Escribir en 15 líneas una historia de amor completa (del inicio al fin)

Escribir en 15 líneas una historia de amor completa (del inicio al fin)

febrero 24 2017   

Con motivo del pasado San Valentín, el reto de este Viernes Creativo es escribir en 15 líneas toda una historia de amor completa. He aquí los resultados:

TEXTO CON MÁS “ME GUSTA”

Kaplan George Sabía dónde me metía, en un lugar donde terminaría roto
Tenía la esperanza que no me dejaras entrar, pero me dejaste visitarlo. Fue una visita rápida, como esos viajes que en tres días ves cinco ciudades distintas.
La visita mereció la pena, me hiciste reír, llorar, vivir… te sentía cerca, tan cerca como para recordar lo que ya creía olvidado.
Viví tanto, amé tanto, sentí tanto… que olvidé que las visitas se acaban.
Empecé a soñar, a imaginar en un futuro para los dos, que los dos nos alejaríamos del presente, buscando un lugar donde los sueños no dejan de ser sueños y los deseos se cumplen… pero en el fondo sabíamos que ese lugar no existe… al menos para nosotros..
Olvidé la realidad, me perdí en la fantasía.
Yo me aferré a ese paraíso imposible. Tú elegiste la razón al corazón.
¡Que poco duró nuestro viaje! ¡Cuánto vivimos en ese breve espacio de tiempo!
Ahora, ya desde la distancia, me sigues haciendo sonreír… aunque ahora tu sonrisa sea de papel.
Nidark Mecambié Despecie Ahora que las olas del mar me están mojando los pies, pienso en como he acabado aquí. Ha pasado mucho tiempo desde que nos conocimos, toda una vida. ¿Recuerdas? Aquella mañana que pasamos de la pantalla a la realidad, aquel momento que nos dejaron solos en ese recreativo. Jugamos a todo entre risas y a la hora de comer fuimos a tu casa. De tu plato me diste lo que más me gustaba, miraba sonriendo como un piñón tras otro cambiaba del tuyo al mío. Más tarde, las vías del tren que nos unieron nos volvieron a separar, despidiéndonos a través de un sucio cristal. Por fortuna ese fue solo el principio.
¿Recuerdas la noche en la que sentados en unas escaleras a la orilla del mar, nos dimos nuestro primer beso? El chocar de nuestros dientes cortó toda la tensión. Entonces supe, al igual que el color de tu vestido, eras mi media naranja.
Como las estaciones, hubo momentos soleados, y otros tormentosos. Queríamos dar un paso más, pero las circunstancias no nos lo permitían. Soñábamos con una casa con jardín, y en el jardín una casa en el árbol. Qué nuestros futuros hijos pudieran jugar y jugar.
– Papá. Se va a mojar la foto de mamá. Ya es hora de irnos, los niños están un poco pesados. – Dice nuestra hija.
Mis temblorosas manos logran guardar tu fotografía mientras nuestra hija empuja la silla camino a una casa llena de recuerdos.
Silvia Favaro Aquella tarde le dio un beso, así sin pensarlo; le dijo a los compañeritos de cuarto grado que esa nena era su novia. La niña se sorprendió; asustada, le contó a la maestra.
Ella nunca imaginó que ese beso robado sellaría el destino de sus corazones.
Pasaron los años, treinta y cinco aseguraron, cargando mochilas repletas, con responsabilidades, con hijos, y con promesas de sueños postergados.
Se encontraron sin querer, sin buscarse, resignados a vivir.
Hoy, a los cincuenta, disfrutan felices su presente, saboreando aquel amor dulcemente añejado, libre y salvaje, solo con el compromiso de sus corazones.  Adultos y sin dudas, con la pureza de dos niños enamorados.
PD: Querido grupo les quiero comentar que esa es mi historia.
OTROS TEXTOS SELECCIONADOS

Rosa Fernandez Vivía en una isla tan pequeña, tan pequeña, que la vida consistía en girar una y otra vez sobre los mismos pasos.Un día apareció Él y lentamente , empezó a recordar las palabras, las viejas palabras olvidadas ; pero su boca descreida por el cansancio, no se atrevía a pronunciarlas. Él no retrocedió, caminó a su lado, aprovechó cada ausencia suya para decirle que la quería. Y tímido, balbuceante, llegó el deshielo.

María José Garrido Herrera Me enamoré mientras dibujaba el óvalo de su rostro, la curva de sus caderas. La imaginé desnuda y me atreví a trazar en el lienzo una figura sin rasgos definidos. Cuando posaba me miraba con timidez y eso encendía aún más el deseo.
La duquesa era lánguida en apariencia, pero debajo de sus ropas y sus movimientos delicados encontré sus intensas tonalidades, la explosión del carmín, su piel rosada… Descubrí sus concavidades en el claroscuro y las plasmé en mi obra, que nunca verá la luz mientras estemos vivos.
Guardé en mi estudio la belleza de su cuerpo desnudo que ella me permitió acariciar. Encuentros clandestinos en los que la tela cobraba vida.
El retrato que entregué a su esposo estaba convenientemente engalanado con las sedas y brocados de su vestimenta habitual.

Alicia Carrasco García Ella no lo eligió, lo vio crecer y fue testigo directo de todos sus pequeños cambios y de las grandes transformaciones. Nadie le enseñó a amarlo, ni le indicó que fuese importante, pero la vida los juntó y él pronto se convirtió en su eje.
Para ella fue muchas veces un freno y el culpable de su no realización. La alejaba de su “yo” ideal.
Él era hermoso y único pero también frágil y vulnerable, y nunca fue demasiado ágil ni rápido. Cuando él caía enfermo, ella se desesperaba y se desvinculaba con rabia. Suplicaba por un remedio mágico para que no consumiese de esa forma su energía.
Con los años aprendió a amar a su cuerpo, a dejar de enfrentarse a él. Empezó a considerarlo como la ventana que la abría al mundo, el semáforo que la invitaba a parar cuando más lo necesitaba. Descubrió su capacidad de vibrar con la vida, de ser vida en movimiento, regalo sagrado.

Cristi Alonso Él era completamente diferente pero a la vez totalmente complementario. Su primera cita no fue de las mejores pero los siguientes días fueron maravillosos. Se conocieron en lo bueno y en lo malo, con una confianza que les hacía presagiar que superarían cualquier adversidad. Y ella, reacia, acabó enamorándose y descubriendo lo que era el amor de verdad. El la quiso, como se quiere en las novelas y en las películas más tristes. El tiempo hizo que sus diferencias fueran sus fortalezas y se nutrieron el uno del otro, aprendieron que no hay nada más bello que querer siendo uno mismo. Y aún se quieren con calma, con vehemencia, y cuando se piensan una sonrisa aparece sin remedio.

Ainnita Kirschlert Desperté junto a ti un martes de legañas, bostezos y caras somnolientas, con el estridente sonido del despertador de fondo, deshaciendo el estupor de la madrugada.
—Buenos días —murmuraste con voz ronca.
Te miré detenidamente. El pelo revuelto y el cansancio pegado a las pestañas. Estabas en mis sueños y fuera de ellos eras aún mejor, incluso sentado en la cama con la espalda curvada y los párpados pesados. Algo en mi interior me aseguró que te quería más que ayer antes de dormir, y que la sensación se repetiría en cada despertar, como una historia cuyo final no es más que el principio de la siguiente.
—Buenos días —respondí con la certeza de que este martes sólo era el primero de muchos amaneceres juntos.

Erika Sky Walker Tropezamos en la calle, me sonreíste a manera de disculpa y fui tuya en ese instante. Me atreví a invitarte un café, aceptaste sorprendido y tus ojos negros no vieron otro rostro mas que el mío desde entonces. Eso hubiera pasado de haberte hablado, pero no pude decir nada, te perdiste entre la gente para siempre y quede vacía otra vez.

Carmen Trujillo La culpa la tuvo “Madame Bovary” de Flaubert. La estuve observando mientras leía en el metro. Una arruguita pronunciaba su entrecejo y la hacía parecer enfadada. De repente, en la parada alzó la mirada del libro. Nos miramos y sucedió que ella enrojeció violentamente. Mi riego sanguíneo se elevó tanto que notaba intensas pulsaciones en la sien izquierda. Ella se levantó con premura y bajó en la parada. El libro que leía se había quedado huérfano sobre el asiento que antes ocupara. Raudo lo cogí y logré salir de un salto del vagón antes de que se cerraran las puertas con un chasquido neumático. Busqué con urgencia su pelo castaño y rebelde entre la multitud. No la veía. Presa de un terror desconocido recorrí los túneles en su búsqueda. No sé cuántos andenes oteé con la agudeza de un halcón. Al fin, derrotado, inspeccioné el volumen. Dentro de sus páginas sobadas la muchacha había usado como marca páginas una tarjeta postal. Alborozado leí su nombre y su dirección. Llevamos 5 años juntos. Emma está embarazada. Sospecho que no es mío, sino de su amante…

Ana Yancy Fallas Gamboa  Aún me parece que fue ayer la primera vez que lo vi: con su gran abrigo verde que lo cubría casi hasta las rodillas, su sonrisa demoledora y su expresión de niño bueno. Díganme asalta cunas, pero me enamoré. Me enamoré de ese niño de primero de secundaria. Yo, una chica que siempre se consideraba fea, se enamoró ese día: yo le dije “hola”, él me dijo “¿ya te vas?”. Y, ¿saben?: soy mala para seguir órdenes. No me fui. Le mandé cartas, le mandé saludos, le mandé tarjetas en San Valentín y le dije que me gustaba. Eso ¡mujeres al poder!, después de cinco años conseguí mi sueño dorado: un beso -para ser precisos en el servicio sanitario del colegio ¡fue fantástico! Él se acercó me jaló a su lado y me besó, apasionadamente no: me devoró los labios y yo me derretí contra él. La vida no ha sido fácil: el perdió a su padre, yo a mi hermana. Pero cada uno de los más de 13 años de estar a su lado ha sido fenomenales. Y no me arrepiento de nada. No me arrepiento de haberme entregado a él por primera vez. No me arrepiento de enjugar sus lágrimas cuando me dijo que “no podía tener hijos”. No me arrepiento de acompañarlo al hospital cuando estuvo enfermo, mientras yo lloraba en la universidad su ausencia. Dos almas que juntas forman una es la manera más exacta de describir nuestra relación. Me da risa cuando habla por teléfono: tiene que estar tocando mi cabello, una manía que amo. Hoy no recordamos la fecha exacta que empezamos nuestra relación, y, la verdad, no me importa. Yo siento que fue ayer y que el mañana es el único camino a seguir.

Oswaldo Torres Siempre me pareció que tu copa de vino sabía mejor que la mía. Que el mejor muslo de pollo era el tuyo. De nuestra barra de chocolate tu mi mitad era la más exquisita. Tu asiento en el cine el más cómodo. Tu lado de la cama el más cálido y fresco a la vez. Tu cepillo de dientes el más efectivo y flexible. Tu reloj de pared aunque menos puntual el más oportuno y memorioso. Pero lo mejor de todo es que también fuiste algo descuidada y me dejaste escabullirme y conquistar territorios. Sin que lo notaras robé infinidad de veces vino y chocolate de tus labios. Aprendí a mirarte con ojos brillantes, como lo hace el perro, cuando quería que me dieras en la boca un bocado de tu plato. En las películas de terror me hice el asustado para acomodarme en una esquina de tu asiento. En las noches de verano inventé asfixias para dormir contigo más cerca de la ventana. Y claro, casi todos los días usé por las mañanas, después de ti, tu cepillo de dientes. Hoy no dejo de preguntarme si fue mi culpa. Si bien tu abogado dice que puedo quedarme con todo, incluido tu reloj, que ahora todo lo tuyo es completamente mío; yo sigo insistiendo, aunque no haya leyes que me amparen, en que prefiero de vuelta mi antigua y modesta mitad, ahora lo sé, lo más completo que tenía.