Seleccionados #RetoEscritura: Halloween 2018

Seleccionados #RetoEscritura: Halloween 2018

noviembre 08 2017   

Hoy en el #RetoEscritura, especial HALLOWEEN: 
Escribir una historia de terror (15 líneas máximo, sí, sí, líneas) ambientada en uno de estos tres escenarios inverosímiles para este género: 
-Una boda
-Un ascensor
-Una peluquería. 
¡¡¿¿Preparados para dar miedo??!! Pueden ser historias de fantasmas, vampiros, zombies, monstruos de ficción… o reales. ¡Vamos a ello!

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MICRORRELATO CON MÁS ME GUSTAS

Jose M Fernández Ya era mayor para esas tonterías de Halloween; no comprendía cómo cada vez más gente se dedicaba a festejar el Día de los Muertos de esa manera tan infantil. Él era más partidario de los clásicos: visita al cementerio y Don Juan Tenorio. Pero no iba a protestar si la empresa les reducía el horario para festejarlo; salió antes y llamó al ascensor. Tardó un rato y al abrirse la puerta estaba casi lleno; algunos, incluso iban ya disfrazados. Uno le llamó particularmente la atención: el disfraz representaba un demonio perfectamente caracterizado: de rojo, con unos prominentes cuernos, muy logrados, y unas uñas largas y afiladas, incluso con lentillas amarillas. Daba un poco de grima verlo.
El ascensor inició la bajada y, a los pocos minutos, se paró entre dos pisos y se quedó a oscuras. La gente bromeaba al respecto, pero poco a poco se fue callando. El silencio comenzaba a resultar extraño. Se intranquilizó. De repente, notó que pisaba algo viscoso. Inmediatamente, unas garras se posaron en su hombro y penetraron en su carne, haciéndole sangrar. Después, un salvaje mordisco desgarró su yugular. Mientras caía llegó a entrever al demonio rojo agachándose hacia él con una mueca de placer.

OTROS 10 MICRORRELATOS SELECCIONADOS

Rosa Fernandez “Peluquería Mary”era una peluquería de barrio, situada en el primer piso de un edificio.Aquel viernes de mayo, la dueña cogió a dos chicas más como refuerzo, ¡benditas comuniones!, -repetía ella-.Parece ser que la mañana transcurrió con normalidad, hasta que todo quedó a oscuras;entonces, gritos de auxilio y alaridos de dolor conmocionaron a los vecinos¿Qué estaba pasando?Nadie pudo ver, que mientras unas manos subían la temperatura de los secadores, otras ya convertidas en garras, se clavaban con deleite en cabezas que solo querían ser lavadas;nadie supo que la ausencia de luz, provocó una metamorfosis en aquellas criaturas de apariencia humana y naturaleza diabólica; y, ¡cómo imaginar que su despertar iba acompañado de un hambre feroz!…Todo sucedió durante el eclipse solar, después, la muerte impuso el silencio.Cuando llegó la policía, el lugar era un matadero:sangre y cuerpos desmembrados entre peines, champús y manicuras.Al forense le costó Dios y ayuda realizar su trabajo, pero hubo un detalle, que aún hoy le produce desasosiego,no aparecieron los cuerpos de dos de las empleadas.

Yolanda Fraile Carreras —¡Ay Vanesa, hija!, no sabes lo que me ha pasado cuando bajaba a que me quitases los rulos.

Úrsula entra sofocada y con la cara blanca como un folio a la peluquería de Amparo, donde pocas horas antes, ha requerido de sus servicios para la boda de su sobrina Rita.

—¿Pero qué te pasa?, traes mala cara.
—Pues que en mi ascensor hay espíritus o mentes de esas, porque llevo un rato escuchando cacofonías.
—Se dice entes, Úrsula, entes y psicofonías, no cacofonías.
—¡Pues eso!, ¡como se diga!
—¿Y se puede saber por qué dices eso? La boda esa os tiene fuera de sí.
—Pues porque he escuchado a un ente de esos que me llamaba por el hueco del ascensor y me pedía auxilio la criatura. Y llamaba con tanto sentimiento, que me ha entrado un no se qué, que he salido como una bala. ¡Con decirte que me he bajado corriendo los tres pisos!

Minutos después de contarle el episodio a Vanesa, en la peluquería irrumpe un chico ataviado con un mono de trabajo de color azul y las manos llenas de grasa.

—Disculpe. Sería usted tan amable de llamar al 112, mi compañero se ha quedado encerrado en el hueco del ascensor y lleva un rato pidiendo auxilio pero no debe haber nadie en el edificio.

Pedro De La Rosa Rodríguez Yo solo quería adecentar mi barba, darle un look moderno. Entré en esta peluquería que no conocía, casi que por impulso. Ahora me veo en un sillón mecánico encajado sin poder moverme, como si se hubiera encogido adaptándose a la forma de mi cuerpo. Con las manos misteriosamente atrapadas por los apoyabrazos. Con este trapo a medio camino entre sábana y túnica para recoger los mechones de cabello cortado, apretando angustiosamente mi garganta sin dejarme hablar ni gritar.

A través del espejo veo a un niño de aspecto enfermizo, con larga y mal peinada pelambrera, sentado esperando no sé si por su turno o por disfrutar del siguiente espectáculo. De forma compulsiva, golpea el suelo con el tacón de su zapato.

El espejo se enturbia no dejando ver apenas más allá de mi cara asustada. Distingo en el cristal, óxido y lamparones de sangre reseca en los que antes no había podido reparar.

Tap… tap… tap… el ritmo convulso del pie del niño impaciente se acrecenta, nervioso.

– ¿Hasta dónde quiere el corte? –el calvo y barbilampiño peluquero mostró una sonrisa tan mellada como la navaja de barbero que exhibía.

Andrea Trace chirrido, chirrido, chirrido.

Era lo único que oía en el balanceante, y atascado, ascensor. No veía nada, las luces se habían apagado, y el hecho de estar parada en una cabina a diez pisos de altura colgando de un cable no ayudaba a calmarme.
– Solo es un fallo eléctrico, maldita tormenta tenía que suceder justo cuando me subo.

-Lo mismo digo – susurró una voz grave a mi lado – Normalmente prefiero las pelirrojas.

Había subido sola.

Graciela Brizuela El salón deslumbraba con sus luces y decorados propios de una gran boda… y allí estaba yo, en la de mi jefe, sola, con una copa de vino en la mano paseando mi mirada con el fin de encontrar algún rostro conocido y amigable. Todo era raro…no estaban los compañeros del laboratorio. Los presentes se comportaban de forma extraña, muy ceremoniosos con gestos impenetrables. Estaba incómoda, confusa y… temerosa. Me dirigí hacia la salida con el fin de escapar de allí, entonces mi jefe me señaló. Todas las miradas centellantes confluyeron en mí, que a esa altura estaba sin poder dar un paso… El terror me paralizaba y comprendí… no había tal boda. La supuesta novia reía con espeluznantes carcajadas… contemplando a su futura víctima.

Neo Zevlag Esa noche Halloween tuvo otro significado. Por siglos tijeras y navajas sufrieron del uso y abuso indiscriminado en todas las peluquerías del mundo. Ya no se preocupaban de limpiarlas o afilarlas, las usaban una y otra vez. Vivían en un ambiente lleno de cabellos cortados, húmedos, llenos de gel, tinturas o caspa. Muchas compañeras habían quedado en el olvido cuando el óxido se apoderaba de ellas y las tiraban a la basura sin darles una última oportunidad de trabajar. No, debían desaparecer.

Así que rezaron a su diosa, Navaii, quien las animó a unirse para recuperar el respeto perdido. Esa noche, en el último turno de todas las peluquerías del mundo, tanto peluqueros como clientes experimentaron lo que era el verdadero miedo gritando de dolor producto de los constantes cortes que los atravesaban y que iban bañando se sangre cada local…

Click-clack, fizs-fazs, click-clack, fizs-fazs, click-clack-fizs-fazs-click-clack-fizs-fazs.

….hasta que todo volvió al silencio más tranquilo que se podía sentir.

Piensen en lo romántico y la sincronía de todo esto. La luna llena bañaba con su luz las ciudades mientras que la oscuridad y la sangre hacían el amor en aquellos lugares donde tijeras y navajas sufrieron por tanto tiempo hasta que devolvieron el favor.

Carol Belasco Aturdido, escuchó la sentencia:
—Has quemado, cortado y destrozado hectáreas de selva, has cazado animales con crueldad, has despreciado el viento y la tierra, sin ver el mundo que te rodea. Por todo ello has sido escogido para redimirte desposándote con Ella.
Empezaron los cantos, el ritmo golpeaba su conciencia como un puñal, todo parecía una extraña pesadilla. Recordaba haber estado cazando y después nada, hasta aquel abrupto despertar.
Entonces lo vio: el antiguo consorte. Surgió desde lo más profundo de la selva, sus miembros se habían retorcido y descarnado hasta darle la apariencia de un árbol pero su abultado vientre pulsaba a punto de reventar. Intentó gritar pero fue incapaz de escuchar su propia voz y nunca supo si llegó a hacerlo.
La hinchada tripa se rasgó por fin y el júbilo y los gritos de alegría le rodearon, millones de semillas se esparcieron en el aire, mientras los bailarines danzaron su agradecimiento.
Entonces lo soltaron hacia el sendero abierto por su predecesor, fue empujado con fuerza pero, incluso sin ella, no habría podido caminar hacia otra dirección. Algo lo llamaba desde lo más profundo de la selva, algo cuya necesidad de él era tal que no podía ser rechazado. Avanzó tembloroso sin mirar los restos desgarrados.
La novia aguardaba en lo profundo: hambrienta, deseosa de encontrarse con su nuevo esposo para consumar aquel sagrado matrimonio y plantar en su cuerpo las semillas de la selva del mañana.

Climent La Repera DONDE SE VIENE A COMPRENDER QUE CASARSE NO LE CONVIENE A TODO EL MUNDO

En la capilla se oían los acordes de una marcha nupcial cobijados por un silencio sepulcral. En los bancos se repartían hombres y mujeres vestidos con sus mejores galas. El altar, todavía vacío, estaba adornado con discretos ramos de flores para acompañar la ceremonia. El pálido sol de otoño apenas calentaba y su luz alargaba las sombras deformándolas.
Se dibujó en la puerta la silueta de la novia, vestido blanco, semblante concentrado, mirada fija. Venía sola porque sola era la manera en la que siempre había imaginado que debería dar aquel paso, paso sin retorno según le habían inculcado desde su infancia. Y se sintió el aroma de un futuro infinito inundar la estancia.
Nadie se movió de su asiento, ni la aplaudieron, ni le brindaron los mejores augurios. Se escuchó el firme sonido de los tacones sobre el mármol, paso seguro y decidido hacia el altar. Y en uno de esos pasos el tacón de aguja tropezó nadie sabe dónde ni con qué, pero se rompió, y ella, la novia, cayó al suelo; y cuando miró, vio que no solo el tacón, sino la pierna entera caía rota, destrozada. Pidió ayuda pero no le salía la voz, ni podía mover los labios, ni los brazos, ni su cuerpo. Miró a los invitados y entonces comprobó que todos estaban muertos, que todo eran cadáveres carcomidos por el tiempo y que la estaban esperando porque ella también estaba muerta.
Desde ayer, cuando el atraco.

Kathy Guerrero Bejarano Con tanto ruido estaba por volverme loco, quería huir, pero era la boda de mi mejor amigo. El calor me comenzó a sofocar, quería un poco de aire fresco. La noche estaba clara y decidí dar un paseo, “Un centro de eventos en el bosque, hermoso lugar para una boda” pensé. Noté la silueta de una joven cerca del riachuelo, probablemente se ocultó para que nadie la viera llorar, me acerqué y vi que era la bella joven con quien había bailado un par de veces en el salón.
Alguien la había golpeado, tenía moretones, no quería regresar a la fiesta, aceptó que yo la llevara a su casa.
-Me llamo Inés -dijo mientras me ofrecía su mano. Estaba tan helada que su frío me llegó a los huesos
Era hermosa, la ternura de sus ojos me hacian amarla. Hablaba poco, estaba tan asustada que yo deseaba poder abrazarla.
Llegamos a su casa antes de media noche, todo estaba oscuro, no se escuchaba ningún ruido. Le pregunté si algún día podíamos salir, me contestó que tal vez, y besó mi mejilla, volví a sentir el hielo en todo el cuerpo.
Cuando me subí al auto vi que había dejado su pashmina, fui a tocar la puerta con la intención de entregársela, me salió un hombre de mediana edad, bastante demacrado, le pregunté por Inés y me dijo que no estaba.
-pero yo la acabo de dejar en el portal de la casa, la vi entrar.
El hombre me miró derrotado -Inés murió hoy hace un año, la mataron el día de su baile de graduación, encontraron su cuerpo a la orilla del riachuelo.
-¡Santo inmortal! -gritó una mujer mientras se acercaba a nosotros -¿qué haces con esa pashmina? Era de mi bella Inés, la llevaba el día que la asesinaron, la policía cree que con ella la estrangularon, pero no habían logrado encontrarla…

Maria Jose Bravo Moñino Disponía de diez segundos antes de que la luz del pasillo se apagara automáticamente.
– Abrir la puerta y salir corriendo, abrir y correr -. Me repetía ese mantra para acallar mis temores.
Una vez dentro del ascensor, suspire aliviado creyendo haberla perdido de vista… hasta que oí su dulce risa.
Un sudor frío recorría mi espalda y mi frente, un segundo después, la luz del ascensor parpadeó y ella hizo su aparición. Si cerraba los ojos, su voz me atraía como si de una mitológica sirena se tratase; en cambio, sus aterradores colmillos dejaban ver su mortífera intención. Totalmente inmovilizado, esperé que su boca ensangrentada me mordiera en el cuello; pero no, me mordisqueó en ambos antebrazos, prolongando el dolor, permaneciendo consciente al tránsito a mi nueva vida.

 


Para seleccionar estos textos, desde Portaldelescritor siempre tenemos en cuenta diferentes aspectos: que cumplan el reto, la calidad literaria, la originalidad, la redacción (no aceptamos textos con varias faltas de ortografía) y además siempre intentamos -en la medida de lo posible- incluir participantes diferentes y no repetir muchas veces a los mismos autores.

Un abrazo a todos/as y a seguir escribiendo.