Seleccionados #ViernesCreativo: tres personas viajan por una carretera interminable

Seleccionados #ViernesCreativo: tres personas viajan por una carretera interminable

diciembre 08 2017   

Vamos ya con nuestro #ViernesCreativo. Os proponemos para esta semana escribir una historia (15 líneas de Word máximo, como siempre), que SUCEDA DENTRO DE UN COCHE, en el que VIAJAN TRES PERSONAS, a lo largo de UNA CARRETERA que parece interminable.
¿Quiénes son esas personas? ¿Adónde van? ¿Qué hay en esa carretera y por qué no terminan de llegar a su destino? ¡A inventar! 

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MICRORRELATO CON MÁS ME GUSTAS

Glauka Kivara Mi hermana conduce, yo soy su copiloto. Javi va en mi regazo, dormido. Perla maúlla en su transportín, a mis pies. Laura llora bajo las gafas de sol, veo sus lágrimas silenciosas deslizarse por sus mejillas. A mí también me gustaría llorar, pero no puedo, me siento vacío.¿Cómo puede cambiar tanto la vida en un minuto? El coche surca la carretera desierta, flanqueada de polvo gris.
Esta mañana era nuestro sueño: irnos adonde nos apeteciera, a algún festival y no a la casa de nuestros abuelos.
¿Cómo puede acabar tanta vida en un minuto? Los mayores llevaban días hablando de ello, bromeando sobre el poder de destrucción cada vez mayor de los locos que nos gobernaban.
–Laura –soy capaz de decir sin que me tiemble la voz– ¿Adónde vamos?
A las diez desayunamos con nuestra familia. A las once nos metimos a jugar en el bunker del abuelo. A los pocos minutos, sentimos un pequeño temblor. Al salir, todos estaban muertos. Nuestros padres y abuelos, convertidos en fino polvo gris. El jardín: polvo gris. Los vecinos, sus mascotas, los árboles: polvo gris.
– Conduciremos hasta que haya vida –me responde, y esboza una sonrisa cruel, sarcástica–, o hasta que se agote la gasolina.

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OTROS MICRORRELATOS SELECCIONADOS

Climent La Repera DE COMO LOS NIÑOS HACEN PREGUNTAS DIFÍCILES DE CONTESTAR

—Mamá, ¿aún no llegamos?
—Falta poco, cariño. Duerme un poco más.
—¿Por qué esta carretera es tan larga y tan recta y parece que no tiene fin?
—Porque lleva a lugares muy lejanos, hasta el fin del mundo.
—¿Por qué no se ven coches en la carretera, ni casas, ni árboles, ni vacas?
—Ya te he dicho que esta carretera lleva al fin del mundo y es posible que los que viven allí estén escondidos y no les guste salir.
—¿Por qué no conduces tú? Esta mujer que conduce es fea, parece que no tiene piel en la cara ni en las manos, no habla y casi ni se mueve. No me gusta, mamá.
—Ella es la que mejor conoce el camino. Ha venido a buscarnos.
—Mamá, cuándo lleguemos, ¿vamos a quedarnos mucho tiempo?
—Tú y yo, sí. Ella tiene que volver a recoger a otros. Es su trabajo.
—Tengo sueño, mamá. Quiero que sepas que me gustaba más cuando conducías tú. Hasta el ruido aquel tan grande.
—Sigue durmiendo, cariño. Ya nunca te despertará ningún ruido. Nunca.

Lola Pena Dovale No recuerdo cuando me quedé dormida pero al despertarme vi que ya no era Andrea quien conducía sino que era Nora. Entre las dos habían estado toda la noche conduciendo.
—¿Dónde estamos? —le pregunté algo nerviosa a Nora.
—No lo sé, Nerea. Bastante lejos…
—¿Qué tal has descansado? —me preguntó Andrea desde el asiento de copiloto.
—Bien; tengo un poco dolorida la espalda, pero estoy bien.
Giré la cabeza hacia la derecha y miré por la ventana del coche. Fuera solo se veían árboles; ninguna casa, nada de gente. Me alegró sentir la soledad que nos rodeaba. Fijé mi mirada la frente. Allí estaban Andrea y Nora, las dos mejores amigas que una mujer puede tener.
—En el siguiente pueblo que encontremos me dejáis en el primer hostal que haya y os vólveis para casa.
—¡Que te lo has creído tú! —me dijo Andrea girándose hacia mí por completo. Entonces vi cómo Nora también me observaba desde el espejo retrovisor.
Por primera vez en mucho tiempo fui capaz de sonreír. Nora y Andrea también sonrieron al verme a mí hacerlo. Con su ayuda había sido capaz de escapar del infierno. Ahora buscábamos un paraíso en el que pudiera quedarme para rehacer mi vida, un lugar en el que mi diablo particular jamás pudiera encontrarme.

Graciela Brizuela –¿Estás seguro que ésta es la ruta…?
–Sí, Laura, lo es — la voz de Mario sonaba ensegura –Toma el mapa y observa.
–Sabes que no me gusta leerlos…después de todo tienes el GPS y no lo estás usando…
Mario no quería asustar a su amiga, pero ya se había dado cuenta que ese aparatito no funcionaba. Se había detenido unos kilómetros más allá de la Estación de Servicios donde habían parado para cargar combustible… miró por el retrovisor a Mauricio para que le ayudara a salir de esa situación, pero éste dormía acurrucado en el asiento, acunado por las cuatro cervezas que se habia bebido.Llevaban dos horas recorriendo esa carretera desierta pues desde que salieron de la gasolinera no se habían cruzado con ningún vehículo. Mario estaba preocupado; tenía la sensación que algo no estaba bien y, para colmo, una bruma pesada empezaba a cubrir la ruta.
–Mira, Mario, ya pasamos por esta Estación de Servicio…bueno …no estoy segura…es que esta neblina me impide ver con claridad…–Las últimas palabras de Laura aumentaron el desasosiego en Mario. No quería mirarla, por eso llevaba fijo sus ojos en el camino. Laura estrujaba el mapa en sus manos cuando lo vio… quedó petrificada…el auto , el auto en el que transitaban estaba incrustado en un árbol a la vera de la ruta. Mario también miraba su cabeza sobre el volante. Mauricio despertó en el preciso momento del estruendo. La bruma cubría todo.

Maria Dolores Garrido Goñi Elena conducía. Llevaban horas en la carretera y reían recordando anécdotas en las que estaban involucrados los tres. Eran amigos desde la infancia.
Elena comenzó a fijarse en sus dos acompañantes. “Se les ve tan compenetrados y felices”. Observaba todos sus gestos y comprobó que Javi, su marido, estaba sentado casi de lado para ver mejor a Clara. “¿Seré paranoica?”. “¿A santo de qué ese golpecito en el hombro de Javi?”. Por momentos, los celos se van apoderando de ella. “¡Qué poca verguenza!”. Apretó el acelerador. Salió de la carretera general y rodaban por una secundaria. El mal estado del firme y la velocidad que había adquirido por su estado de celos, asustó a sus dos pasajeros que le conminaron a parar. Ella continuó por carreteras cada vez más estrechas y solitarias. Javi y Clara, cada vez más asustados, pedían parar.
“Míralos, como se han unido contra mí” –pensaba– “Es la hora de mi venganza”.
Se le ocurrió una forma de deshacerse de ellos. “Se lo merecen por traidores. ¡Mi marido y mi mejor amiga! ¡No tienen perdón!”.
Haciendo un derrape, paró en seco. Bajó del coche y respiró profundamente.
–Aquí os quería traer –dijo simulando desenfado– Hay un mirador precioso. ¡Vamos!
Acudieron los tres a admirar un cortado, de unos quince metros, por donde discurria un riachuelo entre rocas. Elena en el centro… un empujón… gritos… golpe final…
–¡Por fin nos libramos de ella! –dijo Clara– Nos lo ha puesto fácil. Diremos que resbaló.

Verónica Lorite La luz del sol sobre sus párpados, el aire sobre el rostro y el ligero balanceo del coche le estaba llenando de paz. Una paz que hacía tiempo que no podía disfrutar. Es una de esas cosas que se pierden al cumplir años, la capacidad de simplemente estar ahí y permitirse sentir lo que existe a tu alrededor sin nada más. Sin obligaciones. Sin miedos. Sin pensamiento alguno. Solo paz.
Y el hecho de que fuera su padre quien conducía el viejo coche familiar por aquella eterna carretera debería de hacerla pensar, pero tal vez ya estaba cansada de pensar.
Su abuela giró en su asiento y le sonrió. Su abuela. Con su preciosa y cálida sonrisa. Y la ve, aunque tiene los ojos cerrados. La ve. La siente. Y le reconforta.
Y tal vez aquello no está tan mal, y no da tanto miedo al final. Sentir el sol y el aire. Sentir a su padre y a su abuela junto a ella. Y sentir el camino…
No es un túnel frío. No hay oscuridad. No hay luz al final.
Es todo luz. Es todo amor. Es todo paz… y no está nada mal.
Nada. Mal.


Para seleccionar estos textos, desde Portaldelescritor siempre tenemos en cuenta diferentes aspectos: que cumplan el reto, la calidad literaria, la originalidad, la redacción (no aceptamos textos con varias faltas de ortografía) y además siempre intentamos -en la medida de lo posible- incluir participantes diferentes y no repetir muchas veces a los mismos autores.

Un abrazo a todos/as y a seguir escribiendo.