En 15 líneas, cuenta la historia de alguien que llega a un sitio donde se siente diferente de los demás

En 15 líneas, cuenta la historia de alguien que llega a un sitio donde se siente diferente de los demás

Abril 07 2017   

Escribir una historia de 15 líneas máximo en la que el/la personaje principal llega a un sitio nuevo y se siente totalmente diferente de los demás. Una buena salida de la “zona de confot” , a ver qué os inspira

TEXTO CON MÁS ME GUSTAS

Monika Fikimiki Se dice que fue él quien llegó primero. Era un valiente. En aquel país de gigantes sobrevivir se convertía en la única misión. Aunque había comida en abundancia, el ser diferente, hacía casi imposible conseguirla. Aún así, se las ingenió, para sobrevivir unos días. Cuentan que, antes de que lo aplastaran, consiguió traer a su mujer. Gracias a ello repoblaron el lugar.
Lo mató uno de los gigantes, con el típico grito:
– ¡Una moscaaaaaa!
Sentado en la tarta no pudo verlo. Tuvo una muerte dulce.

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OTROS TEXTOS SELECCIONADOS

Carmen Trujillo Jessica despertó 500 años después de su muerte. Su padre, un magnate colombiano, la hizo criogenizar cuando se descubrió que el tumor que su hija tenía en el cerebro era inoperable. Nano cámaras de televisión autónomas flotaban a su alrededor dando cuenta de todos sus movimientos a un público invisible, hambriento de emociones primitivas. Jessica se sentía turbada ante los enormes rascacielos, y las fantásticas cabinas de tele transportación, que la llevaban en un parpadeo a cualquier lugar del planeta, o del sistema solar que deseara. No hablaba, y los sicólogos lo achacaban al shock de su experiencia, aunque la realidad era otra. El idioma había cambiado tanto que no entendía nada de lo que le decían. Se sentía fuera de lugar en ese mundo donde las muchachas de su edad exhibían largas melenas que cambiaban de color. Se sentía torpe, desfasada. Y últimamente, hasta miserable. Ni siquiera había podido visitar la tumba de sus padres. La bárbara costumbre de enterrar a los muertos había sido erradicada. Ahora los cuerpos se reciclaban como fertilizantes para los cultivos de las lejanas colonias marcianas.

Bea Dm Tenía las orejas puntiagudas y gigantes porque San Pedro estaba hartito de cogerlo por ellas para llevárselo de una vez al otro barrio. Desde hacía décadas, lideraba la lista negra de los llamados al reino celestial pero, experto en resistencia y en desobediencia civil, no se lo iba a poner fácil, dispuesto como estaba a convertirse en homínido tricentenario y a batir récords de permanencia sobre la tierra.

Cuando por fin su proeza se publicó en todos los medios de comunicación y su foto se expandió por el universo a través del libro Guinness nadie pasó a felicitarlo por haber logrado la obsolescencia; de hecho sus amigos y conocidos hacía tiempo que habían desaparecido y para las nuevas generaciones tan sólo era un apéndice extraño y repulsivo. de enormes orejas carcomidas por una especie de óxido con olor a muerte.

Ainnita Kirschlert Caminaba sin saber hacia dónde dirigirse, cuando llegó a una bifurcación. Si antes estaba perdida, ahora se sintió perdidísima.
—¿Necesitas ayuda, pequeña? —preguntó una voz de repente.
La niña se sobresaltó y miró a su alrededor, encontrando a un gato tumbado sobre la rama de un árbol próximo, con la mirada puesta en ella.
—Buenos días —saludó adecuadamente la niña, recordando que debía ser educada con los extraños. El gato se limitó a sonreír, invitándola a continuar hablando—. Disculpe la molestia, pero estoy perdida y me preguntaba por dónde se sale de este bosque.
La sonrisa del gato se ensanchó, mostrando una larga hilera de dientes afilados.
—Eso dependerá del sitio al que quieras llegar —dijo el gato.
—Sólo quisiera saber qué camino seguir para llegar a casa de mi abuelita. Está en cama y voy a llevarle una tarta de manzana recién hecha y una botella de licor de almendras para que mejore.
—¡Oh! —exclamó el gato, que no esperaba una respuesta tan indiscutible—. En ese caso, debes ir por allí —indicó señalando el camino con su pata derecha.
—Muchas gracias, Señor Gato, que tenga un buen día.
Desde la rama del árbol, el Gato de Cheshire la observó con asombro mientras se alejaba, y no pudo evitar recordar con nostalgia a la última chiquilla que por allí pasó. ¿Quién sería esa niña de la caperuza roja?

M.J. Arillo Iba a conocer a mi suegro. Su fiesta de cumpleaños sería el acontecimiento del año. Toda la alta sociedad estaría allí ¡Qué nervios! ¡Tenía que causar buena impresión! ¡Se lo había prometido a mi novia! Al entrar en el inmenso salón donde se celebra la fiesta todos se callaron y me miraron sorprendidos. La sonrisa congelada de mi chica hizo que mi corazón se acelerara: mi disfraz de Spiderman no tenía nada que ver con tanta chaqueta ¡ Mi cuñado me la había jugado cuando me llamó ayer: “es de disfraces”! ¡Y encima los calzoncillos, con las mallas, me apretaban horrores!

Eva Maria Alcaide Nadie en la pequeña ciudad, sabe el pasado de Maite. Una chica con aspecto dócil y melancólico.
Es la nueva bibliotecaria.

–La señora Belinda trabajó con ella un par de meses antes de su jubilación, y contó que tiene cuarenta y tres años, es una chica reservada y muy educada– comenta la dependienta del Colmado.
Maite, en ocasiones, siente el peso de la mirada de los habitantes del lugar, piensa que la deben de ver como una muchacha extraña y rara. Siente que es tan diferente…
Algunos vecinos pueden notar sufrimiento en su mirada, dolor en su corazón, y añoranza en el tono de su voz. Con movimientos lentos que denotan delicadeza, Maite se expresa con seguridad en la biblioteca, entre libros, durante su jornada laboral. Al igual que cuando cuida con esmero las flores y plantas del jardín de su casa,su expresión facial cambia, los ojos le brillan y sus labios se relajan dibujando una leve sonrisa.

Rosa Fernandez Estaba inquieto, aquel día Manuel empezaba un “Curso de escritura creativa”; era presencial y lo impartía una mujer, no tenía ningún dato más.De nuevo volvió la inseguridad, el sudor de manos y la sequedad en la boca; de la misma forma, regresó el miedo a su excesiva timidez, fuente de equívocos.Sí conocía muy bien los síntomas, se repetían ante cada situación desconocida. Habitualmente era la pura supervivencia, la que le permitía salir adelante.Esta vez era distinto;tendría que compartir con extraños lo escrito, esa intimidad accesible a pocos y siempre protectores, cercanos a su propio yo.Uno y otro pensamiento rondaban por su cabeza, cuando recordó algo que también había experimentado: crecer y huir no son palabras sinónimas.Consiguió entrar en el aula con una sonrisa.

Berta Orellana Estay No entendía por qué lo habían sacado del refugio, allí no le faltaba la comida, lo trataban con cariño, no había peligro y él estaba contento. Primero se desconcertó y hasta se sintió humillado cuando le pusieron una correa alrededor de su cuello y lo llevaron como si fuera un perro, luego para colmo de males se había mareado dentro de aquélla cosa grande que iba tan deprisa que los árboles y el paisaje pasaban corriendo a su lado.

Cuando estaba a punto de desfallecer por las náuseas aquella cosa grande finalmente se detuvo junto a un caserón desde donde aparecieron de súbito tres mastines negros, amos y señores del patio y los jardines, que le gruñeron y le dieron mordiscos de advertencia para dejarle muy claro que era considerado un intruso. Con los pelos erizados se agazapó bajo un arbusto totalmente confundido. De pronto escuchó una voz suave pero firme y los perros se apartaron de inmediato y unas manos delicadas lo alzaron del suelo llevándolo al interior de la casa, ¡Qué lindo gatito! dijo la humana y él se lo agradeció con un suave ronroneo.

Glauka Kivara – ¡Pero que ricura! ¿Cómo se llama? – pregunta la anciana inclinada hacia el cochecito.
– Javier, como su padre – responde Silvia con una sonrisa automatizada en su rostro.

Deja que la anciana dedique unos arrumacos al niño antes de proseguir su paseo, con la angustia creciendo en su interior. Este no es su mundo. Hablar de pañales y enfermedades en lugar de estrenos y conciertos. Salir a los parques de día en lugar de a los bares de noche.
Aún no sabe cómo se embarcó en esta locura, que la llevó a pensar que no sería tan difícil, que si su madre pudo con cuatro, ella podría con al menos uno. Pero siente cómo la vida se le escapa día a día, cómo el sueño la desgarra, cómo la frustración la come.
Solo unos años más. Ese es el mantra que se repite una y otra vez para contener las ganas de coger un avión a Brasil y escapar del mundo de obligaciones en el que se halla envuelta.

Isa Sierra Ramos Empezar desde cero siempre es una tarea ardua, pero más aún cuando te discriminan por ser como eres. Nadie se interesó por conocerme, por saber cómo había llegado hasta allí, simplemente escupían las palabras dichas por “periodistas” de lengua viperina. ¿Qué culpa tengo yo de que mi país haya sido devastado y nos hayamos tenido que venir hasta aquí para poder sobrevivir? Primero conóceme, y luego júzgame. Como se suele decir, ponte mis zapatos y luego critica mi camino.

Valentina Matthey Voy en camino hacia mi nuevo destino, oigo voces hablar de mí, dicen que soy enigmática.
Tengo una lista llena de nombres, haré mi trabajo e iré de puerta en puerta para cumplir.
Llego, toco el timbre y no hay respuesta. No importa, ya llegará el momento.
Pasando los minutos, llegó la multitud y ahí estaba, entre todos ellos.
No soy normal, siempre que estoy alrededor de personas me siento diferente. Ellos no me miran, pero yo sí.
Me acerco, la persona de la lista ya está al frente de mí, entonces le susurro: “Llegaste a la meta” y toco su hombro. Su cuerpo cae y duerme. La multitud queda horrorizada.