Seleccionados #ViernesCreativo: bailarina + amor en tiempos remotos

junio 14 2019   
>> Escribe un microrrelato en el que aparezcan una BAILARINA y un MISTERIOSO MENSAJE. (La bailarina puede recibirlo, escribirlo, o no tener nada que ver!).
Vamos a ver qué surge con esta premisa.

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TEXTO CON M√ĀS ME¬†GUSTAS

Carlos Di Urarte¬†La nereida danzaba al vaiv√©n de la marejada, bajo la luna creciente. La espuma de las olas por vestido, sin m√°s audiencia que las estrellas mudas. Giraba al comp√°s del firmamento y por √ļnico compa√Īero ten√≠a el suspiro hondo del viento. Bailaba para √©l, que dorm√≠a en las profundidades, para arrullarlo como tantas otras hicieron, desde el inicio del tiempo. Bailaba para s√≠ misma, entre l√°grimas, porque sab√≠a que no podr√≠a dejar de bailar, hasta que su cuerpo se deshiciera en telara√Īas de resaca y sus cabellos fueran algas en la arena. Tal era su sacrificio. Bailar, por los extra√Īos eones, para que aquel que no esta muerto siguiese durmiendo.

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OTROS TEXTOS SELECCIONADOS POR SU CALIDAD U ORIGINALIDAD

Kathy Guerrero Bejarano¬†Maya llevaba un cuarto de hora sentada frente al tocador pregunt√°ndose si el espejo estaba turbio por tanto uso o por falta de aseo. La c√≥moda no solo ten√≠a esa imperfecci√≥n, de las quince bombillas que la rodeaban le encend√≠an seis y eran de baja intensidad. Un biiip hizo reaccionar a Maya, dej√≥ de mirar el espejo y dirigi√≥ la vista al m√≥vil. Sin af√°n estir√≥ un brazo hasta alcanzarlo: “Estoy orgulloso de ti”. En el camerino colgaba un farol de suave luz que no ayudaba mucho, Maya tendr√≠a que desafiar su presbicia en aquella casi oscuridad. De un neceser sac√≥ los polvos para la cara, un r√≠mel y un labial rosa. Se empolv√≥ la cara hasta esconder las imperfecciones, se pas√≥ dos veces la m√°scara de pesta√Īas y con un l√°piz negro revivi√≥ sus cejas casi inexistentes. Le dio color a los p√≥mulos y a los labios. Se enroll√≥ el cabello y lo sujet√≥ con horquillas. Camin√≥ hasta el sof√° donde descansaba un elegante vestido negro con su ligero de encaje y un par de zapatos negro brillante y de tac√≥n fino. El biiip la distrajo de nuevo, otra vez un mensaje an√≥nimo: “Ser√°s la bailarina de tango m√°s hermosa de la noche”. Maya estaba lista, se sonroj√≥ al mirarse la enorme abertura de su vestido. Toda una vida so√Ī√≥ con aquel momento y al fin hab√≠a llegado. El teatro estaba a reventar. Se lament√≥ que sus padres no estuvieran vivos para que pudieran verla y se quej√≥ de la vida que no le dio hijos que la elogiaran. Una voz en el pasadizo advirti√≥ que en diez minutos saldr√≠an a escena. Se pregunt√≥ si sus compa√Īeros de la residencia de ancianos estar√≠an tan nerviosos como ella. Al abrir la puerta del camerino se sorprendi√≥ al ver a Ram√≥n frente a ella. Su compa√Īero de la residencia llevaba en una mano un ramo de rosas y en la otra sosten√≠a un celular.

Estela Lled√≥ Grima¬†Gala miraba la calle, a trav√©s del cristal, abarrotada por el trasiego de las compras navide√Īas. A pesar del desfile de gente, cargada con bolsas, rara vez se paraban ante su escaparate o llegaban a entrar en la tienda. A√Īo tras a√Īo, permanec√≠a all√≠, inm√≥vil, sobre su pedestal redondo grabado con las palabras: “…Ļ…źlńĪ…źq «Ěp s«Ě…ĺ«Ěp …ź…Ēunu”.
Sab√≠a que ese mensaje no era para ella, no s√≥lo porque deb√≠a leerse desde el otro lado, sino porque nunca fue capaz de cumplirlo. ¬ŅSegu√≠a siendo una bailarina? Era una mu√Īeca privada de la danza que desconoc√≠a su propia melod√≠a, olvidada en aquella vieja tienda de antig√ľedades. El polvo se acumulaba y oscurec√≠a el cristal a medida que transcurr√≠an los a√Īos y el tiempo se deten√≠a a su alrededor.
Para sorpresa de Gala el d√≠a de Navidad, de repente, entraba y sal√≠a gente sin parar de forma apresurada. El viejo propietario pas√≥ junto a ella por √ļltima vez, en camilla y tapado con una s√°bana. Una semana despu√©s, una ni√Īa con los mismos ojos azules del anciano, pidi√≥ a su madre llevarse a Gala. Cuando le dio cuerda a la caja, su cuerpo finalmente bail√≥ al son de la melod√≠a m√°s ansiada por su coraz√≥n.

Glauka Kivara¬†Desde que cumpli√≥ los diez a√Īos, Patricia bailaba cada anochecer en el patio de su casa. Cada crep√ļsculo una coreograf√≠a distinta, que ejecutaba de manera elegante y precisa sin ninguna m√ļsica que la acompa√Īase. Los ni√Īos del barrio se acostumbraron a¬†espiarla desde el seto, con m√°s curiosidad que burla, tratando de entender sus bailes. Nunca supieron que esos movimientos eran la forma en la que Patricia enviaba informaci√≥n sobre los humanos a los suyos, entre las estrellas.

Mimi Marmor¬†Todas las noches so√Īaba con una hermosa ni√Īa danzando en un desierto.
Cuando se detenía de su perfecta sincronía para hablarme, me despertaba angustiada, con una enorme amargura oprimiendo mi pecho.
Se repiti√≥ el sue√Īo, y la danzarina logr√≥ decirme, con una sonrisa cansada:
-S√≠. Yo soy t√ļ, de peque√Īa.
No tienes la culpa del accidente, ni de tu par√°lisis. Pero eres responsable de salir adelante, aceptar la realidad y dejar que la tristeza fluya hasta agotarse.
Lib√©rame de tus sue√Īos: soy pasado. Debes aprender a disfrutar tu presente y construir tu futuro. Ya no quiero bailar eternamente en el desierto…
Despert√©, conmocionada, de la breve siesta en mi silla de ruedas, anegados los ojos de l√°grimas, pero con una sensaci√≥n de alivio y perd√≥n infinitos…

 

VIERNES CREATIVO: UNA HISTORIA DE AMOR EN UN PASADO MUY REMOTO

>> os proponemos escribir una HISTORIA DE AMOR situada en un PASADO MUY REMOTO, antes del imperio romano. Prehistoria, fenicios, antigua Grecia o antiguo Egipto, China… Hay donde elegir. Adem√°s, puede ser cualquier tipo de amor, aceptado entonces o no (que puede ser m√°s interesante).

TEXTO CON M√ĀS ME¬†GUSTAS

Jose M Fernández Alcides cayó en la esclavitud por deudas ya a una edad madura. Era valioso, pues sabía leer y escribir latín y griego, así que un rico mercader romano, Marco, lo compró como preceptor para sus hijos. Poco a poco fue ganándose el favor de la familia, especialmente de Julia, la esposa de Marco. Ella valoraba su sabiduría, sus silencios respetuosos, sus discretos halagos…
Gracias a √©l pudo comprender los poemas de Ovidio, ver m√°s all√° del mar siguiendo a Ulises, aprendi√≥ a descubrirse a s√≠ misma. √Čl vivi√≥ en su carne aquella palabra que tantas veces hab√≠a le√≠do y que nunca hab√≠a logrado sentir: amor. Y con el amor lleg√≥ la fuerza para soportar la vida.
Un caluroso d√≠a, despu√©s de muchos a√Īos, Julia se extra√Ī√≥ de no ver a Alcides por la casa. Corri√≥ a buscar a su marido, lo hall√≥ ensimismado en sus cuentas
‚Äď¬ŅD√≥nde est√° Alcides?
‚ÄďLo he vendido. Ya no nos hac√≠a falta, los ni√Īos son mayores y no podemos derrochar.
‚ÄďPero yo le‚Ķ A m√≠ tambi√©n me‚Ķ ‚Äďfarfull√≥ al borde del sollozo.
Salió de la sala dejando tras de sí un reguero de inconsolable amargura que ya nunca la abandonaría.

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OTROS TEXTOS SELECCIONADOS POR SU CALIDAD U ORIGINALIDAD

Yolanda Salgado¬†Hace mucho tiempo, cuando en las tormentas a√ļn se escuchaba golpear al martillo de Thor, hubo una mujer que languidec√≠a anhelando ver regresar la nave de su esposo. Tanto era as√≠, que su silueta mecida por el viento formaba ya parte del paisaje. Le rogaron que aceptase que era una baja m√°s de las tantas con las que aquel clima les castigaba, pero su amor alimentaba una esperanza que la iba devorando poco a poco. Freyja y Ran, las diosas del amor y el mar, se conmovieron tanto con el dolor que su llanto elevaba hasta Asgard que le concedieron su deseo; un susurro en la brisa le dijo que si saltaba desde aquel acantilado volver√≠an a encontrarse. No lo dud√≥ y tan pronto su cuerpo toc√≥ el mar, se transform√≥ en el agua salada de las mil l√°grimas que hab√≠a derramado. Recorri√≥ los oc√©anos buscando a su amado convertida en una corriente a veces furiosa y r√°pida, a veces tranquila y c√°lida‚Ķ hasta que encontr√≥ el barco hundido donde a√ļn moraba el esp√≠ritu de su amado. Se abrazaron con tal fuerza que formaron una enorme columna de agua que les elev√≥ hasta el cielo en una explosi√≥n de amor que Freyja quiso hacer eterno, convirti√©ndoles en estrellas para que iluminasen el camino de los marinos que vuelven al hogar. Cre√≥ tambi√©n los geiseres, para que imitasen aquel abrazo infinito y recordaran as√≠ a los mortales que el amor verdadero existe.

Bea Dm¬†Tarde de cobre en Chichicak. La tierra ard√≠a bajo la lava. Tuiti se hab√≠a despertado con una furia que dejaba en evidencia la soledad de milenios en silencio. No repar√≥ en Face, la diosa del agua que discurr√≠a entre bosques con el goteo de la m√ļsica entre las rocas, as√≠ que trat√≥ de atravesarla, s√≥lo por casualidad y aburrimiento. Al tocarla ella se disolvi√≥ como una luna menguante y evaporada. √Čl ya no pod√≠a hacer otra cosa m√°s que a√Īorarla. Desde su coraz√≥n salvaje le suplic√≥ su compa√Ī√≠a, pero Face ya era nube.

Luciana Elsa Bonzo Suárez El discípulo lo visitó en el calabozo. Ante la mirada burlona de los carceleros, el joven lloraba y le suplicaba a su maestro que optara por el destierro.
‚ÄĒPodr√°s vivir.
‚ÄĒCon la verg√ľenza. No, de ninguna manera.
‚ÄĒVivir√≠amos juntos. Lejos de todos, donde nadie nos reconozca.
‚ÄĒLa vida de un paria no es vida. Te amo. Recu√©rdame.
Los guardias los separaron.
“¬°Cicuta!” reverber√≥ la petici√≥n del condenado.

Alicia Gavil√°n¬†Ella no me mir√≥. No pod√≠a. Los amigos de los amos tienen derechos pero los esclavos, no. Sirvi√≥ el vino en mi copa y se fue. Desde ese d√≠a, sus ojos profundos son mis captores. Quisiera que ella me eligiese tambi√©n, pero es imposible que su coraz√≥n sea libre cuando las cadenas marcan surcos en sus mu√Īecas. Nunca sabr√≠a si me ama a m√≠ o su libertad.


Para seleccionar estos textos, desde Portaldelescritor siempre tenemos en cuenta diferentes aspectos: que cumplan el reto, la calidad literaria, la originalidad, la redacción (no aceptamos textos con varias faltas de ortografía) y además siempre intentamos -en la medida de lo posible- incluir participantes diferentes y no repetir muchas veces a los mismos autores.

Los textos seleccionados ser√°n publicados en un libro a principios del a√Īo que viene.