Microrrelato: Estaba muerto, ya no había marcha atrás.

Microrrelato: Estaba muerto, ya no había marcha atrás.

Marzo 10 2017   
 Un clásico reto de escribir un microrrelato que comience por una frase:
TEXTO CON MÁS ME GUSTAS
Estaba muerto, ya no había marcha atrás. Dicen que los hijos hacen lo que ven de sus padres. Es cierto. Cuando era pequeño teníamos un gato. Lo quería mucho y dormíamos siempre juntos. Éramos uña y carne, cuando jugábamos él era la uña y yo era la carne que sangraba. Pero eso me daba igual, era mi gato y me lo pasaba bien. El animal tomó como costumbre maullar en plena madrugada, despertándonos a todos. Hasta que un día, mi padre que siempre fue un hombre con poca paciencia, lo estranguló con sus propias manos delante de mí. Lloré y forcejeé con mi padre sin éxito. Había matado a mi gato. Se excusó en que hacía demasiado ruido y no dejaba descansar a los demás. Aquello me marcó.
Pasaron los años. Yo me convertí en adulto y mi padre cayó enfermo. Su dolencia le hacía gritar por las noches pidiendo calmantes. Postrado en la cama sin poder ir él mismo a por ellos, cada noche aumentaba sus gritos y sus quejas. Ahora estoy viéndolo, inerte, con las marcas de mis dedos alrededor de su cuello. Hacía demasiado ruido y no dejaba descansar a los demás…
OTROS TEXTOS SELECCIONADOS
Alberto Postacchini Estaba muerto, ya no había vuelta atrás.
Lo había imaginado, su lugar preferido para jugar era el garaje. No sé por qué, pero allí, debajo del nivel de la calle, un lugar obscuro solo iluminado artificialmente  era su preferido.
– Claudia, no dejes que el niño baje, yo no veo cuando entro el auto.
– Se lo he dicho muchas veces, pero no me hace caso, Juan. Lucas tiene 4 años, tú, 34. Presta atención cuando entras.
Esos diálogos que siempre quedan entre paréntesis, como en el aire.
Esa noche estaba muy cansado, oprimí el control remoto sin bajar del vehículo, no verifiqué que el niño no estuviera jugando en el estacionamiento. Se abrió la puerta, entré marcha atrás lentamente. Sentí sus huesos crujir debajo de la rueda del auto. No sabía si continuar bajando o detenerme. ¿Habría pasado la rueda? ¿Estaría sobre él? No pude mover ni un músculo. La voz de Claudia me sacó de mi parálisis.
– ¿Qué hiciste, Juan, que hiciste?
Cuando bajé del vehículo temblaba como una hoja. Claudia tenía a Lucas en brazos.
– Asesinaste a Iron man.

Catalina Saavedra Estaba muerto, ya no había marcha atrás. Y me sentí feliz y tranquila. Llamé a la funeraria y cuando llegaron me felicitaron por haber tenido el acierto de sujetarle con un pañuelo blanco la mandíbula, eso, me dijeron , les facilitaba mucho la labor de la re-composición facial del cadáver . Soy fuerte , pero reconozco que me vine abajo cuando vi que se lo llevaban en una bolsa de lona con cremallera. Allí iban veinte años de miserias, penurias y palizas.

Estaba templada como una tarde de primavera, el veneno no dejaría rastro y ya tenía desde hace tiempo el vestido de luto riguroso para su entierro.

Verónica Lorite Estaba muerto, ya no había marcha atrás. Y me sentía terriblemente culpable por ello. No podía dejar de mirarlo intentando encontrar algo en él que me recordara a su color, a su fuerza, a su vida… pero ya no había nada más que una masa arrugada y fea. ¿Tal vez debí regarlo más? ¡O menos!
Nota mental: no volver a comprar un cactus.
Nacho González Estaba muerto, ya no había marcha atrás”, pensaba al acercarse al mostrador. Entregó el certificado médico y el DNI a la funcionaria del Registro Civil y ella, después de mirarlos alternativamente a él y a los documentos, le facilitó el impreso. Con mano temblorosa por la emoción rellenó los espacios en blanco: Todos, la fecha de nacimiento, la del certificado, los apellidos, todos, excepto el nombre. “Tantos años de lucha”, dijo. Respiró. Volvió a respirar, pausadamente, como le había enseñado el psicólogo. “MARÍA”, escribió al fin. La funcionaria transcribió los datos a la pantalla. Poco después, firmó y selló la certificación. Salió. Ahora, además de estar muerto, era oficial. Ya no era un hombre. Por fin era mujer y se llamaba María.
Isa Sierra Ramos Estaba muerto, ya no había marcha atrás pensaba mientras veía mi cuerpo inerte en la bañera sujetando la pistola. Todo es tan extraño…Me siento cómo si no me creyera lo que ha pasado de verdad, pero la prueba irrefutable está delante de mis ojos. Nos pasamos la vida pensando en la muerte y es tan irrelevante como pasar tiempo cavilando sobre ello. Decepción he encontrado tras abandonar mi cuerpo… Y ahora ¿Qué? Me pasaré la muerte pensando en lo que podía haber hecho en vida si no hubiera tomado la estúpida determinación de pegarme un tiro en la sien.
María José Sánchez Arillo Estaba muerto, ya no había marcha atrás. Mi corazón se hizo un nudo, no podía respirar y mis ojos se inundaron de lágrimas que nublaron por completo mi visión. ¡No me lo podía creer! Acompasé mi respiración y los latidos se hicieron más lentos. Noté como la rabia subía hasta mi cara y su fuego me teñía de rojo mis mejillas. ¡Era mi hombre deseado! De un golpe seco y furioso cerré el libro que tenía entre las manos. ¡Tengo que aprender a no meterme tanto en las historias que leo! ¡Tengo que intentar no vivirlas tan intensamente! ¡Pero ante tanta magia es casi imposible!
Jennifer Girol Estaba muerto, ya no había marcha atrás. Y yo sola, en mitad de ese bosque de árboles infinitos que miraban al cielo y apenas dejaban entrar al sol. Eché un vistazo alrededor. Demasiado oscuro para ser mediodía. ¿A quién diablos se le ocurrió la idea de hacer una barbacoa en un lugar tan siniestro? Dejé de respirar para oír y el silencio me estremeció. Caminé rápido para callarlo pero el crujir de mis pasos sobre las ramas secas me resultaba igual de aterrador. ¿Cómo nadie se daba cuenta de que yo no había llegado? Pasé tres veces junto al arbusto de pinchos, el que estaba rodeado de aquellas setas grisáceas que parecían hasta venenosas. ¿Por qué a nadie se le ocurría la fantástica idea de salir a buscarme? ¡Estaba claro que me había perdido! Volví a sacar el móvil del bolsillo y a mirarlo como si así fuera a funcionar, ¡qué no! ¡Que estaba muerto del todo! ¡Maldito teléfono! Debí cargarlo la noche anterior.
Yan SA Estaba muerto, ya no había marcha atrás. Tenía los ojos cerrados y estaba tumbado sobre el césped manchado de rojo que le daba un color violáceo. Vi mi imagen, ¿Cómo un hombre tan joven pudo acabar así?, me pregunté. Nunca imaginé que mi muerte llegara así ni que llegara tan pronto una noche de abril. Desee agarrar con mis manos la vida nuevamente, pero era demasiado tarde: es necesario abrazar la vida a tiempo, antes de que te bese la muerte. He de pasar un duelo, mi propio duelo. No puedo cruzar la luz.
Glauka Kivara Estaba muerto, ya no había marcha atrás. Había sido un reflejo instantáneo, la reacción natural a una agresión, un gesto cotidiano. Ahora contemplaba horrorizada su sangre entre mis dedos. Tanta preparación, tanto cuidado, para nada. Activé la máquina del tiempo para volver a mi época suplicando porque ese mosquito no hubiese tenido un papel relevante en el desarrollo de la historia.
Bea Dm Estaba muerto, ya no había marcha atrás. Traté de activar el geolocalizador. Todo a mi alrededor, lo que había sido mi hogar, se transformaba en algo extraño y ajeno, ni tan siquiera tenía la certeza de que ante la llamada de auxilio llegase a tiempo el guardabosques. El leñador me destripaba a ritmo de sierra eléctrica y mis vasos leñosos no estaban por la labor de transportar savia bruta a ningún lugar. Es tu fin – pensé con cierta melancolía – al ver volar a los últimos pinzones – así que caí a trocitos y sin demora sobre la madre tierra quien me regaló sus abrazos y el tesoro de la luz para soñar.
Viqui R. Gallardo Estaba muerto, ya no había marcha atrás. Y mira que lo intenté resucitar de todas las maneras posibles: primero, con caricias y frases de ánimo, después con increpaciones; la desesperación me llevó a los gritos, los insultos, el boca a boca… Y mira, también, que lo he cuidado con total y absoluta dedicación; quizás lo haya matado eso, exceso de atención. No me puedo imaginar la bronca que me espera, mi madre me dijo que si se moría estaría apañado, aunque no sé muy bien que significa eso. ¡Córcholis! ¿A quién se le ocurre regalar un pez a un niño de siete años tan ocupado como yo?