Escribir en 15 líneas una historia que transcurra bajo el mar

Escribir en 15 líneas una historia que transcurra bajo el mar

abril 07 2017   

En esta ocasión, la propuesta es escribir una historia de 15 líneas máximo que transcurra, por completo, bajo el mar. ¡Vamos allá!

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María Jesús Díez García Desde las diminutas ventanas circulares solo se ve el mar, de un azul tan oscuro que no parece azul. Todavía no he asumido por completo que no volveré a ver la luz del sol; mi nueva vida implica renunciar a todo lo que se encuentra fuera de este submarino. Sé que es necesario, que después de lo que le hice al clan de los Scorzza no hay otro sitio del mundo en el que me pueda esconder, pero aun así se me hace duro. Escucho unos pasos acercándose.
-¿Qué tal tu primer día? -me pregunta Nathan, uno de los miembros de la tripulación.
-Raro. No sé si me acostumbraré -confieso.
-Claro que lo harás. Si algo se le da bien al ser humano es adaptarse. Todos los que venís escapando de la superficie lo lográis, tarde o temprano.
Ojalá tenga razón. No puedo evitar la sensación de que, para evitar terminar en un ataúd, me he metido voluntariamente en otro, no de madera sino de metal, y enterrado en líquido en lugar de en sólido. 

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Jennifer Girol Nos sumergimos con todo el equipo. Llevaba días asimilando la idea pero era incapaz de comprender por qué había accedido a hacer algo así. Estaba completamente enamorado de Sofía y sus locuras eran parte de su encanto, pero ponerme como condición para casarse conmigo, hacer nuestro reportaje de bodas bajo el agua era algo que sobrepasaba todos los límites de transigencia humana. Un arrecife de coral repleto de pececitos de colores fue nuestro set de fotografía. No sé qué clase de chantaje haría a los demás pero los convenció a todos: nuestros padrinos, mis amigos testigos y sus amigas de honor; todos con equipos de buceo del color de sus trajes de iglesia y mi querida Sofía con un perfecto traje de buzo blanco. El de los focos traía unas luces especiales ultrapotentes y el fotógrafo, una cámara antihumedad, específica para zonas acuáticas. Tuvimos suerte. Cuando empecé a quedarme sin oxígeno el reportaje ya había terminado. Un banco de peces se coló en mi snorkel obstruyéndome la respiración. Salí del agua ahogado y con la boca llena de peces. Por mi madre que yo no renuevo los votos.

Maria Teresa Angeriz Agrelo Sólo tres burbujas afloraron sobre el manto del agua. La pequeña mariposa se había quedado atrapada en la botella que rezumaba un dulzor imposible de evitar. Sus hermosos azules se transformaron en verdes acuosos bajo el agua. Sus amarillos se tornaron en marrones claro oscuros y sus grises en negros azulados. Permaneció muy quieta esperando que todo fuese rápido y sencillo como la luz de la mañana. En el fondo un último rayo de sol se reflejó en sus alas.

María de la Luz Simplemente soltó su cámara y dejó que flotara hacia la superficie. La foto sería la prueba de que la había encontrado, y también, sería el mensaje de que había decidido quedarse allí para siempre para cumplir su destino junto a ella. En la búsqueda del amor que le había sido arrebatado se adentró en aquel mar una y otra vez, hasta que logró hallarla. Ahora los dos reposarían en las mismas aguas, y bailarían juntos al vaivén de burbujeantes corrientes. Cuando la vio, cogió su rígida mano, besó su pálida tez, agradeció a las amarillentas algas que adornaran su vestido y sin demora la fotografió, entonces, se dispuso a navegar a su lado, dejando que los flujos marinos guiaran sus caminos hacia las profundidades. Partieron pues, su amada y él, acompañados de un cortejo de curiosos pececillos de colores que prestos en su andar, parecían entender cuál era su misión, acompañarlos en su viaje. El cuerpo de ella en un lento y flotante giro se posó sobre él que se aferró a su cintura mientras se sentía desvanecer. Sus siluetas lánguidas e inertes, se fueron diluyendo lentamente en el transparente azul de aquel mar en calma, dejando tras de si una estela de amor eterno.

Catalina Saavedra Siempre le gustaron los cuentos sobre sirenas y monstruos marinos, pero nunca imaginó que por su extraña enfermedad – ausencia de agua en el cuerpo- pasaría el resto de su vida viviendo bajo el agua . Quería sobre todo recuperar la capacidad de llorar, sentir las lágrimas de nuevo. 

Yolanda Fraile Carreras Todos pensamos que Neptuno se acababa de convertir en el rey destronado de las profundidades del mar, cuando a Hyppumus, el caballito de mar más joven del arrecife, le cayó encima aquel aro reluciente.
Al principio lo miramos extrañado, pues aquello era un adorno desconocido para todos los habitantes del fondo marino, pero poco a poco nos fuimos acostumbrando a ver su cresta adornada con aquel objeto tan particular, y la visión de aquel nuevo rey, se nos fue haciendo menos extravagante.
Pero tuvimos suerte de que Britnnes, un calamar que había recorrido medio mundo, y se había topado con millones de objetos durante sus cruceros por aguas menos cálidas, regresase de uno de esos largos viajes con el tiempo justo para aclararnos que lo que Hyppumus llevaba en la cresta, no era otra cosa que la alianza perdida de algún bañista y que Neptuno era el único que podía reinar en nuestras aguas; y que más nos valía que no se enterase de aquel intento de reemplazo, o su furia las agitaría hasta convertirlas en un maremoto de dimensiones descomunales.

 

Rosa Fernandez Allí, en lo más profundo de las aguas, descansaban los seres líquidos hasta la próxima e inexorable amenaza. No estaban solos: mientras las corrientes marinas transmitían las primeras señales de alarma, el viento y las olas ponían todo su empeño en frenar el avance de redes y aparejos.Pero nadie estaba a salvo, especialmente las crías, objeto de codicia en muchas capturas.Y con cada ausencia,el llanto llegaba a las familias.Tantas fueron las lágrimas vertidas, que un día se multiplicó el nivel de mares y océanos, invadiendo enormes superficies de la tierra enemiga.Entonces, sólo entonces, hubo una tregua.

Carol Belasco Su hijo veía normal aquel cielo sin estrellas ni nubes ni sol, aquel cielo oscuro y denso en el que brillaban las luces del exterior, pero para ella siempre sería un mundo ajeno al que se había visto exiliada. Añoraba los verdes y azules de la tierra, allí abajo todo era de un azul grisáceo y oscuro y la luz del sol apenas un reflejo. Observó a los niños nadando junto a un generador pero no podía escuchar sus risas, sólo en el interior de sus casas herméticas el sonido seguía pautas familiares. Había creído, como todos, que era una solución temporal, que algún día volverían a la contaminada superficie, pero la vida imponía sus propias reglas: Los niños nacidos allí casi parecían respirar el agua como peces, aún no, claro, pero llegaría ese día.Los nuevos datos eran demoledores, la superficie no sería habitable en al menos dos siglos.Su nuevo hogar: un cardumen de arenques danzando en armonía, como un único organismo, alrededor de las cúpulas ovaladas de su “ciudad”, rocas y arena bajo aquella luz oscura y opresiva. No, aquel no era su hogar, pero sí sería el hogar de una nueva humanidad, aceptó.

Glauka Kivara El azul cambia de tonalidad según pasan las horas y nos sumergimos más y más en las profundidades marinas.
Sé que llegará un momento en que sólo nos rodee la oscuridad y tenga que encender los focos, espero que sean lo suficientemente potentes para encontrar nuestro nuevo hogar.
Llamadme insensible, pero me preocupaba más la ausencia de luz que el destino de la humanidad. Ellos se lo han buscado. Llevan años silenciando mis informes y recortando mi presupuesto. Ahora, que se las apañen sin mí.
Tengo en mi Arca submarina una hembra de cada especie, incluso a una mujer atada y amordazada. ¡Repoblaré la Atlántida con todo tipo de seres sobrehumanos! ¡Y entonces ya veremos quién es el loco!

Cristi Alonso Una mañana más, aquí. Mis bostezos son tan estridentes que algunos peces se asustan al oirlos. La pereza me embarga y pasan los días sin nada que hacer. A veces me imagino siendo un tiburón, bravo y temido por todos. Debe tener una vida apasionante. O tal vez, un pulpo. Sería divertido surcar los mares moviendo mis tentáculos sin descanso.
Uy, me parece que viene alguien.
-Hola, señor Besugo
-Buenos días, señora ostra.

Toño Bauti No veíamos nada, la lucecita en nuestra cabeza era insuficiente para iluminar el fondo del mar. Íbamos mi hermano y yo solamente; explorando el submundo acuático. Me hacía señas para seguir hacia el fondo, aun sabiendo que nuestro oxígeno era insuficiente para ir tan abajo. Al ver que no le hice caso, se apresuró mar adentro y no me quedó de otra que seguirlo. Cuando lo tomé de una aleta, ví que nos seguían unas sirenas. No lo podía creer. Sus caras tan jóvenes y bellas encantaban nuestras miradas. Obvio, no tratamos de huir; por el contrario, nos dejamos guiar. Nos condujeron hacia el fondo, quiero decir que tocamos la superficie del mar. En medio de una oscuridad total, éramos mi hermano y yo dos cautivos en una zona poblada por cientos de sirenas. Nos veían con esa sonrisa hipnotizante y sus cabellos flotaban libres en esa agua cada vez más fría. Me percaté de que ya casi no teníamos oxígeno y cuando quise alertar a mi hermano ya estaba siendo despojado de su traje por dos de ellas. Quise ayudarlo, pero otras dos me detuvieron y como un canto pude oír: “Ustedes, allá arriba, en el mundo del hombre nunca nos han dado nuestro lugar. Aquí mandamos nosotras, las mujeres no vistas ni reconocidas. Aquí somos mayoría y como no permitimos que nadie hable de nosotras allá arriba, los haremos nuestros huéspedes eternos.”