los apóstoles. Quisiera firmar esta carta con la esperanza de que llegue a ti, pero quizá la poca esperanza que quedaba se haya consumido ya.

Siempre tuyo: Lucifer.

Jose M Fernández Acabas de morir, mi amado Antinoo, y mi llanto se escucha en todo el campamento. Mojan mis lágrimas este pergamino que ya no podrás leer, aunque tu espíritu sí lo hará. Ruego a Caronte para que te lo permita antes de que te transporte al Hades. Mereces saber lo que tengo que decirte.
Te encontraron muerto en el suelo de tu tienda. Cuando te vi, me arrollidé a tu lado y abracé tu cuerpo, ya frio e inerte, sudoroso aún. ¡Me dolía tanto! No me importaba que viesen llorar a un emperador romano; el orgullo no me servía para nada ¿Podría resucitarte acaso? Aunque te convierta en un dios –y lo haré–, ya no podré sentirme feliz nunca más, porque no te abrazaré, ni te besaré, ni acompañarás mis noches.
Has muerto por mi culpa, porque yo, el emperador Adriano, lo he permitido. Es lo que siempre supe que ocurriría y nunca te dije: sabía que querían eliminarte. Ellos, los que acechan mi trono, no podían permitir que te amara; temían que te otorgase poder, que fueses mi heredero. A pesar de toda mi autoridad no supe protegerte.
Me culpo por no haber renunciado al imperio para estar contigo, por cambiarte por este trono. Ese será mi castigo eterno. ¡En el Hades, cuando nos encontremos, volveré a amarte!
Adriano, emperador de Roma

Carlos Di Urarte Edward, no puedo mantener más el secreto. Todas estas rencillas acerca de Bella son ridículas, y estoy seguro que todos lo saben.
Cada vez me cuesta más encontrar excusas para quitarme la camiseta, pero veo tu mirada cuando lo hago. No tiene sentido negarlo. Mi tribu no lo aceptará, pero tú y yo nos merecemos ser felices.
El recuerdo de las veladas que compartimos en esa tienda, mientras ella dormía, no sirve para apagar el fuego que arde en mí. Ansío tu boca de nuevo, lamer tu pecho lampiño; añoro el resplandor lunar reflejado en tu piel blanca, convertida en purpurina plateada, tan viril como una bola de espejos de los setenta. ¿Acaso eres capaz de decirme que no fue especial? Aquella noche que cambiamos juntos, que tu me chupaste hasta dejarme seco, que yo te mostré mi verdadera forma, a cuatro patas, mientras contemplábamos la serranía de Cuenca.
Esta es la única historia de amor, y no la de esa insípida lechuguina de mirada porreta que te ha dado una hija. Drácula dormía en un ataúd; ¿cuánto tiempo podrás tú hacerlo en un armario? Si algún día sales de él, aquí me tendrás.
Jacob Black.

Lucia Herrero Izquierdo Me dirijo a ti como quien escribe un mensaje, lo mete en una botella, y lo lanza al mar; con escasa esperanza de que llegues a leerlo. Nos conocimos hace muchos años en aquel parque de Castellón, tú, un jardinero que cuidaba las plantas de un edificio cercano; yo, una joven que estaba allí haciendo practicas para aprender a conducir. Te acercarte a mí buscando una relación, coincidimos en muchas cosas, nos sentíamos a gusto juntos; tuviste que irte a tu trabajo donde no te dejaban llevar a nadie, me pediste que te esperase, recuerdo tu expresión de alivio cuando comprobante que yo seguía allí, y ese momento en que nos cogimos las manos y sentimos algo tan especial; pero yo rechacé llegar más lejos ya que tenía una relación, tarde me di cuenta de que esa relación ya estaba muerta. Aunque seguramente tú ya no te acordarás de mí, yo siempre me he preguntado cómo hubiera sido nuestra relación si te hubiese dado una oportunidad.

Concha Montoya Nunca enviaré esta carta,porque he sabido que donde estás ahora no existen buzones ni carteros que puedan entregártela,quiero que sepas algo que nunca pude decirte,aunque ya sea demasiado tarde.
Quiero decirte que no te guardo rencor,que siempre te llevo en mis recuerdos, en los recuerdos apilados en una memoria cada vez más perdida y que a pesar del tiempo cuando cierro los ojos, vuelve a mí aquel verano , siento el sol sobre mis párpados cerrados y tú presencia a mi lado y el sudor de tu mano sujetando la mía, el frescor de tu cuerpo mojado por el mar y tus húmedos besos con sabor a sal y aquellos atardeceres sentados en el malecón viendo esconderse el sol.
Un día acabó el verano ¿recuerdas aquella noche? Estuvimos bailando y luego nos amamos hasta el amaneces, cierro los ojos muy fuerte porque quiero recordar nuestra última canción, no lo consigo pero como te he dicho mi memoria es ya muy frágil, te fuiste al día siguiente, regresaste a tu país y nunca volvimos a saber uno del otro.
Pasaron cuarenta años y un día de verano volví a verte, sujetando mi brazo iba mi hijo, miré tu cara y luego la suya ¡el parecido era asombroso! Pero tú pasaste a nuestro lado sin mirarnos y nosotros dos, seguimos caminando juntos.

Carmen Fernández Rocha Querido Felipe:
Esta tarde me estoy acordando de ti. (No te extrañes, me pasa cada vez que te retrasas en el ingreso de la pensión). Te recuerdo que estamos casi a mediados de mes. Y no me vengas con excusas, no olvides que hemos estado casados y me consta que tienes una fortuna en paraísos fiscales.
Has fecundado mi plebeyo vientre con la semilla de tu real estirpe, y ahora debes pagar por ello.
También te quiero hablar de tus reales hijas, y de la Doña Emérita. Es público, y notorio, que no soportaba que la mala pécora de tu madre estuviera con las niñas, y menos que se hiciera fotos con ellas para quedar ante la plebe como una tierna abuelita. (Espero que las trate mejor que a mí).
Te voy a decir la razón, así lo vas a entender tú y todos los que me han echado de palacio, con sus lenguas viperinas. Ella no se fiaba de mí. Ordenó hacerles un test de paternidad a las niñas ¿No te lo han dicho verdad? Para eso tienes al CNI.
Lo que no sabía nadie, era que yo tenía “una amistad especial” con un guardaespaldas de tu querida y regia madre. Fue él quien cambió los frascos que le confiaron llevar al laboratorio, por otros que contenían saliva tuya. (Esa manía de escupir la sopa disimuladamente en las servilletas te ha jodido, que lo sepas).
Ya no tengo más que decirte. Me despido afectuosamente,
Leti
P.D. A partir de ahora no te olvides de ingresar el primer día del mes.

Alberto Postacchini Querido John:
No tengo nada que recriminarte, no puedo hacerlo. Ni vos ni yo tuvimos la posibilidad de no enamorarnos. No me preguntes porque. . ¿Qué te vi? …No lo sé. Lo que sentí con tu primera mirada, fue indescriptible. Mariposas, colores, campanadas, todo eso junto; tú presencia, varonil, pero sobre todo despedías ese aroma que da el poder; “míster president” te dije y todo mi ser se estremeció.
Tendría que contarte que mientras me inyectaba las drogas que sabían terminaría con mi sufrimiento de no tenerte, recordaba esos momentos en que sentí cada nervio atento a tu presencia, a tus caricias, y al clavar el agua, tu ausencia, la constante necesidad de tus ojos y de tu piel.
Descanso en paz; tu muerte, violenta, un año después de la mía, alejada de toda posibilidad de amor, marcada por el odio al trabajo que realizabas, vino a traerte hasta mí. ¿Qué más puedo pedir? Creo que no fue la violencia del asesino sino la necesidad que tenía de poderte volver a ver, tocar, mirar y a cantarte: “míster president” en este cielo de amantes perpetuos.

Karina Castillo Peinado Muy amada Aldonza:
Le escribo desde ese lugar de La Mancha que solo vuestra merced y yo recordamos. No ha mucho tiempo que murió don Alonso Quijano pero no tengo voluntad de dilatar más la espera de tener noticias de la continuidad de sus sentimientos hacia este humilde servidor. Mas debo facerle una confesión: no fueron los libros de cabellerías los que dañáronle el seso a Don Quijote. Las visiones que tenía provocóselas unas setas traídas de territorios de ultramar que furtivamente yo mismo mezclaba en los gazpachos. Y no eran de cardo… ¡0h, mi fermosa dama! ¿Podrá perdonármelo? ¡Mis razones no eran otras que las de apartar a mi gran rival por su amor!
No hay mayor verdad que mi anhelo de topar con la Iglesia, pero agora de su mano hasta el altar y facerla mi esposa. Por lo que más quiera, no demore en su respuesta. No me deje bebiendo cerveza, solitario, de taberna en taberna.
Siempre suyo.
Sancho Panza

Teresa Lluqueta Hablábamos de amor al atardecer, cuando los lirios se encogían y las pasiones se desataban. Nos mirábamos tan de cerca, como si nunca antes lo hubiéramos hecho; así acercábamos nuestros pensamientos y nuestras dudas se desvanecían.
Cuando la vaporosa humedad del rio cercano impregnaba nuestros cuerpos, nos abrazábamos, en busca de un calor que nos hiciera viajar en nuestro particular universo de sublimación y calma.
Nada hacía sospechar que en una mañana de infortunio, nuestro amor se tuviera que disipar, y en silencio, te abandoné. Me fui hacia un calvario extremo, del cual nunca pude escapar, pero no me arrepiento, sé que era lo mejor para los dos.
En el momento que recibas esta carta, yo ya habré muerto. Pero no entristezcas, piensa que lo preferí de este modo, antes de que vieras como la ELA había dejado postrado mi cuerpo.
PD. Ahora ya soy libre y las gotículas de humedad del río cobijan mi alma con tu sentir hacia mí.

Mercedes García Llano Querida desconocida:
Espero que la noche me exima de este atrevimiento sobre el que tanto he dudado. No se si volveré a verte y si hay algo que no podré perdonarme es alejarme sin que sepas a qué saben mis palabras, como se oyen mis silencios, cómo escribe un prisionero de tus ojos. Porque aunque no te lo imaginas yo los he oído reir, pisar lagrimas, parpadear deseos, perderse en dioptrias de desengaños, navegar entre naufragios y arribar a tierras conquistadas. Y que por ello se me seca la boca cuando me miras y mi lenguaje queda tan árido que se agrietan los versos. Que he de hacer como aquel cartero de Neruda, y esconderme tras misivas de adolescente.
Solo quería advertirte que tengas cuidado con tus ojos. Que matan palabras,que incendian ilusiones, que crean noches sin final. Y que te los he robado sin que tú los eches de menos para poder hablarte en sueños de papel y poder prometerte siquiera mi nombre.

-Alguien ha dejado esto para tí.
-¿Quien ha sido? No tiene remite. ¿Es un habitual?
-No me ha dicho su nombre. Y sí lo he visto por aquí varias veces.

La vi extraviar sus ojos en la carta. Bajar su mirada dentro de su copa, otear una u otra vez la despedida, buscar entre los clientes…

-Me he quedado sin palabras -dijo
-Bueno, dicen que el cartero siempre llama dos veces.
Entonces ella me guiñó uno de sus ojos y me dió las gracias.
Me gustan sus ojos cuando uno se ilusiona y el otro se humedece. Ella no supo que decir y eso…eso me hace escribirle noche tras noche, otra vez.

Jennifer Girol A ti John:
Esperaba estar muy lejos antes de que leyeras esta carta. Nunca encontré un momento apropiado para decirte lo que voy a decirte ahora. Era demasiado difícil. Ahora sí puedo hacerlo. Ahora tengo la seguridad que me da el estar lejos de ti. Ahora que ya no puedo verte enfadado, que no te oigo gritar, que no veo tus manos golpeando la mesa ni rompiendo cosas contra el suelo o contra mi.
Siempre te he profesado mi amor, he estado a tu lado en todos tus momentos olvidándome de los míos y de mi propia vida porque toda nuestra vida siempre eras tú. Te he apoyado en todos tus planes frustrados, te he aceptado todas tus ausencias, he disculpado tu carácter y he justificado, incluso, que me tomaras a la fuerza en tus noches de venganza contra tu propia existencia.
Ahora, que estoy lejos de ti, me encuentro con la fuerza para decirte que ya no te quiero más, que no voy a volver, que nunca más sabrás de mí. Ahora voy a mirar por mí misma porque me he dado cuenta que yo soy más importante que tú. Voy a vivir mi propia vida, una vida en la que tú no estás porque ya no existes, porque ya no te amo.


Para seleccionar estos textos, desde Portaldelescritor siempre tenemos en cuenta diferentes aspectos: que cumplan el reto, la calidad literaria, la originalidad, la redacción (no aceptamos textos con varias faltas de ortografía) y además siempre intentamos -en la medida de lo posible- incluir participantes diferentes y no repetir muchas veces a los mismos autores.