Seleccionados #ViernesCreativo: Algo cae del cielo

Seleccionados #ViernesCreativo: Algo cae del cielo

agosto 03 2018   

>> En 15 líneas máximo, cuéntanos cómo, en medio de una celebración de amigos ALGO CAE DEL CIELO y a partir de ahí todo cambia.
¡¡Hay muchísimas posibilidades!! ¿Qué puede ser eso que cae del cielo, un pájaro, un avión, un meteoro… ? La historia puede ser fantástica, realista, ciencia-ficción, misterio… ¡Como queráis! 

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TEXTO CON MÁS ME GUSTAS

Glauka Kivara – ¿Es un pájaro? –trató de bromear Gema, señalando un objeto que caía en picado, pero ninguno de sus amigos secundó la broma,
– ¡Cuidado! –gritó Melisa, y corrieron a esconderse en la casa.
Desde el ventanal vieron como algo impactaba contra su barbacoa, haciéndola estallar en pedazos de metal y carbón al rojo. Algo correteó envuelto en llamas entre las sillas antes desplomarse.
– ¿Qué? –balbuceó Gema mientras se precipitaban a ver lo ocurrido.
Los trozos de metal abollado eran más de los que habían compuesto la barbacoa.
– Mirad esto –dijo Daniel, señalando un pequeño ser, parecido a un sapo pero con las patas más largas. Lo rodearon.
– No puede ser –Melisa se llevó las manos a la boca– Un alien…¿está muerto?
– Eso parece –corroboró Gema, tocándolo con la punta de la sandalia. No se movió.
– ¿Qué hacemos? ¿Llamamos al FBI? –preguntó Daniel.
– No hay FBI en Mairena, Dani –respondió Melisa– no estamos en una película americana.
– ¡Pues a la policía! ¡Algo tendremos que hacer!
Carlitos se precipitó hacia la criatura y antes de que los demás pudieran reaccionar, se la llevó a la boca.
– Sabe a pollo –declaró.
Así acabó el dilema.

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OTROS 5 TEXTOS SELECCIONADOS POR SU CALIDAD U ORIGINALIDAD

Maria Jose Bravo Moñino En su sexagésimo segundo cumpleaños, mi abuelo Arturo cumplió uno de sus sueños: volar.

Alrededor de dieciocho personas fuimos testigos del descenso en paracaídas mientras teníamos el corazón en un puño.

En el momento en el que aterrizaron en el prado y nos reunimos con él, me guiñó el ojo izquierdo: ése era nuestro código para contarnos algún secreto.

— Isaías, ¡tu abuela me rifa cuando se dé cuenta que perdí la prótesis!.

No pudimos evitar reírnos como dementes al mostrarme que a su sonrisa le faltaban dientes.

Maria Dolores Garrido Goñi Los niños cantaron durante el viaje alegres canciones propias de una excursión y la algarabía no acabó hasta llegar al destino: Un pequeño y pintoresco pueblo de montaña.
Acamparon a las afueras, a orillas de un pequeño arroyo de aguas cristalinas flanqueado por una bonita vegetación y frondosos árboles.
Los niños, corretearon y jugaron hasta ser llamados para comer cuando de pronto, grandes y oscuras nubes aparecieron en el cielo.
—Menuda la que va a caer, ¡niños, rápido, al autobús! —gritó un profesor.
Al momento, gruesas gotas de lluvia comenzaron a caer y los profesores ayudaron a recoger las mochilas a los niños: prisas, cruces de personas y risas, formaron un caos que resultaba divertido, hasta que un chillido agudo, como de pánico, procedente de una de las niñas, los alertó.
—¡Bichos! ¡Caen bichos! —dijo haciendo aspavientos con los brazos.
—¡Son ranas! —dijo uno de los niños— Son ranitas pequeñas.
Efectivamente, llovían pequeñas ranas verdes, inofensivas que, una vez tocaban suelo, saltaban sin control.
La excursión acabó con una experiencia digna de ser contada; no todos los días puede verse una lluvia de ranas.

Laura Martinez Algo cayó del cielo. Todo el mundo miró. Eran mis alas, me había acercado demasiado al sol.

Sonia Mepu Aquella noche se colaron en el patio del instituto. Alexia había conseguido hacer una copia de la llave. Habían finalizado el Bachillerato y lo querían celebrar a su manera. Algunos se conocían desde muy pequeños y ahora se abría un periodo incierto. Unos estudiarían en la Universidad (se había sabido siempre quienes). Otros harían ciclos formativos superiores, porque aunque habían seguido estudiando hasta ese momento, había sido por presión de sus familias y no tenían puntos suficientes, ni ganas, y preferían hacer algo menos exigente y más práctico. Carmen se lo dejaba y se iba a poner a trabajar en la tienda de su madre, era la que más fácil lo tenía para seguir viendo a todos sus compañeros y compañeras.
Empezaron a sacar el contenido de los carros de la compra, mochilas, bolsas, hasta una maleta con ruedas que había traído Jaime: ¡Venga libros de física y química, literatura, inglés, matemáticas, tecnología, geografía e historia, lengua; trabajos y proyectos varios…! En diez minutos habían amontonado cientos de horas de trabajo. Abrieron las neveras y extrajeron las bebidas y, rodeando la pila de libros la convirtieron en pira, mientras entonaban el: “Llegó el triste momento de la separación…”
Cuando empezaron a notarse los efectos del alcohol, vieron algo que se precipitaba hacia ellos. Víctor dijo que era producto de la caída de las cenizas de la hoguera, pero no todos lo tenían tan claro. Cuando quisieron darse cuenta ya tenían el agua encima. Habían llegado los bomberos, alertados por los vecinos, que desplegando la escalera por encima del muro del instituto, empezaron a rociarlos con la manguera desde varios metros de altura.

–¡Se acabó la fiesta! –dijo una policía que había entrado en el recinto, sin poder ocultar su risa. –Y no os detenemos porque no deja de ser una chiquillada. Pero andar con ojo, que os tenemos ya calados.

Verónika Lorite Una carta exclusiva y un pasaje de avión a la nada fueron suficiente para despertar su curiosidad. No llevaba bien su retirada obligatoria del ejército, un hecho que no sorprendió a nadie y menos a él, su ansiedad lo había llevado a agredir sin sentido a cinco personas en tres meses y lo habían obligado a asistir a terapia. Odiaba su vida, ahora monótona e insípida… echaba de menos las situaciones de peligro, el danzar de las balas, y no le había dado pena admitirlo abiertamente a su terapeuta, quien aconsejó fervientemente medicarlo. Nunca lo consintió.

Hacía diez horas que había salido del país en un avión privado, recogido y trasladado de un lugar a otro sin otro comunicado desde la invitación y todo ese misterio era suficiente para revivir esa pequeña llama en su corazón. Sea lo que sea este lugar, sería bueno. Al llegar no esperaba un coctel de bienvenida al aire libre, ni tanta gente alrededor: hablando, comiendo, incluso riendo… algunos portaban ropas formales, otros, como él, tan solo pantalones cargo, camiseta oscura, botas de montaña y una mirada expectante en sus caras.

De pronto la música cesó y una moneda surcó el aire, tintineando al caer sobre una placa metálica colocada en el centro de la recepción, seguido del pitido inconfundible de un altavoz:

“Señoras y señores, sean bienvenidos a mi fiesta. Si miran a derecha e izquierda verán veinticinco mochilas, todas equipadas igual, lamento decirles que cinco de ustedes quedaran sin una. En el centro ha caído una moneda. Cada uno de ustedes deberá tomarla y lanzarla. Cara para el cazador. Cruz para la presa. Les aconsejo premura y les desearía suerte, pero la suerte no va tener cabida esta noche…”

Mientras un gran murmullo se extendía, al menos diez de ellos corrieron para alcanzar una mochila, él incluido, con una sonrisa depredadora en su rostro, su corazón bombeante y todos sus sentidos alerta… no le importaba ser cazador o presa, él pretendía matar a todos sin importarle nada más que sentir el calor de su sangre filtrándose por su piel… El juego estaba encendido, tomó la moneda y grito extasiado: ¡CARA!

 


Para seleccionar estos textos, desde Portaldelescritor siempre tenemos en cuenta diferentes aspectos: que cumplan el reto, la calidad literaria, la originalidad, la redacción (no aceptamos textos con varias faltas de ortografía) y además siempre intentamos -en la medida de lo posible- incluir participantes diferentes y no repetir muchas veces a los mismos autores.