Seleccionados #RetoEscritura: microrrelato con sangre

Seleccionados #RetoEscritura: microrrelato con sangre

junio 06 2018   

Si hace poco os retábamos a una historia de terror sin sangre, ahora… 
>> Escribe una historia (100 palabras máximo) en la que LA SANGRE TENGA UN PAPEL FUNDAMENTAL. 
El género podrá ser el que queráis: terror, fantástico, realista, ciencia-ficción… 
Como RETO EXTRA (para quien se anime, no obligatorio): que se trate de una historia de AMOR. 

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TEXTO CON MÁS ME GUSTAS

 

Verónika Lorite ¿Saben cuál es el mejor abrazo del mundo? Es ése que se produce en el momento más desordenado de tu vida: entre ropas ensangrentadas, olor a antiséptico y caricias enguantadas. Lo recibes completamente exhausta, sudorosa, al borde de las lágrimas que se producen con ése último esfuerzo y de pronto allí está, sobre tu pecho, con sus pequeños brazos extendidos y tan desordenado como tú. Tan cálido. Tan lleno de vida. Dando su primera respiración y regalándote el primero de los miles de abrazos que vendrán.

Me gustas: 26

OTROS TEXTOS SELECCIONADOS POR SU CALIDAD U ORIGINALIDAD

M.J. Arillo Sus peores pesadillas se hicieron realidad : con doce años, de niña a mujer confirmado por la mancha roja en su ropa interior. Su familia, emocionada, anunció que los días de calamidades habían terminado. Era el momento de casarla con Don Braulio, un rico terrateniente sesentón. Sólo con pensarlo, un sudor frío perlaba su frente. El domingo siguiente, su madre entró en su habitación para ayudarla a vestirse de novia. La encontró encima de la cama, con sus muñecas goteando sangre, muerta y con una nota encima de su oso de peluche : “El amor no puede ser así. Ahora soy libre.”

Maria Jose Bravo Moñino Una voz interior me dice que no estoy bien, que necesito ayuda.
Los ojos me escuecen a causa de las lágrimas mientras el filo de una cuchilla de afeitar va rasgando la piel de mi pierna. Seis centímetros, poca profundidad.
Las gotas brotan rápidamente aunque menos espesa que otras veces; el pantalón comienza a adherirse a la herida.
Sí, no es la primera vez que lo hago, pero necesito sentir ese dolor para no volver a herirle con mis palabras.

Marga LM Tirada en el asfalto, nuestras miradas luchaban por mantenerse, por seguir hablandonos con los ojos, los tuyos dejaron de hablarme, los míos se cerraron un momento.
Al despertar mi cuerpo era dolor y mi sangre bombeaba a toda prisa. Supe aquella noche que tu corazón ahora latía dentro de mí, que muriendo me diste la vida. Ahora la sangre fluye por mis venas, pero tu corazón, ahora mío, vive vacío.

Glauka Kivara Sonrío cuando una ligera molestia en el bajo vientre me anuncia su llegada. Media vida considerándola una maldición para ahora esperarla con ansia cada mes. Paso el día con una sonrisa soñadora, esperando disfrutar del milagro en la intimidad. Al fin llega la noche y yo me tumbo en la cama, mis piernas abiertas de par en par, mi corazón en éxtasis y Vladimir lamiéndome la vida que me rebosa. Unidos sin ataduras, él renovando su inmortalidad sin dañarme, yo feliz de poder nutrir a mi amor sin desgastarme.

Manuel Romano En el hospital, mis brazos no pudieron sostenerla con la misma fuerza de antes. Cada vez que ella tosía vomitaba sangre de la boca; con cada pañuelo cubierto de sangre el tiempo se terminaba.

—somos viejos— me dijo ella, con voz débil—; nuestro cabello se ha teñido de blanco y temo decirte amor mío que yo seré la primera en irme. Recuerda lo feliz que fui a tu lado.
Mientras la abrazaba podía sentir la sangre que salpicaba la bata de hospital y el maldito cáncer que acababa con su vida. Ese último aliento tiñó la habitación de rojo.

Maria Dolores Garrido Goñi Mi cuerpo ensangrentado tiembla de angustia. Estoy herido, agotado y tengo miedo. No hay escapatoria posible. Oigo gritos y jolgorio a mi alrededor. Ese sonido se mezcla con los latidos, fuertes y rápidos, de mi corazón. ¡Qué habré hecho para merecerme este martirio! Ya viene otra vez mi verdugo con su arma en la mano. Me mira fijamente a los ojos y no le veo piedad. No me voy a resistir… ¿Para qué? ¿Para alargar la agonía? ¿Y los que le jalean? ¿Cómo puede divertirles el dolor de otro ser? ¡Ojalá mi sangre calme su impiedad!

Verónica Gallardo Quisiera gritar… En ebullición me muevo por estos caminos serpenteantes, ya los conozco; corro como una loca sin ataduras y he dejado tu corazón como puerta giratoria sin freno al pasar. Sé que tratás de dominarte, pero puedo mostrarme, tímida al principio en tus orejas coloradas, envalentonada, después, en tus mejillas rojas, para saltar inyectada en tus ojos. Te controlás, pero me sentís en tu cabeza ya. ¡Gritá lo que yo no puedo! ¡Vamos! ¡No te lo tragues, me transformo en úlcera!

Ernest Lars La vio nacer y crecer, llenar su vida de alegría y luz. Y ahora su sangre, aquel líquido precioso de vida, la estaba matando.
Durante toda su vida y experiencia, jamás se había visto en una situación tan abrumadora. Cómo médico, nunca creyó verse en tal papel, pues había sido testigo de cientos de sonrisas y miles de lágrimas, todas ajenas.
Todo siempre con un rostro imperturbable que brindaba seguridad y cobijo a quienes lo necesitaban. Rostro que ahora mismo pugnaba por romperse en llanto.
Porque no importaba si él diera toda la sangre de su cuerpo. No podía curarla.

Na Va Mar La sangre sobre la nieve es más roja. Es lo primero que pensé al ver la cabeza seccionada de la gallina. En el corral del abuelo, el día de Navidad. Él creía que cuanto antes viera cómo se sacrificaban, antes me haría fuerte. Yo tenía 5 años. El resto de la gallina salió corriendo escopetada, rezumando sangre por el agujero del cuello, él persiguiéndola, gritando improperios. Cuando apareció con ella sujeta del cuello, su risa era grave. Aquel hecho no me hizo más fuerte pero sí aprendí que todos podemos caminar por el mundo sin cabeza. Eso sí, poco tiempo.

Anabel Ris Su asignatura favorita siempre fue biología. Disfrutaba examinando los diminutos órganos de las ranas que diseccionaba. El olor de la sangre le excitaba y, con la excusa de analizar su grupo sanguíneo, hacía pequeñas extracciones a sus compañeros. Ya en la facultad de Medicina, esperaba ansioso las prácticas para robar pequeñas muestras de sangre. En casa, lejos de miradas ajenas, se deleitaba catando las muestras, como haría un sumiller con un buen vino.
Cuando pensaba que no se enamoraría nunca, se presentó ella en su consulta. En cuanto vio su historial médico, supo que era la mujer de su vida, María padecía hemofilia y sufría continuas hemorragias.

Amelia Bravo Vadillo Había sangre por todas partes, en la mesa, en los armarios, en la nevera… litros y litros de líquido rojo y viscoso. Él esperaba en el banco cuando vio acercarse un ángel de piernas larguísimas, un paisaje exuberante de colinas perfectas. La Jefa de Hematología le susurró un “sígame”. Entraron en una sala de espera. La doctora cerró la puerta con llave, le invitó a sentarse y después se desnudó con urgencia. Finalmente tenía la oportunidad de comprobar si las investigaciones, que concluían que los hombres con el tipo de sangre O tienen las mejores erecciones, estaban en lo cierto.

Pilar Navarro Colorado La sangre les unió y la sangre les separó. Sangre vertida en el momento de nacer, unidos madre e hijo por un hilo de sangre y amor.
Creció el hijo con las caricias maternas en sus heridas de rodilla y corazón.
Murió la madre, ya mayor, con su cerebro lleno de sangre derramada y su mano acariciada por su hijo, su amor, su todo.

Kathy Guerrero Bejarano La tenue luz de las bombillas daban un aspecto lúgubre a cada rincón del viejo hospital, en una desgastada puerta de madera Inés apoyaba su frente, al otro lado, Darío se rendía, el Ébola le arrebatada a su marido. La joven apretaba con tanta fuerza el crucifijo que llevaba colgado en su pecho que las manos le comenzaron a sangrar. Un hilo fluido bajó hasta sus codos y fue cayendo al suelo en un rojo profundo. Otra hemorragia comenzó a brotar por su nariz. Sabía lo que estaba pasando, el virus la volvería a reunir con su marido… sonrió.

Carolina Delgado Abro los ojos aturdido. Densos charcos de sangre manchan la carretera. En la oscuridad de la noche descubro a unos metros de mí el viejo Citroen de mi padre, boca abajo, con las ruedas todavía girando en el aire. Entonces recuerdo habérselo pedido prestado para ir a cenar con Graciela.Toda esta sangre…me incorporo apresuradamente y corro hacia el coche temiéndome lo peor. Contengo la respiración, buscando atemorizado su cuerpo mutilado. No está. Levanto la mirada y la veo sentada en el arcén. Llorando. Miro en dirección a la sangre, veo mi cuerpo inerte y respiro aliviado.

Patry García Siglos vagando entre la soledad de su mundo y el mundo real, observando al tiempo colarse entre sus dedos como en un reloj de arena.
Y volvió a la misma azotea para poder observarla, como cada noche, desde hacía un lustro.
– ¿Te puedo ayudar? – preguntó colocando su fría mano sobre el hombro de la muchacha.
– Lo siento, bonita, pero no me van las tías y… – hipnotizada por el color sanguinolento de sus ojos, no se percató de que aquella desconocida ya le había clavado sus comillos en el cuello, del cual emanaba un hilillo de preciada sangre roja.

Andrea Martínez Laia no podía abrir los ojos. Se sentía muy débil. Recordaba estar en su coche de camino al trabajo y cómo todo se quedaba negro. De repente, notó una punzada en el brazo. Temía moverse. No sabía dónde estaba.
Pronto, la sangre empezó a caer gota a gota. Resbalaba por un largo tubo y llegaba a su destino.
Laia creyó que moriría.
Sin embargo, la transfusión que estaba recibiendo le salvaría la vida.


 

Para seleccionar estos textos, desde Portaldelescritor siempre tenemos en cuenta diferentes aspectos: que cumplan el reto, la calidad literaria, la originalidad, la redacción (no aceptamos textos con varias faltas de ortografía) y además siempre intentamos -en la medida de lo posible- incluir participantes diferentes y no repetir muchas veces a los mismos autores.