Relatos encadenados en un lugar muy frío

Relatos encadenados en un lugar muy frío

Febrero 06 2017   Etiquetas:

Semana del 31 Diciembre al 7 de Enero de 2017

#ViernesCreativo: relatos encadenados (15 líneas máximo) ambientados en un lugar muy frío. 

Texto con más “me gusta”: 

Muertos de miedo, contemplaron el paisaje helado.
Había comenzado como cualquier otro invierno pero éste no se fue, llegó la primavera y ningún árbol floreció, luego el verano y el agua era hielo y empezó el miedo. El otoño no supuso ninguna diferencia, y el nuevo invierno fue mucho más crudo.
Esa mañana de abril los pocos pájaros que se arriesgaban a salir de sus escondrijos, parecían igual de asustados que los humanos que miraban la nieve invadir su mundo.
—Ya no se irá, no hasta acabar con todos.— sollozó uno de ellos, en nombre de todos.
Y allí permanecieron, sin luchar contra el helado designio de la Naturaleza, permitiendo que el frio los tomase de su gélida mano camino de una orilla más cálida.
Otros textos seleccionados: 
Monika Fikimiki -Hogar, mi hogar- esas palabras retumbaban en mi cabeza como abejas en una colmena: locas, testarudas, furiosas. Hacían más ruido que cualquier pensamiento, aunque sentía como, con inmensa rapidez, se congelaban antes de salir por la boca. Polonia era fría, era lejana, ahora era vaho y nieve. Yo estaba allí pero no encajaba ya. Hacía años la abandoné y, desde entonces, buscaba mi sitio. Fue años más tarde que logré entender dónde estaba mi hogar. Y no era en ninguna tierra, no tenía que ver con ladrillos o ventanas. Mi corazón, de puertas abiertas, me lo mostró.
Mar Suarez Redondo Mostró a todos lo bonito que resultaba colocarme sobre la chimenea sin saber -quiero pensar así- que para mí es el peor lugar del mundo. Tengo que ver cómo echan la leña y avivan el fuego de la chimenea para crear no sólo calor, sino también un ambiente cálido. En cada giro que me dan, las pequeñas bolas de nieve congelan un poco más la punta de mi zanahoria chafada. Intento reconfortarme con el calor que se va formando justo debajo de mí pero solo se calienta el cristal que me rodea. Lo tengo tan cerca… que casi puedo sentirlo… pero en cuánto deja de nevar y empieza a llegar el leve calor, una mano me agita y todo vuelve a comenzar…
María Jesús Díez García Noche tras noche acude puntual a la cita. Abre la puerta de mi casa, sin llamar, y yo la observo, oculto tras mis compañeros. Ella no puede verme, en este rincón helado donde reposo, pero quiero pensar que recuerda que existo, que vendrá a buscarme antes de que sea demasiado tarde. Daría mi vida por ella, y ella lo sabe, aunque sé que nunca lo valorará.
¡Atención, aquí está de nuevo! La puerta se abre y veo una cara desconocida. El extraño empieza a empujar a mis compañeros y se aproxima a mí. No, por favor, no quiero que me atrape, mi único consuelo era saber que sentiría las manos de mi amada calentando mi cuerpo por primera y última vez antes de morir…
-Oye, ¿sabes que al fondo del frigo hay un yogur a punto de caducar?
Nidark Mecambié Despecie Paso, es lo que debería haber dicho aquel día. Llevo una semana atrapado en esta grieta helada. Maldigo el momento que me dejé convencer.
– Vamos a pasear por el glaciar. Seguro que sacaremos fotografías fantásticas. – Dijo Carlos.
– No me parece buena idea. Te acompañé a Islandia para que hicieras fotos y a mí ni siquiera me gusta. – Dije.
– ¿A que no hay huevos?
Si, así fue como acabé cayendo a la grieta de un glaciar de nombre impronunciable a decenas de kilómetros del pueblo también impronunciable más cercano. Espero que nadie lea esto, porque si alguien lo está haciendo, es que al final acabaré como Carlos. Intenté dar la vuelta a su cuerpo, pero no fui capaz, murió con los ojos abiertos. No sé qué hacer, me abandonan las fuerzas. Mientras el hielo congela mi carne, su mirada hiela mi alma.