Seleccionados #ViernesCreativo: Terror cotidiano + elige tu reto

Seleccionados #ViernesCreativo: Terror cotidiano + elige tu reto

mayo 25 2018   

¡llega un viernes creativo de miedo!!
Lo que os proponemos en esta ocasión es escribir una historia de terror cotidiano. Y eso significa:
>> escribir un microrrelato DE MIEDO (15 líneas máx) SIN MONSTRUOS, NI ELEMENTOS SOBRENATURALES, SIN MUERTE, NI SANGRE. 😱😱😱
Hay MUCHAS posibilidades: un sonido que no se sabe que es, alguien que te persigue, o perderte en un lugar abandonado, o a tu hijo le pasa algo raro, o notar que pierdes peso y no sabes por qué… Situaciones que podemos vivir cualquier día y pueden aterrorizarnos. 

Recordad que desde nuestra APP gratuita de Portaldelescritor podéis acceder al grupo de Facebook desde vuestro móvil y leer allí mismo el reto, además contar con un generador de personajes y  los consejos de escritura del blog de Diana P. Morales.

TEXTO CON MÁS ME GUSTAS

Verónika Lorite Hoy iba a escribir sobre mis miedos más absurdos. De esos que puedes hablar con una sonrisa. Como mi miedo a las arañas. Y de la capacidad de engaño que tiene mi cuerpo que me hace creer que miles de ellas lo recorren sin descanso mientras yo me rasco y me rasco… También podía haber hablado de mi miedo a las alturas, de mi miedo a las multitudes, de mi miedo a hablar en público o incluso del más irracional de todos mis miedos: mi fobia a las muñecas de porcelana.
Pero no puedo, no hoy cuando un miedo mayor invade mi cuerpo…
Y es que, cuando miro a mi niña, veo a una valiente. Una niña inteligente, luchadora que no se deja amedrentar por nada ni nadie, con tanta fuerza y tanta alegría que yo estoy asustada.
Asustada de que un día no sea fuerte…
Asustada de que un día lo sea…
Asustada de que un día necesite ser fuerte…
Asustada de que un día si es fuerte puede acabar muerta y que si no lo es, nadie la creerá.
Asustada de que necesite que la crean, porque así es el sistema, porque la ley no la protegerá.
Y esto tiene que cambiar, ya, hoy, ahora… antes de que mi niña se dé cuenta de lo desprotegidas que estamos. Antes de que su cuerpo se llene de miedos. Antes de que pierda la alegría.

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OTROS TEXTOS SELECCIONADOS POR SU CALIDAD U ORIGINALIDAD

Jennifer Girol Tengo miedo. Las lágrimas me asoman y se quedan tiritando en mis ojos. Camino descalza sobre la arena hasta llegar a la orilla y me detengo frente al horizonte. Todo ha cambiado. Dice que no pasa nada, que tenga paciencia. Qué fácil es hablar desde fuera, qué fácil es el dolor cuando no es de uno, qué fácil es consolar cuando no llevas el susto metido en las entrañas.
<<…Haremos una mastectomía. Después comenzaremos con las sesiones de quimioterapia…>>
Las palabras del doctor retumban en mi cabeza. Las recuerdo una y otra vez aún con la esperanza de no haber escuchado bien, de haber escuchado otra cosa, de haberme equivocado. Me tiembla el cuerpo, las manos, la cara. Estoy aterrada.
Mojo mis pies y camino hacia dentro del mar. El frío del agua paraliza mi cuerpo y dejo de temblar. Está fresca y me calma. Mi vestido flota. Dejo mis manos pasear a su alrededor. Cierro los ojos y respiro y llevo el aroma del océano a mis pulmones que se abren aliviados. Miro los últimos colores del sol y me doy cuenta que sonrío. Me doy cuenta que el valor de la vida es otro.

Maria Dolores Garrido Goñi Mi hijo había volado del nido y era la primera noche que me quedaba sola. Coloqué la bolsa de basura, para bajarla por la mañana, delante de la puerta de la casa pensando: «Si alguien intenta entrar, tropezará con la bolsa y hará ruido». Me acosté con un sentimiento de respeto (hay quien le llama miedo) y una vez apagada la luz, me dispuse a dormir.
Algo me alertó. Un roce por la zona de la cocina cerca de la puerta de la casa. Agudicé el oído y abrí los ojos, tapándome entera con la sábana. Parece que sí, que se oía algo. Me encogí y en posición fetal, hice como que dormía pero afinando el oído: Un sonido como de caer algo, un siseo, algo rueda por el suelo…, ¡mi corazón va a explotar! En el cuarto de baño, oí a alguien que estaba orinando. «¡Protégeme Dios! ¡Hay un hombre en mi casa!». Otra vez un arrastrar de pies. «¿Y si entra en mi habitación?».
A las cinco de la mañana , aún estaba despierta y oí, después de unos pasos, el ascensor en el rellano. «Parece que por fin se ha marchado». Me armé de valor y con la lámpara como arma, fui hacia la entrada y allí estaba la bolsa de basura tapando la puerta. «No ha podido colocarla desde fuera». En la cocina, la ventana estaba abierta y el visillo volaba rozando una botella de plástico con agua. Otra, vacía, había caído del banco de la cocina al suelo por efecto del aire. De pronto, oí pasos cerca del baño y la voz del vecino de arriba hablando con su mujer: “Puri, no me pongas alcachofas para cenar que me hacen orinar mucho”.
Y es que, en la soledad y en el silencio de la noche, se magnifican los sonidos.

Esther Trello Arias Elena camina deprisa, con el pulso acelerado, por una calle en penumbra. Esa noche se ha retrasado recibiendo un ingreso en el hospital, es más tarde de lo habitual y la calle está completamente vacía. La peor parte del recorrido a pie hasta su casa es un paso subterráneo para peatones, en el que contiene la respiración para eludir el olor nauseabundo a orines. En la pared, el graffiti de un alienígena con los ojos rojos parece mirarla, y los charcos en el suelo la empujan a caminar dando saltos. De pronto, escucha el eco de una voz al otro lado del túnel «Ey, guapaaa»
Sin pensarlo, sale corriendo, a la vez que nota sus manos empapadas en sudor y el corazón palpitar con fuerza.
Intenta no pensar en el violador que lleva un mes actuando en esa zona, el cual agredió sexualmente a una chica y lo intentó con otra pero logró escapar.
Tras diez minutos de carrera, y la euforia de haberlo conseguido, al abrir el portal de su casa, se le caen las llaves al suelo. Alguien se acerca por la espalda y toca su hombro. El grito hace que el hombre retroceda y diga:

—Eh, tranquila, que solo quería pedirte un cigarro.

Fernando Martínez Creo ama a alguien más. Tiene mucho tiempo que llega a casa muy tarde, más tarde de lo normal. Además, el otro día encontré un cabello en su saco y siempre llega oliendo a perfume de mujer. Me está engañando, lo sé… ¡VENGANZA! Morderé sus zapatos y haré pipi en la alfombra.

Maria Jose Bravo Moñino EL ESPEJO

Cada vez que Adam se acercaba a mí, lo hacía con pasos cautelosos, como si la superficie bajo sus pies fuera un frágil cristal a punto de quebrarse.
Jamás le he mentido; de hecho, soy el único que le muestra las cosas como realmente son, sin máscaras ni maquillaje que oculten la verdad.

El caos se desató cuando me hicieron un tatuaje que decía: “Acéptate tal como eres”.
Solo pude ver unos ojos enrojecidos por la rabia y las lágrimas antes de que un puño furioso me hiciera añicos.

Teresa Lluqueta Mientras el tiempo transcurre para los demás, yo me siento en la puerta de mi casa y les veo pasar. Mi corazón se desquebraja, veo cómo se necrosa, pero no se dan cuenta. Extiendo la mano hacia el cartero para coger una carta y antes de cogerla se me cae un dedo en la cera, él me mira pero no ve lo sucedido, me agacho a cogerlo y lo entierro en la primera maceta de rosales que tengo a la entrada de casa.
Anoche levité por encima de mi cuerpo, y los ví… si los ví, miles de gusanos infestados comían mis intestinos y aunque intenté quitármelos de encima no lo conseguí, fué una angustiosa sensación.
Mi hermana me dice que debo de ir de nuevo al médico y tomar no sé qué pastillas antipsicóticas y yo le replico: ¿para qué?, ¿No ves que soy un cuerpo putrefacto? ¿No ves que sujeto mi estómago porque se abre y vomita los jugos gástricos que mojan mi ropa?
Pero ella insiste en que padezco un Síndrome de Cotard. Pero a mí me da igual lo que ella diga, lo que no ve es que me estoy convirtiendo en un espectro.

Isabel Lopez Jurado Nuestra relación empezó con buen pie, yo era muy joven y confiada, y ella, parecía una buena mujer. Las circunstancias la obligaron a ser fuerte y luchadora, y yo, que siempre tuve vocación de misionera, la ayudaba desinteresadamente en todo lo que podía. No se en que momento se torcieron las cosas ¡sí, ya recuerdo! fue justo en el momento en que su hijo y yo decidimos casarnos, después de diez años de noviazgo.A partir de ahí todo cambió, de su boca solo salían indirectas dañinas y ofensivas hacia mi persona, yo, a cambio, seguía ayudándola, aunque empecé a sentir miedo de nuestros encuentros. Por contaros alguna anécdota, una vez desconectamos, inocentemente, el teléfono para disfrutar de una buena siesta, nos aporreó la puerta y enfurecida nos acusó de no cogerle el teléfono adrede. Hoy en día, me aterra el sonido de sus tacones, y aún más, el sonido de su puño golpeando mi puerta. Viene muy poco a mi casa, pero mi miedo no es infundado, solo trae reproches y peticiones, y la verdad es, que vivir puerta con puerta no ayuda mucho.

Eloina Calvete Garcia Ya está aquí, en mi habitación. Ris, ras, ris, ras, ris, ras. El ruido de sus uñas sobre el parquet es inconfundible. Aparece todas las noches cuando mamá apaga la luz. Contengo la respiración y entreabro los ojos. La veo. Me observa atenta desde la trasera de mi cama. Rezo para que no salte sobre mí: “Jesusito de mi vida eres niño como yo, por eso te quiero tanto y te doy mi corazón. Tómalo, tómalo, tuyo es, mío no”. Pero no se marcha. Creo que está reuniendo valor para saltar, mi cama es el único lugar del cuarto que aún no ha recorrido. ‘Ángel de la guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día’… Y salta. No pesa mucho. Avanza lentamente sobre mis piernas. Estoy rígida, paralizada, aunque cuando siento sus patas en mi ombligo no me puedo contener y grito, grito, grito como una energúmena. Me despierto en el hospital. Un médico le explica a mamá algo sobre rabia, fiebres y vacunas, quiero hablar pero no puedo. Tengo la lengua gorda, hinchada, como de corcho. Cierro los ojos, intento recordar. Y recuerdo. Recuerdo que mis alaridos asustaron a la rata. Recuerdo que perdí el conocimiento cuando el repugnante animal quiso huir, cuando creyó que mi boca abierta era su mejor ruta de escape. Y mi agitada lengua su enemiga.

Yolanda Fraile Carreras —¡NICO!, ¡NICO!, ¡Oh dios, mío!

El grito de Marta borró cualquier excedente de algarabía de la fiesta sorpresa que le habían organizado por su cuarenta cumpleaños. La música y las risas cesaron de cuajo. Hacía un rato que Nico no se paseaba por delante de la mesa donde los cuencos con patatas fritas y palomitas empezaban a mostrar el fondo.
El jaleo había dado paso a la incertidumbre, y el nerviosismo, pronto tomó el relevo para dejar entrar al pánico y a la desesperación. Nico no aparecía. Buscaron debajo de la mesa, en las bañeras y en todas las habitaciones de la casa; incluso miraron dentro del frigorífico. Sus cuñados salieron al rellano y subieron las escaleras de portal mientras su hermano bajaba en el ascensor hasta el garaje por si le hubiera dado por bajar allí.

—¡Dios mío!, ¿y si ha salido a la calle y no nos hemos dado cuenta?

Las lágrimas bañaban el rostro de Marta mientras su madre seguía sus pasos y revisaban nuevamente cada rincón.

—Tranquila, ya verás como aparece; seguro que se ha escondido.

Fue al pasar junto al escobero cuando detectó un leve movimiento en la puerta. En el momento en el que vió a Nico sentado en el cubo de fregar con una sonrisa pícara en el rostro, Marta recobró el color en el suyo.

Na Va Mar Estaba yo tan a gusto escuchando cómo afinaba la banda municipal de Villachocha de Arriba, en vista de la inminente celebración de sus fiestas patronales, cuando sin previo aviso uno de los trombones giró su cabeza para clavar su mirada sobre mí. Sus ojos, negrísimos, con la pupila anormalmente dilatada, taladraban los míos, al punto de verme obligada a cerrarlos. Y así, hipnotizada, no me percaté de cómo lento, muy lento, a paso casi imperceptible, fue abandonando su formación en la orquesta para situarse a mi lado: el vello de mi cuerpo erizado, el sudor -helado- recorriéndome la espalda; la respiración cada vez más acelerada; los sollozos, incipientes. Aún sin poder mirar pude percibir cómo acercaba el trombón a sus labios, quedando la boca del instrumento a escasos dos centímetros de mi oreja. Y entonces ¡puuuuuum!, soplido de trombón, ¡pum, pum, puuuuuuum!, cada vez más fuertes. Y de repente me sentí volar. Fueron apenas unas décimas de segundo pero juro que volé. Cuando quise reaccionar ya estaba en el suelo, dolorida y desorientada, con los ojos abiertos por fin. Mi marido dormía a mi lado, boca arriba, y roncaba plácidamente ajeno a mi sufrimiento. No, no volé. Y tampoco había trombón… tan solo el empuje extraordinario de unos pulmones sobrenaturales.

RETO 2: ELIGE TU RETO

ELIGE TU RETO.
Escribe una historia (15 líneas máximo), eligiendo uno de estos cuatro temas (pasión, intriga, superación o rivalidad) y que suceda en una de estas cuatro ambientaciones, elige la que más te inspire: el Japón de los samurais, un barco que viaja a América en el siglo XVII, la II Guerra Mundial o un laboratorio experimental. ¡¡¡Muchas opciones!!! 
Puede ser una historia de pasión en un barco a América, o de superación en el Japón de los samurais, etc… Deseando ver qué surge.   

TEXTO CON MÁS ME GUSTAS

Fernando Martínez Me amaba mucho, pero jamás me permitió entrar a aquella habitación que convirtió en su espacio. Un lugar donde se sentía segura en estos tiempos de guerra.

Cuando escuchamos los tanques disparar, la vi correr y ocultarse en la habitación. Corrí tras ella y al entrar a la pieza noté su esencia en cada rincón. En los muros y en los cuadros, en el candelabro sobre el piano y en cada adorno sobre los estantes estaba ella. En cualquier lugar donde posara la vista, era ella. El tanque se había encargado de eso.

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OTROS TEXTOS SELECCIONADOS POR SU CALIDAD U ORIGINALIDAD

 

María Jesús Díez García Parecía mentira que se ganara la vida interceptando y descifrando códigos y no hubiera sido capaz de descubrir lo que ocultaba Inga tras su máscara de diva insoportable. La primera vez que se cruzaron, solamente la vio como una rival. Su misión era contactar con el oficial de las SS y arrebatarle la clave, pero no tenía nada que hacer frente a aquella coquetería irresistible y aquellas piernas pluscuamperfectas barnizadas en seda en lugar del triste nailon de sus propias medias. El oficial se marchó con ella, por supuesto, y sus superiores no estuvieron nada contentos con su informe.
La segunda vez pudieron hablar a solas y comprendió que no se trataba en absoluto de una chica guapa pero con la cabeza hueca. Sin embargo, aquella vez tampoco se dio cuenta de que trabajaba para el enemigo. Ni de que a pesar de que seducir a los hombres le resultaba tan sencillo como respirar, sus gustos iban por otro camino. Eso lo descubrió a la tercera, cuando acabaron ocultas en un cuarto en medio de una aburrida recepción y pudo comprobar que la piel debajo de sus carísimas medias era aún más suave.
Ahora, mientras los golpes se sucedían en aquel interrogatorio interminable, el recuerdo de su tacto, de su perfume y de sus labios traidores acudía a su memoria y no sabía si agradecerlo o maldecirlo.

Carol Belasco En el horizonte la misma línea difusa entre el cielo y el océano seguía convirtiendo el mundo en una enorme franja azul: allá donde la vista se perdiera era lo único apreciable. Nada interrumpía aquel azul de azules y su estómago se retorcía de impaciencia.
Mendoza se acercaba desde proa, su sonrisa de cerca lucía torcida:
—Desde la verga seca. — le susurró — en un par de horas será avistado.
Eso les daba al menos dos horas y media pues su arrogancia les llevaría a malinterpretar lo que verían.
Buscó algo en la mirada del otro, no sabía bien si valor, esperanza u otra cosa. Halló todo aquello y más, mucho más.
Su mano rozó la suya un instante y ambos se santiguaron a la vez. No los esperaban, y a aquellas horas la mayoría dormía. No debería ser difícil deshacerse de los pocos hombres despiertos y enviar los cañones al fondo. Para cuando el punto negro que surgiría en el horizonte se convirtiera en un veloz barco corsario, el galeón no tendría ya defensa.
Los dedos de su compañero aferraron de nuevo los suyos un segundo mientras descendían las escaleras, si sobrevivían serían libres entre los hermanos de la costa, sino, bien, no imaginaba mejor final que morir luchando a su lado.

 

Carlos Di Urarte A quien pueda interesar.
Me llamo Abigail. Tengo quince años. Escribo estas líneas con pulso tembloroso, oculta en una de las bodegas del Mayflower, barco cargado de peregrinos devotos y sueños inconfesables.
Temo que la locura acabe conmigo antes de llegar a Massachussetts, pues oculto un secreto que me carcome, a saber: el demonio es mi amo. Y lo disfruto. Me habla mediante el Espejo de Venus. Se me aparece en el reflejo de un barril lleno de agua, y su mirada enciende un fuego entre mis muslos que ni orando con el reverendo Samuel puedo aplacar. Solo pensar en su testa cornuda hace que me inunden pensamientos pecaminosos, en los que me toma con sus grandes manos rojas, me arranca el vestido y me posee contra el escritorio del capitán al ritmo que crujen las cuadernas del navío. Sus ojos malignos me embrujan, y su torso duro me hace desear actos inenarrables, en los que le beso en lugares obscenos. Imagino que el sonido de las jarcias y las velas imitan el de sus azotes en mis nalgas, y que las vergas del buque merman en comparación con su falo oscuro cuando me horada.
Arrojo esta confesión en una botella vacía, esperando así exorcizar la pasión que me inflama, con el deseo pío de que, cuando fundemos Salem, me encuentre libre de su alcance.

David Santana García Mamoru agradeció la taza de sake que le ofrecía Kazumi. La gracia que adornaba cada uno de los movimientos de la geisha trasmitió al samurai una profunda sensación de calma. Se sintió avergonzado y mostró un sincero malestar por el comportamiento que había tenido a su llegada, por lo que guardó su wakizashi en la funda y se sentó en el suelo.
—Muchas gracias— le sonrió Nozomi mientras tomaba un sorbo de su taza. —Me alegra que al final seas tú.
La geisha abandonó el washitsu y dejó a los guerreros solos mientras compartían su bebida.
—Siempre fuiste el mejor, Nozomi, ¿por que abandonaste tu honor para terminar siendo un olvidado ronin de este Shogunato.
—Respira hondo, mi fiel enemigo, tenemos mucho tiempo. ¿Qué es lo que hueles?
—El aroma del membrillo llena cada espacio de este tatami y con él mis ansias de compartir esta taza contigo.

Nozomi se acercó a servirle una nueva copa a su eterno rival. Le llenó su taza y agachó la cabeza al terminar.

—No hay flores que aromaticen esta sala— le contestó haciendo espirales con las manos— no hay plantas, ni árboles, ni siquiera tengo frutos dentro de estas cuatro paredes y, sin embargo, no puedo vivir sin la belleza que ya me rodea.

Kazumi asintió con la cabeza. Se puso en pie y comenzó a desabrochar el cinturón donde guardaba todas sus armas. Las cogió con sumo cuidado y se inclinó a ofrecérselas a su anfitrión cayendo una lágrima sobre la empuñadura de su katana.
Al salir por el shōji, un nuevo ronin había nacido.

Andrea Martínez Lara tecleaba furiosamente en su ordenador, intentando cruzar la mayor cantidad de datos en el menor tiempo posible. El plazo se acababa y todavía no había conseguido la fórmula.
-¿Podrías dejar de hacer tanto ruido?
Como si fuera poca la presión de los plazos de entrega, encima tenía que trabajar hasta tarde en el mismo laboratorio que el otro aspirante.
Tecleó todavía más fuerte. Con suerte, Constan se hartaría y se iría.
Pero, en lugar de eso, se levantó de su silla tan bruscamente que la arrojó al suelo. Rodeó la mesa y se plantó a su lado, los brazos en jarra.
Lara se levantó inmediatamente. De pronto, él la sujetó del brazo con brusquedad. La atrajo hacía sí y la besó con furia. Lara se sentó sobre la mesa, arrojando al suelo pipetas, tubos de ensayo, matraces… Pronto fueron un lío de piel, labios omnipresentes, ropa por todas partes.

-Necesito algo de beber -dijo Constan mientras se ponía la bata unos minutos después y salía.
Lara rodeó el escritorio y accedió a su ordenador. Allí estaban los datos que le faltaban, la otra mitad del puzzle. Por precaución, borró algunos datos y cambió algunas fórmulas.
Recogió sus cosas apresuradamente y se fue antes de que su rival volviera.


 

Para seleccionar estos textos, desde Portaldelescritor siempre tenemos en cuenta diferentes aspectos: que cumplan el reto, la calidad literaria, la originalidad, la redacción (no aceptamos textos con varias faltas de ortografía) y además siempre intentamos -en la medida de lo posible- incluir participantes diferentes y no repetir muchas veces a los mismos autores.