Seleccionados #ViernesCreativo: serie de números / “No recordaba haber hecho esa foto”

Seleccionados #ViernesCreativo: serie de números / “No recordaba haber hecho esa foto”

febrero 23 2018   

>> La propuesta de esta semana es escribir un microrrelato en el que aparezca esta SERIE DE NÚMEROS. 1984, 496, 124
Dejaos llevar por lo que os inspiren: ¿Seá un código secreto? ¿una fecha? ¿Un número de teléfono???  ¡Vamos a ver qué se os ocurre!! 

Recordad que desde nuestra APP gratuita de Portaldelescritor podéis acceder al grupo de Facebook desde vuestro móvil y leer allí mismo el reto, además contar con un generador de personajes y  los consejos de escritura del blog de Diana P. Morales.

 

MICRORRELATO CON MÁS ME GUSTAS

Laura Martinez Al despedirse en 1984, habían compartido 124 noches juntos, y 496 besos; nunca parecían ser suficientes.

Núria Graell Coll Aún recuerdo la primera novela de ciencia ficción que leí. Fue “1984”, para un trabajo de bachillerato. Cuando mi abuelo lo vió sobre la mesa, se le humedecieron los ojos.
—¿Sabes que lo conocí?
—¿A quién? ¿A Orwell?— Exclamé atónita.
—Sí—contestó—, aunque fue más tarde cuando supe que era escitor. Lo conocí en el 37, en el tren hospital 496 en que yo estaba destinado como practicante. Era uno de los124 heridos que trasladábamos desde el hospital de Siétamo al de Lleida. Me pregunté qué demonios hacía un extranjero en aquel infierno…
—¿Y tú, abuelo? ¿Nunca te lo preguntaste?
—A cada momento, Núria. Y ¿Sabes? Todavía no he encontrado la respuesta…

ME GUSTAS: 14

OTROS MICRORRELATOS SELECCIONADOS

Manuel Cado Inés escribió una carta y la dividió en dos.
Uno de los trozos se lo envío a Juan. En ella indicaba los metros y la orientación: 1984W-496S-124SW. Juan era topógrafo.
Y en dicha porción también decía: “Si quieres volver a disfrutar del Mustang de nuestro padre, llama a Luis. Nuestro hermano tiene el punto de partida”.
Inés era tan ocurrente como su padre, y sus hermanos llevaban meses sin hablarse.

Isabel Lopez Jurado Allí estaba, sentada en esa sala tan fría y desprovista de cualquier objeto de decoración que pudiera distraer mi atención. Mi madre decía que yo era superdotada y que cuando consiguiera certificarlo, se lo restregaría a mi tutora, la Sra. Carmen, por toda la cara. Un tiempo atrás, la Sra. Carmen nos pasó un cuestionario para nuestros padres y al entregarlo en clase, al día siguiente, ella lo miró con el ceño fruncido y llamó por teléfono a mi madre. Esa misma tarde, mi madre, toda indignada escuchó como mi tutora decía que no me harían las pruebas de superdotación, alegando que las respuestas de mi madre no parecían corresponderse con la realidad que ella observaba sobre mí cada día en clase. Un mes después en aquella sala me entregaron un folio con tres números; 1984, 496, 124. Resolví, según aquellas personas, en un tiempo récord, que 124 multiplicado por 4 era 496 y 496 por 4 era 1984.

Erika Assimov 1984,496,124…1984,496,124…golpe en la cabeza…golpe en la cabeza
Su voz resonaba por el pasillo, Mat tenía que repetirlo cada vez que su madre dejaba la habitación , si no lo hacia podría caer de las escaleras o algo mas terrible.
Para que salieran ambos de la casa la secuencia era al revés y para poder bajar del coche ocupaba sacudir seis veces la mano derecha .
Su madre siempre lo esperaba con paciencia y a veces contaba con él para asegurarle que todo estuviera bien.
Mat pese al tratamiento no podía dejar de hacerlo, le aterraba que algo malo pasara si no repetía las cosas.
La verdad oculta era que en 1984 su hermana mayor ( él tenía un año solamente) había muerto ahogada en el estanque un día 4 del mes 9 a las 6 de la tarde, a los 12 años con 4 meses, alcanzaron a ver como levantaba los brazos ( seis veces) antes de desaparecer bajo el agua.
Quizás la compulsión de Mat era una forma de recordarla.

 

#Viernescreativo: “Qué extraño, no recordaba haber hecho esa foto”

En esta ocasión, os pedimos un microrrelato (15 líneas máx) que comience por estas frases: 
“¡Qué extraño! No recordaba haber hecho esa foto” 
Vamos a ver qué oculta esa foto misteriosa… Y qué historia tiene detrás 😀

MICRORRELATO CON MÁS ME GUSTAS

Maria Dolores Garrido Goñi “¡Qué extraño! No recordaba haber hecho esa foto”.
La imagen representaba una hermosa casa solariega. Emanaba una fragancia floral que parecía venir de los geranios rojos que adornaban sus ventanas. No recuerdo esa casa.
Pregunté a tía Enriqueta.
–¡Qué hermosa casa! — dijo emocionada– En la parte de atrás, hay un columpio. Los niños juegan y ríen felices. ¡Déjamela! Haré memoria.
Al día siguiente, volví a ver a mi tía. La encontré sollozando en su butaca. Me dijo que al mirarla hoy, le había embargado una gran tristeza. Vi la fotografía en su mano y la noté distinta. tenía menos brillo… como si estuviese nublado; los geranios de las ventanas, no tenían flores.
–¡Déjamela otro día más! Sé que algo pasó en esa casa… quiero recordar…
Regresé a la mañana siguiente. Estaba nerviosa, sus ojos cenicientos y su piel lívida.
–¡Llévate esa foto de aquí! ¡Quémala! Destrúyela o te destruirá a tí. ¡Es maligna!
Miré la fotografía que estaba sobre la mesilla de noche. La imagen reflejaba la casa de ayer, como si hubiera sido tomada cincuenta años después. Ajada, con los postigos de las ventanas medio caídos, el tejado semiderruido y las macetas de las ventanas presentaban plantas muertas… De la foto salía un olor fétido, como a podrido,
Quemé la fotografía. Mi tía murió dos días después y yo he perdido la alegría. Una gran tristeza me consume.

Me gustas: 30

OTROS TEXTOS SELECCIONADOS

Yolanda Fraile Carreras ¡Qué extraño! No recordaba haber hecho esa foto .
—¿De dónde has sacado esto?—
le pregunté a Miguel un tanto desconcertada por la vieja fotografía que me estaba mostrando.
—La encontré dentro de un libro que he cogido prestado del despacho de papá— respondió mi hijo tan desubicado como yo.
—Este niño de aquí no soy yo, ¿verdad mamá? Yo nunca he estado en París.
La fotografía mostraba a mi marido posando de la mano de un niño de unos tres años con la Torre Eiffel de fondo.
—A mí nunca me habéis llevado a París, ¿verdad mamá?
Miguel nunca había viajado a Francia las veces que lo habíamos hecho Rodrigo y yo. Decía que eran escapadas románticas que él planeaba en la más absoluta clandestinidad, y con las que me sorprendía en fechas no señaladas por eventos o aniversarios que hubiera que celebrar. ¡Me parecía tan romántico!
—No, ese no eres tú; y quien hizo esa foto tampoco soy yo.
—¿Entonces quién es ese niño mamá?
—¡Vamos!, creo que tu padre tiene algo que contarnos.
Así fue como descubrimos que Miguel tenía un hermano y yo una rival a la que agradecérselo.

Graciela Brizuela ¡Qué extraño! No recordaba haber hecho esa foto– dijo mi abuela. Las viejas fotografías, algunas ya muy ajadas por el paso del tiempo, estaban diseminadas en la mesita de la sala…dejé la bandeja con la taza de té sobre la misma y observé la foto, con detenimiento y sorpresa… Una niña de dulce sonrisa caminaba hacia la cámara, por la mullida alfombra de hierbas y flores silvestre, al fondo, una casa campestre, antigua…
–Ésta es tu casa paterna, abuela…recuerdo que me llevabas en los veranos, pero…¿quién es la niña…?
Mi nona se había dormido. Una dulce sonrisa borraba las huellas de sus años. No pude despertarla esta vez…quizás sus pies ligeros corrieran por aquel prado persiguiendo mariposas entre las flores silvestres y una cámara curiosa… sin borrar su tierna sonrisa.

Pedro De La Rosa Rodríguez “¡Qué extraño! No recordaba haber hecho esa foto”. Las tengo todas presentes. Porque es mi profesión, y por lo llamativa que resultaban en este caso. Revisé de nuevo la caja negra depositada en mi despacho del periódico. En todas ellas, aparecía un hombre en caída libre al vacío. Distintas posturas de una caída interminable, el mismo hombre con un perturbador parentesco, aunque no se distinguía su rostro. Coloqué en orden cronológico cada toma subjetiva. Parecía que un fotógrafo oportunísimo había capturado algún desdichado al que iba descubriendo su fisonomía. Reconocí su ropa, sus zapatos, incluso su reloj. En un impulso, cogí caja y fotos y quise irme del edificio, pero el ascensor no acudía y un intenso humo gris empezaba a ascender por la escalera. La alarma de incendios destripó el silencio; o bien era mi imaginación ya asaltada, o escuché el crepitar de llamas en pisos inferiores. Quedaba una fotografía sin mirar en el oscuro interior de aquella caja, y con mucha fuerza de voluntad me obligué a sacarla. Debía ser la última de la secuencia total de imágenes. A punto de enloquecer, comprobé, un primer plano propio mirando a cámara con el rostro desencajado ante el inminente impacto contra la calle. “¡Qué lástima! Hubiera sido mi mayor triunfo profesional haber hecho yo la fotografía”.

Jose M Fernández «¡Qué extraño! No recordaba haber hecho esta foto» Dudé mientras ojeaba el álbum que recogía buena parte de mi trabajo. Apoyado en un gran almohadón, recostado, pasaba las horas viendo mis fotos. Hasta eso me causaba ahogos; ya no respiraba bien ni con la mascarilla de oxígeno. Esas fotos no solamente representaban años de trabajo, eran un reflejo de mi vida, de mi memoria.
«Pero esa foto… » Busqué cuando y dónde la hice, intenté recordar. ¡Ya lo tengo!
Cuando yo comenzaba como fotógrafo existía la costumbre de fotografiar a los difuntos, recién fallecidos, como si estuvieran vivos; con los ojos abiertos e incluso maquillados. En esa foto el matrimonio de los Harding posa con su hija pequeña, que acababa de morir. Todos miran a la cámara, hasta la niña. Ahora me miran a mí: dicen que me esperan allí, porque ellos, adultos entonces, están ya muertos también.
De los cuatro solamente yo quedo vivo. La niña me mira con particular intensidad… como si me estuviera viendo, como si supiera que ya me acerco hacia ellos. Me da un ataque de tos y las enfermeras me tienen que levantar el torso. Una de ellas ve la foto y clama: «¡qué horror!, ¿por qué mira usted eso?»
– Sólo es la muerte –le digo y vuelvo a mirar a la niña–. Ya llego, pequeña…

Carlos Di Urarte ¡Qué extraño! No recordaba haber hecho esa foto. Víctor repasó el resto de fotografías colgadas en la vieja escalera del psiquiátrico abandonado. La detective no le quitaba ojo. Puta paranoica. ¿Y qué hacía ahí esa foto? Profanaba con su presencia las otras, no se había ganado el puesto. Una pelirroja espigada, de ojos atentos. No era su tipo.
Los rostros grises de las demás lunáticas enmarcadas le contemplaron desde el pasado. Rascó con un dedo el papel pintado mohoso, y se llevó parte del yeso bajo la uña. La sensación le produjo un placer inexplicable, como quien se palpa con la lengua una encía sin diente. Descolgó el marco, lo soltó y lo pisó. Intrusa. No se merecía estar junto a los otros treinta y siete trofeos.
Años atrás, Víctor lavaba el pelo a las internas y luego se masturbaba con algún cabello. Adoraba acariciarles la piel de gallina tras la hidroterapia; las chispas, la mordaza, las lavativas. Buenos tiempos. Cada foto un memento mori que le transportaba a esa época.
—¿No me recuerdas? —dijo la detective pelirroja—. Yo a ti sí.
Apretó el gatillo.

Veronika Lorite — ¡Qué extraño! No recordaba haber hecho esa foto— murmuraba Ángeles acariciando una pequeña fotografía en su regazo.
Mari entraba con un vaso de leche y galletas, sigilosa como siempre, tatareando una pequeña melodía y con la sonrisa puesta. Ángeles dejó por un momento de mirar aquella imagen mientras balanceaba su cuerpo al sonido de la música, buscando en su mente palabras que no encontraba, pero perdiéndose en la sensación de que aquello era importante y hermoso. Y sonrió.
— ¿Qué tienes ahí Ángeles?— canturreó mientras ponía una mano sobre el regazo de la anciana.
— ¡Qué extraño! No recordaba haber hecho esa foto— murmuró acariciando los rostros en ella.
Mari se sentó junto a ella, acariciando su rostro. Durante sus primeros días allí Ángeles le había contado una y otra vez la historia de aquella fotografía, entre muchas otras. Historias llenas de la ilusión que solo pueden evocar unos ojos gastados y un corazón en el pasado. Ahora era ella quien, cada día, le recordaba con ilusión que aquellos eran sus hijos, que la amaban con locura y que aquel viaje fue el mejor que hicieron en su vida. Le cuenta sus propias anécdotas y aunque sus ojos se humedecen ante sus palabras, Mari sabe que no hay amargura en esas lágrimas. Y así, cuando sus hijos entran tan solo unos minutos después Ángeles es capaz de reconocerles, aunque solo sea por un momento.

Cristi Alonso ¡Qué extraño! No recordaba haber hecho esa foto. – Dijo mi tía, Clarissa.
La miré detenidamente y me costaba reconocerme, me sentía extraña observándome, buscando señales para saber que realmente era yo. Habían pasado 20 años desde que Emily y yo posamos en el porche, sonrientes a la par que tímidas. A mi madre le gustaba vestirnos iguales, yo lo detestaba y me escondía debajo de la cama en señal de protesta.
De repente me fije en una esquina de la fotografía, había un periódico sobre la mesa, todo parecía normal hasta que me fijé en la fecha que aparecía en la portada:1968, eso era imposible, la foto era de 1965. Cuando quise preguntar a mi tía ya no estaba en casa. En ese instante comprendí que aquellos recuerdos no eran sueños, como decía mi madre.


Para seleccionar estos textos, desde Portaldelescritor siempre tenemos en cuenta diferentes aspectos: que cumplan el reto, la calidad literaria, la originalidad, la redacción (no aceptamos textos con varias faltas de ortografía) y además siempre intentamos -en la medida de lo posible- incluir participantes diferentes y no repetir muchas veces a los mismos autores.

Un abrazo a todos/as y a seguir escribiendo.